Extra, extra!: los inicios del periodismo de denuncia

muckrakers

Investigando en el universo Thomas Pynchon me entero que su traductor al español, Vicente Campos tiene un libro publicado a finales del 2015 titulado Extra, extra!: Muckrakers, orígenes del periodismo de denuncia. Un compendio de artículos muy estimulantes fechados entre finales del XIX y principios del XX que garabatean este fenómeno que desconocía y que debe el nombre a un discurso del presidente Theodore Roosevelt. El presidente echó mano en su discurso de 1906 de una alegoría del predicador inglés del siglo XVII, John Bunyan que aparece en su novela El progreso del peregrino. “El hombre que con un rastrillo en las manos era incapaz de mirar en otra dirección que no fuera hacia abajo, y al que se le ofreció una corona celestial a cambio de la herramienta, pero ni alzó la vista ni miró la corona ofrecida, y continuó rastrillando ensimismado la suciedad del suelo”. Ese hombre con el rastrillo simboliza al periodista que recoge la inmundicia social. Vamos que el presidente por un lado admiraba a ese tipo de periodista pero por otro lado estaba diciendo que estos se estaban excediendo en sus pesquisas que llegaron al Capitolio.

“Los hombres con los rastrillos son a menudo indispensables para el bienestar de la sociedad, pero sólo si saben cuándo dejar de revolver en la porquería y alzar la vista hacia la corona celestial que hay sobre ellos, la corona de la dignidad”.

Pocas veces como en ese periodo entre el siglo XIX y XX los periodistas han contado con tanta financiación para dedicar tiempo a sus artículos de investigación. Contaron con “el compromiso de los editores, amplias tiradas y abundante publicidad” que posibilitaron la proliferación de publicaciones críticas con el entorno de entonces. Un entorno en el que, no lo olvidemos, se estaban conformando los primeros trusts y las primeras concentraciones de capital. Lo que se pretendía con la edición de estas revistas críticas no era abolir el capitalismo, sino corregir sus “disfunciones”. Todo bajo la ética protestante de una nación que, no olvidemos, como quien dice acaba de pasar por toda una guerra civil que ha generado en los EE.UU. que hoy conocemos.

El resultado de la ley del más fuerte, “del darwinismo social propio de las cantinas del oeste” ayudó a desarrollar las primeras oligarquías de la historia que con el tiempo se acostumbraron a hacer y deshacer a su antojo, favorecidas además por la gran cantidad de mano de obra barata y por “una legislación deshonesta”. Se daba entonces una sensación generalizada en la sociedad americana de que la corrupción se estaba extendiendo por el país recién gestado, gracias al inmenso poder que estaba amasando las primeras grandes firmas del ferrocarril o del petróleo (dos segmentos que fueron de la mano en cuanto el refinado se impuso entre los combustibles de la época). Como dice el responsable de este recuento de artículos, “si los muckrakers hubieran alzado la vista y mirado al frente y a su alrededor, habrían visto más de lo mismo: suciedad”.

“En los Estados Unidos de finales del XIX y principios del XX se dieron dos condiciones en versión hiperbólica para la modernización y aumento de población en las ciudades: la población no creció acelerada sino vertiginosamente -en 1880 no llegaba a los 50 millones, treinta años después superaba los cien- y las public utilities no es que se modernizaran, sino que nacieron de parto múltiple: el alumbrado urbano -primero de gas, luego eléctrico-, el transporte público -redes de tranvías, trenes elevados, más adelante metro-, servicios de agua y gas, además de los servicios clásicos -viviendas, alcantarillas, escuelas, hospitales, bomberos, cementerios-. En conjunto, una aparentemente inagotable fuente de oportunidades de negocio para espíritus emprendedores, o un banquete pantagruélico para la gula empresarial”.

“El pueblo no es inocente. Esa es la única noticia novedosa en toda la información de esos artículos; sin duda no es nada nuevo para muchos observadores, pero para mí lo fue. Cuando me propuse describir los sistemas corruptos de ciertas ciudades, sólo pretendía mostrar cómo engañaban y traicionaban a la gente. Pero desde el primer capítulo -St Louis- descubrí la desconcertante verdad de que la corrupción no sólo era política: era financiera, comercial, social; las ramificaciones del dinero sucio eran tan complejas, diversas y de tanto alcance que difícilmente podían abarcarse”, Lincoln Steffens, autor de la serie de artículos que ponían al descubierto La vergüenza de las ciudades para la revista McClure’s (y que abrazó la causa soviética). Tiene otra acotación muy buena en su artículo dedicado a Minneapolis: “Cada vez que se hace algo extraordinario en la política municipal americana, sea para bien o para mal, puede atribuirse casi invariablemente a un hombre. No lo hace el pueblo; ni es obra de las bandas ni de las asociaciones interesadas ni de los partidos políticos. Estos no son más que instrumentos con los que los bosses -caciques locales- (no los líderes: los americanos no somos liderados sino pastoreados como el ganado) gobiernan al pueblo y, por lo general, lo traicionan”.

Sin ser un muckraker, aunque gracias a él muchos periodistas de este tipo tuvieron un medio donde publicar, nos encontramos con el mago del emporio periodístico, William Randolph Hearst, uno de los empresarios que más hizo por abrir el campo de acción de los periodistas. Y de las periodistas a las que incluye en su nómina y redacciones. Lleva el periodismo a su madurez como cota del espectáculo informativo. Aumenta las tiradas explotando las más bajas pasiones en el lector que después se interesó por las publicaciones muckrakers. También es verdad que empezó a pagar honorarios dignos a sus redactores. “En un sentido más literal de lo que se podría imaginar, alfabetizó a millones de estadounidenses (o de estadounidenses en ciernes). Fue Hearst quien desencorsetó el formato de una prensa envarada e inmovilista durante décadas, dándole, por decirlo rápido y mal, vida y color”. Hearts fue el molde de empresario de los medios con éxito en el que se fijó Orson Wells para dar vida al protagonista de Ciudadano Kane, el propio empresario intentó boicotear el estreno.

El método de Hearst para desarrollar su emporio informativo consistía en “comprar un periódico en horas bajas, contar con un colchón financiero lo suficientemente mullido para aguantar un periodo de pérdidas razonable; contratar a los mejores periodistas de la competencia; asegurarse, con buenas o malas artes, un buen número de anunciantes; renovar la maquetación, la tipografía (titulares más grandes, ilustraciones, fotografías, menos columnas y más “aireadas”)”. Hearts se avanza a los textos redactados especialmente para  su consumo en internet con textos breves, pero con nervio y premiando los deportes, los sucesos y el reporte del corazón. Pero también buscó causas que defender de cara al ciudadano medio y explotado. Causas que correspondieran a las necesidades de la audiencia. Incluso llegó a urdir el rescate, por parte de un periodista de su propia plantilla, de la hija de un rebelde cubano a poco de que estallara el conflicto bélico entre EE.UU. y España y que ya libre se paseó por Nueva York en olor de multitudes. El periodismo incidía directamente en la vida real por obra y gracia del “periodismo de acción” de las huestes de Hearst. Vamos que los textos de denuncia muckrakers se leían con el ruido de fondo referencial del otro periodismo, del amarillismo, que, dicho de paso, también podía ser considerado de denuncia porque también sale a la calle con valentía contra los abusos, “antes incluso de que llegue la ley”.

“La prensa amarilla encontró en los trusts -en las tarifas del ferrocarril, en los precios del tabaco, de la carne, del azúcar o del queroseno- una fuente inagotable de causas que defender,y, con Pulitzer, (editor del World), y Hearst, se convirtieron en tema habitual de portada y objeto de campañas un día sí y otro también”.

El amarillismo al estilo Hearst conllevó una feminización de las redacciones. “En 1886 se contaban 500 mujeres que trabajaban en periódicos estadounidenses; en 1900, eran 2.193 (un 8 por ciento del total)”. Así que también hubo espacio para las periodistas muckrakers como Ida Tarbell que a principios del XIX escribió para McClure una serie de artículos en los que despedazaba a la tétrica empresa o entramado del petróleo, la Standard Oil“. La autora presentaba las pruebas con un estilo prosaico, claro y analítico. Y aún así, pese a esa parquedad expositiva, o tal vez precisamente por ella, los artículos fueron leídos como si se tratara de una obra dramática, una electrizante novela de aventuras. El drama estaba en los ojos de los lectores”.

“Lo verdaderamente preocupante es el coste ético de todo esto. Somos un pueblo de comerciantes. No podemos alardear de nuestras artes, de nuestros oficios, ni de ser especialmente cultivados; pero si podemos jactarnos de la riqueza que producimos. Como consecuencia, el éxito de los negocios está santificado y casi cualquier método que nos permita alcanzarlo está justificado por una clase cada vez más numerosa”. Ida M. Tarbell en La historia de la Standard Oil Company– Segunda parte. Capítulo VIII. Conclusión”, publicado originalmente en McClure’s en octubre de 1904.

En entregas posteriores incidiremos en este blog en la figura de Nellie Bly que se hizo pasar por loca para narrar sus experiencias de sus diez días dentro de un manicomio auspiciada por Joseph Pulitzer y su periódico The New York World y que además batió el récord de la vuelta al mundo en menos días (le dio tiempo a visitar a Jules Verne en París). Ambas heroicidades de periodismo desde dentro quedaron recogidas en sendos libros que llegaron no hace tanto al mercado español a través de Ediciones Buck.

Uno de los muckrakers más conocidos para el público de aquí, aunque cuando el fenómeno explotó él ya era un “pope consagrado de las letras estadounidenses”, pertenece a una generación anterior, fue Mark Twain. En uno de los artículos que se incluyen en el libro el autor de Tom Sawyer, propone una solución para evitar los linchamientos de negros que tanto abundaban en los EE.UU. de finales del siglo XIX. Repatriar a los miles de misioneros estadounidenses que fueron a China a convertir chinos al cristianismo. “Todo el mundo piensa que los chinos son una gente excelente, honesta honorable,laboriosa, digna de confianza, de buen corazón… así que déjenlos en paz, ya son bastante buenos tal como son; y además, cada converso corre el peligro de adoptar nuestra Civilización. Debemos andarnos con cuidado. Debemos pensárnoslo dos veces antes de animarlos a correr ese riesgo; una vez civilizada, China no podrá des-civilizarse”: La voz de Twain es la de un anti imperialista que critica el poder omnisciente que su país va tomando en el contexto internacional de antes de la primera guerra mundial.

El final de los muckrakers se debió a varios factores. La aparición de los relaciones públicas, que empezarían a lavar la cara de las empresas y el posterior desinterés de la opinión pública que creyeron en el avance de las reformas y se volvieron más deferentes con la autoridad (la entrada de EE.UU. en la primera guerra mundial provocó que el pueblo se moviera en bloque con las autoridades).

Amar en tiempos de cólera

TP 2326 Amar en tiempos revueltos - Isabel Serrano

Se cumplen diez años del final de la primera temporada de Amar en tiempos revueltos. 201 capítulos de una serie que se inició el 27 de septiembre de 2005. La serie se emitió hasta noviembre de 2012, arrojando un total de más de 1200 emisiones que cautivaron al público de sobremesa. “En esta primera temporada la guerra civil estuvo presente en cuatro capítulos (3-6). Capítulos que se centraron en retratar aspectos como las condiciones de la retaguardia madrileña en julio y noviembre de 1936, o el ocaso de la conflagración y la inevitabilidad de la derrota, en el invierno de 1938-39. Esta elipsis de la guerra debe explicarse en virtud de criterios de producción. Pero esa invisibilidad no obvia la intensa huella que juega el conflicto en la trama de la serie. La Guerra Civil ha constituido un trasfondo permanente a lo largo de todo el relato. El serial debe ser considerado como un retrato minucioso sobre el ordinario cotidiano popular. Sus tramas han incorporado, en ese marco de situación, una ductilidad de citas provenientes del presente. Desde ese punto de vista, Amar en tiempo revueltos ha combinado alusiones de actualidad, una rememoración de rango selectivo y una extensa reflexión pedagógica acerca de las prolongadas secuelas generadas por la guerra. La tensión ideológica, la represión política y social, el miedo y el hambre, el exilio o el mantenimiento de una resistencia – siquiera actitudinal- en el interior del país han ido sustentando así su vertebración discursiva, a través de una mirada sentimental y de denuncia construida sobre los años cuarenta, en la que ha interactuado también el objetivo de combinar reivindicación y ética histórica”.

“La Guerra Civil televisada”. Sira Hernández (editoria). (2012). 30 de marzo – 20 de abril

Distrito Distinto

MACRO BARCELONA Carmen Amaya en el Villa Rosa.

MACRO BARCELONA Carmen Amaya en el Villa Rosa.

Durante el mes de octubre de 1925, aparecieron publicados en el semanario El Escándalo dos reportajes titulados Los bajos fondos de Barcelona. En estas crónicas, su autor, el periodista Francisco Madrid se en se mencionaba por primera vez el topónimo urbano Barrio Chino que servía para identificar una parte del Raval, denominado entonces Distrito V y que se refería a la barriada de Atarazanas, limitada por las calles Portal de Santa Madrona y Nou de la Rambla, por un lado, y la Rambla y el Paralelo, por otro.  Una zona  donde según el propio Madrid el vicio, la miseria y la delincuencia común tenían terreno abonado. La expresión se propagó como la pólvora que además sirvió para atraer a periodistas, literatos, poetas y gente afín al submundo característico del barrio que después pasaría a conocerse como del Raval.

 

“Lectora, lector. He aquí el distrito quinto, he aquí los personajes de su ambiente. “Amitachis”, Luis Capdevila, Eduardo Carballo, para escribir sus dramas, sus artículos, sus novelas, he aquí toda la fiereza y toda la brutalidad del distrito quinto. Es el distrito quinto la llaga de la ciudad, es el barrio bajo, es el domicilio de la mala gente. Cierto es que viven en él familias honradas. Ésta es la tragedia. En el montón deforme de basura y de dolor, de inconsciencia y de pecado, que forma el distrito quinto se mezclan el obrero y el chorizo, la lavandera y la peripatética que, en el cabaret elegante, parece hija de nobles y que duerme en su propia casa sobre un catre… Ni los barrios bajos de Génova, ni el barrio puerto de Marsella, ni la Villette parisina, ni Whitechapel londinense, tienen nada que ver con nuestro distrito quinto, con el ambiente magnífico de nuestra zona prohibida. Es más, el distrito quinto les supera. Se juntan aquí, de una manera absurda y única, la casa de lenocinio y la lechería para los obreros de la madrugada; la tienda que alquila mantones y en donde se presta dinero a las artistas de los music-hall y el palacio del conde Gúell; Cal Manco y la “Casa del Pueblo Radical”; el Hospital de la Santa Cruz y la taberna de la Mina; el cuartel de Atarazanas y la pequeña feria de libros viejos; los hoteles meublés y la Atracción para Forasteros… Lo bueno y lo malo; la civilización y el “hurdismo”. Pasea esa desdichada de “la Moños” sus harapos y hace reír. Cruza la calle el sereno Juan y se cubren la cara para que no les reconozca los pequeños ladrones. Venden cocaína algunos limpiabotas y aparecen los invertidos en plena calle mostrando sus vergüenzas; las gitanas de “Villa Rosa”, cantan roncamente y en la puerta una procesión de pedigüeños os asalta casi con violencia; un borracho expone una teoría filosófica con la música del Porque era negro… Hay todavía becs de gas, románticos y calles silenciosas. Vamos a entrar en el distrito quinto. No sabemos si saldremos de él. En la puerta del Arco del Teatro nos despedimos. En el bar adosado a la pared, un pelotari para unas “cañas”. La calle es estrecha, es larga, es sucia, es tortuosa. Vista desde Las Ramblas, parece que las casas de una acera y de otra se juntan y se queda un trozo vacío por donde asoma el cielo de color violeta”.


Francisco Madrid para la revista de crítica teatral y literaria El escándalo, años 20 del siglo pasado.

Matar al chino en la ciudad muerta

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“Como toda ciudad de mala vida, Barcelona está llena de ladillas y de intelectuales “ruines”, que aquí son de sangre fría y prefieren el onanismo a la violación; la mugre, al baño; el juego sutil de las insinuaciones contradictorias, a la afirmación peligrosa…”. Francis-Marie Martínez Picabia.

Hoy es el barrio de Gràcia el que está en pie de guerra. Ayer fue el barrio del Raval el que se levantaba en armas en contra de la mayor renovación urbanística que ha sufrido una ciudad europea en la historia moderna. Estos dúas he estado leyendo “Matar al Chino”, trabajo de campo del antropólogo Miquel Fernández. Un libro que recoge el asedio urbanístico al que ha sido reducido el antiguamente conocido como Barrio Chino de Barcelona. Intentaba demostrar Manuel Delgado, autor del epílogo del libro,  en una conferencia que dio hace unos años  en Caracas que la sofisticada Barcelona era una ciudad tan violenta como lo podía ser cualquier gran urbe de Sudamérica.  una ciudad a la que se le ha desgarrado su pasado histórico, vivo muy vivo, para beneficio de unos pocos es un ejemplo de esta violencia. Salvajismo inmobiliario en pos de una modernidad y de un progreso que ha dejado sin hogar a muchos barceloneses.  Aquí van algunos apuntes que he tomado de este, para muchos, incómodo libro.

“Cerdà, a diferencia de sus contemporáneos  Marx y Engels, no piensa en la revolución como mecanismo histórico positivo. Al contrario, todo su esfuerzo por introducir fórmulas hábiles de transición va en el sentido de evitar la subversión violenta del orden social, que considera innecesaria para el progreso. [Para Cerdà] Las puertas del futuro no se abren con la llave de la revolución, sino con el miedo a la revolución”. Grau y López.

“El Raval dejaría de ser, desde las desamortizaciones de principios del XVIII, una ciudad convento y asilo de pobres para convertirse en una ciudad fábrica. El Raval fabril aún estaba escindido: por un lado, factorías y residencias obreras; por otro, las suntuosas casas de industriales,  así como pequeños y medianos comercios (…) La conjunción entre las casas de caridad y las fábricas no tardó en advertirse como pertinente para la gestión de lo que comenzaban a ser florecientes núcleos urbanos industriales. por una parte, forzando a la población a trabajar se ejercía una presión a la baja de los salarios y, por otra, a nadie le pasó inadvertida la envidiable capacidad disciplinadora que detenta la asalarización”.

“Pero mientras, oficialmente, la CNT era aceptada por la patronal, se la combatía con grupos de pinxos, organizados por personajes como Epifanio Casa, Bravo Portillo o el falso barón Köenig”.

“La situación de neutralidad en la contienda bélica, como ya se ha avanzado, caracterizó aún más el barrio de Drassanes como lugar de refugio de fugitivos, desertores o presidiarios. Con ello, se estimularon actividades de ocio  ilegales, que debido a su alta demanda, requerían que se importase mano de obra. En este sentido, se incrementó el tráfico de drogas, especialmente de cocaína y opio, así como las apuestas ilegales (…)  Esto coincide en el tiempo con la época del pistolerismo. Se estableció un mercado negro de armas, accesible y barato”.

“La ciudad como entorno modelador de voluntades encontró en el urbanismo su actividad motora. La Guàrdia Urbana se convertía entonces en un elmento implementador de las tareas que el mero urbanismo debía llevar a cabo: control de territorio, intervención sobre “Costumbres malsanas” y adecuación de los habitantes a un orden disciplinar burgués y capitalista”.

“La crisis de 1898 empujó a los poderes económicos y políticos a reestructurar la ciudad con vistas a mejorar su acomodo a la nueva situación provocada por la pérdida de los monopolios antillanos: intensificación de la industrialización, derribo de las murallas, apertura de la ciudad al llano, un ensanche que permitiera nuevas fábricas, el enlazamiento con la periferia, y la abertura en canal del centro histórico para permitir el tráfico de mercancías entre el puerto y las nuevas”.

“Ya se ha dicho que los grandes cambios urbanísticos de Barcelona se llevaron a cabo en periodos liberales. por ejemplo, el derribo de las murallas en 1854 así como la aprobación del Ensanche y Reforma de la ciudad de Barcelona en 1869 se ejecutaron o propulsaron en el marco del llamado “bienio progresista” español, entre 1854 y 1856. La obra de Cerdà “se sitúa en una generación liberal propia de la Ilustración, la cual, a mediados del siglo XIX, vivió una época modernizadora”. El plan que se considera su sucesión en términos de ambición y alcance será el Pla Macià de 1933, promovido por el GATCPAC durante el efímero gobierno de Companys entre 1936 y 1938″.

“La historia del Barrio Chino debe contemplarse de manera escindida y basándonos en dos distintas fuentes: la primera de ellas es la que se desprende de la ingente historiografía que retrata una zona eminentemente obrera y poco proclive a la mansedumbre. La segunda fuente provendrá de la (re) construcción social de un simbólico -y por tanto efectivo- “territorio del mal”.

“En la década de 1930, el Barrio Chino resume lo que era atractivo y a la vez repulsivo para la burguesía que controlaba la ciudad. Por un lado se presentaba como una zona “de vicio y placer”, especialmente para los hombres. Por otro, los reformistas, tanto de izquierdas como los de derechas, lamentaron la alta tasa de mortalidad, las condiciones de vida deficientes y las “escuelas para el vicio” del barrio, y pidieron su erradicación”.

“El disparo de salida de la reconversión de la zona sur del Raval se dará en febrero de 1988 y el primer objetivo identificado será la demolición de la illa Sant Ramon, ya difamada entonces con el nombre de “Illa Negra”. Es importante esta intervención por ser la primera en esta zona del Raval sin la excusa de la necesidad de eliminar los escombros de las bombas de la Guerra Civil, como había sucedido en la avenida Gracía Morato”.

“La actual  Rambla del Raval se llamó inicialmente Pla Central del Raval. No iba a ser una vía rápida estilo Via Laietana, si no una con prioridad peatonal.  Eso si, las demoliciones que debían llevarse a cabo eran. igualmente de gran alcance. Se trataría de la operación urbanística de mayor envergadura realizada en un tejido urbano consolidado en Europa”.

“Y un hecho recurrente que parece obviarse de manera recurrente es que las afectaciones de la zona desde el siglo XIX explican en gran parte el hecho de que los propietarios en régimen de propiedad vertical no destinasen ninguna inversión a la rehabilitación de sus fincas. Además, el consistorio fue denunciado por rechazar dichas rehabilitaciones y dejar intencionadamente que muchos edificios antiguos, algunos de ellos con valor monumental se degradasen hasta la ruina, siguiendo una política de tabula rasa, para facilitar así su demolición y expropiación, y la expulsión de población poco adecuada a lo que se esperaba que fuera el nuevo barrio. Tanto la UNESCO como ICOMOS (International Council on Monuments and Sites) certificaron en su momento que estos edificios tenían y tienen alto valor patrimonial y que deberían haber sido preservados a toda costa”.

“Pues bien, mientras se finalizaba lo que sería la Rambla del Raval, se empezaba a expropiar y demoler lo que primero se denominó como “Illa de la Rambla del Raval” y posteriormente “Illa Robador” (…) Operación concebida para “dar el impulso económico, social y cultural definitivo a la Rambla del Raval (…) una de las actuaciones más emblemáticas del plan de reforma del Raval. De hecho, en los planos sobre la Rambla del Raval ya se insinuaba la voluntad de convertir la zona en un “nuevo Born”, cosa que ni tan sólo hoy parece haber sucedido. El proyecto debía proseguir con el arrasamiento de lo que hoy es la Illa Robador (situada entre la Rambla del Raval y las calles de Sant Rafael, Sant Pau y Robador). Se destruyeron 50 edificios, con sus correspondientes  450 viviendas y 93 locales comerciales”.

“De manera muy elocuente, la configuración final de Illa Robador sintetiza el reparto del “pastel” terciario y especulativo que significa la operación en relación con la ciudad imaginada por sus próceres: en el ámbito barrial reciben su parte la Asociación de Vecinos, la industria cultural (Filmoteca Nacional de Catalunya) y el negocio turístico (Hotel Barceló Raval (nota: sólo el solar destinado a la construcción del hotel Barceló se vendió por 8 millones de euros), los tres agentes que pactaron y defendieron el modelo de barrio impuesto  por la evocada regeneración urbanística del Raval desde 1988″.

“El hotel Barceló Raval está situado estratégicamente  en el corazón de Barcelona, en el barrio del Raval, uno de los lugares más de moda y epicentro del movimiento artístico y cultural de la ciudad. El hotel Barceló Raval se ha convertido en símbolo de la transformación y modernidad que está viviendo esta zona del casco antiguo de la ciudad, por su singular arquitectura oval y su cuidado interiorismo de vanguardia”. anuncio del hotel en su propia página web”.

“La “desaparición” de los antiguos vecinos es más propia de un capítulo de la serie de televisión Expediente X que de un macroproyecto urbanístico llevado a cabo por instituciones democráticas. Y éste es sólo uno de los elementos de la controversia. La crítica al citado fraude de las indemnizaciones ha sido otro elemento protagonista”.

“Como una carcoma, la interpretación sobre lo que ha pasado y está pasando en la calle d’en Robador pivota insistentemente sobre el hecho de que allí todavía vive gente trabajadora, pobre e “inmigrante”. La llegada paulatina  de turistas con mucho poder adquisitivo -gracias, en parte, a la propulsión del lujoso hotel Barceló Raval-; de profesionales, como los que puede llegar a atraer la sede de UGT; de “profesionales autónomos”, instalados en los pisos de “protección oficial” de la illa de Robador; o la ubicación  de “centros culturales”, como la sede del IEC o la Filmoteca Nacional de Catalunya, con cualidades que se esperan redentoras desde el punto de vista de las llamadas “clases medias”, aún no ha conseguido “matar al Barrio Chino”. Es más, casi podríamos decir que lo ha resucitado”.

“Aquí no s’hi pot viure. Aquí els pobres policies som de plànyer perquè no tenim un moment tranquil per a dedicar-lo a la família i al recreo. Aquí som unes víctimes, unas màrtirs del treball perquè tant de nit com de dia hi ha massa feina. La gent honrada no sap i sort té de no saber-ho, pero Barcelona és una ciutat plena de lladres, d’estafadors, d’assassins, de corruptors de menors, de “macarrons”, de dones que no els agraden les dones, de tocats de l’ala que en lloc de prendre el vermut prenen cocaïna, de pistolers que converteixen els pacífics carrers en un camp de batalla, d’anarquistes que es passen la vida tirant bombes com si tiressin taronjes, de nois de casa bona que no fan res de bo, de gent misteriosa que ningú no sap de què viu, d’escriptors que en lloc d’escriure novel.les sicalíptiques, que són les úniques que el Govern hauria de permetre, escriuen articles revolucionaris contra les coses més respectables: l’ordre, el comerç, la Banca, la tranquil.litat i els bons aliments (…). Decididament, Barcelona és un infern”, Lluis Capdevila resume la impresión que podía tener un hombre de orden de los bajos fondos de Barcelona. Narra concretamente la visión de un comisario de policía trasladado de Reus a Barcelona durante el primer tercio del siglo xx.

John Fitgerald Kennedy: ‘De Casibus Virorum Illustrium’

 

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“La rueda de la Fortuna es el viejo artilugio medieval para explicar el ascenso y la caída de hombres ilustres (…) De Casibus Virorum Illustrium. Es la filosofía boeciana de una diosa ciega, Fortuna, que hace girar una rueda en la que la suerte del hombre sube y cae”.

“Una mariposa en la máquina de escribir” es el título de la traducción en español por Anagrama de una de las biografías más adictivas de las publicadas en los últimos meses. Parece que Cory Maclauchlin ha escrito la biografía definitiva del creador de “La conjura de los necios”. “Por fin sus millones de devotos podrán adentrarse en la vida y el proceso creativo de este escritor de existencia trágica”, se lee en la literatura promocional de la editorial.

El libro relata por capítulos la historia personal de uno de los escritores más fascinantes del siglo pasado, estamos ante un caso atípico de escritor que encuentra la fama que había perseguido durante toda su vida, pero años después de muerto. Estamos ante una completa biografía en la que se habla de sus estudios, su paso por el servicio militar que le llevó hasta Puerto Rico y sobretodo de sus habilidades, sus intereses (“como estudiante universitario, Toole llegó a tomar conciencia de que, al margen del modo en que una sociedad se proyecta a sí misma, el escritor debe reflejar lo que observa”) y sobretodo de sus obsesiones que convergieron en un suicidio sonado:

“También asistió al curso de filosofía que impartía E. Goodwin Ballard, un fenomenólogo interesado, entre otros temas, en la estética. Si bien Ballard trataba los filósofos obligatorios en el programa, como Platón y Aristoteles, también planteaba cuestiones sobre la sociedad y la economía norteamericanas, un terreno fértil para que Toole contemplara la tensión entre su éxito académico y la falta de dinero que lo atormentó durante gran parte de su vida. Cierto, las becas le aseguraron poder terminar la carrera, pero la falta de dinero era una presión constante sobre la vida familiar. Los ingresos fluctuaban según los coches que vendiera el padre y el número de alumnos particulares de la madre. Año tras año, Toole vio como la caprichosa rueda de la fortuna giraba y decidía la economía de la familia, y esa experiencia parece haber teñido sus interpretaciones de la filosofía y de la sociedad norteamericana. No tardó en interesarse por la filosofía medieval y manifestó un creciente resentimiento por la América moderna. Le parecía que el learned pauper, el indigente docto, era un invento únicamente americano y estaba convencido de que la Edad Media, con su clara estructura social, nunca hubiera permitido una injusticia semejante. Sin embargo, en América un idiota podía ser millonario, mientras el genio podía terminar en la miseria, todo en aras de la libertad económica. (…) Estaba claro que no le caían nada bien los estudiantes más privilegiados que no conocían las penas de un “chico trabajador” (…) Para Toole, la filosofía medieval era un ejemplo de orden y armonía, el pragmatismo, en cambio, se había convertido en la validación de intelectual del punto de vista del darwiniano sobre la realidad. El discurso entre esas dos visiones del mundo estuvo siempre presente en toda su obra académica y creativa”.

En el mismo recorrido vital se habla del proceso no menos vital a partir del cual se van sentando las bases de un libro como ‘La Conjura de los necios’ que consiguió todo un premio Pulitzer, nada más y nada menos que 14 años después del fallecimiento de su maltrecho autor:

“La tensión subyacente en la novela, lo que atormenta a Ignatius, es un conflicto entre la filosofía de Boecio y el pragmatismo. Atrapado entre su visión medieval del destino y la fortuna y el pensamiento pragmático de la movilidad económica y laboral y la reforma social, Ignatius cree ser el hombre caído que espera que la fortuna vuelva para hacerlo ascender. Con todo, se ve movido a actuar, quiere llevar a cabo planes de reconstrucción social a toda costa, cosa que desde el punto de vista medievalista, sería un absurdo, pero que para el pragmático, en cambio, tiene un valor central. Moralmente, el medievalista vive con su destino y busca el orden, el pragmático en cambio, da forma a su destino para que tenga un final feliz, aún cuando eso implique crear el desorden”.

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El último tramo del libro está  dedicado a la relación entre Toole y su posibles editores. Se habla de las misivas que Robert Gottlieb de la editorial Simon & Schuster, interesada en publicar la obra siempre y cuando el autor realizara unos ajustes que recomienda por carta al propio Toole que en esos momentos se queda paralizado y acaba decidiendo su suicidio. La omnipresente madre de nuestro protagonista, Thelma Toole, le acusó de ser culpable de la depresión del hijo por dilatar la publicación de una obra que para ella ya era perfecta antes incluso de ser escrita. En esta carta, el editor le explica a Toole la relación entre el creador y las fuerzas del mercado y que me parece que hoy sigue muy en boga (hay que tener en cuenta que Toole escribe con el corazón y la mirilla apuntando a su Nueva Orleans natal, en las antípodas de la atención mundial que recibe Nueva York que es donde está ubicada la capital):

“Cuando alguien como usted vive alejado del centro de las actividades en las que se combinan cultura y comercio, vinculado a ese centro gracias únicamente a una delgada cuerda mediante contactos vagos y aislados, todo se vuelve desproporcionado, difícil de analizar y de darle la importancia que le corresponde. Algo semejante ocurre con esas personas que aparecen en Nueva Zelanda o Tanganika, o en Finlandia, y que escriben o pintan obras maestras. Tienen su propia fuerza, pero se leen o se miran como si el artista hubiera tenido que descubrir las formas por sí mismo. No tienen el aplomo de la sofisticación ni del interés mutuo y la energía que actúan con otros. Así pues, veo que para usted yo (o Jean) no soy meramente una persona, sino una voz con más autoridad de la que seguramente se merecería. no es que yo no sea bueno en mi trabajo, porque lo soy y no hay nadie mejor, pero sólo soy alguien, y con muchísimo menos talento que usted”.

Cine de guarro

cinemaperverso

Vamos con una recomendación para este puente. Hoy nos colamos en este Cinema Perverso que nos abre  las puertas a un mundo de freakismo extremo a pocos pasos del andén de lo cotidiano. Por entre el trasiego de pasajeros de la red ferroviaria de la locomotora de Europa nos encontramos con esta amena descripción de un fenómeno cinematográfico típicamente alemán que desconocía del todo. Y que llega a mi retina gracias al empeño en Facebook de Toni L Querol, voz autorizada que, entre otros roles, se desempeña como editor en el festival In-Edit (el documental es una gentileza de la Comisión Europea, que es quien financia el proyecto ARTE Europa en el que se enmarca la peli).

Parece ser que después de la segunda guerra mundial, algunas de las estaciones de tren de Alemania decidieron abrir unas salas de cine anexas en las que los pasajeros con tiempo entre un tren y otro se pudieran recrear con imágenes de películas de hostias o directamente subidas de tono que no pasaban por el circuito convencional de salas de cine.  Durante todo el día el pasajero tenía la posibilidad de matar el tiempo por entre las cloacas del audiovisual del periodo entre los años 60 y los 90 que fue cuando cerró la última sala de estas características. Películas de todo tipo exhibidas en sesión contínua non stop por las que podrían desfilar pelis de karatekas de Bruce Lee en las que ya no aparecía Bruce Lee o salían dos Bruce Lee a la vez, el boxeador hip hopero René Weller protagonista de la peli de culto Macho Man, extraterrestres decadentes y un sin fin de personajes de deshecho del cine de tipo Mondo (aunque  el poderoso porno acabó imponiéndose con el tiempo y estas salas acabaron convirtiéndose en el lugar perfecto para hacerse unas pajillas).

kino

Mucho ojo porque el documental de apenas una hora está disponible desde aquí hasta el 30 de Enero de 2016 a las 11:59 pm.

Trailer “Cinema Perverso” from Lunabeach.tv on Vimeo.

Pop Festival: cuando en Badalona cayó la del pulpo indie

popfestival

“Lo mejor del Pop Festival fue constatar que existe un nuevo público, harto de los dictados musicales impuestos por discográficas, promotores y emisoras de radio, cuya única inquietud es la de sanear sus cuentas corrientes. Así, la escena alternativa se erige en defensora de unos valores que pretenden dar credibilidad al rock actual; aunque, todo sea dicho, el autóctono peque de excesivo mimetismo”, Ramón Súrio para La Vanguardia.

Hoy se cumplen 20 años de la celebración del Pop Festival. Se cumplen veinte años pues del primer festival al que asistí y veinte también del primero al que asistí acreditado (el primero de muchos festivales). Por entonces, un servidor trabajaba en Revista de Badalona, en la sección de Deportes, harto de las declaraciones previsibles de los jugadores de Regional Preferente, me ofrecí al jefe de cultura para ayudar en la cobertura de esta especie de proto-Primavera Sound. El evento tuvo lugar en can Solei, que es un parque de unas once hectáreas, se encuentra muy cerca de la mítica carpa de Titus, y es algo así como el pulmón natural de la zona noble de Badalona (la de la periferia menos noble sería Montigalà). Por entonces a Badalona se llegaba en metro con la línea 4, la conocida como la amarilla, hasta Pepe Ventura. Ese mismo fin de semana del festival, La Vanguardia anunciaba que la línea 2 de Barcelona se pondría en marcha pocas semanas después, el 25 de septiembre después de veinte años en vía muerta.

El festival, que no tuvo segunda edición, estuvo organizado por La Iguana que fichó a  un elenco de artistasque veinte años más tarde recuerda, efectivamente, a una versión prehistórica del  Primavera Sound. Los cabezas de cartel eran Sonic Youth que, por entonces, presentaban su álbum más controvertido, Washing Machine, tal vez el que promovió más bajas entre sus fans de toda la vida. Un total de 7000 personas se pasaron por el parque badalonés, tres mil menos de lo que esperaban los organizadores: “El Pop Festival era una apuesta arriesgada por varias razones: un presupuesto elevado -35 “kilos”-, una fecha de verano muy avanzada, unas entradas que se cotizaban a 4.000 “púas” y un cartel cuyos nombres  estelares pertenecen a la llamada escena “indie”. La idea era reunir a unas diez mil personas dispuestas a disfrutar de una tarde-noche en el parque de Can Solei, donde se habían montado dos escenarios, un “dancehall” para lucimiento de los Dj’s y unos cuantos chiringuitos, donde se podía degustar “coca de recapte”, pizzas congeladas, comida vegetariana o picantes guisos mexicanos”, comentaba el redactor Ramón Súrio en las páginas de La Vanguardia. “No toca hablar aquí del nivel artístico del festival, pero se hace inevitable mencionar la gran tomadura de pelo que fue la presencia de Beck”, añadía el periodista a modo de furibunda crítica.

La reseña de la crónica de La Vanguardia, aparecida dos días después del festival, osea que urgencias por cubrir el festival más bien ninguna,  e incluía un despiece casi metafísico en el que Mingus B. Formentor se preguntaba si lo de Badalona había sido un festival realmente o una sucesión de grupos: “¿Festival? Hombre, yo nunca me atrevería a decir tanto. A lo sumo, me inclinaría por muestra, popurrí o amasijo de actuaciones (hasta quince bandas) colocadas una detrás de otra, el mismo día y en el mismo sitio”. Para añadir algo que sería norma en el indie español de aquel momento: “Luego venía el escuadrón de aportaciones nacionales “en inglés”, que sonaban a clónicas”.