Las momias del Passeig de Sant Joan

Ha llegado a la xarxa de biblioteques el segundo tomo de las memorias de Aurora Bertrana. Yo andaba buscando la lectura de  sus experiencias en la Polinesia, donde residió en la década de los 20 -convivió tres años con los tahitianos y se convirtió en erudita occidental d las costumbres malayas con ponencias por toda Catalunya-, pero esta segunda parte de su autobiografía comienza justo con la irrupción de la guerra civil. Y no da puntada sin hilo la escritora que nos ofrece una lección de cómo explicar la guerra civil sin resultar una “cuñada”. De apariencia, Bertrana es tirando a sospechosamente burguesa, pero a la hora de narrar lo acontecido en esa primera guerra civil que fue la revolución en Barcelona no le tiembla el pulso cuando denuncia la liquidación de una de las fuerzas de izquierda más radicales, el POUM, que parece molestar a socialistas y comunistas que han tomado el control de la España republicana.

“Si tots aquests grups polítics extremistes feien, cadascú pel seu cantó, el que podien en qüestió de delictes, per què havien de pagar ells sols la culpa de tots? És aquesta sensació d’injustícia  el que m’empeny a   fer-ho resssaltar tot i que, com a “política”, jo no tingui cap dret a opinar,ja que vaig passar la “petita guerra civil” tancada a casa passant  gana i evitant les bales perdudes. Per a mi, la liquidació  del POUM és un misteri i una vergonya. I perdoneu que parli de “vergonya” en evocar aquella época. És evident que els altres comunistes -vull dir els de la Tercera Internacional o estalinistes- el POUM els feia nosa”. También dedica un capítulo a dilucidar las rencillas propias de la facción de derechas con carlistas, empresarios, falangistas y monárquicos. “Perque l’esquerre de les dretes s’assembla molt a la dreta de les esquerres fins el punt que fàcilment es podrien donar la má”.

 

Nos explica Aurora Bertrana que la guerra le pilla en Ampúries, cuando estalla la insurrección militar se queda atrapada en la Costa Brava, hasta que consigue los permisos “revolucionarios” pertinentes para poder bajar en coche hasta Barcelona. En el camino hacia la capital catalana se encuentra con infinidad de controles que convierten el periplo en una odisea. Una vez consigue llegar a la ciudad, la hija de Prudenci Bertrana -hace unos días se organizó una ruta por Berga siguiendo algunos escenarios que compartieron hija y padre durante algunos veranos- será testigo directo de la profanación del convento de les Saleses que describe con pelos y señales.  Como las hordas revolucionarias se encuentran con la iglesia vacía se dedican a profanar tumbas de monjas que exhibirán en el mismo Passeig de Sant Joan. La escritora asegura al final del capítulo que llegó a desfilar un millón de personas por esta macabra exhibición.

“Milers de ciutadans encuriosits anaven a contemplar aquest macabre espectacle batejat amb el nom de “Les mòmies de les saleses”. De mòmia només n’hi havia una, i encara dubtosa. Era un cadàver que, Déu sap per quins motius, no havia arribat a l’estat de descomposició natural. Semblava talment una estàtua. Representava una monja jove, esvelta, vestida i cofada de blanc, amb el rostre i les mans com de marbre. Per la seva netedat i la seva formosor feia goig de contemplar. Les altres eren pobres i horribles cossos de dona en estat més o menys avançat de putrefacció: hi havia totes les gradacions del cadàver, des del més recent al més antic,ja convertit en simple esquelet. Aquests darrers aviat es desintegraven, i aixó afegia lletgesa a l’espectacle”.

“Uns deien que els anarquistes volien tornar a ser els amos del país, com ho havien estat als primers mesos de la guerra civil. D’altres deien que els comunistes, d’acord amb la Generalitat, estaven ben decidits a acabar amb tots els partits que s’oposaven al domini del Partit Comunista, que era el més fort i més ben organitzat de tota l’Espanya republicana, l’únic capaç d’aconseguir,  amb els seus mètodes i la seva disciplina, la victòria final sobre els nacionals”.

El convento en cuestión, refugio de las monjas salesas de la Orden de la Visitación, se encuentra en el Passeig de Sant Joan, 90-92, entre las calles de Valencia y de Aragón, en pleno Eixample derecho (como quien dice, a cuatro pasos de la Sagrada Familia). El antiguo convento fue convertido en 1943 en un colegio de los Hermanos Maristas. La iglesia ya recibió lo suyo durante la Semana Trágica en 1909.

“Valia la pena d’escoltar els comentaris de la gent. La formosa mòmia de la monja era molt admirada. Hom tractava de comprendre per què aquella feia tant de goig i les altres tant de fàstic, fins el punt que, després d’haver-les contemplat, alguns espectadors havien de córrer a vomitar al peu d’un arbre”.

Por lo demás, el libro es más que recomendable, el primer tramo del mismo está lleno de datos de interés sobre el desarrollo de la guerra civil, explicados de manera muy clara, con un intento de plasmarlos de manera bastante objetiva,  pese a lo embrollado de la situación, sobre todo en el bando digamos “rojo”. Aparece mencionado el teatro circo Olimpia, del que hablamos ya en esta entrada, en el que el 9 de agosto del 37 se reúnen los anarquistas para discutir algunos detalles sobre las quintas que debían ir al frente. Los anarquistas aceptan ir a defender a la República pero sin uniformes, con sus propias leyes, lo que propiciará desencuentros con las autoridades oficiales que en esos momentos ya no saben qué hacer para parar el avance de los nacionales. El resto es historia y está toda muy bien pormenorizada en este excelente libro.

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Amar en tiempos de cólera

TP 2326 Amar en tiempos revueltos - Isabel Serrano

Se cumplen diez años del final de la primera temporada de Amar en tiempos revueltos. 201 capítulos de una serie que se inició el 27 de septiembre de 2005. La serie se emitió hasta noviembre de 2012, arrojando un total de más de 1200 emisiones que cautivaron al público de sobremesa. “En esta primera temporada la guerra civil estuvo presente en cuatro capítulos (3-6). Capítulos que se centraron en retratar aspectos como las condiciones de la retaguardia madrileña en julio y noviembre de 1936, o el ocaso de la conflagración y la inevitabilidad de la derrota, en el invierno de 1938-39. Esta elipsis de la guerra debe explicarse en virtud de criterios de producción. Pero esa invisibilidad no obvia la intensa huella que juega el conflicto en la trama de la serie. La Guerra Civil ha constituido un trasfondo permanente a lo largo de todo el relato. El serial debe ser considerado como un retrato minucioso sobre el ordinario cotidiano popular. Sus tramas han incorporado, en ese marco de situación, una ductilidad de citas provenientes del presente. Desde ese punto de vista, Amar en tiempo revueltos ha combinado alusiones de actualidad, una rememoración de rango selectivo y una extensa reflexión pedagógica acerca de las prolongadas secuelas generadas por la guerra. La tensión ideológica, la represión política y social, el miedo y el hambre, el exilio o el mantenimiento de una resistencia – siquiera actitudinal- en el interior del país han ido sustentando así su vertebración discursiva, a través de una mirada sentimental y de denuncia construida sobre los años cuarenta, en la que ha interactuado también el objetivo de combinar reivindicación y ética histórica”.

“La Guerra Civil televisada”. Sira Hernández (editoria). (2012). 30 de marzo – 20 de abril

Defensores de una fe

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Si alguna vez volvéis de fiesta y no sabéis qué poneros para conciliar el sueño, aquí tenéis un buen remedio para caer en brazos de Morfeo. Se trata del único documental en color de la Guerra Civil española del que se tiene constancia: Los Defensores de la Fe. Hoy se cumplen diez años que se emitía por primera vez en La 2 de TVE, dentro del espacio El laberinto español dirigido por Javier Martínez Reverte. Está producido y locutado por el periodista y editor estadounidense Rusell Palmer que, con este panfleto de marcado ramalazo católico de poco más de una hora y cuarto, se proponía convencer a sus compatriotas de los beneficios que suponía que Franco fuera ganando la guerra (y los rojos no, que encima dejaban a su paso “iglesias en ruinas por doquier”). Para que os hagáis una idea, Palmer era máximo responsable del conocido como Peninsular News Service, un lobby conservador y profranquista, que publicaba varias revistas en EE.UU. como Spain y Cara al Sol.

“Estos ciudadanos estadounidenses hechos prisioneros mientras luchaban con las Brigadas Internacionales y que se agrupaban en dos batallones, que ellos mismos denominaban irónicamente, George Washington y Abraham Lincoln,  son un claro ejemplo del tipo de apoyo que han recibido los rojos. Reclutados ilegalmente en EE.UU. y llegados a España a través de Francia bajo la mirada complaciente del gobierno galo, serán devueltos por barco a EE.UU.”.

Estamos ante una pieza propagandística en la que se pretende combatir la propaganda republicana iniciada en USA, resaltando el nacionalismo de los rebeldes frente l comunismo que representa el Frente Popular que había ganado las elecciones de febrero de 1937. Así que, si queréis ver el rojo de los carrillos del fascista de Queipo de Llano, por ejemplo, aquí tenéis una buena oportunidad. La pieza se inicia con unas imágenes de San Sebastián ya ocupada por los nacionales en el que se ve a la gente “paseando por sus calles bien alimentada”. También se ven imágenes de Teruel que después de haber cambiado de bando varias veces, “ahora está totalmente a salvo en manos de Franco”. “Incluso han vuelto las cigüeñas a construir sus nidos en los campanarios”, se comenta sin rubor en el film. Acto seguido se explica que cerca de ahí se han forjado las más duras batallas de toda la contienda debido a que los rojos habían conseguido “90 tanques de los rusos con el objetivo de romper las líneas enemigas de Zaragoza. “El rugido de sus motores al avanzar se pudo escuchar a kilómetros de distancia” (es en este punto cuando los rusos son citados por primera vez, a los 18 minutos de haberse iniciado el documental, en el tramo más gore de toda la cinta que sigue así: “De todos los tanques rusos que participaron en la operación sólo se salvaron 30. Los restos de los demás se oxidan en el campo de batalla junto con los huesos de los operarios rusos. El brazo del conductor de un tanque surge de entre los arbustos, en lo que bien podría ser una plegaria al cielo. Muy cerca los restos de otro soldado, cuyos restos se blanquean al sol”). Por donde pasan los rojos, muerte y destrucción (“con munición procedente de Checoslovaquia, Francia y México”). Cuando son los nacionales los que llegan a una ciudad, es para liberarla y entrega pan a los famélicos locales (“que se comportan como animales después de semanas sin ver comida”).

Uno de los platos fuertes de la película llega con la espectacularidad de las imágenes grabadas a lomos de un avión de guerra, nacional, por supuesto, mientras sobrevuelan “en la tenue luz del amanecer aragonés” las líneas enemigas, republicanas, por supuesto también: “La aviación en tiempos de guerra requiere pilotos con pulso firme, nervios de acero y la osadía que solo da la juventud. Estos jóvenes poseen grandes aptitudes para pilotar. Como Ramón Franco, hermano del General Franco que atravesó el Atlántico sur antes que Lindberg llegara a París. Ambos bandos utilizan aviones extranjeros ya que en España no se fabrican todavía. Pero estos pilotos son españoles de pura cepa. De hecho, algunos son antiguos oficiales de la Marina”. Mientras, los corresponsales extranjeros  juegan a los dados. Menos Palmer que tiene una misión que cumplir: protegernos de los que no tienen fe  mientras emula a Orson Wells en pleno campo de batalla.

Los fachas fuman rubio

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El otro domingo descubrí una edición de 1989 del libro Los rojos ganaron la guerra del escritor Fernando Vizcaíno Casas del que hoy se cumplen doce años de su muerte. Subrayado con el subtítulo ‘Cómo hubiera podido ser el futuro -nuestro presente- si Franco pierde la guerra”. Con este libro, el escritor valenciano, con fama de intransigente en las ideas y los actos,  volvía al género con el que consiguió millones de libros vendidos: la ucronía o a la historia-ficción. El escritor nos regala esta recreación de los avatares del Estado Español, reconvertido en la Unión de Repúblicas Socialistas del Estado Español, una vez la guerra civil  cae del bando de la República gracias a un arreón final de la URSS. “El proyecto de Constitución configura el país como una Unión de repúblicas Socialistas del Estado Español (rr), integrada por Iberia, Euzkadi, Catalunya, Archipiélago Canario y Territorios Marroquíes”. Si eres de izquierdas el libro te irá poniendo de muy mala leche a medida que van pasando las páginas, ya que da por sentado que el triunfo de la izquierda nos llevaría a una situación parecida, si no peor, que la que realmente se produjo en nuestro país.  Por cierto, que Planeta, que ya ha anunciado que saldrá de Catalunya si esta consigue finalmente la independencia,  ya entregó un premio en la edición de 1976 a una novela de temática y planteamiento parecido, En el día de hoy, de Jesús Torbado (como reza en el faldón del libro: Premio dotado con 4.000.000 de pesetas) en el que Franco, una vez derrotado su intento golpista, decide emigrar a Cuba.

La verdad es que los fascistas siempre han escrito muy bien. Vizcaíno Casa además lo hace además con cierta gracia y cierta burla. Muchos pensarán, que no contentos con ganar la guerra, los reaccionarios también tuvieron tiempo de humillar a sus adversarios con una recreación histórica con visos de desarmarlos incluso en la ficción y en la hipótesis. Me pregunto si Pablo Iglesias habrá leído este libro y qué pensará de él. (nota del autor: La foto que encabeza este post está extraída de un frame del documental ‘De la transició al canvi’ del cineasta Carles Barba del que ya hemos hablado en este blog).

“El frenesí antifascista alcanza también a rótulos comerciales y viejas denominaciones equívocas, que se sustituyen por otras más democráticas. Las cervecerías Munich, Berlín, Frankfurt, pasan a llamarse París, Praga, Odessa; en las cartas de los restaurantes ya no se ofrecen “macarrones a la italiana”, ni “spaghettis a la boloñesa”, que ahora son “a lo Garibaldi” y “a lo popular”. Hasta los clásicos Billares Brunswick, de la madrileña calle del Prado, se convierten en Billares Karamazov. Dejan de anunciarse los vinos de Oporto, en natural represalia contra el régimen portugués de Oliveira Salazar. La Tabacalera, que ha visto descender peligrosamente el consumo de cigarros negros, lanza un inteligente eslogan, en millares de carteles que representan a un tipejo con todas las características externas del señorito burgués y reaccionario, con un pitillo en los labios y esta frase certeramente publicitaria: “Los fachas fumaban rubio…”. Ni que decir tiene que se disparan en seguida las ventas de Ideales y picadura”.

Un hotel a la costa (Tossa de Mar, 1934-1939)

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Hace unos días se ha otorgado el premio Tusquets que este año se ha llevado el venezolano Alberto Barrera Tyzka. Precisamente me encuentro enredado estos días con el diario que escribió Nancy Johnstone durante su estancia en la Costa Brava, en la que aterrizará pocos meses antes que estalle la Guerra Civil. De nuestra heroína se sabe que nació en Bath en 1906, pero nunca se supo cuando murió (” De Nancy se sabe que se hizo muy amiga de Constancia de la Mora, esposa del jefe de la aviación republicana Hidalgo de Cisneros. Ambas se fueron de viaje a Guatemala en 1950 y allí sufrieron un accidente de coche en el que muere Constancia. De Nancy, herida de gravedad, se perdió el rastro, se comenta en La Vanguardia del 11 de marzo de 2011).

Pero lo bueno es que sí sabemos que pasó durante cinco años de su biografía, gracias a que han quedado profusamente documentados por ella misma:  los años en los que vivió en la localidad de Tossa de Mar mientras gestionaba el primer hotel de la Costa Brava. Un modelo de hotel pequeño, de difícil acceso, pensado para un público con inquietudes. Un hotel con vistas a la modernidad que en España estaba contando sus últimas horas antes de la barbarie bélica que pilló completamente desprevenida a nuestra Nancy.

En 1934, en plena revolución de octubre de la que hoy se cumplen 81 años, decidió montar un negocio en lo alto de una montaña de esta tranquila localidad de la Costa Brava donde, por cierto, se encontraban escondidos muchos refugiados que huyeron del nazismo en Alemania que convivían con una colonia de artistas ingleses atraídos por el sol y el paisaje de este rincón de Catalunya conocido entre ellos como el ‘paraíso azul’ (por sus mares y por lo barato que es la vida en aquellos años en nuestro país).

¿Por qué deciden abrir un hotel en la costa Brava para un tipo de público digamos culto y con sensibilidad artística en un remoto lugar? Porque el marido de Nacy, el flemático Archie, no sabía de ninguno de sus amigos hubiera estado por allí de vacaciones (“No teníem, llavors, experiència sobre els hotels catalans i pensàvem, com era el costum, que qualsevol cosa espanyola havia de ser bruta”) . La editorial recuperó hace cuatro años este clásico del subgénero “extranjeros que se vieron atrapados por la guerra civil” y decidió publicarlo en catalán con el título de Un hotel a la costa (en realidad la edición incluye dos libros que documentan dos periodos distintos, Hotel in Spain, que llega hasta el final del verano de 1936, cuando les toca de cerca el bombardeo de la vecina localidad de Roses y un segundo libro, Hotel in flight, que llega hasta la rendición republicana.

Justo el día en el que se desata la huelga general que va a precipitar la resurrección militar y la guerra civil que acabó con la segunda república, unos días después escucharán por la radio el discurso de Companys proclamando el Estado catalán, se encuentra buscando terrenos dónde edificar su hotel, que al poco regentará junto a su marido, un periodista que en Londres se codea con lo más granado entre los plumillas ingleses de la izquierda progresista (“”Una de las cosas más fantásticas de la vida en Tossa es que no hay conciencia de clase”, escribe la propia matrona del hotel, Nancy, que sin pretenderlo dejó un legado inédito con el que hacernos una idea de los años más virulentos de la historia de nuestro país durante el pasado siglo. “Els de la FAI eren els més actius al principi, almenys a la nostra zona. Les iniciales volien dir Federación Anarquista Ibérica. Les nostres empleades  s’hi feien tant d’embolic com nosaltres, amb tanta inicial. (…) De fet, l’anarquia era un nou departament de govern a Tossa. Mai no he acabat d’entendre qupe representa un anarquista espanyol. El que és segur és que no té res a veure amb les connotacions que, en la meva educació anglesa, em van inculcar sobre la paraula “anarquista”. Ara,una federació d’anarquistes em sonava una mica contradictori, era com si algú parlés d’una niuada de cabres”, comenta con ojo clínico la Jonnstone que acabará simpatizando con los milicianos que encuentran en el hotel un lugar donde relajarse y reconsiderar estrategias.

En marzo de 2011, coincidiendo con la salida al mercado de la edición en catalán, el periodista J.M Martí dedica a este libro un artículo en El País en el que explica la importancia del mismo: “El libro es clave es clave porque explica la guerra civil desde un prisma insólito, desde la cotidianeidad de un pequeño pueblo de pescadores que se va transformando y deteriorando conforme avanza la guerra; un crescendo magistral que acaba en la huida hacia la frontera con un camión repleto de niños que los Johnstone han adoptado y deben dejar, una vez ya en Francia, en Perpiñán, solo para reencontrarlos brevemente unos meses más tarde en un convento de Besançon”.

La pareja de intrépidos hosteleros ingleses descubrirán que Catalunya no sólo no es sucia, si no que también cuenta con particularidades culturales como la sardana. En uno de los capítulos del libro, Nancy dedica varios párrafos a describir las artes de la sardana (de hecho, uno de los atractivos del libro es escuchar la voz de una extranjera respecto a lo que serían los rasgos distintivos de la Costa Brava en concreto y de la Catalunya de pocos meses antes que estalle la guerra). También llama la atención la descripción que hacen de la noche Barcelona que ‘disfrutan’ en una escapada de pocas horas en la capital catalana, y en la que destacan sobretodo los números de transformismo, bastante cutres según el parecer de una británica progresista.

“La sardana és la dansa tradicional de Catalunya. Homes i dones es donen les mans en una rotllana i van fent saltironets al compàs d’una música peculiar. De bones cobles n’hi ha poques, i la mitja dotzena que són de primera amb prou feines a qualsevol altra música nacional. Utilitzen uns extranys instruments estridents i tot va sempre acompanyat d’un tam-tam que marca el ritme. Aquella gent ballant en rotllanes, il·luminats per fanals mig amagats entre les branques dels frondosos plàtans del passeig, feien pensar en algun ritual tribal sota la claror vacil·lant de les torxes.  ara, si t’hi fixaves bé, qualsevol evocació de l’Àfrica negra era fora de lloc. En realitat, els músics de la cobla semblen, més aviat, una colla de pastors metodistes. Seuen en unes rígides cadires de fusta posades al damunt d’uns taulons. porten jaquetes negres i barrets negres. Hi posen cara de solemnitat. Fa la impressió que un músic de cobla no es relaxa mai, ni quan és a casa. Sembla mentida que una música que sona amb tanta intensitat, que convida a treure penes a còpia de refilets i vibracions, pugui sortir d’aquella colla d’homes amb cara de reprimits”.

En la edición en catalán de Tusquets se incluye al final del libro la traducción del folleto con el que los Johnstone promocionan su hotelito. Gracias a este planfleto nos enteramos que la pensión completa cuesta 13 pesetas al día. Que el único extra que se carga a la cuenta del cliente es de una peseta por la bañera. Se destaca en el mismo que “La casa Johnstone es obra de Her Fritz Marcus, el conocido arquitecto berlinés. El agua para beber, el agua caliente, las cañerías y todas las infraestructuras de la casa no pretenden ser lujosas ni “selectas”, pero se considerarían de alto nivel en Inglaterra”. Otra ventaja que se destaca a la hora de promocionar el entorno del hotel es el de los precios de Tossa. “Salvo los de los artículos de importación, el resto son precios ridículos, sobretodo los de la fruta, el vino, el alcohol y el tabaco que oscila entre seis y diez veces por debajo del que se paga en Inglaterra”. La publicidad avisa que pronto se pondrá tan imposible comomla costa azul francesa.

De França a Mèxic

nyassa

Hoy hablaremos de un documento de un valor histórico incalculable. Si alguna vez te has preguntado qué hacían y a qué dedicaban las horas muertas de días interminables surcando el mar los emigrantes de este país en aquellos grandes buques en los que viajaron a México huyendo de la guerra y sus consecuencias, aquí tienes una especie de máquina del tiempo en forma de Dietario escrito de primera mano por uno de los cronistas del exilio catalán en México: Artur Bladé Desumvila. “De França a Mèxic. Dietari de viatge” (Editorial Duxelm). Sirva también esta entrada como homenaje a esta pluma afilada que este año hace veinte que nos dejó. El libro sería continuación de su gran corpus central, “L’exiliada”.

El libro está editado por su hijo, Artur Bladé y recoge las vivencias de los centenares de españoles, la mayoría catalanes, del 8 de septiembre al 15 d’octubre de 1942. En realidad el viaje se reparte en dos etapas, de Marsella a Casablanca y de ahí a Veracruz a bordo del Nyassa, que así se llamaba el barco portugués, que hará escala en Trinidad donde, por cierto, una de las niñas exiliadas muere y se produce un incidente con las banderas, la niña tiene a sus pies una bandera catalana y los representantes de la República a bordo del barco se empeñan en colocar también una bandera española que provoca en uno de los pasajeros: “Fins i tot sobre els catalans morts voldrien posar ara la marca de l’esclau”. Será la última travesía de repatriados que huían de los estragos vitales y morales de la Guerra Civil ya que poco después Alemania ocuparía Francia y el paso al puerto de Marsella se complicaría sobremanera. De hecho, uno de los momentos más tensos el viaje se produce cuando irrumpe en escena un submarino nazi que al final por ¿cuestiones humanitarias? deja que el Nyassa siga su rumbo.

Algunas reflexiones de Bladé en cubierta no dejan de sorprender. En un momento en el que los pasajeros están molestos con la tripulación, por considerar injusto el reparto de dependencias, Bladé reflexiona en torno a la condición humana: “Se segueix rondinant entorn del petit conflicte provocat, si es pot dir aíxi, pels qui havent obtingut una plaça millor s’han lliurat de la promiscuïtat troglodita de la bodega. Fa quinze dies es lluitava contra la gana i les dificultats de viure en un país exhaurit per la guerra i on cada hora que passava feia més precària la seguretat personal. Sortir d’aquest país, recobrar la llibertat, obtenir una plaça en un vaixell alliberador constituïa el més bell dels somnis. Realitzat el somni, desaparegut l’espectre de la fam, quan ja no hi ha soldats ni siluetes enemigues, lliures dins de la llibertat infinita del mar, esdevenim exigents, insatisfets, humans, terriblement humans. El privilegi més insignificant ens sembla un atemptat horrible a la nostra dignitat i al nostre orgull. En temps normal la superioritat econòmica, per exemple, podrà semblar injusta peró hi hauria molta gent que sabria oblidar-la més o menys resignadament. En aquest vaixell aixó no és possible perquè tots som igualment rics, si ésser ric vol dir tenir diners i ganes de gastar-los. Ja no sabem que fer-ne dels diners. Només cal veure el bar i a l’hora que es vulgui”.

Durante el tiempo que estuvieron esperando en Casablanca al barco que los llevaria a la libertad, el cronista incide en esa insatisfacción propiamente humana: “Comencen els bulos. No se sap res del Nyassa. Dos-cent milions d’homes envejarien la nostra situació. L’home es cansa de tot. Camises, camises. Poder tenir una platja, sol, resturant, cervesa i àrabs. Amb una camisa n’hi ha per passar dies i dies. Quan es fa tard arriben de Casablanca amb carteres i sabates”.

También merece atención este comentario que bien podría haber sido dicho en alto en pleno siglo XXI para describir nuestro país: “En sortir el sol tenim Ceuta a la vista. Una muntanya. Sobre la muntanya un presidi. Cementiris, presidis… Espanya. A Espanya els presidis han estat sempre més famosos que les universitats. Ceuta, Duero, Ocaña, Santa Maria. Quan s’estudii la influéncia que han tigut els presidis i els presidiaris en la vida política de la península es comprendran moltes coses. Quan érem infants la gent deia alguna vegada parlant d’un criminal: “Li han caigut 30 anys a Ceuta”. Ara al presidi de Ceuta hi ha encara un bon nombre de noms que lluitaren el 18 de juliol”.

Rastros de rostro en un prado rojo (y negro)

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“La ristra de enterradores, para más inri, presume de abanderar la cacareada
recuperación de la memoria histórica. Tanta dosis de coqueto cinismo,
perfumado de petulancia, tira para atrás. Se aprestaron a redoblar la derrota
de los que perdieron —que primero, tras ver derrotada su revolución, padecieron
una atroz represión y, luego, tuvieron que soportar los desaires del manto
de silencio— y ahora pretenden triplicarla, pues la Revolución ni existió —
por mor de la democracia, aquello fue una confrontación entre República y
Dictadura— y, por tanto, los revolucionarios tampoco; en todo caso, proliferaron
los ministros del mal entregados al incontrolado terror rojo. Hay demasiadas
maneras de darse de bruces contra la pared, pero patalear, sabiendo que
en un mundo de ciegos gobiernan los tuertos, es un desperdicio de tiempo y
energías”.

En este repaso ‘encubierto’ que estamos haciendo de la historia de Barcelona este curso, hoy vamos a recalar en un libro que os recomiendo a los que estéis interesados en los movimientos sociales tan característicos de principios del siglo pasado. Un buen momento para refugiarse en este libro, ahora que los movimientos ciudadanos están tan en boga. Aquellos barros del primer tercio del siglo XX trajeron estos lodos. Porque en la Barcelona de principios del siglo XX abundaron los escarceos revolucionarios al amparo del movimiento anarquista (y más allá) surgidos a pie de calle. El libro escrito por Pere López Sánchez, “Rastros de rostro en un prado rojo (y negro)” nos retrotrae a los tiempos de aquellas Casas Baratas que coronaban el barranquismo de la ciudad Condal: “Con motivo de la Exposición Internacional de 1929 miles de habitantes hacinados en las barracas que cubrían las laderas de Montjuïc fueron expulsados de sus paupérrimos hogares y reubicados en las denominadas Casas Baratas,construidas a modo de gueto en la cercana llanura de Casa Antúnez. Muchos hundían sus raíces en Murcia y Almería, otros en Aragón, Valencia o Alicante, algunos provenían incluso de la propia Ciudad Condal, pero todos eran indistintamente murcianos a los ojos de aquella burguesía barcelonesa que sólo quería ver en ellos inmigrantes analfabetos, jornaleros miserables, gente de profunda ignorancia y de dudosa moralidad. En suma, indeseables integrantes de un lumpen del cual el propio Marx ya había vaticinado que nada bueno cabía esperar”.

El autor del libro nos informa de las pesquisas que tuvo que seguir para encontrar a los protagonistas de aquel movimiento que un momento dado tuvieron que enrolarse en el bando de los que apostaban por un cambio social que les propusiera un horizonte más despejado en plena guerra civil. Una condición de ‘desarrapats’ ya desde la consideración de lo que entendemos por emigrantes estos ‘murcianos’ residentes en la capital catalana: “Además, ¿la palabra inmigrante no es engañosa? En principio, se aplica a desplazamientos por el territorio que implican un cambio, transitorio o no, de domicilio. Me temo, sin embargo, que lo crucial es la distancia, el recorrido medido por criterios geopolíticos ajustables a las divisiones territoriales impresas en los mapas. A quienes se trasladan de barrio o distrito no se acostumbra a tildarlos de inmigrantes, porque tal catalogación se expone a ser rebatida por su extravagancia. Con el tiempo, y ésa es la otra variable que retoca el sentido de la palabra, parece que se reserva esa condición al que muda de asentamiento cada vez más lejos: se impone el baremo de transcontinental, pero tampoco es del todo así. Al inmigrante se le adscribe la connotación de que viene a buscar trabajo en los escalones más bajos, que está mal retribuido y se halla expuesto a continuos escarceos con todo tipo de leyes que lo desamparan y persiguen” (…) “Inmigrantes, jornaleros y analfabetos. Irremediable. El último rasgo que se emplea para definir el perfil social de aquellas gentes es su analfabetismo. Entre ellos abundaba —se decía, se recalcaba— más que en otros rincones de la ciudad”.

“Otra de las leyes que les caía encima era toda la gama de la oferta y la demanda, oculta tras las muchas manos invisibles de los mercados que acechan y se aprovechan de la incesante colonización de la vida por la mercancía con sus precios. Y la vida, ir tirando, para ellos tenía un precio. Su subsistencia simple —lograr los modos de acceder a la comida, a la ropa, al cobijo y al transporte— les condenaba a ponerse a trabajar donde se pudiera o a buscarse la vida como fuera y, por supuesto, eso no daba para recreos ociosos, un lujo lejos de su alcance”.

Aquí tenemos, en boca de uno de los entrevistados, la definición de qué es un jornalero y qué un obrero: “El jornal era una manera de pagarnos, al día, tantas horas tantas pesetas; y bien que les iba, pues si surgían inclemencias del tiempo o incidencias sociales, tocaba rascarse los bolsillos vacíos. Después vendría la semanada y, más tarde, la mensualidad; aunque sí que es cierto que las pagas, el trinqui-trinqui, iba por faenas o categorías y por ramos. Obrero, para mí, es aquel al que no le queda más remedio que ponerse a trabajar para otro, para poder subsistir él y su familia, y que además sabe que está explotado por el amo o patrón. O sea, el jornalero es un obrero”.

Los conflictos con el marco legal eran bastante frecuentes por cuanto muchos de los vecinos de las Casas Baratas vivían del trapicheo: “La venta ambulante, irregular y alegal, está contorneada por todos los despropósitos, en palabras y actos, que proferían los que tenían la vida asegurada, aunque fuera sin dar ni un puto golpe. Y claro, anunciar que por aquellas Casas Baratas pululaban vendedores y vendedoras ambulantes, es entronizar su estigmatización como chusma. Para quienes bregaban por un chusco de pan y poco más, sin embargo, la cosa no era tan sencilla. Si la única receta posible para quienes no podían alquilar sus brazos era deambular de aquí para allá, esperando que cayera del cielo una solución al paro forzoso trepidante, adiós trapicheos. Ahora bien, si no creías en la Providencia y te quedabas con los brazos cruzados, lo único que te asegurabas era que perdías el sustento imprescindible del día a día. Por esas y otras razones, los principales contrincantes de los vendedores ambulantes eran los que manejaban las leyes, dotados de todas sus armas. Eran los que les hacían la vida imposible, pues cuando no les retiraban la mercancía se los llevaban directamente al cuartelillo más cercano. Puede resultar extraño a los ojos actuales, pero las vendedoras ambulantes eran revoltosas, no se achicaban ante las medidas represivas y hasta pudieron ser revolucionarias”.

El marco-socioeconómico e la época estaba controlado por instituciones como el Banco Hispano-Colonial que hizo fortuna gracias a las colonias del Reino de España: ” El Banco Hispano Colonial, con el apoyo del Banco de Cataluña, y unos cuantos prohombres no dejaron escapar la oportunidad de hacer más negocio si aprovechaban las concesiones que les brindó la dictadura de Primo de Rivera para expoliar, sin contemplaciones, los bosques de la Guinea Ecuatorial—entonces— española. Allá explotaban, sin ningún escrúpulo, a los esclavos negros; acá, en la fábrica de tableros contrachapeados que habían montado en la carretera del Port número 395, pretendían hacer lo mismo con los esclavos blancos: los peones cobraban entre cuatro y cinco pesetas por jornal y el despotismo se ejercía como en un presidio. Los primeros pasos para negociar unas bases de trabajo los dio el gerente de la empresa, despidiendo al delegado de los obreros. Sin embargo, por el plante de los compañeros tuvieron que readmitirlo, aunque al poco y alegando la necesidad de montar unas nuevas máquinas, los despidieron a todos hasta nuevo aviso. La reapertura llegó en junio, pero con una condición: la empresa sólo admitiría a los obreros
que ella precisara en cuantía y con el perfil requerido. Los que pertenecían a la CNT no entraban en aquellos requisitos y unos recién afiliados a la UGT —estuvieran antes o no trabajando en la casa Alena— fueron contratados”.