Thomas Pynchon: El novelista que sabe lo que está pasando

Su exigua biografía oficial, que muchos de sus seguidores sabemos de memoria, dice que el 8 de mayo de 2017, Thomas Pynchon, si es que está vivo, si es que es una persona y no dos o tres como sugieren algunos, cumple ocho décadas de vida en la sombra. El escritor que más exige a sus lectores en cada entrega cumple ocho décadas de vida. El novelista que más ha hecho por desvelar el gran misterio, de todos los surgidos el pasado siglo, lleva cincuenta años anudando el cerebro de los que se atreven con sus libros. Su primera novela, titulada simplemente V, yace desde hace unos meses en un cajón de mi casa con un puntero que marca que la debo haber abandonado por la página 200 y pico. Pero no me preocupa, no soy el único que deja sus libros a medias. Pynchon debe ser el escritor con más libros leídos a medias.

Si hacemos algo tan pynchoniano como rastrear por internet, nos toparemos con un artículo del desaparecido Moncho Alpuente que puede que fuera uno de los primeros publicados en la prensa generalista de nuestro país con la intención de comunicar las bondades de Pynchon. O por lo menos, uno de los primeros en enviar señales sobre uno de sus libros. En septiembre de 1977 escribió para El País una reseña de la segunda novela en la carrera del esquivo escritor estadounidense, La subasta del Lote 49, que se publicaba en España gracias a la serie Espiral, de la editorial Fundamentos, que por entonces publicaba libros de un tal Leonard Cohen. Los tópicos a la hora de analizar la obra de Pynchon ya estaban recogidos en aquella reseña de hace 40 años: “La subasta del lote 49 aparece, al mismo tiempo, en dos vertientes, como una gigantesca sátira de la sociedad americana a través de sabios ingredientes, y como una novela críptica y eminentemente simbólica”.

Seguimos indagando en el rastro de Pynchon y contactamos con Paula Serraller, actual directora de la editorial Fundamentos que me facilita el contacto de su madre, Cristina Vizcaino Auger, la responsable de la misma editorial hace cuarenta años. “En el momento en que publicamos a Pynchon en la colección Espiral el director literario era Julián Ríos. Yo me encargaba de la producción de esa colección pero en muchos títulos estaba asesorada por él. Ríos tenía muy buen olfato para descubrir autores y Fundamentos tenía el valor de publicarlos cuando eran aquí unos desconocidos. Como ya sabes, Pynchon ha sido muy celoso de su intimidad y nosotros contratamos su obra a través de una agencia y por tanto nunca tuvimos contacto con él”, nos recuerda Vizcaino.

Contactamos por mail con Julían Rios que nos explica que entró por primera vez en contacto con Pynchon cuando se publicó su primera novela en 1963, la citada V. “Y tres años después compré en una librería de Londres, Better Books, en Charing Cross, ya desaparecida, su primera edición de bolsillo inglesa, obra de Penguin, con su vistosa portada pop de un hombre-rana en una alcantarilla y que por cierto aún conservo. En otra librería londinense, Compendium, en Candem Town, que también se llevó el viento de la especulación, iba encontrando años más tarde diversos folletos, algunos mecanografiados, que reproducían sus primeros cuentos publicados en revistas de Estados Unidos”.

Nos explica Ríos que lo que le atrajo de inmediato de Pynchon fue su sentido del humor y su desparpajo para conectar ciencia y ficción, lo culto y lo popular del arte y la literatura. “Cuando fundé la colección Espiral tenía claro que Pynchon era uno de los nuevos autores norteamericanos que debería incluir en ella. Y para introducirlo en España escogí su obra más asequible”, Ríos recuerda que no debió venderse demasiado porque no hubo segunda edición. Las dos novelas de Leonard Cohen, Los hermosos vencidos y El juego favorito, se vendieron mejor y facilitaron la publicación de autores menos conocidos entonces en España como John Barth o el propio Pynchon. Ríos introduce en su novela Puente de Alma, publicada en 2009, a un personaje que es Pynchon “o alguien que se le parece”. “El misterioso escritor no podía faltar a la cita en el puente de Alma de París, donde se concitaban todos los adoradores de la llama dorada de la princesa Diana que allí se dejó la vida, centro de todas las conspiraciones más o menos paranoicas. Se trata de un homenaje y profanación, con permiso de Benny Profane, aquel personaje de V”, matiza el veterano escritor vigués que acaba su mail con una sugerencia para seguir con nuestras indagaciones: “En caso de que no lo tenga en su lista de pynchonianos, le recomiendo que contacte con el novelista Juan-Francisco Ferré”.

“La web profunda me ha interesado mucho para mi última novela, Karnaval. Para mí, están los medios y el fantasma de los medios. Y en ese terreno de lo espectral y de lo fantasmagórico es donde Pynchon se ha movido siempre maravillosamente”, nos explica Ferré que en estos momentos se encuentra impartiendo un taller de novela aplicado a la era digital. Me comenta que cerrará el curso con la última novela de Pynchon, Al límite, porque le parece una de las novelas clave en lo que llevamos de siglo. “Si, puede que sea sorprendente lo de su edad, pero hay que tener en cuenta que Pynchon lleva muchos años ejerciendo de gurú en lo que respecta a la reflexión en la literatura como medio de exploración de lo que es la cultura, la tecnología y la historia en general. Es lo que le habilita en términos de credibilidad”. El escritor malagueño Juan Francisco- Ferré, integrante de la llamada Generación Nocilla, asegura que el siglo XXI es un siglo que ya se plantea como muy pynchoniano: “Se encuentra en una situación de privilegio para poder analizar fenómenos que, de un modo u otro, él ha sabido anticipar en su literatura. Internet es un medio que ha nacido para encontrarse con un Pynchon”.

“En cierta forma Pynchon está anunciando un mundo en el cual los seres humanos van a buscar formas de comunicarse al margen de lo oficial. Internet en principio fue eso, un medio anarco y contracultural que vino a cubrir ese deseo en el ámbito y cultural y que Pynchon ya había sabido expresar con sus novelas. Aunque también supo intuir que luego vendría esa deriva de internet hacia un ámbito más comercial o corporativista”, Juan Francisco- Ferré.

Para los que nos sentimos solos y desorientados una vez acabamos una novela de Pynchon, lo mejor es consultar un libro titulado simplemente Pynchon, publicado hace pocos meses por la editorial Base, en el que se incluyen ensayos de autores como Jon Bilbao que en su aportación intenta arrojar luz sobre la críptica literatura pynchoniana (que compara con la niebla perpetua con la que se encuentra la expedición que llega a la isla de King Kong). “A mi entender esa “niebla de palabras” que hay que atravesar en sus novelas cumple varias funciones. Una es la de crear una atmósfera de misterio en la que aceptamos casi cualquier cosa, una suerte de relajación del concepto de verosimilitud; otra es la de toparnos con un pasaje inolvidable que aporta un premio al lector, que después de haber transitado largamente entre la niebla, se encuentra con pasajes que no sólo son visualmente muy poderosos -lo que los hace arraigar en la mente y recordarlos mucho más extensos de lo que son, algo que repetidamente sorprende a quien relee los libros de Thomas Pynchon, sino también claros, coherentes y – aquí radica, quizás el mayor logro – parecen verosímiles”. Del recuerdo de Bilbao aún penden poderosas imágenes pynchonianas como “la desintegración del campanario de la plaza de San Marcos de Venecia, que aparece en Contraluz, todo lo relacionado con las bombas V2 de El arco iris de gravedad y el cambio del calendario juliano al gregoriano en Mason & Dixon”.

Otros aportes del citado libro de ensayos a mayor gloria de Pynchon vienen firmados por el periodista musical Albert Fernández y la escritora Paula Lapido. En su turno, Fernández se atreve a recrear las vicisitudes del detective Doc Sportello, protagonista de la novela Vicio propio (y de la película de Paul Thomas Anderson que interpreta Joaquin Phoenix), al que transporta al año 2012. “Me parecía interesante llevar a Doc Sportello en un viaje en el tiempo hasta nuestros días. En el 2012, debido al anuncio del fin del mundo, hubo un ambiente psicótico generalizado que coincidió con una nueva oleada de músicos hippies que recreaban en lo musical el ambiente de la novela”. Por su parte, Lapido, licenciada en ciencias físicas por la Complutense, nos comenta que entre sus amigos físicos ninguno de ellos lee a Pynchon: “Te diría que lo que más me atrae no son sus consideraciones físicas o metafísicas, sino su forma poco convencional de narrar. Me gusta la aleatoriedad a la que recurre Pynchon como estructura literaria que a simple vista parece improvisada”.

Tras su estancia en Nueva York, Pynchon decide mudarse a California, donde pasará gran parte de la década de los 60, y donde se encontrará con una escena musical en ebullición que es reflejo del movimiento contracultural de la época y de la que dejará constancia en su novela más musical, Vicio Propio (2012). Por sus constantes menciones musicales, en las que demuestra ser un conocedor del pop el siglo XX y de lo que llevamos del XXI, podemos deducir que a Pynchon le interesaron los Beach Boys, The Rolling Stones, Elvis Presley, Pink Floyd, Frank Sinatra, The Doors o Roy Orbison (aunque también aparece citada en esa novevla Rocío Dúrcal). Los tentáculos pop de Pynchon son tan alargados como sus obras, y entre sus logros se encuentra ser el padrino de Miley Cyrus, parece ser que el padre de la estrella es fan del autor.

En Barcelona coincidimos con el productor germano Tolouse Low Trax, residente del club Salon Des Amateurs en Düsseldorf, que viene a principios de enero a Barcelona para realizar un directo en el Moog. En un encuentro casual en una vermutería del barrio de Gràcia, el alemán, miembro de la banda de neo kraut Kreidler, salta como un resorte en cuanto nombro a Thomas Pynchon (al que tengo muy presente por la realización de este artículo). Me enseña ufano el único tatuaje que decora su cuerpo: el logotipo con forma de cuerno del servicio postal clandestino que es tema principal en la novela La subasta del lote 49. El teutón me explica que durante años ha quedado colgada en su memoria una imagen que le ha acompañado durante años de la citada novela. Describe a un grupo de jóvenes, que se reúnen en su bar favorito, escuchan música electrónica de Stockhausen y tocan música electrónica en vivo en la trastienda. “Me quedé muy impresionado. En ese momento la música electrónica todavía era un misterio para mí. Entendí que la música abstracta era la banda sonora perfecta para esta sociedad secreta basada en un mundo cercano al hippismo que, por entonces, me interesaba bastante. Bueno, mira, llevo tatuado el signo del cuerno postal silenciado que aparece en la novela y que la protagonista ve por todos lados y es cuando le entra la paranoia. Mi música es una especie de traducción personal de ese canal de comunicación clandestino que tanto me obsesionó de joven”.

“Ese halo misterioso que se cernía sobre Pynchon, no concedía entrevistas, no existían fotos de él, no dejó rastro alguno durante décadas. Me recordaba al efecto que producía en los de mi generación la figura de J.D. Salinger, que fue otro clásico muy importante en mi educación cultural. El efecto principal que tuvieron sus libros fue el de aficionarme en resolver enigmas. Como todos los protagonistas de sus novelas, que siempre andan resolviendo acertijos, me propuso una manera de explicar el mundo moderno, tan complicado y enrevesado, como cualquier libro del propio Pynchon. Esa manera de envolvernos en el misterio a los lectores, que mientras leemos sabemos lo mismo que los protagonistas, es decir muy poco, me animó a buscar signos que nos facilitaran pistas de cómo funciona este mundo confuso que llaman urbano y moderno. Las lecturas de Pynchon me impulsaron a detectar todos esos secretos que después de sus lecturas aparecen por todas partes. Me impresionó esa idea de conspiración global y esa Idea de un mundo paralelo que está oculto y actúa contra lo que nos parece obvio. El término entropía tan presente en sus obras tuvo un efecto especial en mí y en mi música. En apariencia desordenada, pero con sentido si se analiza al microscopio”.

Nota del autor: Este post es una versión extended del artículo publicado en el número de julio-agosto de 2017 de la revista Rockdelux.

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El misterio se llama Thomas Pynchon

pynchon

Este año se cumplen 80 del nacimiento de uno de los escritores más importantes de las letras estadounidenses. Ando escribiendo un artículo para una revista impresa en torno al inefable Thomas Pynchon. Llevo dos meses y medio siguiendo el rastro del escritor y en este periplo he topado con este documental en Youtube, que además viene con música de otro grupo elusivo como The Residents.

En el documental aparece George Plimpton, al que ya nos hemos referido en este blog por su faceta como periodista, pero que también ejerció como editor y tiene una reseña en New York Times sobre su primera novela V que se puede considerar el inicio del hype literario más flagrante del periodo entre el siglo XX y el XXI. Nos explica Plimpton que lo que más le llamó la atención de la novela fue el vasto conocimiento de Pynchon. Sabe de física, de astronomía… “Uno sospecha que podría producir un almanaque más que decente en sólo quince días”, llega a decir de este escritor que se va a posicionar, de buenas a primeras, como un pedazo de erudito del conocimiento físico y metafísico.

Un hecho anómalo y que será norma en la carrera de nuestro héroe de las letras y que germina en esta opera prima fue que ya desde el principio Pynchon evitó el contacto con los agentes literarios convencionales. Lo que acostumbran a hacer los escritores noveles es darse a conocer y aprovechar todos los medios promocionales a su alcance, pero él no lo hizo.

Jules Siegel, que compartió estudios con Pynchon en la Cornell University, entre los años 1953 y 1954, dice que Pynchon era alto, de pelo muy oscuro y piel muy blanca, como su “madre”, ojos azules. Cuando se publicó V, Pynchon estaba en México DF con lo que fue imposible hacerle la típica foto promocional y además se le perdió la pista. Puede que fuera muy tímido. El propio Siegel escribió un artículo para Playboy en el que explicaba el affair que su por entonces mujer, Christine Wexler, tuvo con Pynchon cuando todos ellos eran estudiantes en la reputada universidad de Cornell, que por cierto pertenece al exclusivo club de la Ivy League. Vamos que Pynchon estudió con los cerebros mejor dotados de su generación.

Por contra, Christine Wexler, amante de Pynchon, se supone que es el personaje de Bianca en la novela El Arco iris de gravedad, dice que Pynchon tenía unos grandes ojos verdes oscuros, pelo largo, muy delgado, y que era una persona interesante. Reconoce y reconstruye de memoria la casa donde vivía Thomas Pynchon cerca del mar, en El Porto Beach, al norte de Manhattan Beach, a pocos kilómetros del aeropuerto de Los Angeles. Se enamoraron al momento, cuando ella tenía 19 años. Por la mañana el joven escritor se levantaba y se iba a la playa en verano, donde se podía quedar dos o tres horas y su piel siempre permanecía blanca. Nunca se bronceaba, cosa que extrañaba a Christine. Hablaban en la playa de la guerra del Vietnam. Le advirtió que no fuera a las manifestaciones en contra de la guerra de Chicago por las represalias de la policía.

Un librero de la zona habla de los cuchicheos que generaba el hecho que Pynchon viviera en aquel vecindario costero. Eran tiempos de confusión, de mucho acid y paranoia. Proliferaban las historias de gente que se sentía perseguida. Él mismo librero se preguntaba con bastante asiduidad, si el cliente que entraba pudiera ser agente infiltrado del gobierno. Que una vez vio a una señora que pudo ser Pynchon disfrazado de mujer.

Jules Siegel habla de El Arco iris de Gravedad como una novela que muestra mundos dentro de otros mundos, de cosas que no son lo que parecen. Del sentimiento de ser observado, de ser manipulado. Que tenía De tiempos de sospecha sobre Timothy Leary, que en realidad fuera agente del gobierno que promovió el LSD entre los jóvenes de la época. Pynchon era consciente de que el LSD formaba parte de un ambicioso programa de la CIA que ya se preparaba en los 50 para irrumpir con toda su fuerza en la contracultura de los 60. Se habla también de experimentos de lavado de cerebro en la ya citada universidad de Cornell. Pynchon se posiciona en contra del aparato militar, pero se alistó en la marina en uno de los episodios más paradójicos de lo que suponemos que sabemos de su biografía. Estuvo en pruebas con misiles, así que formó parte del problema, pero era consciente de ello. El Arco iris de Gravedad nace de su sentido de culpa por formar parte de ese entramado aeronáutico con fines ominosos.

También aparece en pantalla Irwin Corey que fue el humorista que recogió el National Book Award, y dio el discurso ante crítica y público por encargo del propio Pynchon. Corey explica que como él no conocía a Pynchon y Pynchon no lo conocía a él personalmente, pues que podía correr ese riesgo, que no había responsabilidad mutua en relación a esta trastada que ha quedado para los anales. “Mucha gente pensó que yo era Pynchon. Pero lo que yo me pregunto es si Pynchon se conoce a sí mismo”.

En el bloque Pynchonmania aparece Tim Ware que dice que la segunda vez que leyó El Arco iris de gravedad decidió construir un índice con los personajes de tan intrincada novela para facilitar la lectura a los que se enfrentaban a la novela por primera vez. En 1995 descubrió internet y entonces pensó que sería una herramienta útil para su índice. Hizo lo mismo con la anterior novela, V, y a partir de ahí se crearon unas conexiones laberínticas que a su vez formaron una especie de eco del espíritu de sus novelas. Es entonces cuando a Pynchon se le empieza a relacionar con un ente que es casi producto de la física cuántica.

 

 “A la literatura de Pynchon hay que entrarle como un detective, pero un detective que debe saber que no va a encontrar una solución final al caso que le ocupa”.

 

Janes Bone, periodista, habla de otra de sus novelas, Mason & Dixon, publicada en 1997,  y destaca que esta vez se promocionó con un cierto hype. Se dijo entonces que sería interesante entrevistar a Pynchon, la editorial le dijo que se organizaría una fiesta con fans del autor en la que los asistentes debían asistir disfrazados del escritor (mejor dicho, de cómo ellos pensaban que vestía el escritor del que no constaban fotos). Se explica que en el bar había una “atmósfera conspirativa”. John Levine, que también asistió a ese evento que por lo que parece tenía tintes paranoicos muy en la onda del homenajeado, confirma que entre el público había un sospechoso con gafas de sol y sombrero panamá, sin afeitar, que parecía bastante nervioso y que eludía a los fotógrafos. Melvin Boukhiet dice que lo oyó hablar con acento francés, pero en cuanto un fotógrafo lo apuntó con su objetivo salió del establecimiento. Parecía que el autor estaba bastante interesado en comprobar cómo irían vestidos sus fans, pero que la presencia de la cámara pareció afectarle demasiado. Se reveló la foto y se le envió a una amante de Pynchon, 30 años antes, pero parece ser que tampoco era él.

El mismo fotógrafo asegura que unos años después fue a buscar al esquivo novelista hasta donde se suponía que vivía y se dedicó a escudriñar por la calle a todos los sexagenarios con los que se cruzaba y fueran acompañados de un niño de unos seis años (la edad que se suponía que tenía su hijo). Que en cuanto lo vio apuntarle con la cámara de bolsillo se cubrió la cara con su capucha hasta los ojos y se acabó de cubrir hasta la boca con su abrigo. “Parecía tenerlo todo diseñado por si salía alguna contingencia en la calle”, explica el fotógrafo. Que al final se le pudo acercar y que le acercó la mano como si saludara a un rival en el fútbol y el escritor respondió al gesto con con malos modos. En el documental se ven unas imágenes grabadas en vídeo en el que se ve a Pynchon andando, viste una gorra roja “y un bigote trabajado desde los años 60, que le hace parecer entre Pancho Villa y Wyatt Earp“.