Brian Eno inaugura el Sónar 2016

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Brian Eno empezó su charla inaugural de la cuarta edición de Sónar + D echando mano de una encuesta de la revista Prospect Magazine en la que se preguntaba a sus lectores por los intelectuales vivos más influyentes del momento. Una gran parte de los nombres que aparecieron en el estudio eran economistas. Unos datos que demuestran que nuestra realidad se explica principalmente a partir de la economía. La lengua que utilizamos para discutir nuestra realidad se circunscribe a términos económicos. Hasta aquí, la fría realidad de la filosofía que muchos denominan “neoliberalismo”, y que el compositor nos recuerda que se sustenta en la “libertad de los negocios” y en la “libertad individual”. Para Eno, unos pensamientos que encierran toda una perversión que nos ha llevado, por ejemplo, a contaminar todo aquel país que no es importante en términos económicos. Lo que no aporta en términos económicos, no nos vale, por tanto puede ser “contaminado” o “envenenado” de manera impune.

“No sé si lo sabéis, pero muchas de las prisiones de EE.U.U. están gestionadas por empresas privadas. Su materia prima son por tanto los prisioneros. Necesitan prisioneros para poder conseguir beneficios. Y cuál es la mejor manera de conseguir este tipo de material. Los prisioneros políticos. A través del marco penal estadounidense se buscan nuevos crímenes. Las empresas penitenciarias ganan mucho dinero con estas nuevas penas, que la mayor parte de las veces son impuestas por nuevos crímenes. ¿Cuánto valor monetario tiene una playa? En principio, una playa pública no tiene ninguno. La gente va allí y hace lo que acostumbra a hacer en una playa: tomar el sol, beber cerveza… Pero la lógica del progreso que antepone la economía a cualquier otra prerrogativa de repente se da cuenta que la playa puede tener mucho valor si en primera línea de mar se construye un hotel. Lo mismo ocurre con la educación, no sé cómo estará la española, pero en Inglaterra la educación está cada vez más centrada en que el alumno sea capaz de superar los exámenes finales. Un propósito que no tiene nada que ver con el aprendizaje. Tiene más que ver con cuánto tienen que invertir los alumnos para llegar a aprobar. De nuevo, nos encontramos con temas puramente económicos en un área esencial para conocer el mundo. Los ensayos de filosofía que se presentan en las universidades se centran en comentarios sobre las ideas de unos cuantos filósofos, no incluyen ideas nuevas. Ya no se trata de discurrir sobre qué es la filosofía en nuestros días, si no en qué ha dicho ya tal o cual filósofo. Hemos entrado en una dinámica educativa en que lo que importa es cuántos alumnos conseguimos que pasen todos los niveles de nuestros planes de estudio, para demostrar que esos planes funcionan por cuanto tienen un valor cuantitativo y por tanto, económico. Hemos conseguido un número elevado de estudiantes que no tienen ni puta idea de nada (salva de aplausos del público)”.

A los diez minutos de charla, el productor de Suffolk reconoce que aún no ha hablado de música, ni de contenidos culturales, pero que todo a su tiempo que ahora toca reflexionar sobre qué es un individuo en nuestro mundo de hoy. “Estáis entrando en el maravilloso mundo del arte de la música a través del arte de escucharme”, comenta con ese tono jocoso tan británico de dejarlas caer como quien no quiere la cosa después de soltarte una verdad que parecía solemne. “Os voy a decir una cosa que creo que es asombrosa de verdad y que muy poca gente sabe. El cerebro humano lleva empequeñeciendo unos cuantos siglos. Es justo lo contrario de lo que esperábamos oír, ¿verdad?. Muchos pensábamos que en el futuro nuestros sucesores tendrían la cabeza mucho más grande que la nuestra. Más o menos como la mía. Y esto es un misterio. Puede que la respuesta sea que no necesitamos tanto cerebro”. Hoy en día no hace falta que sepamos tantas cosas para nuestra supervivencia. Eno dice que él sólo sabe grabar discos. Y que él público igual sólo sabe escribir artículos. Que en esencia somos todos individuos inútiles. Nos hemos convertido en simples especialistas. Pero tenemos acceso a muchas otras mentes. “Ahora que estoy en un país católico como España es buen momento para hablar de milagros”, vuelve a recurrir a la sorna para explicarnos el milagro que ha hecho posible que el autor de Music for airports esté en Barcelona este mediodía: “He volado en un Airbus A380 que tiene cuatro millones de piezas, todas ellas construidas por alguien que no soy yo. Una fabricación que implica a centenares de empresas que a su vez diversifican su actividad en muchas otras más. Con lo que yo creo que aproximadamente medio millón de personas pueden haber estado implicadas en la construcción del avión que me ha traído a Barcelona. A todas estas cifras tenemos que añadir a toda la gente que está implicada en el tráfico aéreo, así como la gente que trabaja en los bancos para que puedas pagar tu billete, por no hablar de todos esos miles de cerebros que han pensado por mí para que yo sea capaz de llegar a la hora a mi destino. Vivimos inmersos en un complejo en el que estamos conectados a otras mentes para favorecer nuestra supervivencia. No necesitamos un cerebro más grande para subsistir, si no mejores conexiones con otros cerebros”.

Nuestros cerebros menguantes nos llevan a una paradoja. Y es que cada vez nos separan más cosas. Cada vez sabemos de más materia de la que muchos de nuestros semejantes no tienen ni idea, o no han escuchado ni una sola palabra relacionada con ella en su vida. Hace cientos de años, nuestros intereses eran más parecidos de lo que son ahora. A la vez, ocurre que todos somos interdependientes. Con lo que necesitamos algo con lo que podamos seguir unidos. Que nos mantenga unidos en esta paradoja que nos dice que necesitamos estar unidos para que todo esto funcione, pero a la vez contamos con conocimientos especializados que nos mantienen separados. Y es así como Brian Eno llega a la raíz del asunto: “Lo que nos mantiene unidos como sociedad son dos pilares: la ciencia que es un lenguaje público que busca el consenso en torno a lo que es la realidad a través de experimentos y lo que es esencial en nuestra vida, y la cultura que es lo que nos mantiene unidos y que provoca que Brian Eno tenga que viajar a Barcelona”. Eno nos avanza que lo que pretende con esta charla es convencer a la audiencia, que entiende está relacionada con contenidos culturales, que su trabajo, nuestro trabajo, es el más importante. “Nuestra secretaria de educación, NIcky Morgan, explicó no hace mucho que los niños de hoy deberían estudiar ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas porque esos eran los buenos trabajos para conseguir un empleo. Puede que Morgan tenga razón, debemos seguir construyendo aviones, pero lo que realmente nos mantendrá unidos, como sociedad compuesta por humanos y comunidad que somos, es y será siempre la cultura. Como el helado de crema al final de una comida”.

El arte es como un espacio ínsular en la que nos sentimos seguros para compartir experiencias que no se podrían dar en la realidad o que sería peligroso vivirlas de verdad. “Charles Dickens escribió sobre las desdichas de las clases populares de hace dos siglos. Sus libros cambiaron la actitud de la sociedad inglesa sobre toda la masa de desahuciados que hasta entonces parecían invisibles para el resto de ciudadanos que se dieron de bruces con un submundo que desconocían. Gente que tenía sentimientos… Gente que importaba y que aquello era una injusticia. De repente aparece un escritor que transmite claramente cómo son los sentimientos más profundos de todos aquellos que conforman esa realidad que pasa desapercibida para muchos de sus lectores”. Para Eno, el arte se encarga de romper el consenso establecido y manufacturar otros nuevos. Nos pasamos la vida tratando de encontrar lugares en los que estar de acuerdo. Algo que no se puede cuantificar. Tiene que ver más con los sentimientos.

Antes de continuar con la importancia del rol que desempeñan todos los que se dedican a la cultura, el fundador de Roxy Music necesita comentarnos cuál es su definición favorita de arte. “Algo que no estás obligado a hacer. Tienes que protegerte del frío pero no tienes por qué comprarte unos Levi’s. Nadie se corta el pelo al azar, para que nos entendamos. Cada decisión estilística que tomamos en una decisión del mundo que preferimos”. Eno reconoce que su misión como artista es dejar objetos que encajen en el mundo en el que quiere vivir. Que ayuden a que el futuro soñado se haga realidad. Como hizo el rock, que con su mensaje principal, “tú, que hasta ahora sólo habías sido audiencia también formas parte de esto y ya te puedes poner a bailar”, ayudó a revolucionar el mundo de la música, hasta entonces siempre inmerso en un entorno muy clasista. No es casualidad que los mayores avances en torno a las libertades sexuales se hayan dado a partir del nacimiento y desarrollo del rock. “Incluído David Bowie”, añade. El progreso en su sentido clásico siempre se ha sustentado en la idea de mentes brillantes y preclaras con nuevas ideas sobre el tapete. Y esas ideas impulsan el desarrollo del pop que propone nuevas formas de trabajo. Un trabajo de dirección horizontal, a diferencia de la verticalidad de la música clásica. Lo que tiene claro es que lo que lubrica la evolución es precisamente la cultura. “Es una buena frase, la cultura es el lubricante de nuestra evolución”, regala Eno el titular a los periodistas. “La ciencia describe el mundo a través de sistemas complejos. Sistemas financieros, legales, tecnológicos… Todas esas complejidades que construímos juntos. La cultura ya hace tiempo que nos muestra que la belleza proviene de la diversidad”. Para acabar su charla animando el público a que defienda su posición en este mundo: “El arte es el juguete de los adultos. Los niños aprenden jugando. Los adultos juegan a través del arte. Y jugar es el centro de todo lo que hacemos. Me gustaría que todos los que estéis aquí os toméis en serio este juego que es vuestro trabajo. Y sobretodo que lo defendáis. Muchas gracias”.

Nota: Desde aquí puedes escuchar un podcast que grabé hace unos años con material del sello Obscure Music del propio Brian Eno y que con el paso del tiempo sigue recibiendo buenos feedbacks.

 

Esos desafortunados recuerdos

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“La mente se confunde, sería acaso en ese viaje, o en otro, a veces la mente funciona como un telescopio, acerca acontecimientos, los desplaza, cambia uno por otro en el tiempo”.

A este libro llego por azar, en realidad como tantos otros. A veces soy yo el que va a los libros y a veces son los libros lo que viene a mí. En esta ocasión alguien habla en tuiter de un tal BS Johnson. Me entero que es uno de los escritores experimentales más importante de los 60 y que este The Unfortunates es obra maestra. Voy a la biblioteca de al lado de casa y pregunto por él. Sólo tienen un libro y es este que demás me tiene que traer de la biblioteca de la Barceloneta. Veo en su contraportada que habla de un periodista deportivo que va a cubrir un partido de la liga inglesa al campo del  Nottingham Forest que es un equipo al que no he visto jugar pero es muy mítico, así que me lo quedo. Aunque en ningún momento se citará la ciudad donde se desarrollan los hechos. Los equipos que se enfrentan tampoco son reales. Uno es el City y el otro el United, como quien dice “mengano o zutano” o  Fernández y López.

“Otra vez esta sensiblería, el pasado siempre propicia la sensiblería, es inevitable, todo lo que es suyo lo veo a la luz de lo que ocurrió después, su lenta desintegración, su muerte. Las olas del pasado demuelen las defensas de mi arenosa cordura, la pintura tiene que resguardarlo, aquietarlo, volverlo romántico, bonito”.

La única edición que existe del libro en toda la xarxa de biblioteques me tiene que llegar de la biblioteca de la Barceloneta. Cuando me avisan por mail que ya tengo el libro me encuentro que es una caja que incluye varios juegos de páginas grapadas. En el recuento oficial faltan dos de los 28 folleto de los que se compone el libro. El bibliotecario me dice que espera no tener problemas con la biblioteca de origen y que se lo apuntará en mi ficha. Empiezo a leerlo a las dos semanas. El autor sólo ha marcado un folleto de inicio y uno de final.  El resto los puedes leer desordenado, algo que voy a hacer de todas maneras porque la caja ha pasado por varias manos y no guarda el orden original ni de casualidad (y no hay forma de saberlo porque los cuadernillos no van numerados lo que no ayuda en nada, ya  que hay algunas páginas montadas sobre otras y es  más probable que haya leído aún más fragmentada la obra incluso de lo que el autor propone originalmente).

“El pasado, los recuerdos (la nostalgia de la que hablaba Julian Barnes en The sense of an ending) atentan contra nuestra percepción de la realidad; tergiversan nuestra propia vida, acometen la desintegración que nos introducía en el primer pliego, el recuerdo se convierte en un conductor de la sensiblería, nos llevan a ella en nuestro afán de convertir una mala experiencia en algo más romántico y sostenible, algo más entendible”.

El periodista deportivo, que durante todo ese trasiego de recuerdos desordenados rememorará a su amigo muerto de cáncer (“… cómo me esfuerzo por investir todo lo que proviniese de él de la mayor rectitud, la mayor santidad, casi, posible, cómo su muerte influye en cada recuerdo mío que tenga relación con él”). Y esas evocaciones le llevan a pensar que tal vez en algún momento fue algo egoísta con él y más teniendo en cuenta la enfermedad que arrastra a su colega: “… y el objeto de la impaciencia, rabia incluso, no podía ser sino Tony, el portador de la enfermedad, no la enfermedad misma, en tanto deidad,¡ja! Aún hoy no puedo entender que aquello hubiese surgido de ninguna parte, de sus adentros, de su propio ser, para atacarlo, para poner su ser en peligro. Tal vez no haya nada que entender, tal vez simplemente no hay comprensión posible que se pueda aplicar a algo así”.

“Lástima que ya hubiera muerto cuando oí la definición del academicismo como las repuestas de ayer a los problemas de hoy”

Lo que más me ha interesado del libro son esos momentos en los que el protagonista va ordenando su crónica, incluso antes de que acabe el partido, y que tendrá que dictar a la redacción a través  del único teléfono público que tiene delante del estadio:”…una vez más se estrellaron contra la impasibilidad defensiva de Mull y sus compañeros. Espero, maldita sea, poder hilvanar esto. No vendría mal que hubiese alguna que otra chispa.  Aunque el partido sea espantoso, te dicen, tú escribe como si fuese épico.  Me la suda, me la suda este asco de partido”.  “… se sacó un disparo que, con Phipps ya vencido, se estrelló en la escuadra, hay que colocar como una serpiente herida en algún lugar, no no resultará, muy elaborado, táchalo”.

“Ahora tengo que darle a esto alguna forma, ahora debo escribirlo en quinientas palabras bien elegidas. Si, quinientas es lo que pidieron. Al demonio con lo que pase en lo que queda de partido: la experiencia me dice que lo más probable es que en el resto de partido no pase nada, por así decir, como pensamos todos. Adelante. Para las cinco. En cuarenta minutos”.

“…he confundido, no perdido, algo en este reportaje, de tanto emplear, presionado como estoy por el cierre, la primera palabra que me viene a la cabeza, lo que no es nada bueno, confiar en las palabras que por azar pueden ocurrírsele a uno en sólo dos horas de partido y tener que describirlo, qué demonios,, no caer en los métodos de los de la Pandilla Infernal, que llevan las frases reveladoras escritas de antemano en la libreta, yo los he visto, al gilipollas de ricitos al menos, a los de tirada multimillonaria, también, tiene sus métodos, por así decir, según creen, por qué hago esto, sólo por pasta, la mayoría de los partidos son porquería, cómo estos nombres conocidos pueden seguir haciéndolo, años y años, los guía el dinero, supongo, lo mismo que a mí. !Lo mismo que a mí!”.

 

 

Kerouac, anfetas, Oporto y el sutra

kerouac

      “He de predicar la única verdad posible, abolir la muerte exterminando el nacimiento… poner fin al renacer humano absteniéndose de mantener relaciones sexuales… hay que dejar de matar por deporte o para comer seres vivos…todo el mundo debe abstenerse del pánico y esperar la muerte finalmente”.

 

A principios de verano de  1956, Jack Kerouac aún no se había convertido en el autor de On The Road pero ya tenía acabada su encíclica budista. Ese mes de junio de 1956 concluía el poema en prosa con el que pretendía trascender sus demonios: El Sutra de la Edad Dorada . Remataba sus postulados pocos días antes de su partida para el estado de Washington, hacia el Mount Baker National Forest, donde había conseguido un empleo como guarda forestal. Había finiquitado su particular manera de entender y repartir espiritualidad con este poema en prosa y le vendría bien seguir a resguardo de tentaciones como el vino de Oporto y las anfetaminas.

El Sutra de la Edad Dorada fue escrito por Kerouac durante la primavera de 1956, a instancias del poeta y activista, aún vivo, Gary Snyder, quien ese mismo año sugirió a Kerouac que redactara un Sutra tomando como ejemplo los sermones del Buda Gotam (de hecho fue el propio Snyder el que le recomendó que pasara una temporada en el parque nacional Mount Baker, algo que él no podía hacer por encontrarse fichado como “comunista” en los archivos federales). “Redactó El Sutra en una cabaña de tres habitaciones, hecha de troncos y rodeada de altos y enhiestos cipreses, pinos y eucaliptos en Milley Valley, población californiana en el condado Marine”, nos explica el libro “Budismo y catolicismo en Jack Kerouac” del catedrático de psicología de la Complutense, Jose M. Prieto que es de donde extraigo la información y el interés por el lado más espiritual del autor más conocido de la generación beatnik.

“El quinto de los preceptos budistas sugiere que no se consuman productos que puedan alterar y trastocar el funcionamiento saludable del espíritu. Este fue el punto débil de Kerouac. Su creciente  afición a la benzedrina, a la marihuana y al vino dio al traste con sus progresos de finura mental y espiritual”.

En los años 50 los centros budistas eran muy raros en Europa y en EE.UU. Se circunscribían a pequeñas comunidades de emigrantes asiáticos. Como mucho, el budismo encontraba cabida en algunos programas de departamentos de filosofía o en institutos de historia de las religiones. “En este contexto Kerouac, en solitario, se atrevió a escribir un texto sagrado siguiendo las indicaciones de su amigo Snyder. Los sutras budistas  tienen el formato de diálogo; las escrituras judías y cristianas tiene el formato del monólogo. Aún no había publicado la novela que le sacaría del anonimato un año después. Era, pues, un don nadie deambulando a la búsqueda de alojamiento y manutención. Redactó una escritura al estilo cristiano, no un sutra budista”, comenta el mismo Jose María Prieto que recalca en el estudio que su madre, tan presente en tantos aspectos de su vida, rechazó el interés de Kerouac por el budismo.  “El Sutra es una pieza ilustrativa en la trayectoria personal de Kerouac porque aborda el tema de tiempo y la eternidad desde una óptica que trasciende lo personal, con ánimo preclaro, sin culto a la madre”.

“Las expresiones “átomos de polvo” y “vastos universos” tan solo son palabras. La idea implicada es sólo una idea. Creer que vivimos aquí en esta existencia, divididos en individuos varios y diversos, atiborrándonos de comida y evacuándola, despellejándonos corporalmente una y otra vez sin cesar y sin discriminar definitiva o particularmente es tan sólo una idea”.

Atrapados en la deuda de la modernidad

Fernando_Castro_Flórez

 

“El arte tiene que volver a su matriz, me atrevería a decir ilustrada. He tenido este año, por azares, que volver a pensar, todo lo a fondo que yo lo pueda hacer, que no sé si es mucho o poco, a Diderot, y me he vuelto a encontrar en que la fuente de todo se encuentra en el momento ilustrado. En el momento de Diderot escribiendo sus Salones (…) Es el origen de lo que hoy tenemos sobre la mesa. ¿Creemos que debemos mantener un Estado cultural de corte ilustrado’ Sí. No solamente eso. Creo que habría que volver al momento ilustrado. Creo que habría que volver al iluminismo. Creo que habría que volver a Diderot. Creo que habría que volver a pensar ese momento en el que, surgiendo la crítica de arte, surgiendo la historia del arte, surgiendo la estética, surgiendo la burguesía, tenemos que volver a pensar que es o, que ha sido el proceso del propio mundo occidental burgués, como un mundo en el que aparece la modernidad, y aparece el arte, y aparece la obra de arte y aparece la idea de obra de arte, gracias al proceso de la Ilustración. Como un proceso, en el que nos dice Diderot, qué es el arte. O qué es la crítica de arte. Es filosofía práctica. Y esa dimensión de filosofía práctica, yo creo que es lo que hace que crítica de arte, estética, historia del arte, puedan encontrar su raíz común. Que es común de luchar contra qué. Contra l’ancien regime. Contra el Antiguo Régimen. Y yo creo que hay que luchar contra el Antiguo Régimen. Y ese Antiguo Régimen qués es. Pues en mi opinión ese Antiguo Régimen se llama posmodernidad. Tal vez hoy el arte debe ser un intento de volver a pensar la genealogía posmoderna del arte, del mundo turístico global ‘musificado, pero intentando combatir a la vez un Antiguo Régimen que es un lugar común. Que es que tenemos que ser neoliberales sí o sí. Como un destino incuestionable. Como una especie de sacrificio omnímodo. (…) Estamos en manos de un pensamiento camufladamente religioso. Entonces, toda la terminología contemporánea es una terminología sacrificial. Y esa especie de superstición sacrificial de que tenemos que hacer sacrificios como apretarnos el cinturón, etcétera, etcétera… Creo que es un pensamiento retributivo de corte antropológico reaccionario que el arte tiene que intentar cuestionar”. Fernando Castro Flórez.

Algo supuestamente divertido sobre David Foster Wallace

david foster wallace algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer

“Y no se engañen: la ironía nos tiraniza. La razón por la que nuestra ironía cultural dominante es a la vez tan poderosa y tan poco satisfactoria es que resulta imposible hacer que un ironista se defina. Toda la ironía americana se basa en la afirmación implícita: “En realidad no creo en lo que estoy diciendo”. (…) Más bien creo que lo que la ironía actual termina por decir es: “Pero mira qué banal es que me preguntes por lo que pienso en realidad”.

Tal día como hoy de hace treinta años David Foster Wallace entraba en el plato donde se estaba rodando una película en la que el director de la misma se la jugaba después de una carrera que había empezado fulgurante, pero a la que después de un tiempo le estaban saliendo como unas protuberancias con cada film que sumaba. El desaparecido escritor de Illinois, famoso por la novela La broma Infinita, con un peso importante en  la narrativa de finales del siglo pasado, ni que sea por sus más de 1200 páginas. Resulta que Wallace obtiene un permiso para visitar el plató de Carretera Perdida entre el 8 y el 10 de enero (“gracias al peso que tiene la revista Premiere en esta industria y porque Lynch y su productora Asymmmetrical se juegan mucho con esta película”) y claro, aprovecha para describirnos lo que allí ve y de paso soltar sus teorías en torno a su obra. La primera vez que nuestro cronista se topa con David Lynch en el plató de su película, el responsable de films como Cabeza Borradora está meando en un árbol”. Casi nunca lo tuvo a menos de un metro y medio. “No es broma. Es el 8 de enero y estamos en Griffith Park, al oeste de Los Angeles, donde se están rodando algunos exteriores y escenas con coches de Carretera Perdida. Lynch está de pie entre la maleza hirsuta que hay junto al camino de tierra que va de las caravanas del campamento base al plató, meando en un pino raquítico. Por lo visto, el señor Lynch es un bebedor prodigioso de café, mea mucho y a menudo, y ni él ni la producción pueden permitirse el tiempo que tardaría en recorrer toda la hilera de caravanas hasta la caravana donde están los baños todas las veces que tiene que hacer pis”.

Este particular episodio en la vida periodística del no menos particular DFW, a decir verdad, él no se consideraba periodista pero tiene unas crónicas que a mí al menos me inspiran bastante o por lo menos me lo paso bien, me llega como uno de los capítulos del libro Cosas supuestamente divertidas que no volveré a hacer. El escritor,  amigo de darle al coco, aprovechará la extensa crónica para insertar reflexiones en torno a la obra y la filosofía de Lynch del que se declara admirador (aunque también depende): “Para mí, las deconstrucción que llevan a cabo las películas  de Lynch de esa extraña “ironía de lo banal” ha afectado la forma en que yo veo y organizo el mundo. He notado que un 65 por ciento de la gente que hay en las estaciones de autobuses metropolitanas entre medianoche y las seis de la mañana tienden a ser figuras lynchianas: llamativamente feas, debilitadas, grotescas, llenas de una tristeza completamente desproporcionada en relación a las circunstancias que se perciben”.

“Lynch solamente parece meterse en problemas cuando el espectador nota que sus películas quieren  decir algo -es decir, cuando intentan que el espectador  espere alguna clase de relación coherente entre los elementos de la trama- y luego no consiguen decirlo”.

 

Y después están, claro, las tan características notas a pie de página de Wallace, con las que aprovecha para salpimentar sus textos: “Como nota aparte, realmente aparte, añadiré que desde 1986 he seguido una norma personal a la hora de salir con chicas, que es que en cualquier cita en la que voy a recoger a una chica a su casa y tengo cualquier clase de conversación con sus padres o compañeras de habitación que resulte remotamente lynchiana se convierte automáticamente  en la última cita que tengo con esa chica, sin importar su atractivo en otros ámbitos”.

“Si la palabra enfermo les parece excesiva, simplemente sustitúyanla por la palabra inquietante. Las películas de Lynch son indiscutíblemente inquietantes, y una gran parte de lo que las hace inquietantes viene del hecho de que parezcan tan personales. Una manera menos amable de explicarlo  sería que las películas de Lynch parecen  expresiones de ciertas partes fronterizas, edípicamente atrofiadas atrofiadas, fetichistas, obsesivas y ansiosas de la psique del director, expresiones presentadas con muy poca inhibición o camuflaje semiótico, es decir, presentadas con algo parecido a la naturalidad ingenua de un niño (o de un sociópata)”.

“Nada me pone más enfermo que ver en una pantalla algunas partes de mí mismo que he ido al cine precisamente para olvidar”.

Wallace nos describiría con humor (y algo de mala baba), el entorno en el que filma Lynch, los alrededores de Los Angeles que se convertirán en el telón de fondo de varias de sus películas como la propia Carretera Perdida: “Al volver la primera noche del plató, nos adelantó en Mulholland un Karmann-Ghia con las luces apagadas y una anciana al volante que sostenía un plato de papel con los dientes y seguía hablando por teléfono”. El escritor disfruta escrutando tanto el habitat en el que se cuece a fuego lento la película como en el interior del plató (“además, en general, el aire festivo/químico  de estos operarios de tipo técnico decididamente no es el aire de la gente que bebe cerveza”) donde, por cierto, nadie del equipo le va a hacer ni caso en los tres días en los que permanece entre los entresijos del rodaje como alien fuera del Nostromo.  Como observador que es, Wallace disfruta en los espacios en los que se siente al margen, tal y como podemos comprobar en su crónica de la feria del ganado de Illinois o en el texto que da título al libro, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer en la que nos describe su estancia en un crucero por el Caribe en el que nuestro corpulento héroe de las letras estadounidenses canta como una almeja (“He bailado (muy brevemente) la conga”).

Esa sensación de extrañeza es uno de los trazos característicos de las crónicas de Wallace que producen alucinaciones en el lector: “Hay inspectores del Departamento de Bomberos de Los Angeles por todo el plató, mirándote si enciendes un cigarrillo y las condiciones nicotínicas son precarias porque Scott Cameron ha decretado que solamente se puede fumar si se está cerca  del bidón de arena  para echar las colillas, que es uno solo para todo el mundo, y David Lynch, fumador devoto de cigarrillos American Spirit All-Natural, tiende a acaparar el bidón de las colillas, y la gente que quiere fumar y no está cerca de Lynch tiene que morderse los nudillos y esperar a que se dé la vuelta para robárselo”.

“Para alguien cuyas producciones  son supuestamente ultrasecretas, Lynch y Asymmetrical parecen absurdamente tolerantes acerca del hecho  de tener becarios sin función y jóvenes que deambulan en silencio por el plató de Carretera Perdida. Aquí está el primo de Isabella Rossellini, “Alessandro”, un tipo de unos veinticinco años que supuestamente está haciendo fotos de la producción para una revista italiana, pero que de hecho se dedica a pasear con su novia  en minifalda de cuero (la novia), pasándose la mano por el pelo al rape y fumando sin estar cerca del bidón de las colillas”.

El libro Algo divertido que no volveré a hacer tiene de todo y para todos. Se inicia con Deporte Derivado en el corredor de los tornado, una especie de ensayo sui generis en el que nos explica la relación entre el tenis que él practicaba desde niño y la orografía y meteorología del habitat natural en el que creció: las desballestadas llanuras del Medio Oeste más árido y rocoso.  Una infancia en la que disfruta del tenis y en la que se ve favorecido por pistas de tenis en mal estado situadas  en el ojo del huracán, nunca mejor dicho teniendo en cuenta los endiablados vientos que soplan en su natal Illinois. Una especie de ensayo en el que compara su manera de jugar el tenis con el agreste entorno en el que se crió. Allá va una frase que resume el código genético del escritor estadounidense (y que suscribo para mi): “En cuanto dispuse de instalaciones de torneo con cierta calidad quedé discapacitado porque fuí incapaz de acomodarme a la falta de discapacidades a las que acomodarme. No sé si me explico. Dejando de lado la angustia de la pubertad y la alienación material, mi carrera tenística en el Medio Oeste se estancó en el momento en que vi por primera vez un cortavientos”. Más adelante dedicará un capítulo a pintar un retrato del tenista  Michael Joyce, número 79 en el ranking de aquel momento, al que describe como al resto de deportistas, “como un santo de nuestra cultura”.

Por su parte, ‘E unibus pluram’ televisión y narrativa americana es otro ensayo, este igual un poco más como marcan los cánones académicos pero tampoco os vayáis a pensar, en el que el escritor relaciona el consumo de televisión de principios de los 90 con la nueva narrativa de su país. En este artículo recalca algunas ideas en torno a la función voyeur y del que se siente solo, como seguro se sentía él que decidió ahorcarse que es una muerte cruda y dura que es como tienen la vida los que están solos en el mundo:  “A los solitarios, como a los narradores, les encanta la visión en un solo sentido. Porque la gente solitaria no suele serlo por culpa de ninguna deformidad repulsiva ni de su olor corporal ni su mal carácter: en realidad hoy día existen grupos de apoyo y asociaciones para personas con estas características. En cambio, la gente solitaria suele serlo porque no quieren soportar los costes psíquicos de estar entre otros seres humanos. Son alérgicos a la gente (…) Elige prescindir de ese juego tremendamente estresante que es el póquer americano de las apariencias”.

“Pero ver la televisión es distinto a la actividad de los mirones genuinos. Porque la gente a la que estamos viendo a través de la pantalla de cristal de la tele no ignora el hecho de que alguien los está viendo. En realidad, que un montón de gente los está viendo. En realidad, la gente de la televisión sabe que es en virtud de esta multitud gigantesca de mirones que están en la pantalla llevando a cabo toda clase de actividades poco mundanas. La televisión no permite un verdadero espionaje porque la televisión es actuación, es espectáculo, lo cual por definición requiere espectadores”.

“La televisión es como es simplemente porque la gente tiende a ser extremadamente similar en sus intereses vulgares, lascivos y estúpidos, al tiempo que desorbitadamente distintos en sus intereses refinados, nobles y estéticos”.

“Salvo por ser más idiotas (los productos que se supone que distinguen a los individuos de la multitud se venden a multitudes de individuos), estos anuncios no son realmente más complejos ni sutiles que los viejos anuncios sobre Joe-integrándose-en-el-grupo que ahora parecen tan rancios. Pero la relación que establecen los nuevos anuncios sobre el alejamiento del rebaño con su masa de espectadores solitarios es al mismo tiempo compleja e ingeniosa. Los mejores anuncios de hoy día siguen hablando del grupo, pero ahora presentan al grupo como algo terrible, algo que puede engullirte, borrarte, volverte “invisible”.(…) Las multitudes siguen teniendo una importancia vital en la tesis publicitaria del alejamiento como acceso a la identidad, pero ahora la multitud del anuncio, en lugar de resultar más atractiva, segura y animada que el individuo, funciona como una masa de miradas idénticas e inexpresivas”.

“En el nuevo milenio, la televisión americana se volverá por fin ideal y republicanamente democrática: igualitaria, interactiva y “provechosa” sin ser injusta”. “Gilder vaticina que todo el mundo complejamente borroso e inconvenientemente transitorio del consumidor se va a volver almacenable, manipulable, transmitible y visible en la comodidad de su propio apartamento”.

Dejar de estar bastante alejado de todo es una crónica en la que DFW nos describe su estancia en una de las ferias de ganado más importante del Estado de Illinois. Un espectáculo grotesco, atestado de visitantes de clase media que parecen disfrutar con las aglomeraciones y las actividades preparados para ellos: “Nos estamos perdiendo el Concurso Juvenil de Cabras Pigmeas,  el Concurso Filatélico en el Edificio de Ferias Comerciales,  un espectáculo canino del Club Four-H en un sitio llamado Club Mickey D’s, las semifinales del Campeonato de Pulsos del Medio Oeste en el Lincoln Stage, un seminario de acampada para señoras y las primeras rondas del Concurso de Vaciado Rápido en el misterioso Conservatorio World”.  Un capítulo en el que desbroza las satisfacciones del consumidor medio del medio oeste estadounidense. Lo que queda del cowboy de las vacas y los prados.

El escritor lo niega, pero insistimos que es en entornos donde se siente como un pulpo en un garaje donde se agiganta como narrador. En general, los capítulos de este libro nos describen lo que es la felicidad para los estadounidenses que no son David Foster Wallace. Aunque con ellas, el propio autor nos haya hecho feliz lo que nos ha durado el libro.

 

 

Vilas, a salto de matas ( y en Zaragotham)

manuel vilas

“Quise hacer de Zaragoza una ciudad de cómic, un espacio posmoderno, fantasmagórico, una ciudad ajena a las tradiciones y eso me lo debe esta ciudad y me lo pienso cobrar. Solo el hecho de haberlo intentado es importante, intentar hacer un cómic underground de esta city. Es mucho hacer de Zaragoza Gotham. Pensé que al cabo de cincuenta años solo se soportaría mi visión de la ciudad, algo parecido a la distancia que separa leer a Poe de leer a un escritor de provincias. Reivindico el haberlo intentado. Ese es el camino, no persistir en el costumbrismo sino convertir a Zaragoza en Gotham, por lo menos”.

En un día tan maño como el de hoy, me apetecía recuperar algunas de las perlas surgidas de la boca de uno de los escritores que más están haciendo por cambiar las reglas del juego de la nueva literatura de nuestro país, el novelista, profesor, columnista y poeta aragonés Manuel Vilas, natural de Barbastro, por cierto, aunque con Zaragoza, a la que le dedicó un libro de cuentos titulado “Zeta” que justifica más arriba, siempre presente. Su ideario posa sus reales en esa compleja realidad en la que vivimos y que se explica de manera muy diferente a cómo se desgranaba en el siglo XIX. Aunque en este país mucha gente parece seguir viviendo en el XIX -tal vez por ello Vilas nunca ganará el Planeta – , con su inicio-nudo y desenlace. Miembro destacado de aquel controvertido movimiento que los medios decidieron llamar Generación Nocilla (supongo que todo lo que intenta ser ‘rompedor’ se encuentra tarde o temprano con la sospecha de muchos, y para muestra el comentario que copio y pego más abajo de la revista digital Jotdwon de la que hemos extraído algunas de las perlas que brillan en este post) en la que destaca sobretodo el no menos controvertido Fernández Mallo, para Vilas este desarrollo clásico ya no sirve, tal y como podemos comprobar en su novela “España'” (Mansalva) publicada en 2010 y que se presenta como una serie de capítulos que en apariencia parecen despojados de un hilo argumental aunque el escritor se empeña en decirnos que existe. Un despropósito de puta madre que os recomendamos con fruición, por cierto.

La publicación de su siguiente novela, ‘El regalo luminoso’, publicada a principios del año pasado, vino seguida de la habitual rueda de entrevistas promocionales que, cómo podéis comprobar por las respuestas de más abajo, arrojan luz sobre su visión de asuntos tan importantes como el sexo, el pop y el rock (para Vilas la cultura popular es la única viva aunque Lou Reed lleve unos meses muerto) y sobre la compleja realidad en la que nos rebozamos cada día gracias, entre otros muchos balcones, a las redes sociales: “Me gusta mucho Facebook. Yo lo uso en plan festivo y alocado. Dialogo con Dios. Él habla conmigo y yo le escucho y también le contesto. Facebook es como la vida. Ves lo que la gente cuelga y enseguida sabes cómo es esa persona. Si le va bien, mal, si tiene vanidad o es generoso, enseguida lo ves, si es pomposo o paranoico. Hay gente que usa Facebook para maltratar el mundo y eso me da por culo. A mí me gusta porque es el espejo del alma y puedo ver muchas cosas ahí”.

“Dios sigue siendo la idea más grande que ha imaginado el ser humano. Me apetecía dialogar con esa idea majestuosa y enorme. Convierto a Dios en un personaje del siglo XXI con pulsiones tarantinianas. Es un ser macarra, mal hablado, pero inteligente. Ese es el Dios que me he inventado. Lo increíble es que ha triunfado en las redes sociales, hay más gente hablando con Dios ahora mismo. He creado tendencia”.

“Está claro que hay razones para el pesimismo pero yo estoy harto de eso porque mientras me esfuerzo en ser pesimista la vida pasa y se va y ahí te quedas con tu pesimismo (…) Estoy cansado de las quejas. Lo que mola es hacer cosas. La gente lo que tiene que hacer es ponerse ya a hacer cosas y quejarse menos. Este es un país cruel, poco tolerante, hay que profundizar en la Democracia. En España no hay respeto por la cultura y eso es lo más grave de todo”.

“Un periódico que admite colaboraciones sin pagarlas no se quiere a sí mismo. Incumple la primera ley del capitalismo. Vivimos en el capitalismo. Seamos coherentes. Quieren que vivamos en el capitalismo sin estar sujetos a sus leyes fundamentales. No respetar el trabajo intelectual es algo nauseabundo”.

“Estoy al día de lo que va saliendo pero leo en función de lo que estoy buscando en cada momento. Leo para encontrar soluciones a problemas que se me plantean con lo que estoy escribiendo. Es una lectura interesada y no por placer. Soy como un albañil que mira cómo trabajan otros albañiles. Hace muchos años que no leo por placer. El placer me lo da encontrar en un libro lo que ando buscando. ”.

“La literatura es energía para vivir y también erotismo. Los grandes escritores han sido grandes folladores.”

“Durante mucho tiempo, con otros escritores, oculté mi amor por el pop hasta que me di cuenta de que Bach y las “Variaciones Goldberg” me la sudaban un montón. Se ha insultado a mi mundo cultural desde el propio mundo de la cultura. Dylan y la Velvet son tan trascendentales en mi vida como Hegel, Marx o Freud”.

“Fuera de lo convencional la gente no sabe qué hacer. España, como diría Nietzsche, es un país sin voluntad. América, en cambio, tiene una increíble voluntad de ser. Su comparación nos convierte en auténticos payasos. La política es otra cosa, la política norteamericana es lo más cutre de la Tierra, pero su cultura es lo más. Lou Reed es imposible aquí en España y con eso ya está todo dicho, ya podemos echar el telón”.

“Shakespeare no tiene humor. Su gran problema es que carece de humor, y la gran ventaja de Cervantes es que lo tiene. Shakespeare está muy bien, pero me interesa mucho más Cervantes porque se reía de todo. Shakespeare no se ríe de nada. (…) en sus grandes obras no hay momentos donde puedas descansar de la condición humana. Con Cervantes descansas todo el rato, y eso es muy bueno para la salud”.

“Jamás me he considerado un escritor experimentalista, me considero un escritor realista. Lo que pasa es que la realidad se ha vuelto loca, y entonces es normal que la naturaleza que quiera reflejarla sea un poco loca. No vivimos en un mundo racional sino en uno inverosímil, de una profunda irrealidad, donde nadie sabe lo que está pasando ni lo que va a pasar, un mundo en el que hay una crisis económica que nadie sabe en qué se basa. No sabíamos por qué éramos ricos cuando lo éramos ni por qué somos pobres ahora. Por otro lado vivimos en un mundo de una alucinación política constante. Los políticos nos están convirtiendo en esquizofrénicos, nos mandan mensajes absolutamente contradictorios”.

“Hay gente que todavía piensa que el mundo es el siglo XIX. Piensan que la vida de las personas tiene planteamiento, nudo y desenlace. Estaría muy bien que eso fuera cierto, porque nos tranquilizaría, pero la vida de la gente es fragmentaria, caótica y discontinua. La misma vida laboral ya es discontinuidad total, así como la vida emocional y sentimental”.

“Cuando escribí Un luminoso regalo lo hice con un cierto escepticismo hacia la condición humana, sobre todo en la relación entre el sexo y el amor, que es un tema que preocupa mucho. Quise escribir una novela que explorase esas dos cosas. La dificultad que en estos momentos mucha gente siente a la hora de unir sexo y amor y resolver sus vidas. Y cómo la resolución de la vida de una persona sigue siendo el amor. La creación de una pareja sigue siendo el gran misterio de la felicidad”.

“Sí, en estos momentos la pulsión sexual y la codicia capitalista están encaminadas. Esto que se llama la adicción al sexo es la forma que el capitalismo ha elegido para llamar lo que en el siglo XIX se llamaba «donjuanismo» y en el franquismo tenía un nombre muy gracioso que era «mujeriego». Mujeriego. Quizá la creación de esta palabra sea lo único bueno del franquismo”.

“Evidentemente, lo que hay no es sexo explícito, pero sobre todo el mundo de Hollywood, que es un mundo ocioso en cuanto a lo sentimental, promueve la promiscuidad, que está relacionada con no trabajar. Uno que se levanta a las seis de la mañana y vuelve a las siete de la tarde no puede ser promiscuo, no tiene tiempo ni fuerzas. Con el trabajo se cauterizaron las pulsiones sexuales y se ordenó el mundo sexual del individuo. Desde un punto de vista antropológico el erotismo es el gran instinto de la vida, pero está frenado por la civilización a través del trabajo, el matrimonio y otras instituciones que cauterizan el sexo y esa pulsión”.

“En España ya hay un adolescente nuevo, que no sabe quién es Franco. Obviamente hay que contárselo, pero ese desconocimiento tiene algo atractivo, son una especie de adanes intelectuales históricos. Y eso a un escritor le fascina. Tener delante a un alumno que no sabe quién es Francisco Franco o que le preguntas cuándo empezó la Guerra Civil española y te pregunta qué guerra es esa… tienes que explicarla, pero ese adanismo me parece hermoso en alguna medida”.

“Un Estado que no es capaz de distinguir que no es lo mismo comprarse un coche que un libro es un Estado antidemocrático y que no quiere que sus ciudadanos sean mejores”.

Links a las entrevistas (añadir el de ABC):

Bajoaragonesa

Jotdown

ABC

 

“Perteneciente al “lobby” de mutantes del dólar $$$, compuesto por Agustín Fernández Mallo y Vicentito Luis Mora. Se proponen, a partir de la ocupación mediática -Quimera, editoriales, suplementos culturales, eventos Eñe, congresos financiados por Cajasur…- que se hable de ellos, generar un debate anodino y ver si saltan a una editorial “grande” y hacen caja $$$. El más aprovechable para el capital, Fernández Mallo. Forma pareja cómica con Eloy Fernández Porta, se curran unas proyecciones y unos links de youtube, y a girar por el mundo: sedes del Instituto Cervantes, departamentos de Literatura made in USA, fundaciones bancarias. Ellos, los profetas de la nueva narrativa. El triunfo del discurso copy-paste. Parece que después de un par de años, se ha pinchado la burbuja. Tranquilos, se inventarán algo nuevo que vender. El pelapatatas ultrasónico”.

Un hotel a la costa (Tossa de Mar, 1934-1939)

hotel

Hace unos días se ha otorgado el premio Tusquets que este año se ha llevado el venezolano Alberto Barrera Tyzka. Precisamente me encuentro enredado estos días con el diario que escribió Nancy Johnstone durante su estancia en la Costa Brava, en la que aterrizará pocos meses antes que estalle la Guerra Civil. De nuestra heroína se sabe que nació en Bath en 1906, pero nunca se supo cuando murió (” De Nancy se sabe que se hizo muy amiga de Constancia de la Mora, esposa del jefe de la aviación republicana Hidalgo de Cisneros. Ambas se fueron de viaje a Guatemala en 1950 y allí sufrieron un accidente de coche en el que muere Constancia. De Nancy, herida de gravedad, se perdió el rastro, se comenta en La Vanguardia del 11 de marzo de 2011).

Pero lo bueno es que sí sabemos que pasó durante cinco años de su biografía, gracias a que han quedado profusamente documentados por ella misma:  los años en los que vivió en la localidad de Tossa de Mar mientras gestionaba el primer hotel de la Costa Brava. Un modelo de hotel pequeño, de difícil acceso, pensado para un público con inquietudes. Un hotel con vistas a la modernidad que en España estaba contando sus últimas horas antes de la barbarie bélica que pilló completamente desprevenida a nuestra Nancy.

En 1934, en plena revolución de octubre de la que hoy se cumplen 81 años, decidió montar un negocio en lo alto de una montaña de esta tranquila localidad de la Costa Brava donde, por cierto, se encontraban escondidos muchos refugiados que huyeron del nazismo en Alemania que convivían con una colonia de artistas ingleses atraídos por el sol y el paisaje de este rincón de Catalunya conocido entre ellos como el ‘paraíso azul’ (por sus mares y por lo barato que es la vida en aquellos años en nuestro país).

¿Por qué deciden abrir un hotel en la costa Brava para un tipo de público digamos culto y con sensibilidad artística en un remoto lugar? Porque el marido de Nacy, el flemático Archie, no sabía de ninguno de sus amigos hubiera estado por allí de vacaciones (“No teníem, llavors, experiència sobre els hotels catalans i pensàvem, com era el costum, que qualsevol cosa espanyola havia de ser bruta”) . La editorial recuperó hace cuatro años este clásico del subgénero “extranjeros que se vieron atrapados por la guerra civil” y decidió publicarlo en catalán con el título de Un hotel a la costa (en realidad la edición incluye dos libros que documentan dos periodos distintos, Hotel in Spain, que llega hasta el final del verano de 1936, cuando les toca de cerca el bombardeo de la vecina localidad de Roses y un segundo libro, Hotel in flight, que llega hasta la rendición republicana.

Justo el día en el que se desata la huelga general que va a precipitar la resurrección militar y la guerra civil que acabó con la segunda república, unos días después escucharán por la radio el discurso de Companys proclamando el Estado catalán, se encuentra buscando terrenos dónde edificar su hotel, que al poco regentará junto a su marido, un periodista que en Londres se codea con lo más granado entre los plumillas ingleses de la izquierda progresista (“”Una de las cosas más fantásticas de la vida en Tossa es que no hay conciencia de clase”, escribe la propia matrona del hotel, Nancy, que sin pretenderlo dejó un legado inédito con el que hacernos una idea de los años más virulentos de la historia de nuestro país durante el pasado siglo. “Els de la FAI eren els més actius al principi, almenys a la nostra zona. Les iniciales volien dir Federación Anarquista Ibérica. Les nostres empleades  s’hi feien tant d’embolic com nosaltres, amb tanta inicial. (…) De fet, l’anarquia era un nou departament de govern a Tossa. Mai no he acabat d’entendre qupe representa un anarquista espanyol. El que és segur és que no té res a veure amb les connotacions que, en la meva educació anglesa, em van inculcar sobre la paraula “anarquista”. Ara,una federació d’anarquistes em sonava una mica contradictori, era com si algú parlés d’una niuada de cabres”, comenta con ojo clínico la Jonnstone que acabará simpatizando con los milicianos que encuentran en el hotel un lugar donde relajarse y reconsiderar estrategias.

En marzo de 2011, coincidiendo con la salida al mercado de la edición en catalán, el periodista J.M Martí dedica a este libro un artículo en El País en el que explica la importancia del mismo: “El libro es clave es clave porque explica la guerra civil desde un prisma insólito, desde la cotidianeidad de un pequeño pueblo de pescadores que se va transformando y deteriorando conforme avanza la guerra; un crescendo magistral que acaba en la huida hacia la frontera con un camión repleto de niños que los Johnstone han adoptado y deben dejar, una vez ya en Francia, en Perpiñán, solo para reencontrarlos brevemente unos meses más tarde en un convento de Besançon”.

La pareja de intrépidos hosteleros ingleses descubrirán que Catalunya no sólo no es sucia, si no que también cuenta con particularidades culturales como la sardana. En uno de los capítulos del libro, Nancy dedica varios párrafos a describir las artes de la sardana (de hecho, uno de los atractivos del libro es escuchar la voz de una extranjera respecto a lo que serían los rasgos distintivos de la Costa Brava en concreto y de la Catalunya de pocos meses antes que estalle la guerra). También llama la atención la descripción que hacen de la noche Barcelona que ‘disfrutan’ en una escapada de pocas horas en la capital catalana, y en la que destacan sobretodo los números de transformismo, bastante cutres según el parecer de una británica progresista.

“La sardana és la dansa tradicional de Catalunya. Homes i dones es donen les mans en una rotllana i van fent saltironets al compàs d’una música peculiar. De bones cobles n’hi ha poques, i la mitja dotzena que són de primera amb prou feines a qualsevol altra música nacional. Utilitzen uns extranys instruments estridents i tot va sempre acompanyat d’un tam-tam que marca el ritme. Aquella gent ballant en rotllanes, il·luminats per fanals mig amagats entre les branques dels frondosos plàtans del passeig, feien pensar en algun ritual tribal sota la claror vacil·lant de les torxes.  ara, si t’hi fixaves bé, qualsevol evocació de l’Àfrica negra era fora de lloc. En realitat, els músics de la cobla semblen, més aviat, una colla de pastors metodistes. Seuen en unes rígides cadires de fusta posades al damunt d’uns taulons. porten jaquetes negres i barrets negres. Hi posen cara de solemnitat. Fa la impressió que un músic de cobla no es relaxa mai, ni quan és a casa. Sembla mentida que una música que sona amb tanta intensitat, que convida a treure penes a còpia de refilets i vibracions, pugui sortir d’aquella colla d’homes amb cara de reprimits”.

En la edición en catalán de Tusquets se incluye al final del libro la traducción del folleto con el que los Johnstone promocionan su hotelito. Gracias a este planfleto nos enteramos que la pensión completa cuesta 13 pesetas al día. Que el único extra que se carga a la cuenta del cliente es de una peseta por la bañera. Se destaca en el mismo que “La casa Johnstone es obra de Her Fritz Marcus, el conocido arquitecto berlinés. El agua para beber, el agua caliente, las cañerías y todas las infraestructuras de la casa no pretenden ser lujosas ni “selectas”, pero se considerarían de alto nivel en Inglaterra”. Otra ventaja que se destaca a la hora de promocionar el entorno del hotel es el de los precios de Tossa. “Salvo los de los artículos de importación, el resto son precios ridículos, sobretodo los de la fruta, el vino, el alcohol y el tabaco que oscila entre seis y diez veces por debajo del que se paga en Inglaterra”. La publicidad avisa que pronto se pondrá tan imposible comomla costa azul francesa.