Con los ojos de Montserrat Roig

“Vaig patir deu anys de monges, enmig de nenes boniques, fines, delicades, folch-i-torrianes, dolçament esporuguides del món, d’uniforme polidíssim i d’ànima sempre a pùnt pel martiri. Ovejitas del señor. Futurs gallimarsots morals de la nosta enllaminadora classe mitjana. Perdoneu l’educació mongenca em castrà el meu possible sentit de l’humor”.

Estos días se puede visitar en el espacio Born CCM una exposición, abierta hasta el 30 de abril, en la que se homenajea a la periodista y divulgadora Montserrat Roig con motivo del 40 aniversario de la publicación del libro Els catalans als camps nazis. Esta animosa barcelonesa, “a la que le gustaba brillar y más si era sobre un escenario”, fue la primera periodista que tiró del hilo de algunos de los testimonios de los catalanes que acabaron con sus huesos en campos de concentración después de la guerra civil.  En su libro Els catalans als camps nazis Roig estudió los campos de Ravensbruck, Dachau, Buchenwald, Saschenhausen, Túnel de Dora, Epperceques y el de la isla de Aurigny, “en ellos es donde fundamentalmente fueron recluidos los españoles, pero ¿por qué fueron deportados y recluidos los españoles, si no pertenecían a ninguna de las razas malditas por Hitler?”.  Por Montserrat Roig nos enteraremos que a los españoles se les reconocía por el triángulo azul con el que se identificaba a los apátridas, en su mayoría republicanos.

En la exposición del Born se expone un ejemplar en chino de su novela El Temps de les cireres mientras una pantalla recoge algunas de sus entrevistas en el programa Personatges del circuito catalán de TVE. Durante estos días se han programado también varias charlas entre las que destaca una en la que se debatirá sobre televisión y cultura moderada por Ariadna Oltra prevista para el jueves 5 de abril. licanos repudiados por la España fascista.

Buen momento este para recuperar su biografía Con otros ojos escrita por Betsabé Garcia y publicada por Roca Editorial en 2016.

Con Montserrat Roig aparece en nuestro país una nueva figura social, “un nou tipus de personatge públic: l’intelectual mediàtic. Fins llavors, la idea que es tenia d’un escriptor, d’un pensador, responia més o menys al perfil d’home, entrat en anys, no gaire simpatic, més aviat antisocial, i que vivia tancat a la seva torre de vori, a la seva, totalment aliè a la realitat de cada dia”.

Su estancia en la Enciclopedia Catalana, donde tenía un trabajo estable, marcará un antes y un después en su carrera profesional. Acabó dejando el trabajo porque desempeñaba funciones que no le tocaban, con lo que le tocaba hacer más horas que un reloj, -como recortar textos de Terenci Moix (“al qual semblava no donar-li la gana d’entendre que calia cenyir-se a un nombre de caràcters”)-, para lanzarse definitivamente a la escritura freelance.

“Por otra parte, esta continua disponibilidad que tiene el país para parir a “genios menores de treinta años” me parece ridícula. Y aún me parece más ridículo si se tiene en cuenta a los que pertenecen a la generación madura, la cual, según el más elemental estudio de las fluctuaciones históricas, tendría que estar en plena fiebre de realizaciones y no inmersa como ahora en la constante preocupación de subsistir materialmente (…) La lucha o enfrentamiento entre generaciones también puede ser un alibio cómodo que desvíe la atención del lector ante enfrentamientos más graves. No existen jóvenes y viejos. Simplemente: hay gente que escribe bien y gente que escribe mal”.

En la época de la dictadura, incluso en sus últimos coletazos, leer es una forma de transgresión. Y trasgrede cada vez que le pasa libros a sus amigas. El dramaturgo y guionista Josep Maria Benet i Jornet le aconsejó continuamente, como cuando le dijo que se tenía que interesar más por la gente que por las sociedades. “Calia deslligar la justícia, el crim i l’estupidesa del concepte de “classe social”. “Escriure és una cosa seriosa, que no vol estones perdudes. Has d’estar escrivint sempre”. Le aconsejó leer cinco obras por semana.  Novela y poesía como mínimo y como máximo tres obras por autor para llegar a conocerlos. En algunos de sus primeros textos le controla su tendencia melodramática. Le recomienda que mantenga la sobriedad, que no tenga tantas ganas de brillar.

“Voldria escriure per descriure. Aclareixo: em costa molt menys retallar uns moments psicològics, utilitzant la tècnica del monòleg interior, que no descriure amb minuciositat i detall qualsevol cosa: per exemple, una tassa de café. Ja sé que una tassa de cafè per si mateixa no és res, però és el primer pas per parlar de si el cafè és bo o dolent”.

Su formación en teatro le dotó de una habilidad para disfrazarse delante del entrevistado. “Des de la ingènua a la seductora, des de la dona lluitadora passant per la políticament compromesa, fins a la conservadora”.

“Quan un novel·lista vol parlar de la injustícia completa en una persona sempre ho fa en una dona. Són éssers molt més lúcids que totes les mesquineses del seu voltant”.

Parece ser que el futbolista del Barça Carles Rexach le espetó en una entrevista: “Tu no debes saber ni que es un córner, pero me haces preguntas más interesantes. Hay periodistas que, por pereza, se inventan las entrevistas y ponen las tonterías de siempre (…) Y es que tal vez las chicas no sois tan retorcidas como los chicos. Estos, cuando se agotan los temas, nos hacen decir mentiras o pestes contra el entrenador para hacer sensacionalismo”.

“Cuando yo escribo un articulo, la verdad, es que me relaja. Si todo el mundo pudiese hacerlo sería extraordinario. Tú sabes lo que es todas las mañanas, a la hora del desayuno, leer el periódico y sentirse sumamente infeliz y sentirse un ratoncito, sentirse nada. Cada día te enteras de que una multinacional norteamericana tiene una fábrica de gas en la india que mata 3000 personas y que 100.000 van a estar enfermos, que lo de Centroamérica no se termina, que aquí hay estafadores por todas partes, que los viejos van a cobrar menos y que los impuestos van a subir, etc. Es realmente muy difícil de digerir”. Montserrat Roig adelantándose en 1984 al impulso que nos mueve a todos a escribir por las mañanas en las redes sociales en su primera columna titulada Melindros en El Periódico.

Montserrat Roig era más que una mujer de partido, era mujer de principios. Entró en el PSUC en 1968, pero dos años después decidió distanciarse: “els marxistes d’aleshores -recordava el 1990- em miraven de reüll: em depilava les cames i plorava al cine. No em van expulsar però una senyora molt comunista em va dir que jo tenia poc de comunista”. Se consideraba una liberal con sentido crítico con una tenaz capacidad de introspección, “motor de la seva creació literaria”.

“Jo escric en català per tres coses: en primer lloc, perquè és la meva llengua i la relació amb la llengua és la mateixa que la que es té amb la mare. Quan vaig entrar al col·legi de monges vaig descobrir el que era el poder i el que era l’Estat. L’Estat és el pare. La teva terra és la mare. Per tant, la relació amb la llengua és la relació amb els orígens i és una relació amb la terra, mani qui mani… “El que no puc fer, perquè seria mentida podrida, és que una venedora de la Boquería parli en castellà”. Aunque se le recuerda como una periodista local (.”), en mayo del 74 empieza a interesarse por el conflicto en Irlanda del Norte, sus lecturas giraban en torno a las consecuencias que comportó el final de la Segunda Guerra Mundial. Montserrat Roig se ganará el respeto de los lectores internacionales a través de los países del este que son los primeros en interesarse por su obra. Siempre estuvo muy conectada a la URSS o a Checoslovaquia.

“Quizá yo, personalmente, a Simone de Beauvoir le hubiera agradecido que nos hubiera enseñado más sus debilidades. Menos hablar de la “angustia” y más hablar de “histerismo”. Pues el histerismo no es más que la angustia puesta al servicio de la vida cotidiana”.

Aquí abajo tienes una entrevista del año 89 con la excusa de la publicación de su libro El cant de la joventut, en la que habla con Mikimoto de la juventud de aquellos años: “A los jóvenes se les está sobreprotegiendo demasiado, se les cría y educa entre algodones para que no se hagan mayores. Con lo que ahora la adolescencia dura hasta los 30 años. No hay manera de que se vayan de casa. Pero por otro lado se les mima para que no se hagan ilusiones, como mucho serán trabajadores si es que consiguen un trabajo el día de mañana”.

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El contubernio de Munich

“Lo más destacable acerca del régimen de Franco es su capacidad de pervivencia. El régimen aguanta por los terribles recuerdos de la guerra civil”. François Bondy.

Hoy se cumplen 55 años de la primera jornada de un encuentro histórico, más por su valor simbólico que por su funcionalidad a efectos prácticos (en realidad acabó en agua de borrajas y con la idea de que la monarquía era la única salida factible una vez muriera Franco). En Munich se reunía por primera vez un grupo de 118 personas para pergueñar diferentes alternativas a una dictadura que llevaba 23 años en el poder (que por entonces ya parecían una eternidad).

A primeros de junio de 1962 se reunían por primera vez exiliados y, lo que es más importante si cabe, falangistas de marcado pasado fascista que se habían quedado en España, pero que pasado el tiempo, empezaban a ver que aquello del caudillo no tenía ni pies ni cabeza. En este grupo destaca la figura de Dionisio Ridruejo que llegó a afirmar públicamente, en un arranque de limpieza de conciencia: “Si algún arrepentimiento profundo hay en mi vida es el de haber contribuido con la inocencia de la edad juvenil a destruir el proyecto pacífico y progresivo de la República española”.

“A las once de la mañana del día 6 de junio hubo una nueva reunión plenaria para aprobar el texto. La leyó Fernando Álvarez de Miranda. Al pronunciar las últimas palabras, Madariaga pregunto a los presentes si se debía votar o si la aprobaban por aclamación. Los reunidos no lo dudaron. Se levantaron de sus asientos, alzaron los brazos y empezaron a aplaudir. Empezaba la primavera de Munich. “Vaig sentir (i crec que no era l’únic) com em venien llàgrimes als ulls”, escribió Manent aquella noche en su pequeño cuaderno. Lo vivió como el auténtico final de la guerra civil”.

En cuanto la prensa afín al régimen, en cuanto se enteró de este encuentro lo bautizó con una palabra despectiva que ya quedó para siempre en la imaginería del país: el contubernio, en este caso el de Munich. El caso lo tenéis muy bien documentado en un libro publicado hace pocos meses en la editorial Tusquets: “La primavera de Munich (Esperanza y fracaso de una transición democrática” del especialista en historia de nuestro país de la segunda mitad del siglo XX, Jordi Amat.

Estamos en un momento en el que el franquismo ha ganado una pelota de set y quién sabe si de partido cuando en 1959, azuzado por el Fondo Monetario Internacional que miraba con lupa la economía de nuestro país, el Gobierno adopta un plan de estabilización que transformará el país en una sociedad capitalista. Franco llama a las puertas del Mercado Común y la resistencia tiene que reaccionar para evitar que se “oficialice” el régimen en el plano internacional.

“Contra la República habían combatido el Ejército, la Iglesia y buena parte de la alta burguesía, y la restauración de ese régimen sería problematizada por esos poderes fácticos. La monarquía, en cambio, quedaba al margen de esa dialéctica. Y ese estar al margen era lo que a Joaquín Satrústegui le permitía sostener que la reinstauración no debía ser plebiscitada. Su legitimidad no le venía de los votos de los ciudadanos (…) la legitimidad de una dinastía y la razón del respeto al rey, descansan en la historia”.

El libro empieza centrándose en la figura de Julián Gorkin, un personaje algo olvidado en nuestro país que militó en todos y cada uno de los partidos que formaban la facción roja de la península, en el PCE, el BOC, el POUM y el PSOE: “De revolucionario propagandístico “pasó a figura influyente en una parte del exilio republicano que estaba repensando su estrategia de presente y de futuro tras la naturalización internacional de la dictadura (gracias a su entrada en la Unesco, la firma del concordato con el Vaticano y los pactos de Madrid con Estados Unidos).

“Había otros republicanos históricos que no veían clara la línea de trabajo entre intelectual y política de Gorkin. Por ejemplo, Fernando Valera. Lo más probable es que el cruce de cartas que mantuvieron lo hubiese provocado también la noticia de que la CIA financiaba las revistas del Congreso, incluída la española”.

El libro disecciona en profundidad algunas de las células que trabajaron en la sombra para insuflar algo de ánimo a los antifranquistas del exterior, como el Congreso por la Libertad por la Cultura, puntal de este encuentro muniqués, que como se descubrirá con el tiempo, se trataba de una operación encubierta de la CIA, que ya movía ficha en nuestro país antes que el caudillo la palmara y que fue desenmascarada por el mismísimo New York Times (“Institución anticomunista organizada por el Imperio guasintoniano durante la Guerra Fría, fundada en Berlín en 1950, con sede en París y delegaciones en una treintena de naciones”). Las autoridades norteamericanas desacreditaban así la actividad del Congreso y con él todos los esfuerzos y esperanzas depositadas en las reuniones de Munich (“un apéndice de la CIA”), que, todo hay que decir, no se acabaron de poner de acuerdo en la línea a seguir para acabar con el franquismo (con la Monarquía como mal menor entre muchos de los asistentes que veían en la vuelta del rey la única salida posible, tal y como hemos comentado más arriba).

“En lo que estamos empeñados no es tanto en contener una izquierda totalitaria como en quebrantar la presión de un régimen autoritario y más que conservador. Esa es fundamentalmente la razón de ser de nuestra actividad. Ésa es nuestra más irrebatible justificación”. Dionisio Ridruejo.

“No fue sólo la represión del franquismo ni tampoco el escándalo provocado por las revelaciones de la financiación de la CIA.Cuando a finales de los 50 la red de los intelectuales liberales pudo ponerse en acción, en buena parte ya estaba envejecida porque su discurso no lograría capilarizar del todo entre la joven generación que a mediados de los 60 irían convirtiéndose en la nueva vanguardia del antifranquismo cultural y político. Pero sus principales dificultades para seguir siendo creativamente operativa a lo largo de la segunda mitad de la década de los sesenta fueron el asedio de la dictadura y la implosión de una institución que ya no servía a los intereses anticomunistas para la que había sido creada. Eran fósiles. Estas condiciones son las que, a mi modesto entender, explican por qué la historia que reconstruye este libro no ha sido incorporada como episodio medular de la refundación de la cultura democrática en España (…) Este libro habla de una transición democrática fracasada porque seguramente su propuesta era prematura, minoritaria y carente de capacidad para conectarse con su sociedad”.

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“Y es que Munich, en realidad, debería ser una memoria incómoda: el relato de los antecedentes, núcleo y desenlace de lo que fue aquella Primavera no encaja bien con el relato automitificador que han esculpido los reformistas franquistas que pilotaron la Transición. Para hacerlo encajar se ha debido acometer un ejercicio de silencio, impostura o mixtificación del pasado. No es un ejercicio tan perverso. Son usos del pasado. “Es natural que la falsificación de la historia esté hoy a la orden del día. Entre las ciencias inexactas, la historia es aquella que lesiona más intereses materiales y psicológicos”, escribió en 1947 Víctor Serge en México poco antes de su muerte en 2010. No es un ejercicio perverso, insisto, sino el intento de justificar una posición de parte a través de una versión de lo sucedido que se presenta como la única posible”.

“No es que la primavera de Munich cuestione el éxito de la Transición, que durante tres décadas ha sido innegable para la inmensa mayoría de los españoles hasta que la partitocracia la ha situado ante el abismo, sino su fundamento moral: su constitución no escrita pero implícita”.

“Y no vale seguir diciendo que liberal y comunista son cosas equivalentes, porque tomar esa actitud nivelatoria sí es cosa de comunistas, los cuales han hecho de la palabra “fascista” un compendio que incluye a todos sus adversarios, desde el aristócrata liberal inglés o el popular demócrata americano al partido de Trotski o Tito. Cuando vivimos en el mundo en el que vivimos, esa confusión es de mala fe”. Dionisio Ridruejo.