“Diggers, infraDjs y otros desubicados”

Mañana es el día de la presentación en el Convent de Sant Agustí de Diggers, infraDjs y otros desubicados, un libro en el que recopilo una serie de artículos con los que intento describir, entre otras cosas, el sentir y parecer de algunos de los personajes que pueblan ese espacio mental y emocional que algunos llaman underground, pero de ese del que apenas se habla en los medios especializados. Gente de bien, con sus obsesiones como todo el mundo, que en los últimos diez años me ha ayudado a escuchar la vida con otros ojos. Es un libro difícil de encarar como autor. Hablo de mucha gente que conozco y que tengo a mano. Me refiero a ellos por su nombre de guerra, apelo al personaje más que a la persona. Para ganar esos centímetros de distancia necesarios para realizar un retrato.

Ni mucho menos es un directorio completista de Djs malditos. Faltan nombres, y seguro se me echan en cara estas ausencias. A medida que me voy encontrando por el barrio a algunos de ellos, me sabe hasta mal que no hayan aparecido entre sus páginas, quizá en una segunda edición. Algunos se alegrarán de no aparecer. Muchos no son fáciles de pillar con el grabador delante (otros pierden la espontaneidad que buscaba reflejar en el libro cuando se encuentran con el grabador, por ese motivo a veces he tenido que utilizar medidas no demasiado éticas).

Así que a grandes rasgos, el libro es un compendio de artículos con el que, de manera muy personal, he intentado reflejar algunas de las particularidades de un submundo del que no ha quedado constancia cuando se ha hablado oficialmente de la escena de Djs y coleccionistas de Barcelona y alrededores. Ahora que está apunto de salir publicada la segunda edición, algo así como si cogiéramos todas las etiquetas y géneros musicales que aparecen en el libro Loops – Una historia de música electrónica y nos acercáramos a todos esos conceptos a través de un microscopio, y a la vez observáramos cómo los protagonistas del libro se manejan, juegan y comunican con esas categorías técnicas de carácter cultural y musical.

Este trabajo se pensó inicialmente como un documental que tenia que ser un reconocimiento, pensé en su momento con un cierto tono crepuscular, a todos aquellos apasionados por la música con los que he coincidido en los últimos años. Esos Djs de pico y pala que no dudan en mover parte de su inmensa colección de discos, donde sea que los llamen para pinchar (por lo general en locales de medio pelo, por poco dinero y casi nunca disfrutando de las condiciones técnicas adecuadas). En el libro he reflejado parte de lo que yo me imaginaba podría ser el esqueleto del documental que pensamos hace años Gonzalo Castillo y un servidor (el madrileño es el responsable del concepto “infraDj” atendiendo en este caso al Dj infravalorado).

Este libro artesanal sirve también como lanzamiento de nueva plataforma de comunicación, Madanna Projects, ideada por la editora y diseñadora del libro Anna Caellas, alma mater del proyecto. Y sí, en él se describen batallitas, inevitable, pero también se tratan temas muy de la actualidad musical, como esa especulación tan característica de esta nueva fiebre por el vinilo que nos azota. Todo ello explicado por esas criaturas que han demostrado un amor por la música que va mucho más allá de la pura pose. Sus nombres no aparecerán en los libros de historia de la música, ni impreso en letras grandes en flyers o carteles de grandes festivales. Probablemente porque no han sabido cómo venderse al público. Estaban demasiado ocupados en que no pare la música.
Están muy locos por la música.
Y de eso también había que dejar constancia.

Con motivo de la presentación del libro he organizado una charla abierta al público este jueves 19 de abril a las 19h en el que intentaremos reflexionar, por ejemplo, sobre aquellos aspectos que legitiman hoy en día que un individuo se pueda considerar Dj. Me gustaría tocar también el tema de la edad. Debatir sobre la posición en la que queda un Dj con más de 40 años en relación a los jóvenes que plantean nuevos paradigmas musicales. “El Dj envejece mal porque cuando deja de trabajar como tal no sabe qué hacer. Siendo Dj se vive mucho porque es una dedicación en la que continuamente estás dando. Cuando ya no puedes ofrecer porque no te salen bolos, ¿qué haces? ¿Cuelgas vídeos en Facebook?”, comenta en el libro Daniel Nellstrum, digger y responsable del canal de Youtube, Tuharrdosons Beta VMusic.

También me gustaría tratar la nueva figura del digger de música digital que hacen de indexadores de chatarra digital en streaming o descargable con uno de los invitados, Daniel Madjody, integrante del nuevo medio de comunicación especializado en música urbana, El Bloque, y que nos puede hablar de todo esto como “buscador de música digital, no puramente digger de cubetas”. Me gustaría hablar también con otra de las invitadas, Ylia Beat de por qué se siente identificada con el título del libro. Me gustaría tratar con ella de las habilidades que requiere un Dj para pasar de infraDj a Dj contrastado, que es el punto en el que yo creo que se encuentra ella actualmente con bolos en toda Europa y en nuestro país donde ha acompañado a esa nueva estrella del pop que es El Niño de Elche.

El sábado 21 de abril montamos un vermut literario, ejem, en el Bar GrøG de Torrent de l’Olla, 134. Desde las 13h hasta que nos echen. Pasarán por cabina Dani Purito, La Quinta Elementa, Gonzalo Castillo y David Vladimir de los sellos Polybius Trax y Clásicos del Ruido.

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El ruido de lo inútil

“A tal propósito, Emil Cioran -que dedicará después un breve párrafo de su Breviario de podredumbre a la “obsesión insípida por ser útiles”-refiere en Desgarradura que, mientras le preparaban la cicuta, Sócrates se ejercitaba con una flauta para aprender una melodía. Y a la pregunta “¿Para qué te servirá?”, el filósofo responde impasible: “Para saber esta melodía antes de morir”.

Estos días se han cruzado en mi camino dos libros que en principio no tendrían nada que ver pero que leídos uno detrás del otro parece que se complementen. Por un lado tenemos el manifiesto La utilidad de lo inútil de Nuccio Ordine y por el otro The New Analog (¿Cómo escuchar y reconectarnos en el mundo digital?) de Damon Krukowski. El primero es filósofo y profesor especialista en el Renacimiento y el segundo formó, de finales de los 80 a principios de los 90, junto a Naomi Yang y Dean Wareham, la banda de pop-rock Galaxie 500. El primer ensayo es en realidad un compendio de frases que son apología del estudio de las Humanidades en un tiempo en el que prima el beneficio, cada vez más cortoplacista. Una furibunda reivindicación de las “inútiles” humanidades en plena deriva mercantilista. El segundo es un ensayo que nos muestra todo aquello que hemos perdido desde que el sonido digital entró en nuestras vidas para quedarse. Una elegía al ruido que cada vez tiene menos importancia en la era de Spotify. Así definidos, ambos libros podrían ser considerados algo retrógrados y reaccionarios, un nuevo enfrentamiento entre no integrados a una sociedad hiperconectada. Yo creo que los dos libros ofrecen buenos argumentos para aquellos que nos alegramos de haber nacido en el final de la zona analógica y hemos crecido en el inicio de la era digital.

¿Para que sirve quejarse de la falta de ruido en la señal digital en tiempos en los que la gente no sólo no compra discos si no que se descarga archivos digitales? Es probable que para nada. Es un lloro inútil. Por eso le dedicamos este post. Porque lo inútil cada vez tiene menos espacio en nuestras vidas. Hagamos cosas inútiles, pues.

“Muchas veces el empeño que los hombres ponen en actividades que parecen absolutamente gratuitas, sin otro fin que el entretenimiento o la satisfacción de resolver un problema difícil, resulta ser esencial en un ámbito que nadie había previsto, con consecuencias de largo alcance. Esto es tan cierto para la poesía y el arte como lo es para la ciencia y la tecnología”. Italo Calvino.

Más que un libro inspirador, esta especie de compendio de frases para esculpir en la cabecera de tu cama recogidas por Ordine, es más bien un texto que encorajina, sobre todo a esos que a menudo hacemos cosas que no sabemos porque las hacemos aunque sepamos que son inútiles. Desde hace bastantes años cuelgo una efeméride en Facebook que me sirve para hablar de un tema en concreto. Me han preguntado por qué lo sigo haciendo. La gente no entiende para qué tanto esfuerzo. Después de leer este libro ya lo tengo más claro. En las redes prima el “like” útil, sobre todo en Facebook. Me temo que un tanto por ciento de los “Me gustas” que consigo en redes son motivados para sacar algún rédito. Las escasa visitas que arrojan mis posts en este blog me dicen que lo que escribo es inútil. Pues así seguirá. Siendo inútil. Aquí tenemos algunas frases extraídas del libro de lo inútil que nos arrojan algunas claves de por qué nos empeñamos en ser útiles:

“Lo más útil es lo inútil. Pero experienciar lo inútil es lo más difícil para el ser humano actual. En ello se entiende lo “útil” como lo usable prácticamente, inmediatamente para fines técnicos, para lo que consigue algún efecto con el cual pueda yo hacer negocios y producir. Uno debe ver lo útil en el sentido de lo curativo, esto es, lo que lleva al ser humano a sí mismo”. Martin Heidegger.

“El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos, está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus efectos, tan sombríos como el Erebo: no hay que fiarse de tal hombre. Atiende a la música”. W. Shakespeare en El Mercader de Venecia (en palabras de Lorenzo).

“Dicen [los solares] que toda propiedad nace y se fomenta por le hecho de que tenemos cada uno domicilios propios y separados, hijos y mujeres propios. De ahí surge el amor propio, pues para elevar al hijo a las riquezas y dignidades y para dejarlo heredero de muchos bienes, nos volvemos cada uno […] un depredador público […]”. Tomasso Campanella en La ciudad del sol (1623)

“En el dominio de la actividad humana, el dilema adquiere esta forma: o se emplea la mayor parte de los recursos disponibles (es decir, del trabajo) en fabricar nuevos medios de producción – y entonces tenemos la economía capitalista (la acumulación, el crecimiento de las riquezas)- o se derrocha el excedente sin tratar de aumentar el potencial de producción- y entonces tenemos la economía de fiesta”. Georges Bataille.

“Los libreros mismos, con algunas raras excepciones, no son ya los de otros tiempos, capaces de ofrecer a los lectores preciosas sugerencias sobre una novela y un ensayo. Su libertad de elección se ve hoy limitada por los intereses de los grandes distribuidores que, imponiendo sus publicaciones de acuerdo con criterios puramente comerciales, no consideran que la calidad sea un valor esencial”.

“Abandonar la pretensión de poseer, saber convivir con el riesgo de la pérdida significa aceptar la fragilidad y la precariedad del amor. Significa renunciar a la ilusión de una garantía de indisolubilidad del vínculo amoroso, tomando nota de que las relaciones humanas, con los límites y las imperfecciones que las caracterizan, no pueden prescindir de la opacidad, de las zonas de sombra, de la incertidumbre. Este es el motivo por el cual cuando se busca la total transparencia y la verdad absoluta en el amor se termina por destruirlo, se termina por ahogarlo en un abrazo mortal”.

En cuanto a nuestra nueva dimensión digital en lo que consumimos y concretamente en lo que escuchamos. Os puedo decir que echo de menos ese sonido sucio, ese ruido que se colaba por las emisiones en directo del Barça cuando jugaba en campos y países tan remotos como Albania, Polonia o Islandia. Con la llegada de la pulcra señal digital, ahora nos llega un sonido pulcro y limpio que nos impide reconocer el particular eco del estadio del Barça y ser capaces de diferenciarlo del  zumbido del remoto estadio del, pongamos por caso, Rubin Kazan. Ese ruido era para mi información que hoy en día se ha perdido en virtud de un sonido cristalino que, eso si, habrá aligerado el trabajo de los técnicos de sonido que acompañaban a locutores y enviados especiales. Aquel ruido era en apariencia inútil, pero por lo que a mí respecta me estimulaba la imaginación.

“Napster irrumpió en la industria musical aislando el archivo del sonido digital e igualándolo a la señal de la música, y, por tanto, tratando como ruido todos los demás aspectos que no podía trasmitir.(…) El acceso a la música en la era digital ha pasado, de manera similar, de esa búsqueda activa de señales entre el ruido -rebuscar en la tienda de discos, oír otras canciones hasta que la radio pone la que quieres escuchar- a permitir que los “me gusta” en Pandora y Spotify las busquen por nosotros (…)”.

Krukowski nos recuerda que gracias a servicios como Uber ya no tenemos que levantar la mano para pedir un taxi, ya no necesitamos buscar la señal de la luz verde en pleno bullicio del tráfico más ruidoso. El ensayista acaba su párrafo en el que nos explica como los negocios 2.0. han eliminado el ruido de nuestras vidas, con un inquietante: “Los negocios perturbadores nos arropan con señal y nada más”.

“Los servicios de streaming digital tratan los datos de la contra de un elepé -las limitaciones históricas de tiempo y las personas que crearon la música- como si fueran ruido. Sólo la música se filtra como señal”.

De todos modos, hace apenas dos semanas Spotify informaba que empezaba a ofrecer “información sobre los autores -compositores, productores, ingenieros, etc- tras las canciones que escuchamos día a día en la plataforma, facilitando información importante sobre la autoría de esta música a sus usuarios y, sobre todo, reconociendo la contribución de otros músicos o técnicos sin nombres ni rostro tan conocidos como los de una Lana Del Rey, pero cuyo trabajo ha sido esencial en la composición de esa música. TIDAL ofrecía -y sigue ofreciendo- los llamados “songwriting credits”, algo que Spotify hasta ahora no (y que de momento ofrece sólo para su versión escritorio, aún no para móvil)”.

“La labor que lleva a cabo el ruido -su poder comunicativo para quien lo produce y su poder transformador para quien lo recibe- está ausente  tanto en los medios digitales como en las redes sociales. En los medios digitales, el aislamiento de la señal del ruido es una manera de reducir costes. En las redes sociales es una estrategia para monetizar los datos recabados a partir de los usuarios. No es una simple coincidencia que esta estrategia comercial de los distribuidores de medios haya resultado en una perdida de ingresos para los productores de su contenido”.

 

El speed bueno lo tiene Jim Dodge

Tenía ganas de poder hincar el diente a la novela No se desvanece de Jim Dodge porque la lectura de su novela Stone Juction, aquella “epopeya alquímica” que me produjo hace cuatro años un efecto revitalizador que hacía tiempo no sentía después de leer una ficción. Guardaba la novela pues, como ese gramo de mierda buena que te reservas para ocasiones especiales. Porque Dodge es un narrador de barrica de roble, extraordinario e imbatible a la hora de presentar personajes peculiares de los que te enamoras con el paso de las páginas. Pero vayamos sin más preámbulos con las presentaciones. El libro es cortesía de la serie Héroes Modernos de la editorial Alpha Decay a la que tengo que agradecer la traducción, en este caso de Ana Herrera, de las escrituras de Dodge. Una traducción al castellano que no lo olvidemos llegó justo en el momento en el que Donald Trump era investido como presidente de los EE.UU. El actual contexto en el que vive su país seguro que reafirma a Dodge en su idea de seguir enclaustrado en su casita de Arcata, en el estado de California.

La novela que nos ocupa se escribió hace 30 años, su traducción se presento hace justo un año. Se trata de una road movie en toda regla, de manual, que a veces recuerda a esa película de culto llamada Vanishing point a la que los Primal Scream le dedicaron un álbum conceptual en 1997. Una novela en la que también aparece muy al final un locutor de radio ejerciendo de conciencia en medio de un baño de speed que está siempre presente. Nos referimos a esa droga ideal para conducir miles de kilómetros por esas carreteras rectas e interminables del medio oeste estadounidense. La novela está bañada en anfetaminas en su modalidad de pastillas. Yo diría que es el mejor tratado sobre la ansiedad que comporta la adicción al speed, no olvidemos más barata que la coca y tal vez más efectiva y resolutiva que eso que algunos compran en Barcelona por coca a precio de caviar iraní. Eso es lo que me explican. Me informan también que es complicado encontrar buen speed en Barcelona. Confórmense pues con esta novela para pasar el mono o mejor aún, conseguir los efectos apropiados. Una novela que te enzarpa como el buen speed.

“He dicho que me encontraba bien y es verdad, pero siempre se puede encontrar uno mejor. Mi sistema nervioso, después de la limpieza del sueño, estaba empezando a pedir con insistencia sus anfetaminas, apelando a una necesidad que se veía aguzada por el conocimiento de que los medios de satisfacerla estaban al alcance de mi mano. Invoqué a mi recién recuperado sentido de la contención y me limité a tres. Un hombre agobiado por la debilidad general e inclinado a la indulgencia necesita reforzar su resolución mediante semejantes actos de autoncontrol”.

La historia nos cuenta las aventuras de George Gastin que involucrado en una trama se dedica a estampar coches de lujo para que sus dueños cobren el seguro. Un día se encuentra con el encargo de estrellar un Cadillac Eldorado modelo blanco, pero se entera que era el regalo de una desconocida para el músico Big Bopper que acompañaba a Buddy Holly y Ritchie Valens en el avión que se estrelló y llevó de paso a los tres a la eternidad. Ese desastre aéreo en Iowa de aquel martes 3 de febrero de 1959, se llevó por delante al futuro del rock de finales de los 50. Ah si, aún no os había explicado que el título original del libro es Not fade away, canción original del propio Buddy Holly. Yo más abajo os pincho un momento a Bopper.

“Y ahora, quizá entre disco y disco podrías explicarme tus filiaciones religiosas y la naturaleza exacta de tu ministerio, porque nunca en mi vida he visto un hábito tan elegante, ni un clérigo que tome anfetas en lugar de la hostia de la comunión. Siempre me ha parecido, y ciertamente mi experiencia me lo confirma que las anfetaminas son obra del diablo”.

Un canto a las drogas, sí, pero sobre todo un canto a la música y a su poder como revulsivo incluso en las causas perdidas. Un libro que enamorará a todas esas almas libres que pierden pie en cuanto entran en esa nueva dimensión, ese otro peldaño que se levanta por encima de tu conciencia, que es el abuso de las drogas.  Por algo es   el escritor favorito de Thomas Pynchon: “Había jurado con todas las fibras de mi determinación que no volvería a hacerlo nunca, que lucharía contra la tentación como un oso rabioso, que resistiría durante los bajones y los baches, y estaba tan decidido a expulsar aquella debilidad que decidí comprar sólo cincuenta unidades para una despedida final”.  No será peor de lo que era. No será, seguro que es mejor. Por cierto, hablando de anfetas, no os he dicho que el post más leído en la historia de este blog, y que sigue generando visitas dos años después de su publicación, es este sobre el Optalidón en el que se explicaba en una crónica sentimental la influencia de este fármaco en las amas de casa de este nuestro país.

Brian Eno inaugura el Sónar 2016

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Brian Eno empezó su charla inaugural de la cuarta edición de Sónar + D echando mano de una encuesta de la revista Prospect Magazine en la que se preguntaba a sus lectores por los intelectuales vivos más influyentes del momento. Una gran parte de los nombres que aparecieron en el estudio eran economistas. Unos datos que demuestran que nuestra realidad se explica principalmente a partir de la economía. La lengua que utilizamos para discutir nuestra realidad se circunscribe a términos económicos. Hasta aquí, la fría realidad de la filosofía que muchos denominan “neoliberalismo”, y que el compositor nos recuerda que se sustenta en la “libertad de los negocios” y en la “libertad individual”. Para Eno, unos pensamientos que encierran toda una perversión que nos ha llevado, por ejemplo, a contaminar todo aquel país que no es importante en términos económicos. Lo que no aporta en términos económicos, no nos vale, por tanto puede ser “contaminado” o “envenenado” de manera impune.

“No sé si lo sabéis, pero muchas de las prisiones de EE.U.U. están gestionadas por empresas privadas. Su materia prima son por tanto los prisioneros. Necesitan prisioneros para poder conseguir beneficios. Y cuál es la mejor manera de conseguir este tipo de material. Los prisioneros políticos. A través del marco penal estadounidense se buscan nuevos crímenes. Las empresas penitenciarias ganan mucho dinero con estas nuevas penas, que la mayor parte de las veces son impuestas por nuevos crímenes. ¿Cuánto valor monetario tiene una playa? En principio, una playa pública no tiene ninguno. La gente va allí y hace lo que acostumbra a hacer en una playa: tomar el sol, beber cerveza… Pero la lógica del progreso que antepone la economía a cualquier otra prerrogativa de repente se da cuenta que la playa puede tener mucho valor si en primera línea de mar se construye un hotel. Lo mismo ocurre con la educación, no sé cómo estará la española, pero en Inglaterra la educación está cada vez más centrada en que el alumno sea capaz de superar los exámenes finales. Un propósito que no tiene nada que ver con el aprendizaje. Tiene más que ver con cuánto tienen que invertir los alumnos para llegar a aprobar. De nuevo, nos encontramos con temas puramente económicos en un área esencial para conocer el mundo. Los ensayos de filosofía que se presentan en las universidades se centran en comentarios sobre las ideas de unos cuantos filósofos, no incluyen ideas nuevas. Ya no se trata de discurrir sobre qué es la filosofía en nuestros días, si no en qué ha dicho ya tal o cual filósofo. Hemos entrado en una dinámica educativa en que lo que importa es cuántos alumnos conseguimos que pasen todos los niveles de nuestros planes de estudio, para demostrar que esos planes funcionan por cuanto tienen un valor cuantitativo y por tanto, económico. Hemos conseguido un número elevado de estudiantes que no tienen ni puta idea de nada (salva de aplausos del público)”.

A los diez minutos de charla, el productor de Suffolk reconoce que aún no ha hablado de música, ni de contenidos culturales, pero que todo a su tiempo que ahora toca reflexionar sobre qué es un individuo en nuestro mundo de hoy. “Estáis entrando en el maravilloso mundo del arte de la música a través del arte de escucharme”, comenta con ese tono jocoso tan británico de dejarlas caer como quien no quiere la cosa después de soltarte una verdad que parecía solemne. “Os voy a decir una cosa que creo que es asombrosa de verdad y que muy poca gente sabe. El cerebro humano lleva empequeñeciendo unos cuantos siglos. Es justo lo contrario de lo que esperábamos oír, ¿verdad?. Muchos pensábamos que en el futuro nuestros sucesores tendrían la cabeza mucho más grande que la nuestra. Más o menos como la mía. Y esto es un misterio. Puede que la respuesta sea que no necesitamos tanto cerebro”. Hoy en día no hace falta que sepamos tantas cosas para nuestra supervivencia. Eno dice que él sólo sabe grabar discos. Y que él público igual sólo sabe escribir artículos. Que en esencia somos todos individuos inútiles. Nos hemos convertido en simples especialistas. Pero tenemos acceso a muchas otras mentes. “Ahora que estoy en un país católico como España es buen momento para hablar de milagros”, vuelve a recurrir a la sorna para explicarnos el milagro que ha hecho posible que el autor de Music for airports esté en Barcelona este mediodía: “He volado en un Airbus A380 que tiene cuatro millones de piezas, todas ellas construidas por alguien que no soy yo. Una fabricación que implica a centenares de empresas que a su vez diversifican su actividad en muchas otras más. Con lo que yo creo que aproximadamente medio millón de personas pueden haber estado implicadas en la construcción del avión que me ha traído a Barcelona. A todas estas cifras tenemos que añadir a toda la gente que está implicada en el tráfico aéreo, así como la gente que trabaja en los bancos para que puedas pagar tu billete, por no hablar de todos esos miles de cerebros que han pensado por mí para que yo sea capaz de llegar a la hora a mi destino. Vivimos inmersos en un complejo en el que estamos conectados a otras mentes para favorecer nuestra supervivencia. No necesitamos un cerebro más grande para subsistir, si no mejores conexiones con otros cerebros”.

Nuestros cerebros menguantes nos llevan a una paradoja. Y es que cada vez nos separan más cosas. Cada vez sabemos de más materia de la que muchos de nuestros semejantes no tienen ni idea, o no han escuchado ni una sola palabra relacionada con ella en su vida. Hace cientos de años, nuestros intereses eran más parecidos de lo que son ahora. A la vez, ocurre que todos somos interdependientes. Con lo que necesitamos algo con lo que podamos seguir unidos. Que nos mantenga unidos en esta paradoja que nos dice que necesitamos estar unidos para que todo esto funcione, pero a la vez contamos con conocimientos especializados que nos mantienen separados. Y es así como Brian Eno llega a la raíz del asunto: “Lo que nos mantiene unidos como sociedad son dos pilares: la ciencia que es un lenguaje público que busca el consenso en torno a lo que es la realidad a través de experimentos y lo que es esencial en nuestra vida, y la cultura que es lo que nos mantiene unidos y que provoca que Brian Eno tenga que viajar a Barcelona”. Eno nos avanza que lo que pretende con esta charla es convencer a la audiencia, que entiende está relacionada con contenidos culturales, que su trabajo, nuestro trabajo, es el más importante. “Nuestra secretaria de educación, NIcky Morgan, explicó no hace mucho que los niños de hoy deberían estudiar ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas porque esos eran los buenos trabajos para conseguir un empleo. Puede que Morgan tenga razón, debemos seguir construyendo aviones, pero lo que realmente nos mantendrá unidos, como sociedad compuesta por humanos y comunidad que somos, es y será siempre la cultura. Como el helado de crema al final de una comida”.

El arte es como un espacio ínsular en la que nos sentimos seguros para compartir experiencias que no se podrían dar en la realidad o que sería peligroso vivirlas de verdad. “Charles Dickens escribió sobre las desdichas de las clases populares de hace dos siglos. Sus libros cambiaron la actitud de la sociedad inglesa sobre toda la masa de desahuciados que hasta entonces parecían invisibles para el resto de ciudadanos que se dieron de bruces con un submundo que desconocían. Gente que tenía sentimientos… Gente que importaba y que aquello era una injusticia. De repente aparece un escritor que transmite claramente cómo son los sentimientos más profundos de todos aquellos que conforman esa realidad que pasa desapercibida para muchos de sus lectores”. Para Eno, el arte se encarga de romper el consenso establecido y manufacturar otros nuevos. Nos pasamos la vida tratando de encontrar lugares en los que estar de acuerdo. Algo que no se puede cuantificar. Tiene que ver más con los sentimientos.

Antes de continuar con la importancia del rol que desempeñan todos los que se dedican a la cultura, el fundador de Roxy Music necesita comentarnos cuál es su definición favorita de arte. “Algo que no estás obligado a hacer. Tienes que protegerte del frío pero no tienes por qué comprarte unos Levi’s. Nadie se corta el pelo al azar, para que nos entendamos. Cada decisión estilística que tomamos en una decisión del mundo que preferimos”. Eno reconoce que su misión como artista es dejar objetos que encajen en el mundo en el que quiere vivir. Que ayuden a que el futuro soñado se haga realidad. Como hizo el rock, que con su mensaje principal, “tú, que hasta ahora sólo habías sido audiencia también formas parte de esto y ya te puedes poner a bailar”, ayudó a revolucionar el mundo de la música, hasta entonces siempre inmerso en un entorno muy clasista. No es casualidad que los mayores avances en torno a las libertades sexuales se hayan dado a partir del nacimiento y desarrollo del rock. “Incluído David Bowie”, añade. El progreso en su sentido clásico siempre se ha sustentado en la idea de mentes brillantes y preclaras con nuevas ideas sobre el tapete. Y esas ideas impulsan el desarrollo del pop que propone nuevas formas de trabajo. Un trabajo de dirección horizontal, a diferencia de la verticalidad de la música clásica. Lo que tiene claro es que lo que lubrica la evolución es precisamente la cultura. “Es una buena frase, la cultura es el lubricante de nuestra evolución”, regala Eno el titular a los periodistas. “La ciencia describe el mundo a través de sistemas complejos. Sistemas financieros, legales, tecnológicos… Todas esas complejidades que construímos juntos. La cultura ya hace tiempo que nos muestra que la belleza proviene de la diversidad”. Para acabar su charla animando el público a que defienda su posición en este mundo: “El arte es el juguete de los adultos. Los niños aprenden jugando. Los adultos juegan a través del arte. Y jugar es el centro de todo lo que hacemos. Me gustaría que todos los que estéis aquí os toméis en serio este juego que es vuestro trabajo. Y sobretodo que lo defendáis. Muchas gracias”.

Nota: Desde aquí puedes escuchar un podcast que grabé hace unos años con material del sello Obscure Music del propio Brian Eno y que con el paso del tiempo sigue recibiendo buenos feedbacks.

 

Esos desafortunados recuerdos

bsjohnson

“La mente se confunde, sería acaso en ese viaje, o en otro, a veces la mente funciona como un telescopio, acerca acontecimientos, los desplaza, cambia uno por otro en el tiempo”.

A este libro llego por azar, en realidad como tantos otros. A veces soy yo el que va a los libros y a veces son los libros lo que viene a mí. En esta ocasión alguien habla en tuiter de un tal BS Johnson. Me entero que es uno de los escritores experimentales más importante de los 60 y que este The Unfortunates es obra maestra. Voy a la biblioteca de al lado de casa y pregunto por él. Sólo tienen un libro y es este que demás me tiene que traer de la biblioteca de la Barceloneta. Veo en su contraportada que habla de un periodista deportivo que va a cubrir un partido de la liga inglesa al campo del  Nottingham Forest que es un equipo al que no he visto jugar pero es muy mítico, así que me lo quedo. Aunque en ningún momento se citará la ciudad donde se desarrollan los hechos. Los equipos que se enfrentan tampoco son reales. Uno es el City y el otro el United, como quien dice “mengano o zutano” o  Fernández y López.

“Otra vez esta sensiblería, el pasado siempre propicia la sensiblería, es inevitable, todo lo que es suyo lo veo a la luz de lo que ocurrió después, su lenta desintegración, su muerte. Las olas del pasado demuelen las defensas de mi arenosa cordura, la pintura tiene que resguardarlo, aquietarlo, volverlo romántico, bonito”.

La única edición que existe del libro en toda la xarxa de biblioteques me tiene que llegar de la biblioteca de la Barceloneta. Cuando me avisan por mail que ya tengo el libro me encuentro que es una caja que incluye varios juegos de páginas grapadas. En el recuento oficial faltan dos de los 28 folleto de los que se compone el libro. El bibliotecario me dice que espera no tener problemas con la biblioteca de origen y que se lo apuntará en mi ficha. Empiezo a leerlo a las dos semanas. El autor sólo ha marcado un folleto de inicio y uno de final.  El resto los puedes leer desordenado, algo que voy a hacer de todas maneras porque la caja ha pasado por varias manos y no guarda el orden original ni de casualidad (y no hay forma de saberlo porque los cuadernillos no van numerados lo que no ayuda en nada, ya  que hay algunas páginas montadas sobre otras y es  más probable que haya leído aún más fragmentada la obra incluso de lo que el autor propone originalmente).

“El pasado, los recuerdos (la nostalgia de la que hablaba Julian Barnes en The sense of an ending) atentan contra nuestra percepción de la realidad; tergiversan nuestra propia vida, acometen la desintegración que nos introducía en el primer pliego, el recuerdo se convierte en un conductor de la sensiblería, nos llevan a ella en nuestro afán de convertir una mala experiencia en algo más romántico y sostenible, algo más entendible”.

El periodista deportivo, que durante todo ese trasiego de recuerdos desordenados rememorará a su amigo muerto de cáncer (“… cómo me esfuerzo por investir todo lo que proviniese de él de la mayor rectitud, la mayor santidad, casi, posible, cómo su muerte influye en cada recuerdo mío que tenga relación con él”). Y esas evocaciones le llevan a pensar que tal vez en algún momento fue algo egoísta con él y más teniendo en cuenta la enfermedad que arrastra a su colega: “… y el objeto de la impaciencia, rabia incluso, no podía ser sino Tony, el portador de la enfermedad, no la enfermedad misma, en tanto deidad,¡ja! Aún hoy no puedo entender que aquello hubiese surgido de ninguna parte, de sus adentros, de su propio ser, para atacarlo, para poner su ser en peligro. Tal vez no haya nada que entender, tal vez simplemente no hay comprensión posible que se pueda aplicar a algo así”.

“Lástima que ya hubiera muerto cuando oí la definición del academicismo como las repuestas de ayer a los problemas de hoy”

Lo que más me ha interesado del libro son esos momentos en los que el protagonista va ordenando su crónica, incluso antes de que acabe el partido, y que tendrá que dictar a la redacción a través  del único teléfono público que tiene delante del estadio:”…una vez más se estrellaron contra la impasibilidad defensiva de Mull y sus compañeros. Espero, maldita sea, poder hilvanar esto. No vendría mal que hubiese alguna que otra chispa.  Aunque el partido sea espantoso, te dicen, tú escribe como si fuese épico.  Me la suda, me la suda este asco de partido”.  “… se sacó un disparo que, con Phipps ya vencido, se estrelló en la escuadra, hay que colocar como una serpiente herida en algún lugar, no no resultará, muy elaborado, táchalo”.

“Ahora tengo que darle a esto alguna forma, ahora debo escribirlo en quinientas palabras bien elegidas. Si, quinientas es lo que pidieron. Al demonio con lo que pase en lo que queda de partido: la experiencia me dice que lo más probable es que en el resto de partido no pase nada, por así decir, como pensamos todos. Adelante. Para las cinco. En cuarenta minutos”.

“…he confundido, no perdido, algo en este reportaje, de tanto emplear, presionado como estoy por el cierre, la primera palabra que me viene a la cabeza, lo que no es nada bueno, confiar en las palabras que por azar pueden ocurrírsele a uno en sólo dos horas de partido y tener que describirlo, qué demonios,, no caer en los métodos de los de la Pandilla Infernal, que llevan las frases reveladoras escritas de antemano en la libreta, yo los he visto, al gilipollas de ricitos al menos, a los de tirada multimillonaria, también, tiene sus métodos, por así decir, según creen, por qué hago esto, sólo por pasta, la mayoría de los partidos son porquería, cómo estos nombres conocidos pueden seguir haciéndolo, años y años, los guía el dinero, supongo, lo mismo que a mí. !Lo mismo que a mí!”.

 

 

Kerouac, anfetas, Oporto y el sutra

kerouac

      “He de predicar la única verdad posible, abolir la muerte exterminando el nacimiento… poner fin al renacer humano absteniéndose de mantener relaciones sexuales… hay que dejar de matar por deporte o para comer seres vivos…todo el mundo debe abstenerse del pánico y esperar la muerte finalmente”.

 

A principios de verano de  1956, Jack Kerouac aún no se había convertido en el autor de On The Road pero ya tenía acabada su encíclica budista. Ese mes de junio de 1956 concluía el poema en prosa con el que pretendía trascender sus demonios: El Sutra de la Edad Dorada . Remataba sus postulados pocos días antes de su partida para el estado de Washington, hacia el Mount Baker National Forest, donde había conseguido un empleo como guarda forestal. Había finiquitado su particular manera de entender y repartir espiritualidad con este poema en prosa y le vendría bien seguir a resguardo de tentaciones como el vino de Oporto y las anfetaminas.

El Sutra de la Edad Dorada fue escrito por Kerouac durante la primavera de 1956, a instancias del poeta y activista, aún vivo, Gary Snyder, quien ese mismo año sugirió a Kerouac que redactara un Sutra tomando como ejemplo los sermones del Buda Gotam (de hecho fue el propio Snyder el que le recomendó que pasara una temporada en el parque nacional Mount Baker, algo que él no podía hacer por encontrarse fichado como “comunista” en los archivos federales). “Redactó El Sutra en una cabaña de tres habitaciones, hecha de troncos y rodeada de altos y enhiestos cipreses, pinos y eucaliptos en Milley Valley, población californiana en el condado Marine”, nos explica el libro “Budismo y catolicismo en Jack Kerouac” del catedrático de psicología de la Complutense, Jose M. Prieto que es de donde extraigo la información y el interés por el lado más espiritual del autor más conocido de la generación beatnik.

“El quinto de los preceptos budistas sugiere que no se consuman productos que puedan alterar y trastocar el funcionamiento saludable del espíritu. Este fue el punto débil de Kerouac. Su creciente  afición a la benzedrina, a la marihuana y al vino dio al traste con sus progresos de finura mental y espiritual”.

En los años 50 los centros budistas eran muy raros en Europa y en EE.UU. Se circunscribían a pequeñas comunidades de emigrantes asiáticos. Como mucho, el budismo encontraba cabida en algunos programas de departamentos de filosofía o en institutos de historia de las religiones. “En este contexto Kerouac, en solitario, se atrevió a escribir un texto sagrado siguiendo las indicaciones de su amigo Snyder. Los sutras budistas  tienen el formato de diálogo; las escrituras judías y cristianas tiene el formato del monólogo. Aún no había publicado la novela que le sacaría del anonimato un año después. Era, pues, un don nadie deambulando a la búsqueda de alojamiento y manutención. Redactó una escritura al estilo cristiano, no un sutra budista”, comenta el mismo Jose María Prieto que recalca en el estudio que su madre, tan presente en tantos aspectos de su vida, rechazó el interés de Kerouac por el budismo.  “El Sutra es una pieza ilustrativa en la trayectoria personal de Kerouac porque aborda el tema de tiempo y la eternidad desde una óptica que trasciende lo personal, con ánimo preclaro, sin culto a la madre”.

“Las expresiones “átomos de polvo” y “vastos universos” tan solo son palabras. La idea implicada es sólo una idea. Creer que vivimos aquí en esta existencia, divididos en individuos varios y diversos, atiborrándonos de comida y evacuándola, despellejándonos corporalmente una y otra vez sin cesar y sin discriminar definitiva o particularmente es tan sólo una idea”.

Atrapados en la deuda de la modernidad

Fernando_Castro_Flórez

 

“El arte tiene que volver a su matriz, me atrevería a decir ilustrada. He tenido este año, por azares, que volver a pensar, todo lo a fondo que yo lo pueda hacer, que no sé si es mucho o poco, a Diderot, y me he vuelto a encontrar en que la fuente de todo se encuentra en el momento ilustrado. En el momento de Diderot escribiendo sus Salones (…) Es el origen de lo que hoy tenemos sobre la mesa. ¿Creemos que debemos mantener un Estado cultural de corte ilustrado’ Sí. No solamente eso. Creo que habría que volver al momento ilustrado. Creo que habría que volver al iluminismo. Creo que habría que volver a Diderot. Creo que habría que volver a pensar ese momento en el que, surgiendo la crítica de arte, surgiendo la historia del arte, surgiendo la estética, surgiendo la burguesía, tenemos que volver a pensar que es o, que ha sido el proceso del propio mundo occidental burgués, como un mundo en el que aparece la modernidad, y aparece el arte, y aparece la obra de arte y aparece la idea de obra de arte, gracias al proceso de la Ilustración. Como un proceso, en el que nos dice Diderot, qué es el arte. O qué es la crítica de arte. Es filosofía práctica. Y esa dimensión de filosofía práctica, yo creo que es lo que hace que crítica de arte, estética, historia del arte, puedan encontrar su raíz común. Que es común de luchar contra qué. Contra l’ancien regime. Contra el Antiguo Régimen. Y yo creo que hay que luchar contra el Antiguo Régimen. Y ese Antiguo Régimen qués es. Pues en mi opinión ese Antiguo Régimen se llama posmodernidad. Tal vez hoy el arte debe ser un intento de volver a pensar la genealogía posmoderna del arte, del mundo turístico global ‘musificado, pero intentando combatir a la vez un Antiguo Régimen que es un lugar común. Que es que tenemos que ser neoliberales sí o sí. Como un destino incuestionable. Como una especie de sacrificio omnímodo. (…) Estamos en manos de un pensamiento camufladamente religioso. Entonces, toda la terminología contemporánea es una terminología sacrificial. Y esa especie de superstición sacrificial de que tenemos que hacer sacrificios como apretarnos el cinturón, etcétera, etcétera… Creo que es un pensamiento retributivo de corte antropológico reaccionario que el arte tiene que intentar cuestionar”. Fernando Castro Flórez.