Con los ojos de Montserrat Roig

“Vaig patir deu anys de monges, enmig de nenes boniques, fines, delicades, folch-i-torrianes, dolçament esporuguides del món, d’uniforme polidíssim i d’ànima sempre a pùnt pel martiri. Ovejitas del señor. Futurs gallimarsots morals de la nosta enllaminadora classe mitjana. Perdoneu l’educació mongenca em castrà el meu possible sentit de l’humor”.

Estos días se puede visitar en el espacio Born CCM una exposición, abierta hasta el 30 de abril, en la que se homenajea a la periodista y divulgadora Montserrat Roig con motivo del 40 aniversario de la publicación del libro Els catalans als camps nazis. Esta animosa barcelonesa, “a la que le gustaba brillar y más si era sobre un escenario”, fue la primera periodista que tiró del hilo de algunos de los testimonios de los catalanes que acabaron con sus huesos en campos de concentración después de la guerra civil.  En su libro Els catalans als camps nazis Roig estudió los campos de Ravensbruck, Dachau, Buchenwald, Saschenhausen, Túnel de Dora, Epperceques y el de la isla de Aurigny, “en ellos es donde fundamentalmente fueron recluidos los españoles, pero ¿por qué fueron deportados y recluidos los españoles, si no pertenecían a ninguna de las razas malditas por Hitler?”.  Por Montserrat Roig nos enteraremos que a los españoles se les reconocía por el triángulo azul con el que se identificaba a los apátridas, en su mayoría republicanos.

En la exposición del Born se expone un ejemplar en chino de su novela El Temps de les cireres mientras una pantalla recoge algunas de sus entrevistas en el programa Personatges del circuito catalán de TVE. Durante estos días se han programado también varias charlas entre las que destaca una en la que se debatirá sobre televisión y cultura moderada por Ariadna Oltra prevista para el jueves 5 de abril. licanos repudiados por la España fascista.

Buen momento este para recuperar su biografía Con otros ojos escrita por Betsabé Garcia y publicada por Roca Editorial en 2016.

Con Montserrat Roig aparece en nuestro país una nueva figura social, “un nou tipus de personatge públic: l’intelectual mediàtic. Fins llavors, la idea que es tenia d’un escriptor, d’un pensador, responia més o menys al perfil d’home, entrat en anys, no gaire simpatic, més aviat antisocial, i que vivia tancat a la seva torre de vori, a la seva, totalment aliè a la realitat de cada dia”.

Su estancia en la Enciclopedia Catalana, donde tenía un trabajo estable, marcará un antes y un después en su carrera profesional. Acabó dejando el trabajo porque desempeñaba funciones que no le tocaban, con lo que le tocaba hacer más horas que un reloj, -como recortar textos de Terenci Moix (“al qual semblava no donar-li la gana d’entendre que calia cenyir-se a un nombre de caràcters”)-, para lanzarse definitivamente a la escritura freelance.

“Por otra parte, esta continua disponibilidad que tiene el país para parir a “genios menores de treinta años” me parece ridícula. Y aún me parece más ridículo si se tiene en cuenta a los que pertenecen a la generación madura, la cual, según el más elemental estudio de las fluctuaciones históricas, tendría que estar en plena fiebre de realizaciones y no inmersa como ahora en la constante preocupación de subsistir materialmente (…) La lucha o enfrentamiento entre generaciones también puede ser un alibio cómodo que desvíe la atención del lector ante enfrentamientos más graves. No existen jóvenes y viejos. Simplemente: hay gente que escribe bien y gente que escribe mal”.

En la época de la dictadura, incluso en sus últimos coletazos, leer es una forma de transgresión. Y trasgrede cada vez que le pasa libros a sus amigas. El dramaturgo y guionista Josep Maria Benet i Jornet le aconsejó continuamente, como cuando le dijo que se tenía que interesar más por la gente que por las sociedades. “Calia deslligar la justícia, el crim i l’estupidesa del concepte de “classe social”. “Escriure és una cosa seriosa, que no vol estones perdudes. Has d’estar escrivint sempre”. Le aconsejó leer cinco obras por semana.  Novela y poesía como mínimo y como máximo tres obras por autor para llegar a conocerlos. En algunos de sus primeros textos le controla su tendencia melodramática. Le recomienda que mantenga la sobriedad, que no tenga tantas ganas de brillar.

“Voldria escriure per descriure. Aclareixo: em costa molt menys retallar uns moments psicològics, utilitzant la tècnica del monòleg interior, que no descriure amb minuciositat i detall qualsevol cosa: per exemple, una tassa de café. Ja sé que una tassa de cafè per si mateixa no és res, però és el primer pas per parlar de si el cafè és bo o dolent”.

Su formación en teatro le dotó de una habilidad para disfrazarse delante del entrevistado. “Des de la ingènua a la seductora, des de la dona lluitadora passant per la políticament compromesa, fins a la conservadora”.

“Quan un novel·lista vol parlar de la injustícia completa en una persona sempre ho fa en una dona. Són éssers molt més lúcids que totes les mesquineses del seu voltant”.

Parece ser que el futbolista del Barça Carles Rexach le espetó en una entrevista: “Tu no debes saber ni que es un córner, pero me haces preguntas más interesantes. Hay periodistas que, por pereza, se inventan las entrevistas y ponen las tonterías de siempre (…) Y es que tal vez las chicas no sois tan retorcidas como los chicos. Estos, cuando se agotan los temas, nos hacen decir mentiras o pestes contra el entrenador para hacer sensacionalismo”.

“Cuando yo escribo un articulo, la verdad, es que me relaja. Si todo el mundo pudiese hacerlo sería extraordinario. Tú sabes lo que es todas las mañanas, a la hora del desayuno, leer el periódico y sentirse sumamente infeliz y sentirse un ratoncito, sentirse nada. Cada día te enteras de que una multinacional norteamericana tiene una fábrica de gas en la india que mata 3000 personas y que 100.000 van a estar enfermos, que lo de Centroamérica no se termina, que aquí hay estafadores por todas partes, que los viejos van a cobrar menos y que los impuestos van a subir, etc. Es realmente muy difícil de digerir”. Montserrat Roig adelantándose en 1984 al impulso que nos mueve a todos a escribir por las mañanas en las redes sociales en su primera columna titulada Melindros en El Periódico.

Montserrat Roig era más que una mujer de partido, era mujer de principios. Entró en el PSUC en 1968, pero dos años después decidió distanciarse: “els marxistes d’aleshores -recordava el 1990- em miraven de reüll: em depilava les cames i plorava al cine. No em van expulsar però una senyora molt comunista em va dir que jo tenia poc de comunista”. Se consideraba una liberal con sentido crítico con una tenaz capacidad de introspección, “motor de la seva creació literaria”.

“Jo escric en català per tres coses: en primer lloc, perquè és la meva llengua i la relació amb la llengua és la mateixa que la que es té amb la mare. Quan vaig entrar al col·legi de monges vaig descobrir el que era el poder i el que era l’Estat. L’Estat és el pare. La teva terra és la mare. Per tant, la relació amb la llengua és la relació amb els orígens i és una relació amb la terra, mani qui mani… “El que no puc fer, perquè seria mentida podrida, és que una venedora de la Boquería parli en castellà”. Aunque se le recuerda como una periodista local (.”), en mayo del 74 empieza a interesarse por el conflicto en Irlanda del Norte, sus lecturas giraban en torno a las consecuencias que comportó el final de la Segunda Guerra Mundial. Montserrat Roig se ganará el respeto de los lectores internacionales a través de los países del este que son los primeros en interesarse por su obra. Siempre estuvo muy conectada a la URSS o a Checoslovaquia.

“Quizá yo, personalmente, a Simone de Beauvoir le hubiera agradecido que nos hubiera enseñado más sus debilidades. Menos hablar de la “angustia” y más hablar de “histerismo”. Pues el histerismo no es más que la angustia puesta al servicio de la vida cotidiana”.

Aquí abajo tienes una entrevista del año 89 con la excusa de la publicación de su libro El cant de la joventut, en la que habla con Mikimoto de la juventud de aquellos años: “A los jóvenes se les está sobreprotegiendo demasiado, se les cría y educa entre algodones para que no se hagan mayores. Con lo que ahora la adolescencia dura hasta los 30 años. No hay manera de que se vayan de casa. Pero por otro lado se les mima para que no se hagan ilusiones, como mucho serán trabajadores si es que consiguen un trabajo el día de mañana”.

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Gonzalo García Pelayo: Profesional de la alegalidad


En su casa de los aledaños del parque del Retiro, ahí nos encontramos a Gonzalo García Pelayo que, como cada mañana de sábado, está preparando las apuestas del fin de semana delante de un portátil minúsculo. Este verano pasado el paterfamilias más odiado por los casinos de todo el mundo ha cumplido 70 años. Una vida plena en la que ha tocado más palos de los que pueda tocar un mortal en tres vidas. En esta charla nos centraremos en su relación con las apuestas, a las que ahora se dedica desde el comedor de su casa, su amor por el cine que sigue filmando a velocidad de crucero -el año pasado subió hasta tres nuevas a su web– y su influencia en la carrera de dos grupos capitales en la escena andaluza, Smash y Triana.

“El día que aparecí en el programa de Buenafuente había tenido un amago de infarto. Me sentí muy mal aquel día y me llevaron a urgencias y luego no me querían dejar salir para ir al programa. Entonces les dije que me sentía mejor, que sólo había sido un amago, y que me dejaran marchar bajo mi responsabilidad”, no confiesa Gonzalo que ahora parece que tiene mejor el corazón. Habla por los codos y cuando te deja meter ficha te reta para que eso que dices sea del todo cierto. Un tipo de método que se inspira en la cultura popular: “Había en Cádiz una chirigota, fuente ideológica de mis últimos años, que se llamaba Cádiz ciudad olímpica 2094, que creo que no es año olímpico, pero bueno, y entonces siempre decían, “con tiempo, con tiempo… Vamos a prepararlo todo con tiempo”.

Ya que lo pillamos en plena faena. Facilítenos una pista de por dónde van sus apuestas de este fin de semana. [para el lector la jornada 28 de liga de la temp. 2016-17 que se celebró a mediados de marzo de 2017]

Yo discrimino siempre entre cantidad y calidad. Lo que me importa en la vida es la cantidad. No es que desprecie la calidad, pero no es lo primero que miro. La cuestión es cuánto voy a jugar, qué cantidad de partidos voy a jugar. Porque además todo lo voy a jugar al mismo nivel. Quiero conseguir un buen resultado en la totalidad de partidos en los que apuesto, no sólo en uno concreto. No acostumbro a apostar en partidos españoles porque son partidos muy vigilados y yo juego contra gente que se descuida, contra gente que no juega bien. Al Madrid y al Barcelona todo el mundo los tiene muy controlados y sabe cuáles son los precios correctos con los que se está jugando. Yo juego normalmente contra jugadores y estos se fijan mucho en los criterios de las casas de apuestas. Pero claro, esta gente que apuesta a cientos de partidos de la liga bielorrusa o de la segunda división austríaca pues puede cometer un fallo o tener un descuido y poner un precio atractivo contra el que apostar. Estoy vigilando también partidos que para mí tienen un encanto especial, por la ciudad por ejemplo, estoy atento casi siempre al partido del Verona por su encantadora ciudad, al Braga que me gusta por el nombre, atiendo a las cosas que por una razón u otra me llaman la atención. O de clubs con nombre imposible que soy incapaz de retener pero a los que también juego porque creo que el apostador rival ha cometido un descuido.

Me interesa este último toque romántico que le da a sus apuestas porque se supone que usted es un científico en lo que a apuestas se refiere.

Si, pero lo principal es que busco cantidad de partidos en los que apostar. Ya tengo consolidadas 16 apuestas y espero ocho o nueve más si acaban de llegar a los precios que considero convenientes. El partido del Verona es uno de los que espero un precio conveniente, es decir si a alguien le parece bien que crucemos apuestas en el precio que le propongo. Otro frente que tengo abierto es el de las carreras de caballos, con más de 40 este fin de semana repartidas entre Inglaterra e Irlanda que son los dos países en los que tengo intereses, aunque estoy estudiando la posibilidad de estar jugando las 24 horas si juego a las carreras de Estados Unidos, que está noche ya he debutado, y a las muchísimas que hay en Australia. Ahora mismo lo que estoy es mirando a ver cómo puedo solventar lo de su métrica que es igual a la nuestra, pero resulta que mi programa sólo entiende de millas y esto me despista un poco, con lo que tendré que resolver esta conversión si quiero apostar en Australia. Pero he visto mucho ambiente en Australia, con lo que espero estar jugando las 24 horas. En las apuestas de carreras de caballos no se pone el sol. Australia va a terminar hoy, como a las dos y media de la tarde, al mismo tiempo que empieza la primera carrera inglesa. Con Inglaterra, EE.UU. y Australia podemos estar jugando las 24 horas. Sin olvidar otros países interesantes a la hora de apostar a las carreras como Sudáfrica y Francia. Es mi sueño lo de jugar las 24 horas, por lo que te decía antes, que primo la cantidad sobre la calidad.

Asegura que al juego hay que enfrentarse de manera metódica que es justo lo contrario a lo que tendemos a hacer normalmente que es añadir superstición al asunto.

O a partir de un golpe emocional. El juego se lleva por la corazonada. El juego que he desarrollado con mi equipo y mi familia es completamente lo contrario. Cuando jugábamos a la ruleta teníamos prohibido tener supersticiones. Si alguien decía que no quería jugar en tal mesa porque no le había ido bien hasta ese momento, le obligábamos a quedarse hasta que se le quitaba ese mal rollo. Y cuando ganaban la mesa me venían a decirme, “menos mal que me dijiste que me quedara en esta mesa”. Si caemos en la superstición estamos perdidos. El juego emocional sirve para divertirse, pero nosotros no estamos en esto para divertirnos. Cuando se juega por diversión entiendo que te guste apostar a la ruleta al número que coincide con la fecha del aniversario de tu boda o del nacimiento de tu primer hijo, es muy humano y me parece muy plausible, pero yo no estoy en esto para divertirme.

En el libro de Los Pelayos asegura que el perfil idóneo para jugar correspondería al del torero, el profesional de reventa, el que lleva vida de surfista.

Si, y el boxeador también. También me gustan los arquitectos. Hay perfiles de personas que creo que tienen más capacidad para jugar. Unos por el cálculo y otros por el arrojo. No puedes ser dubitativo. La mayor parte de la gente es dubitativa porque la cultura occidental se ha fundamentado en la duda. Está bien visto el tener dudas. Está bien visto el estar deprimido. Está bien visto tener alergias. Está bien visto que no te gusten las cosas que le gustan a la mayoría. De alguna manera es como el espíritu del rock & roll que estaba en contra del espíritu reinante en la pequeña clase burguesa. Incluída la pequeña clase burguesa intelectual que es la que más se ha desarrollado en estas últimas décadas en toda Europa, con unas connotaciones incluso peores que la clase burguesa tradicional porque se siente mejor parapetada por la idea de pensamiento fácil y manejable que le da una gran tranquilidad. Contra todo eso luchaba el rock & roll, por lo menos se oponía ya que la lucha tampoco era su función principal. Pero si que mostraba una cara agresiva contra todo eso y la verdad es que ese es el espíritu básico para ponerse a jugar.

¿Y el poeta es buen jugador?

Normalmente no. Por eso mismo, porque tiene intuiciones, tiene corazonadas… Yo también ejerzo, no de poeta, pero sí de artista, y sigo una norma muy clara en mi vida. En el juego nada de sentimentalidad ni de inteligencia emocional que es la base de la poesía y del arte, nada más que abstracta. Y en el arte todo lo contrario, nada de inteligencia abstracta. El artista que más me gusta es Buñuel, carece de inteligencia abstracta, es todo emocional. Bach tenía las dos cosas. Eso no quiere decir que durante unas horas puedas ser jugador y durante otras un artista. Pero no actuar como artista en el juego. Lo mismo que no actuar como un jugador en tu dedicación artística. Son dos maneras de ser que no se combinan fácilmente en una misma persona. Dostoievski era un pésimo jugador y además dio muy mala imagen al jugador. Lo echaríamos de cualquier club de jugadores. Mezclar una cosa con la otra no lleva a buenas cosas. Porque es que no se deben mezclar. Son potencias de la condición humana que no se deben desdeñar.

Una paradoja que me resulta incluso bonita en su manera de enfrentarse a los casinos es que establece una metodología casi perfecta de un defecto. El defecto físico de las ruletas.

Casi todas las ruletas tienen defectos. Parte de un principio filosófico muy extendido que dice que nada es perfecto. Qué es lo que espera uno de la ruleta, al menos en teoría, que todos los números salga con la misma frecuencia porque todos tienen la misma probabilidad. 1 de 37 en este caso. Pero eso no ocurre así. Afortunadamente. Esa es la imperfección que es explotable. Porque hay números que salen 1 de 34 o 1 de 40. No podemos pensar que todos los números son iguales. Pero eso pasa en nuestra sociedad también, que pensamos que todos somos iguales, como los números de la ruleta. Pero en ambos casos hay jerarquías. Las ruletas no son computadoras y si lo fueran no tendrían éxito porque la gente no se fiaría de la computadora. De lo que es exacto, la gente no se fía. Y al contrario, de lo inexacto la gente sí se fía, porque además hay un componente emocional al ver cómo rueda la bola, el aparato es hipnótico, se mueve y desprende colores… Se dice entre los jugadores de póker que cuando te sientas a una mesa si no hay ningún primo, está claro que el primo eres tú. Jugar bien al póker significa jugar contra algún primo. Significa que los demás están buscando la ineficiencia, están buscando el fallo… En este caso buscan un jugador que entregue que juegue a cosas que tengan poca probabilidad.

Tiene mucho de darwinismo el juego entonces. Buscas al indefenso, al primo, para lanzarte sobre él.

Es la vigencia del más fuerte, claro. Una ley esencial en la naturaleza que es la del más fuerte. Nosotros como seres humanos hemos evolucionado de tal modo que somos los únicos animales que hemos sido capaces de reducir un poco el efecto de esa ley. Lo que no podemos es ignorarla completamente. Bastante es que hayamos conseguido adormecer los efectos de esa ley en un 20 o 30 por ciento. No la dejemos en un cien por cien como haría un león con su presa, al que le importan tres pitos las cuestiones morales. Está muy bien que el hombre sea capaz de modificar esa ley, pero es una cosa histórica. Es la primera vez que en la naturaleza se da un ser con moral como para contrarrestar los efectos de la ley del más fuerte. Pero no podemos posicionarnos en contra de esta máxima que es la que ha hecho que la vida surja. Todo esto está en contra del pensamiento débil que se ha ido imponiendo en occidente que se opone contra natura a la ley del más fuerte. De ninguna manera. Si, está muy bien que movimientos como los filosóficos o religiosos reduzcan el impacto cruel que supone que el débil no sea capaz de defenderse.

Me interesa mucho la lista que ofrece en el libro de casinos absurdos. El de Dakar, Valladolid y Suazilandia. A mí particularmente me interesa este último.

Si, una vez que estuve en Mozambique atravesé Suazilandia más que nada para contártelo algún día. Preveía que saldría en alguna entrevista y que tendría que explicar que efectivamente crucé Suazilandia en un día sin dormir. Tenía que ir a Suráfrica pero pensé que en vez de ir directo pasaría en autobús por ese pequeño país. En la capital Mbabane me encontré un casino y entré a jugar para poder decir algún día que había estado apostando en Suazilandia. Esa es la historia, pasé por Suazilandia previendo esta entrevista. Al de Valladolid lo cité por la rareza, está a las afueras de la ciudad, allí tuvimos algo de actividad, aunque no recuerdo si nuestro paso fue afortunado o no. Ya se han acumulado muchas cosas desde entonces. Pero yo soy muy de Valladolid, me gusta mucho su semana santa, he visto algún partido en su estadio, corridas de toros, tengo amigos en Valladolid…Yo soy muy de Castilla La Vieja, me fascina mucho…

De tal manera que la sigue llamando Castilla La Vieja…

Ah, es verdad… No había caído… (risas) Lo amplío a Castilla y León porque también me gustan mucho Salamanca y Zamora.

Su misión en esta vida ha sido permanecer siempre en la alegalidad, un terreno donde se ha movido muy bien y que siempre reivindica.

Me siento muy cómodo, soy un profesional de la alegalidad. Incluso ahora que juego por internet y sigo con mis partidas de póker sigo en una situación alegal. En una sociedad democrática creo que no hay que defender la ilegalidad porque es romper la baraja del acuerdo que tenemos todos. Pero lo alegal es lo que todavía a la ley no se le ha ocurrido que tiene que acabar de perfilar. No es que te aproveches de ese vacío, es que estás marcando que en ese espacio falta algo por legislar. Cuando llega la ley entonces te tienes que hacer a una parte porque el marco legal tiene un interés puramente recaudatorio sobre eso que estabas haciendo antes de que allí se legislara. Mientras tanto me parece una posición cómoda y constructiva, porque eres pionero en ese vacío al que no ha llegado aún el marco legal. Vas por delante de la gente. La alegalidad además propone espacios para vivir de ella. Es algo así como encontrar el fallo en la ruleta.

Sus películas emanan siempre un aroma libertario.

Porque mi ideología es mayormente libertaria. Es decir, abogo por la reducción al mínimo del Estado. Estoy siempre con el partido que más se posicione en contra del Estado. O estoy en contra de aquel partido que abogue por potenciar el Estado. Y eso es el anarquismo ideológico. No soy anarquista porque creo que el Estado es necesario, digamos que soy un anarquista blando o suave que no instauraría en absoluto el anarquismo completo, pero que entiende el Estado como mal menor. El autoritarismo proclama el Estado como bien mayor que es lo que ocurre con el fascismo y el comunismo. Y para el anarquismo el Estado es cero. Yo no estoy en el cero pero estoy más cerca de que el Estado sea un mal menor. Y todo eso está en el ambiente de películas como Corridas de Alegría y en general de mis otras películas.

En su vida le ha dado tiempo también producir bandas como Smash que no sé si sigue considerándola una de las bandas más grandes de Andalucía…

La banda más importante es Triana. Porque lleva a Smash a sus últimas consecuencias. La primera idea, el germen, está en Smash, pero lo que en esta banda es yuxtaposición, en Triana es fusión. El concepto de tiempo y espacio se dan en Triana. Por el tiempo me refiero a la edad del rock, y por espacio me refiero a Andalucía. Smash eran capaces de poner al rock y al flamenco, uno al lado del otro. Pero se trataba de una yuxtaposición. Triana se encarga de la fusión del espíritu. Si, para mí Triana era el grupo número 1. El interés de Smash viene de que era el germen de esa idea teórica. Mi satisfacción personal es que he estado involucrado en las dos bandas. Smash además es un nombre de mi cosecha. Lo formo yo porque antes no existe el grupo. Pero en absoluto surgió como algo artificioso. Les ofrezco instrumentos a diferentes músicos, que estaban en bandas diferentes, para que se unan en un mismo proyecto. Y Silvio también entra en el grupo por sugerencia mía, aunque estuvo poco tiempo.

Es delicada la actividad del productor musical. Si interfieres demasiado en la banda puede que acabe sonando artificial. ¿Cómo ha intentado trabajar de manera, digamos transparente, con los grupos que han confiado en usted?

Pues exactamente así, estás pero no estás. Hay momentos en los que no tienes que estar. Y hay momentos en los que tienes que hacer todo o casi todo. Y tienes que saber detectar esos momentos. Yo con Triana hacía muy poco. De Triana sólo puedo presumir en que los descubro discográficamente hablando porque la banda iba sola. Lo tienen todo muy bien preparado, lo tiene todo pensado, yo sólo doy el visto bueno a todo lo que están haciendo. Alguna mínima sugerencia pero prácticamente nada. Pero un disco como el primero de María Jiménez o el último que hice con canciones de Sabina no puedo estar jugando al ajedrez porque lo tengo que hacer prácticamente todo, desde la selección de las canciones pasando por el tipo de arreglo, hasta los jaleos que meten los palmeros, indicaciones como si fuera una actriz a María Jiménez para que no sea tan dramática y no marque tanto la pronunciación… que lo no noto porque María ha hecho también otros discos que no son míos y noto que canta diferente… Todo esto no me ocurre con Smash, ni me ocurre con Pablo Guerrero, depende de cada artista. Luego hay cosas medianas, como arreglar un poco de esto y un poco de aquello, donde si tengo que intervenir pero no tanto. Me estoy refiriendo a situaciones extremas, Amancio Prada grabó en un día el disco de Rosalía de Castro y quedé fascinado de lo bien que suena la guitarra con el chelo. El saber no intervenir es parte de este trabajo y al revés. Si yo hubiera seguido trabajando con Triana en el cuarto y quinto disco, sí que hubiera intervenido para evitar que grabaran un quinto disco que me pareció muy mal hecho y muy nefasto. El cuarto estaba bien aunque la voz estaba muy maltratada, con lo que probablemente les hubiera convencido de que había que hacerlo de manera diferente. Pero seguro que el quinto no hubiera salido así. Pero eso son hipótesis, mientras estuve yo todo estaba bien y no hacía falta intervenir en nada.

Y a usted que tanto le gusta la periferia como es que acaba viviendo en Madrid…

Bueno, yo nací en Madrid porque mi padre estaba destinado aquí, pero yo soy de familia andaluza. En cuanto mi padre murió, yo tenía cinco años, nos fuímos para Andalucía, a Jerez primero, de donde es mi familia y luego ya a Sevilla que es de donde me siento y donde viví hasta los 20 años. Y luego volví a Madrid porque yo quería hacer cine y la única posibilidad para ello era residiendo en Madrid. Lo tuve claro desde siempre, me vine aquí cuando todavía estaba estudiando y ya me metí en la escuela de cine. No me hubiera desarrollado profesionalmente si no me hubiera venido a Madrid. Pero nunca me he vinculado con Madrid más que por una cuestión de trabajo. No he participado en ningún movimiento cultural de Madrid. Tengo amigos y conexiones en el mundo de la cultura, pero no me he relacionado con la ciudad nada más que en momentos de trabajo puntuales. Conozco a Aute, a Jaime Chavarri, con gente así, pero no he tenido una vinculación estrecha, no por nada, sino porque siempre me he considerado un solitario, un lobo solitario… bueno, lobo, lobo, tampoco me gusta ser lobo, pero que por narices he actuado de manera solitaria. Y luego siempre con muchas referencias a Andalucía, todas mis películas siempre tienen referencias a Andalucía… Triana vivían en Madrid. Tampoco vale de mucho decir que eres de allí o estar allí… La distribución que hemos hecho de España no tiene compensación para el ciudadano. El enorme gasto que significa no supone que el poder esté más cerca para que el ciudadano tenga mayor bienestar. Simplemente es para gastar más dinero e invertirlo en el Estado. O sea se trata de engrandecer al Estado. Y todo eso no tiene efecto práctico alguno para el ciudadano.

Vosotros los catalanes os estáis haciendo a la idea de la independencia que eso lo que está haciendo en mi opinión es enloquecer a la sociedad. Es más Estado y más Estado. Estado que además hace lo que quiere con las cosas y para ello se salta las leyes. Es omnipotente, como Stalin. No me refiero a la cuestión ideológica pero la manera de actuar es como la de Stalin. Yo puedo hacer cualquier cosa porque yo soy el Estado. Y usted no porque usted no es el Estado. Eso es lo que más me aterroriza. Yo no me siento más cerca del poder y he tenido amigos personales del colegio como Pepe Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía, pero eso no significa que yo sienta el poder más cerca de mi casa. Y sin embargo el gasto que supone pues es una barbaridad. No compensa.

El pensamiento asilvestrado de Thoreau

“La biografía de un hombre que ha pasado sus días en una biblioteca puede ser tan interesante como las campañas peninsulares”. Henry D. Thoreau.

 

Estamos en la segunda mitad del siglo XIX. EE.UU. se está gestando como el bloque que es hoy. Por lo pronto, el vasto terreno que conforma lo que hoy conocemos como la principal potencia mundial se debate entre los que abogan por la abolición de la esclavitud, los estados norteños, y los que no, en su mayoría los estados sureños que confiaban sus intereses al gobierno confederado que nunca fue reconocido internacionalmente. Se barrunta guerra civil entre las dos sensibilidades político-geográfico-sociales. Por lo que respecta a los avances tecnológicos, tenemos la llegada del ferrocarril que pide más madera al mismo ritmo que demanda trabajadores que vengan con pico y pala a cavar raíles. Los viejos carromatos se volvieron obsoletos y con ellos desaparecía un mundo viejo de tracción animal. El americano por fin podía viajar en locomotora de una punta a otra del país en un tiempo récord. Pero como diría el puritanillo de Neil Flanders, “a esa zona árida entre Nueva York y Los Ángeles” había que dotarla de una nueva conciencia. En la costa este que es donde tiene Thoreau su radio de acción se viven aires de puritanismo renovado, en realidad un nuevo impulso  de la herencia cuasi mitológica de aquellos primeros colonos, los Padres Peregrinos, que desembarcaron dos siglos antes en las costas de Massachusetts.

En medio de todos estos cambios y de esta tensión política nos encontramos con una nueva forma de pensar que se conoce como trascendentalismo. Y surcando esa corriente de nuevo pensamiento libertario, de alguna manera enfrentado a la ortodoxia ejemplificada en el calvinismo puritano tan característico de aquellos años, encontramos a nuestro protagonista de hoy: Henry David Thoreau. El poeta naturalista que apenas se movió de Nueva Inglaterra donde nació hace 200 años, y al que le bastaba con sus paseos diarios por los frondosos bosques de las inmediaciones de su ciudad natal Concord para describir el mundo natural: “Soy feliz cuando descubro en océanos y bosques lejanos la materia de miles de Concords”. Con sus primeros poemas y ensayos,Thoreau abrió las puertas de lo salvaje a unos Estados Unidos que estaban a) modernizándose a ritmo de locomotora  y b) a  pocos años de su particular guerra de Secesión (al final de la misma y con el triunfo del bloque norteño abolicionista los esclavos liberados pudieron disfrutar por fin de ciertos derechos civiles).

“Imagino que hay algo de provechoso en vivir una vida primitiva y de frontera, aunque fuese en mitad de una civilización volcada hacia lo exterior”

Este 2017 se ha celebrado el segundo siglo de su nacimiento con la publicación de su (probablemente) mejor biografía escrita hasta la fecha, con Robert Richardson como autor, “Thoreau. Biografía de un pensador salvaje” y que se ha convertido en una de mis lecturas destacadas de este año (que no es poco teniendo en cuenta que ha sido el más prolífico en libros de toda mi vida): “Los mejores escritos de Thoreau siempre iluminan abstracciones y validan argumentos morales mediante experiencias concretas y personales, relatadas gráficamente y expresadas con mordacidad”,  comenta Richardson del estilo de Thoreau, entre la poesía, la lírica y el cientifismo de las ciencias naturales que todo lo acotan, cotejan, miden y reseñan.

 

Para Thoreau, el hombre y la mujer del presente -de su tiempo, pero en este momento es también el nuestro- suponen la suma de todos los hombres y mujeres de la historia. Ningún tiempo es mejor que otro. Pero los que plantaron la primera semilla del saber fueron los griegos. Y la mitología griega es un referente en su vida, en toda su obra: “Thoreau entendía que no es tan necesario tratar de inventar un nuevo mito como tratar de ajustar la experiencia propia a la expresada en mitos más antiguos, e intentar añadir a continuación algo a un mito cuya capacidad para contener y comunicar significado se haya comprobado con el tiempo. Quería que sus escritos evocasen la sustancia, la experiencia interior del mito, no la cáscara externa, los meros adornos clásicos”. El mito como la forma evolucionada de la historia temprana: “La naturaleza que inspiró la mitología sigue floreciendo. La mitología es la cosecha que produjo el Viejo Mundo antes de que su suelo se agotara”.

“Un hombre sólo recibe lo que está preparado para recibir, ya sea física, intelectual o moralmente. Escuchamos y asimilamos sólo lo que ya sabemos a medias”.

El trascendentalismo de Thoreau le acerca al conocimiento a través del instinto. Sus primeras lecturas están muy influenciadas por el conocimiento de los mitos griegos y se sentía muy motivado también por el romanticismo alemán, “el pensamiento sin entusiasmo no es nada”. Thoreau se esforzaba en ser un naturalista que combinara las descripciones de los antiguos naturalistas, con las mediciones de los nuevos. Por la mañana escribía, teorizaba, pero por la tarde se iba a dar una vuelta por el campo para observar, para inspirarse, para darse cuenta que el ser humano es parte de la naturaleza.  Sabía que “el individualismo extremo en cuestiones sociales se ve moderado por un sentido de los límites del individuo en la naturaleza”.  Y caminar, Thoreau siempre caminando de un lado a otro: “Un viajero ha de venerarse como tal. Su profesión es el mejor símbolo de nuestra vida. Ir de A a B: es la historia de todos y cada uno de nosotros”. Gustaba  vivir en plena naturaleza, casi siempre sólo, llegó a levantar él solo una cabaña desde los cimientos y con sus propias manos, aunque no era del todo huraño. Anteponía la conciencia del individuo por encima de la vida política, la base de la desobediencia civil por la que apostaba en una de sus conferencias más radicales y famosas. Suyas son esas primeras ideas que enfrentan a nuestra individualidad con cualquier Gobierno Civil que se limite a repartir injusticia. “Uno debe hacer las cosas que estén cercanas a su vida y conduzcan a ella, que no vayan en contra de la esencia de su voluntad ni de su imaginación”.  Nos anima a no dejar espacio a esas dudas que no nos resultan del todo satisfactorias.

“Las generaciones jóvenes del mundo que llevaban en ellas la frescura de un niño, pero también la profundidad del hombre serio, que no pensaban que hubiesen completado todas las cosas del cielo y en la tierra sencillamente dándoles nombres científicos, sino que tenían que contemplarlas directamente ahí, con asombro y maravilla; percibían mejor lo que hay de divino en el hombre y en la naturaleza; sin estar locos, podían venerar la naturaleza y al hombre más que otra cosa de la naturaleza”

Thoreau combina el liberalismo social, sobre todo en lo referente a la esclavitud, con una desconfianza perdurable en los efectos del cambio tecnológico sobre la vida cotidiana, rechaza lo que él entiende como “mecanización excesiva”. Aunque Thoreau no era un ludita, de hecho se le daba muy bien fabricar lápices para la empresa de su padre, trajinar con mecanismos, detallar sin error matemático los límites de hectáreas de terreno como agrimensor que era. “Allí donde está el buen agricultor, está la buena tierra. Al emprender otro camino, la vida será una sucesión de arrepentimientos”. También se vio movido por la necesidad, que él entendía como imperiosa, de dotar de un nuevo lenguaje a ese país que se estaba forjando . Miraba al oeste en busca de palabras nuevas como diggings, un vocablo que entre principios y mediados del siglo XIX añadió nuevas acepciones a su significado, “introducir (una herramienta)” e “indagar” (un concepto más en boga que nunca entre los coleccionistas de vinilos que diggean en alusión a su manera de escarbar entre cubetas). De los primeros diggers en rascar en nuestra naturaleza salvaje, apostaba por la desobediencia civil, se preocupaba por la conservación del medio ambiente y vida en sintonía con el mismo, precursor del “do it yourself”… Pues eso, que Thoreau sigue hoy más vivo que nunca, y que debería estudiarse en todas las escuelas.

Íberos en el techo de Santa Coloma

Si es cierto que cuando subes una montaña renaces de manera simbólica, me pregunto entonces por el bautismo que corresponde al que asciende hasta la cuna de los hombres más tempranos de entre los que moraron en este rincón del Mediterráneo. En el artículo que le dedicamos a la clínica mental de Torribera y su entorno, ya nos referimos al poblado íbero que corona el Puig Castellar. Recuerdo que era una excursión típica de los tiempos de la EGB, siempre la recibíamos con los vítores que se merecía tamaña odisea infantil con la que rompíamos en dos una semana que ya no sería como las demás. La máxima era siempre la misma: “bocadillo de tortilla y para arriba”.  Avituallamiento indispensable para que  un chaval de Badalona subiera al Machu Picchu de su infancia.  Por tanto, hoy vamos a recomendar este paseo algo cuesta arriba, pero superable por cualquier urbanita,  con el que nos disponemos a conocer algo más de las costumbres de los primeros habitantes “reconocidos” de esta zona de la comarca del Barcelonés.

Estamos en plena Serralada de Marina, pulmón boscoso de toda la comarca que se encuentra al norte de Santa Coloma de Gramenet, y al que puedes acercarte en metro si bajas en Singuerlín (línea 9). El camino hacia el poblado entronca con el sendero Gr-92 que nos lleva hasta Portbou. Es una ruta transitada por excursionistas y ciclistas, hoy es miércoles laboral por la mañana y diviso un cierto trasiego de personas bien equipadas con poliéster en dirección al norte. Pisaremos la cima de un cónclave muy  valorado a principios del siglo pasado que es cuando empezó a atraer a gente con posibles para huir de la contaminación que generaban las fábricas barcelonesas. La fiebre higienista tan característica de aquellos años motivó la llegada de industriales y prohombres hasta Santa Coloma, con suficiente dinero como para adquirir una segunda residencia (una práctica impensable después del boom migratorio que rompió todos los registros entre los años 50 y 70 y convirtió a Santa Coloma en un caos urbanístico sin parangón en el mundo y del que dieron cuenta las universidades japonesas). Uno de estos notables fue el historiador Ferran de Sagarra, notable de Santa Coloma, padre del nombrado escritor Josep Maria de Sagarra, que en 1919 cede al Institut d’Estudis Catalans los restos arqueológicos del poblado íbéro para su estudio y conservación. Cada cierto tiempo vienen a excavar estudiantes de Arqueología de la Universitat de Barcelona, campañas que empezaron a potenciarse hace 20 años con un ambicioso proyecto dinamizado por el ayuntamiento colomense. Es un intangible importante en la estrategia de promoción de una ciudad, la novena más populosa de Catalunya y la segunda en densidad con 17.000 habitantes por kilómetro cuadrado. y que se  conoce de oídas por las desarraigadas señas de identidad  de su abundante clase popular, básicamente emigrante. Colgado del techo de Santa Coloma, su legendaria densidad se percibe como una cosa remota,  irreal y lejana.

Así que aquí estamos. Entre piedras, rodeados por el otro de un silencio difícil de comprender a tan pocos kilómetros de Barcelona. Un día nublado como el de hoy, la Sagrada Familia parece vaporizarse entre brillantes partículas de polución. Me quedo pensando en algo tan urbanita como calcular cuantos átomos de esos me estaré ahorrando en estos momentos, cuando llega el primer sobresalto. Viene hacia mí el coche de un guarda forestal que aparca en el vestíbulo del poblado, un área habilitada como zona de descanso y bienvenida, unos cien metros antes de alcanzar el grueso del poblado. Acostumbrados como estamos en Barcelona a pagar por ver maravillas, llama la atención que no haya una puerta o algo barrando el paso, ni nadie cobrando entrada en la misma. Siento que el guardabosques me busca con la mirada, tiene ganas de hablar, en concreto de comunicarme que los sábados a las nueve de la mañana se reúnen unos cuantos de sus compañeros que han ayudado a forestar este bosque con sus manos. Recomienda a los que vengan que hagan justo lo contrario de lo que voy hacer yo.  Me dice que es mejor visitar primero el museo Torre Balldovina, encargado de conservar el patrimonio monumental de Santaco, y contrastar después lo visto en las infografías con la visita in situ a los restos del burgo que nos ocupa.

A pocos metros de coronar la excursión, topamos con los ojos escrutadores del guía encargado de velar por los espíritus íberos y la conservación de la villa más antigua de la zona. Espero a que me diga algo, pero en dos segundos percibo su intención de hablar poco. Para romper el hielo de su mirada, le comento que aquí arriba tendrá tiempo de meditar y entonces me explica que siempre encuentra cosas que hacer. Como por ejemplo, arreglar un terraplén por el que ya se ha resbalado algún niño que ha venido, como mi yo de la EGB, de visita exprés con el cole. Su turno acaba a las dos de la tarde,cuando baja a comer, y que sepáis que los sábados no hay guarda y que los domingos se encargan de sus mismas funciones unos voluntarios. Doy la vuelta al poblado por el anillo que rodea la villa y con la que consigo una vista de 360 grados que me llevan del Vallés al Barcelonés (una vista parecida la tienes en el últimamente muy hypeado antiaéreo del Guinardó). En los carteles informativos desplegados por todo el recinto se nos informa, por ejemplo, que los íberos contaban con su propio sistema de escritura, que se conoce el significante, se han descifrado los signos, pero no se tiene ni idea de qué significan exactamente.

Desde el punto más alto del poblado, en realidad una tachuela de 303 metros, se divisa la cruz imaginaria que separa en los mapas la localidad de Montcada i Reixac, con su siniestra simiente de polígonos industriales; esa parte norte de Badalona que no parece Badalona con La Conrería y sus restaurantes de pasado cartujano; y el “tocho” salvaje de Santa Coloma. Y detrás de un montículo se insinúa Sant Jeroni de la Murtra, el monasterio donde Cristobal Colón informó a los Reyes Católicos de sus hallazgos en el Nuevo Mundo (la comitiva incluía dos indígenas, con lo que casi podemos asegurar que esta parte de Badalona que tampoco entonces se parecía a Badalona fue de lo primero que vieron los prematuros balseros que encallaron en Europa). Una encrucijada espacio temporal por tanto muy curiosa. Aquí arriba tenemos los restos del más viejo mundo que podamos pisar por estos lares.  Allí abajo se asoman las primeras crónicas de uno nuevo que estaba por venir.

Y Brazza descansó para siempre en Brazzaville

“Uno no está muy seguro de admirar a esos hombres, a Brazza o a Savimbi, a Stanley o a Guevara. Uno los envidia un poco, es cierto. Por haber creído que era posible forzar la Historia marchando siempre hacia delante en medio de la selva. Se siente menos respeto espontáneo ante los sedentarios. Seguramente estoy equivocado. Uno debe ser más sabio cuando se dedica a cultivar su jardín, a clasificar su biblioteca. A uno le gustaría poder detestar a todos esos promotores de convulsiones devorados por la inquietud. Ciertamente, no lo consigue”. Patrick Deville en Equatoria.

El señor de la foto recuerda a Lawrence de Arabia pero en realidad es Pierre Savorgnan de Brazza, explorador de origen italiano, asimilado francés que pasará a la historia como el fundador de Brazzaville, la capital de la República del Congo o Congo Francés (del Congo belga hablamos profusamente hace unas semanas en este post dedicado al rey Leopoldo). Hoy volvemos con la imaginación al corazón de África para adentrarnos en la selva y rememorar aquellas exploraciones financiadas por las grandes potencias europeas. Hazañas que contaban con gente de otra pasta como el propio Brazza o Henry M Stanley. Las correrías de estos exploradores y otros pioneros del continente negro son descritas en un libro que es novela y recorte de prensa a la vez, literatura y periodismo de investigación convergen en Ecuatoria, la última creación del escritor galo Patrick Deville publicada hace dos años.

La semana que viene cuenta con varias efemérides con Brazza como protagonista. Porque el 3 de octubre de 2005 se inauguró un mausoleo con los restos de Brazza y su familia que atrajo mucha polémica por honorar a un colono italiano asimilado francés. “En 2005, Jacques Chirac coloca la primera piedra del mausoleo de Brazza, que debería ser inaugurado el 14 de septiembre de 2005, en el centenario de su muerte. Estamos en septiembre de 2006. Resulta un poco tonto celebrar el aniversario 101. Así que se ha decidido que la inauguración del mausoleo tendrá lugar el 3 de octubre, para el 126 aniversario de la fundación de Brazzaville. Tampoco es que sea una fecha muy redonda”. Si, porque otro 3 de octubre, esta vez de 1880, Brazza y los representantes de Makoko de Mbé, el rey de los Téké, la población que vivía en esas tierras, firman la cesión del territorio a Francia en la localidad de Mfoa donde se levantará la nueva capital de la futura República del Congo. Brazzaville donde 126  de su fundación acogería el polvo de Brazza. Muchos años después de esa fundación llegaría la independencia en agosto de 1960, lleva 57 años de independencia, treinta de cuales los ha disfrutado “bajo la férula del régimen marxista-leninista del presidente ultraliberal Sassou Nguesso” que lleva en el poder desde el año 1979, aunque en 1992 dejó el puesto hasta 1997 después de perder unas elecciones).

La ciudad vivirá varios momentos cumbre en la historia del siglo XX. En plena ocupación nazi, De Gaulle convertirá Brazzaville en la capital de la Francia libre con un guyanés descendiente de esclavos al frente. A principios de 1944 en Brazzaville se celebrará una conferencia importante para el proceso de descolonización del antes conocido la África Ecuatorial Francesa. En Brazzaville se refugió el Che en enero del 65 en sus correrías revolucionarias por África que no acabaron del todo bien (a los poderes fácticos congoleños tampoco les salió bien la jugada de aliarse con la URSS años después de su independencia). Brazzaville es también la ciudad a la que planea escapar Bogart en Casablanca (“El guión de Brazzaville de esa continuación estaba escrito, pero nunca se filmó”).

Y claro, no faltan las alusiones a uno de las novelas clave a la hora de arrojar luz sobre el estado de las cosas en ese rincón de África, El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad: “Uno se puede convertir en Kurtz o en Schweitzer, a veces es muy poco lo que separa el horror de la santidad. Conrad lo sabe bien, lo ha visto, le pide a su narrador Marlow que no olvide que Kurtz, cuando llega a África, redacta el informe filantrópico que le ha encomendado la Sociedad Internacional para la supresión de las Costumbres Salvajes”.

“Para preservarse sin duda de la ligera absurdidad de la existencia humana, que se siente más en la ciudades – o a partir del momento en el que uno se vuelve sedentario-, sean cuales sean sus ideas o ideales, su siglo o su región del mundo, estos dos han sido hombres de largas marchas, de una búsqueda en la floresta que está en el origen de la humanidad, de la horda. Uno avanza hasta el infinito, siempre adelante, porque quizá esta vez, más allá de esa colina sobre el horizonte, se podrá por fin descubrir si todo esto tiene un sentido”.

Brazza es un colono humanista, que también los había entonces, pertenece a “la última generación de seres humanos para la cual el conjunto de la red hidrográfica del planeta todavía no está cartografiado”. Nos referimos a un tiempo en el que los Atlas del centro del continente africano, los cartografiados por occidentales, aún tenían espacios en blanco. Para rellenarlos, aquí tenemos a este hijo de aristócratas con nobles empeños que pretende llevar la civilización remontando durante tres años el inhóspito río Ogooué, que producirán los peores estragos (“Sus enormes esfuerzos abrirán el camino a los exploradores que sojuzgarán y diezmarán a los lugareños”). Es Brazza una especie de mesías del tipo que gustaba representar Buñuel en sus películas: portador de buenas intenciones que acaban en el desastre más absoluto pese a sus iniciales pretensiones. “Los ingleses creen que están descubriendo todo eso y que son los primeros en explorar el corazón de África. Pero hace siglos que fueron trazados los mapas árabes, sólo les haría falta consultarlos”. El libro nos muestra las peripecias de Stanley navegando por el Congo y a Brazza haciendo lo propio por el río Ogooué.

“Cada campo va a su negocio en el conflicto angoleño. La URSS, un poco al azar, ha elegido al primero, al campo de los mestizos, porque estos son los más numerosos en las universidades portuguesas infiltradas por los comunistas. Desde ese momento , los Estados Unidos y Sudáfrica no tienen ñas remedio que apoyar a los campesinos negros”.

“En 1859, en las colonias portuguesas, la situación está congelada. Portugal es una dictadura. Al contrario que en Francia o Inglaterra, es imposible contar con una opinión pública que está amordazada. Además, su presencia es muy antigua. Si el fronterizo Congo-Brazzaville es una colonia francesa desde hace una decena de años, entregado a las Compañías pero sin una verdadera población europea, los portugueses están instalados en Angola desde el siglo XVI. Muchos civilizados, al igual que sus padres y abuelos, nunca han puesto los pies en Lisboa.

Nos enteramos por el libro que a Stanley le llega en Madrid, en la calle de la Cruz, cuando le llega el telegrama del New York Herald que le pondrá tras la pista de Livingstone. Que Brazza prepara su última exploración “con la meticulosidad de un Phileas Fogg” y que para ello contacta con su amigo Louis Vuitton para que le diseñe “un baúl de viaje con cama incorporada y un escritorio plegable sobre el que colocar cada noche, en el campamento, una de las primeras máquinas de escribir mecánicas”. Cuando vuelve después de unos años a Brazzaville, la ciudad que lleva su nombre en pos de la civilización, tarda dos semanas en llegar en vez de los dos años que tardó en su primera incursión, pero descubre en esa ciudad de nueva creación un infierno en el que los trabajos forzados siguen a la orden del día, trabajadores que pasan a campos de concentración para dormir por la noche. Brazza se convierte pues en un problema para las empresas que han conseguido jugosas concesiones. Después de su muerte, su viuda baraja la posibilidad de un envenenamiento.

“Porque ésa es la debilidad del materialismo histórico, en comparación con las iglesias evangélicas, cuando se intenta imponerlo en el Tercer Mundo. No hay otra vida que ésta, que es insoportable, ni se espera resucitar joven y hermoso en los verdes campos del paraíso, rodeado de difuntos queridos. Entonces, hay por lo menos que vencer la degradación y detener el tiempo, salvar la apariencia el héroe antiimperialista. Se acomete la construcción de un mausoleo al sur de la capital. Los trabajos permanecerán inacabados durante años”.

Por ultimo, para hacernos una idea de la arquitectura del mausoleo de marras, que según la prensa crítica con la decisión ha costado once mil millones de francos CFA, tenemos el testigo de este blog llamado Diego en el Congo en el que se nos describe el mamotreto en los siguientes términos: “A mí personalmente me parece un horror. Es un pegote de mármol de Carrara y cúpula de cristal. Dentro están los restos del explorador, de su esposa y sus cuatro hijos. También hay paneles explicativos, fotos y un par de frescos que explican cronológicamente la relación del explorador con el territorio y las gentes del Congo. Una chica que trabaja de guía me estuvo explicando durante por lo menos una hora y media todos los pormenores de la vida de Brazza y del proceso del envío de las cenizas”.

El Barón Ashler de cuando el pistolerismo en Barcelona

Nos volvemos a meter en faena respecto a la Barcelona en el inicio del siglo pasado que ya sabéis que es un tema que hemos tocado en otros posts. Abrimos el plano a los años que van de 1917, final de la primera guerra mundial, al año 1932 que es cuando llega al poder Miguel Primo de Rivera. En ese periodo conflictivo,  prólogo de la Guerra Civil, nuestra ciudad sigue sumergida en un momento de conspiraciones empresariales para cazar a los anarquistas que en ese momento amenazan más que nunca los intereses de la patronal con un número de afiliados que hoy nos parece ciencia ficción. Justo en ese momento, en plena guerra mundial, se concentra en la ciudad diferentes espías de los países que habían entrado en liza. La burguesía de aquellos años, por su parte,  vivía tiempos de bonanza con esa primera guerra mundial dando réditos a sus negocios de exportación.

Estamos en la Barcelona que describe Eduardo Mendoza en La verdad sobre el caso Savolta en el que el barón es encarnado por un personaje medio inventado llamado Le Prince. Barcelona es el puerto clave del trapicheo internacional y de las diplomacias subterráneas de la Casablanca de Bogart. La ciudad neutral más importante de las cercanas a las capitales en conflicto. Coyuntura ideal para los adinerados de entonces que pasaban su tiempo de ocio en locales, que esperamos tratar en próximas entregas, como el music hall de Nou de la Rambla Edén Concert, Maison Doreé, American Lake de Gavà, el café cervecería Lyon D’Or  o la Rabassada (escribimos sobre este complejo de ocio hace un tiempo en este post). Los trabajadores, en cambio, sufren las consecuencias del fin de la guerra y su exagerada inflación, así como la caída del consumo que provoca que muchos se queden sin trabajo. Un trabajo que abundaba durante el primer gran conflicto internacional, aunque mal pagado, claro, la plusvalía para los de siempre.

“Al iniciarse el conflicto, alemanes y franceses iniciaron una intensa actividad en nuestro país para neutralizar el esfuerzo bélico del adversario. Para lograrlo, invirtieron grandes sumas en conocer movimientos y suministros del enemigo mediante confidentes en zonas portuarias y costeras. A la vez, quisieron crear un clima de opinión favorable gratificando a figuras influyentes, altos cargos y hasta financiando campañas electorales”. Manel Aisa Pàmpols.

En estos momentos en los que el soplo vale dinero y cuesta vidas, destaca la presencia de un personaje más sospechoso que un calvo en una peluquería china. El Barón de Köening. De nombre real Friedrich-Rudolf Stallmann, aunque vete tú a saber con este hombre porque su biografía oficial no deja del todo claro dónde nació ni en qué año (“Segons Ventura Subirats va néixer el 1867 a Hannover, però Manuel Casal Gómez situa el naixement el 1874 a Potsdam”). Una especie de Francisco Paesa de los primeros años del siglo pasado que juega a tantas bandas como beneficios le reporten. Ahora consigo chivatos para la patronal, ahora les contrato a unos matones de los de la banda del comisario Bravo Portillo (a sueldo de la patronal por unas 3000 pesetas de la época) para que se carguen a alguno de los miembros destacados del anarcosindicalismo. Sus habilidades negociadoras le consiguieron la protección policial, con lo que podía hacer y deshacer a sus anchas. Lo tenéis más abajo fumando un puro que es muy de empresario al que le sobran los billetes.

“Los sucios negocios del falso Barón, prosperaron tanto que montó una nueva oficina en el número 6 de las Ramblas de las Flores, a la vez que ampliaba la banda hasta unos 70 miembros, casi todos extraídos de los bajos fondos, timadores y delincuentes  habituales. Uno de los servicios más prósperos que prestaba el Barón de Köening era el de guardaespaldas de los empresarios, después de presentarles un falso informe, en el que se decía que los obreros de su fábrica estaban tramando un atentado contra su persona”. Manel Aisa Pàmpols.

De hecho, según este texto en el que se siguen los pasos del Barón hasta Hondarríbia, donde también la lió parda a cuenta de su dirección en un casino con el que saciar su pasión por el juego -sobre todo al bacarrá, su especialidad- y su sed de contactos con los que se podían jugar sus buenos cuartos en la ruleta, “desde 1902 estaba a sueldo del Deuxième Bureau francés y, desde 1910 en nómina también de los servicios secretos alemanes. Estaba bien protegido”. Se sabía mover perfectamente en estos ambientes en un tiempo en el que como decimos la confabulación estaba a la orden del día.  Manejaba dinero y sobre todo mucha información que aprovechaba para sus intereses.

El barón de pega preparaba emboscadas a los sindicalistas en lugares cercanos al Poble Sec y Sant Antoni, por lo general en los aledaños del Raval, que por entonces era más ratonera que ahora, como el bar Café Gran Imperio, situado en la esquina de Ronda Sant Pau con la calle Aldana, en el mismo emplazamiento donde hoy se encuentran las galerías Olimpia que también tratamos en este post en el que hablamos del ocio nocturno en Barcelona a lo largo de este mismo periodo.

El sospechoso noble se reunía en Barcelona con sus esbirros y asesinos a sueldo en una casa, ni más ni menos, que del Paseo de Gràcia, concretamente en el número 80. También recibía las visitas de representantes de empresarios, como un tal Juan Miró i Trepat, que cobraba por delatar a los activistas anarquistas de las fábricas para que el capo los tuviera controlados. Tan hábil era moviéndose entre sombras que la CNT no empezó a conocer de su existencia hasta 1920, cuando el barón lleva ya unos años en Barcelona -unos dicen que llegó en 1915 otros en 1918- conspirando y reprimiendo obreros concienciados.

Después del escándalo Dreyfus, militar judío al que se le acusó de traición al estado francés, el contraespionaje galo de la época pasó a depender de la policía -más habituada a tratar con confidentes- y no al ejército galo, mucho más rígido, con el que el Barón no hubiera llegado tan lejos en sus tratos. Se dice que el Barón llegó a la ciudad como agente doble, como no podía ser de otra manera, para los servicios de inteligencia alemanes y aliados, pero cuando se cansó de jugar a los espías, entre otras cosas porque se acabó la guerra, acabó ocupando el puesto del citado Portillo en cuanto los anarquistas se lo cargan en septiembre de 1919 en plena calle Santa Tecla. Los de la CNT descubrieron en la abril de ese año 1920 a un confidente del Barón, un tal Bernat Armengol que les explicó quien era ese tal Barón y qué pretendía a cambio de que le perdonaran la vida. Un mes mas tarde, la banda del Barón, capitaneada en esta ocasión por Soler El Mallorquín, atentan contra los cenetistas que se encontraban en un bar de la plaza del Pes de la Palla, en pleno Raval. El encargo se complica y acaba llegando a oídos de la policía con lo que se arma tal marimorena que los medios de comunicación ya no pueden ocultar por más tiempo lo que está ocurriendo con los pistoleros de la patronal. El Barón, que es extranjero y tiene un pasado complicado de rastrear, se convierte en el chivo expiatorio perfecto de los enfrentamientos en la ciudad. La noticia queda recogida en la hemeroteca digital del ABC que puedes consultar desde aquí y en la que se habla de “un tal Barón” que participó en el tiroteo. El caso llega hasta el ministro de Gobernación de por entonces, Eduardo Dato, decidiera echar del país al indeseable Barón para ver si así se calmaban algo las cosas en Barcelona.

“A finales de aquel verano de 1918 la CNT contaba con medio millón de afiliados en Catalunya y 250.000 en el resto de España, casi todos ellos en Andalucía”.

El periodo entre guerras conforma un momento histórico clave durante el siglo pasado en el que el anarquismo y el movimiento obrero han conseguido, gracias a la  huelga de la Canadiense de febrero de 1919, derechos y anhelos largamente luchados como las ocho horas de trabajo por jornada. Momentos clave de la lucha obrera que se recogen en el libro que alumbra este post, La efervescencia social de los años veinte – Barcelona 1917-1923 de Manuel Aisa, documento escrito que se repartió inicialmente durante la expo del mismo nombre que tuvo lugar en el recién estrenado Centro Cívico de Fort Pienc, el 10 de noviembre del 98.

Si te interesa el tema, aquí tienes una reciente edición del programa EN GUÀRDIA! de Catalunya Rádio dedicado a nuestro protagonista de hoy, con la participación de mi profesor de historia en mis tiempos universitarios, el catedrático Solé y Sabaté y de Román Ceano, autor del libro Las tres vidas del barón Von Koënig.

Torribera, un ecosistema que va más allá de la clínica mental

Es mediodía del miércoles 2 de agosto y cae el sol a plomo. Aún así, Maria Pilar, del servicio de atención al usuario me propone que demos una vuelta por los terrenos de Torribera partiendo de la entrada de urgencias del complejo hospitalario. Estamos con pie y medio dentro del parque de la sierra de la Marina, en la cordillera litoral catalana, lo que viene a ser uno de los pulmones verdes de la comarca barcelonesa. La cima del Puig Castellar que se ve al fondo, a unos 300 metros sobre el nivel del mar, cuenta con los restos del poblado íbero más importante de la región. “La duda histórica no resuelta es si Torribera viene de Torre íbera o de la Torre de un tal Ribera”, comenta mi guía (parece ser que más bien lo segundo, según algunas fuentes como la Universitat de Barcelona, Joan Ribera era el nombre del propietario de la masía que tiene sus orígenes en la Edad Media y que fue reconstruída en el  siglo XVIII).

Pero los vecinos de Santa Coloma siguen conociendo el espacio simplemente como la clínica mental. “El estigma del psiquiátrico todavía existe entre los colomenses y eso que desde que tenemos el campus de la alimentación recibimos muchos estudiantes y el público que se mueve por aquí ha ido cambiando”, comenta mi cicerone en el complejo mientras bajamos por entre una hilera de pinos que nos cobijan del sol. El silencio sólo se rompe con el bullicio lejano de los coches que pasan por la autopista del Maresme. Los servicios sanitarios del Centro Dr. Emili Mira i López, así se llama el hospital desde el año 2003 -en honor a un médico que se hizo cargo de los servicios psiquiátricos del ejército republicano en la guerra civil-, dependen del Parc de Salut Mar (el centro de salud mental fue traspasado al consorcio público de la Generalitat en 2010, coincidiendo desde entonces en el mismo conglomerado médico con el Hospital del Mar, el de l’Esperança, el centre Fòrum y el Pere Camps). Pero las 33 hectáreas que pisamos dan para muchos servicios, como el ya mencionado Campus de Alimentación de la Universitat de Barcelona. Me explica Maria Pilar que no es casualidad que los estudios universitarios en torno a la alimentación estén tan cerca del hospital, “somos lo que comemos y muchas veces comemos para sentirnos mejor psíquica y emocionalmente”.

“Hemos pasado de ser una clínica mental a contar con unos terrenos por donde desfilan varios servicios públicos atendidos por diferentes administraciones. Nos llevamos bien entre nosotros, lo compartimos todo, aquí tenemos la masía medieval reconstruida en el siglo XVIII que es el núcleo de todo este pequeño pueblo, cuenta ahora con la sede del campus de la Universitat de Barcelona… Luce balcón gótico y un reloj de sol en la fachada. Todo atractivo suma para que la gente se anime a subir hasta aquí y haga suyo el espacio que es el gran reto que queda por culminar en Torribera. Mira y ahí mismo tienes la iglesia que es de la archidiócesis de Barcelona, tenemos un padre y varias religiosas que vienen a dar la misa, otro de los atractivos es el puente que une la iglesia con el convento que también cuenta con dependencias de la Universidad”. Toda una biodiversidad institucional que parece combinar bien con la variedad de fauna y flora que por aquí se despliega.

Andamos pues por un espacio urbanístico concebido inicialmente como ciudad jardín planeada hace justo cien años. Los arquitectos Rafael Masó y Josep M. Pericàs presentaron un proyecto con el que ganaron en 1917 el concurso propuesto por la Mancomunitat de Catalunya para levantar un centro de acogida de enfermos mentales. María Pilar me enseña la antigua carpintería, el pozo de agua que daba de beber al núcleo que se formó alrededor de la masía Torribera que recibió los primeros enfermos en 1930, un total de 90 que venían del centro de Sant Boi, aquellos que no presentaban reacciones peligrosas. El espacio cuenta con tierras fértiles, tradicionalmente dedicadas a una vid que se intenta recuperar en la actualidad como cultivo propio. Se da el caso que el espacio se mantuvo autosuficiente en tiempos de la guerra civil, una placa en el suelo recuerda que por aquí cayeron bombas, el paso de un conflicto bélico que pilló al centro a medio construir, de hecho, no se acabaron de levantar los últimos edificios hasta 1972. Estos nuevos bloques ya desprenden otro ánimo estético, en este caso más bien funcional, racional, algo feos, que sin duda rompen con la belleza visual casi alpina del recinto, pero cuentan con un lavabo para cada habitación de dos pacientes. Es el caso del edificio Llevant, dedicado a servicios socio-sanitarios, donde se encuentran los usuarios del centro con más de 65 años de edad, algunos llevan más de medio siglo ingresados: “Algunos familiares que los fines de semana se llevan a casa a sus allegados, nos comentan que en cuanto han comido lo que no pueden comer en el centro, ya quieren volver para acá. Esta es su verdadera casa”. Otros logros que se han ido consiguiendo con el tiempo. Un par de televisores irrumpieron en la vida de los enfermos en los 60 y debido a las quejas de los que no gozaban de este lujo la dirección decidió  recoger fondos para que todos los pabellones tuvieran el suyo propio.

Tenemos que aclarar que estamos en un terreno de 33 hectáreas, sin vallas. La sensación general es de espacio abierto, con una entrada principal (se puede advertir en la foto que preside este post), y como todo el terreno también depende de la Diputación, que se puede sortear sin excesiva dificultad, a pie, en coche o bicicleta… Algunos enfermos salen del recinto a comprar tabaco a un badulaque que se encuentra en las inmediaciones, ya en el barrio de Singuerlín, para volver a entrar con toda normalidad. Otros aprovechan para pedir unas monedas a los coches que se paran en un semáforo del núcleo urbano más cercano.

“Hace falta ocupación, y hacen falta distracciones. Hay que hacer penetrar la vida, y el interés por la vida, a todos los rincones, hasta los más oscuros; hay que estimular a los enfermos a leer, a jugar, a cantar. Hay que animar siempre a los enfermos, y estimularlos. Los trabajos y las distracciones en comunidad son mucho más eficientes terapéuticamente hablando. Los ejercicios gimnásticos en comunidad son mucho mes útiles de lo que la gente se piensa”, explicaba en aquellos comienzos del centro uno de sus fundadores, el doctor Tomàs Busquet, baluarte de aquella psiquiatría catalana de principios del siglo pasado que se fijaba en el modelo de aquellos sanatorios de los Alpes suizos que todos tenemos en mente porque los hemos visto en el cine.

El complejo también cuenta con un polideportivo con piscina descubierta ideal para el verano, propiedad del ayuntamiento colomense que lo tiene alquilado a una empresa que lo explota comercialmente.

Muchos enfermos sufren de tabaquismo y deambulan hasta el bar del centro donde volverán a pedirte un cigarro por enésima vez. Tienen restringido un consumo de diez cigarros al día que van dosificando desde la mañana. A muchos se les queda corto el racionamiento. Una chica me pide fuego para la  chusta de un puro que no logra encender ante mi impaciencia típica de los que viven  fuera. Durante una de mis visitas un paciente de 50 años al que identificamos como J me pide un cigarro y aprovecha para sentarse a mi lado. Se nota que tiene ganas de hablar. Me explica, sin que yo le pregunte, que nació en Bon Pastor, que sus padres fueron Testigos de Jehová. Me cuenta que se le ha diagnosticado T.O.C. (es decir, un trastorno obsesivo-compulsivo). Siempre ha convivido con pensamientos asesinos, como cortarle el cuello a su madre con un cuchillo o a su propio hijo. Ha convivido con estos pensamientos toda su vida. Le conmutaron una pena de cárcel de ocho años por dos de estancia en Torribera. Los cargos que penden sobre él tienen que ver con amenazas de muerte a su mujer a través del móvil, cuando el consumo de cocaína, a la que es adicto, acabó por desbocar su enfermedad. Tiene una orden de alejamiento de su mujer de 1000 metros. Le duele la vida y que ahora mismo ocupe el escalón más bajo de la sociedad como acosador. “A los enfermos de esquizofrenia les pregunto de vez en cuando qué es exactamente lo que escuchan, de donde vienen las voces, de donde proviene lo suyo…”, me comenta J y se nos escapa la risa porque no  me sabe explicar de donde vienen esos pensamientos que lo martirizan desde pequeño.

Nuestro camino por el complejo nos lleva delante de la casa del que era director del centro y de toda su familia, conocida como La Torre, muy bien conservada, actualmente acoge a la UNED, la Universidad Nacional de Educación a Distancia. “Los primeros estudiantes que venían a la universidad no sabían lo que era un enfermo mental. El primer año de convivencia fue un poco duro y tuvimos algún que otro encontronazo. Ahora mismo, nosotros andamos tan tranquilos y vemos una persona que viene hacia nosotros por su camino, el mismo que recorre todos los días invariablemente, estate seguro que si nosotros no nos apartamos el otro seguro que no lo hará. Entonces claro, a veces se daban encontronazos que no pasaron a mayores, pero la convivencia se ha normalizado con el tiempo”, comenta Maria Pilar sin muchos aspavientos.

El ayuntamiento de Santa Coloma ha ubicado en estos terrenos una especie de circuito de karts que forma parte del Parc de Mobilitat Sostenible i Educació Viària y que acostumbran a utilizar algunos guardias urbanos que suben hasta aquí para impartir seguridad vial entre los más jóvenes. Del ayuntamiento también depende una oficina de concienciación medioambiental conocida como Ecometropoli que cuenta con una exposición permanente y gratuita en la que se muestran diferentes tipos de flora y fauna que conviven en la sierra en la que nos encontramos. Una tarde descubrí a una abubilla posándose en el suelo, un pájaro que sólo había visto en fotos de libros de naturales cuando la EGB. Mi guía me comenta que los jabalíes han arrasado con la cosecha de vid con la que se está experimentando de cara a este cultivo en un futuro. De todos modos parece que en este rincón del cinturón de Barcelona la convivencia es un bien casi natural, de obligado cumplimiento en un recinto con mucho espacio por delante y en el que coinciden tantas vidas dispares. Ahora sólo queda que Santa Coloma haga un poco más suyo este recinto. Espero os animéis a subir algún día, la parada de la línea 9 del metro de Singuerlín queda a menos de diez minutos. Otoño podría ser un buen momento.

Fotos: Anna Caellas.

1. Puerta principal de Torribera. 2. Panel informativo. 3. Iglesia. 4. Masia original Torribera. 5. Detalle de las escaleras hacia los pabellones. 6.Detalle arquitectónico.