El contubernio de Munich

“Lo más destacable acerca del régimen de Franco es su capacidad de pervivencia. El régimen aguanta por los terribles recuerdos de la guerra civil”. François Bondy.

Hoy se cumplen 55 años de la primera jornada de un encuentro histórico, más por su valor simbólico que por su funcionalidad a efectos prácticos (en realidad acabó en agua de borrajas y con la idea de que la monarquía era la única salida factible una vez muriera Franco). En Munich se reunía por primera vez un grupo de 118 personas para pergueñar diferentes alternativas a una dictadura que llevaba 23 años en el poder (que por entonces ya parecían una eternidad).

A primeros de junio de 1962 se reunían por primera vez exiliados y, lo que es más importante si cabe, falangistas de marcado pasado fascista que se habían quedado en España, pero que pasado el tiempo, empezaban a ver que aquello del caudillo no tenía ni pies ni cabeza. En este grupo destaca la figura de Dionisio Ridruejo que llegó a afirmar públicamente, en un arranque de limpieza de conciencia: “Si algún arrepentimiento profundo hay en mi vida es el de haber contribuido con la inocencia de la edad juvenil a destruir el proyecto pacífico y progresivo de la República española”.

“A las once de la mañana del día 6 de junio hubo una nueva reunión plenaria para aprobar el texto. La leyó Fernando Álvarez de Miranda. Al pronunciar las últimas palabras, Madariaga pregunto a los presentes si se debía votar o si la aprobaban por aclamación. Los reunidos no lo dudaron. Se levantaron de sus asientos, alzaron los brazos y empezaron a aplaudir. Empezaba la primavera de Munich. “Vaig sentir (i crec que no era l’únic) com em venien llàgrimes als ulls”, escribió Manent aquella noche en su pequeño cuaderno. Lo vivió como el auténtico final de la guerra civil”.

En cuanto la prensa afín al régimen, en cuanto se enteró de este encuentro lo bautizó con una palabra despectiva que ya quedó para siempre en la imaginería del país: el contubernio, en este caso el de Munich. El caso lo tenéis muy bien documentado en un libro publicado hace pocos meses en la editorial Tusquets: “La primavera de Munich (Esperanza y fracaso de una transición democrática” del especialista en historia de nuestro país de la segunda mitad del siglo XX, Jordi Amat.

Estamos en un momento en el que el franquismo ha ganado una pelota de set y quién sabe si de partido cuando en 1959, azuzado por el Fondo Monetario Internacional que miraba con lupa la economía de nuestro país, el Gobierno adopta un plan de estabilización que transformará el país en una sociedad capitalista. Franco llama a las puertas del Mercado Común y la resistencia tiene que reaccionar para evitar que se “oficialice” el régimen en el plano internacional.

“Contra la República habían combatido el Ejército, la Iglesia y buena parte de la alta burguesía, y la restauración de ese régimen sería problematizada por esos poderes fácticos. La monarquía, en cambio, quedaba al margen de esa dialéctica. Y ese estar al margen era lo que a Joaquín Satrústegui le permitía sostener que la reinstauración no debía ser plebiscitada. Su legitimidad no le venía de los votos de los ciudadanos (…) la legitimidad de una dinastía y la razón del respeto al rey, descansan en la historia”.

El libro empieza centrándose en la figura de Julián Gorkin, un personaje algo olvidado en nuestro país que militó en todos y cada uno de los partidos que formaban la facción roja de la península, en el PCE, el BOC, el POUM y el PSOE: “De revolucionario propagandístico “pasó a figura influyente en una parte del exilio republicano que estaba repensando su estrategia de presente y de futuro tras la naturalización internacional de la dictadura (gracias a su entrada en la Unesco, la firma del concordato con el Vaticano y los pactos de Madrid con Estados Unidos).

“Había otros republicanos históricos que no veían clara la línea de trabajo entre intelectual y política de Gorkin. Por ejemplo, Fernando Valera. Lo más probable es que el cruce de cartas que mantuvieron lo hubiese provocado también la noticia de que la CIA financiaba las revistas del Congreso, incluída la española”.

El libro disecciona en profundidad algunas de las células que trabajaron en la sombra para insuflar algo de ánimo a los antifranquistas del exterior, como el Congreso por la Libertad por la Cultura, puntal de este encuentro muniqués, que como se descubrirá con el tiempo, se trataba de una operación encubierta de la CIA, que ya movía ficha en nuestro país antes que el caudillo la palmara y que fue desenmascarada por el mismísimo New York Times (“Institución anticomunista organizada por el Imperio guasintoniano durante la Guerra Fría, fundada en Berlín en 1950, con sede en París y delegaciones en una treintena de naciones”). Las autoridades norteamericanas desacreditaban así la actividad del Congreso y con él todos los esfuerzos y esperanzas depositadas en las reuniones de Munich (“un apéndice de la CIA”), que, todo hay que decir, no se acabaron de poner de acuerdo en la línea a seguir para acabar con el franquismo (con la Monarquía como mal menor entre muchos de los asistentes que veían en la vuelta del rey la única salida posible, tal y como hemos comentado más arriba).

“En lo que estamos empeñados no es tanto en contener una izquierda totalitaria como en quebrantar la presión de un régimen autoritario y más que conservador. Esa es fundamentalmente la razón de ser de nuestra actividad. Ésa es nuestra más irrebatible justificación”. Dionisio Ridruejo.

“No fue sólo la represión del franquismo ni tampoco el escándalo provocado por las revelaciones de la financiación de la CIA.Cuando a finales de los 50 la red de los intelectuales liberales pudo ponerse en acción, en buena parte ya estaba envejecida porque su discurso no lograría capilarizar del todo entre la joven generación que a mediados de los 60 irían convirtiéndose en la nueva vanguardia del antifranquismo cultural y político. Pero sus principales dificultades para seguir siendo creativamente operativa a lo largo de la segunda mitad de la década de los sesenta fueron el asedio de la dictadura y la implosión de una institución que ya no servía a los intereses anticomunistas para la que había sido creada. Eran fósiles. Estas condiciones son las que, a mi modesto entender, explican por qué la historia que reconstruye este libro no ha sido incorporada como episodio medular de la refundación de la cultura democrática en España (…) Este libro habla de una transición democrática fracasada porque seguramente su propuesta era prematura, minoritaria y carente de capacidad para conectarse con su sociedad”.

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“Y es que Munich, en realidad, debería ser una memoria incómoda: el relato de los antecedentes, núcleo y desenlace de lo que fue aquella Primavera no encaja bien con el relato automitificador que han esculpido los reformistas franquistas que pilotaron la Transición. Para hacerlo encajar se ha debido acometer un ejercicio de silencio, impostura o mixtificación del pasado. No es un ejercicio tan perverso. Son usos del pasado. “Es natural que la falsificación de la historia esté hoy a la orden del día. Entre las ciencias inexactas, la historia es aquella que lesiona más intereses materiales y psicológicos”, escribió en 1947 Víctor Serge en México poco antes de su muerte en 2010. No es un ejercicio perverso, insisto, sino el intento de justificar una posición de parte a través de una versión de lo sucedido que se presenta como la única posible”.

“No es que la primavera de Munich cuestione el éxito de la Transición, que durante tres décadas ha sido innegable para la inmensa mayoría de los españoles hasta que la partitocracia la ha situado ante el abismo, sino su fundamento moral: su constitución no escrita pero implícita”.

“Y no vale seguir diciendo que liberal y comunista son cosas equivalentes, porque tomar esa actitud nivelatoria sí es cosa de comunistas, los cuales han hecho de la palabra “fascista” un compendio que incluye a todos sus adversarios, desde el aristócrata liberal inglés o el popular demócrata americano al partido de Trotski o Tito. Cuando vivimos en el mundo en el que vivimos, esa confusión es de mala fe”. Dionisio Ridruejo.

II Jornadas de Periodismo Musical en Barcelona

Ayer tarde asistimos a las segundas jornadas dedicadas al periodismo musical celebradas en las dependencias del colegio de periodistas de Barcelona, situado a pocos metros del City Hall, en pleno centro de Barcelona. El evento está organizado por el grupo de Cultura del Colegio y aglutina a varias periodistas femeninas, otros varones, unos jóvenes, otros muy jóvenes, así como plumillas que llevan décadas cubriendo la actualidad musical en Barcelona para medios generalistas y especializados. Una jornada en la que se plantearon más dudas que certezas, tanto entre los panelistas, como entre el público que se mostró bastante activo también a la hora de plantear preguntas. La profesión de periodista musical no vive buenos momentos y se nota en el interés por aportar puntos de vista y experiencias personales que en algunos casos denotan desesperación ante el futuro. La tarde se repartió en cuatro slots a partir de preguntas como a) dónde están las otras músicas, b) dónde están las mujeres, c) dónde están los jóvenes y una cuarta charla en la que se aprovechó para sentar las bases de lo que será en el futuro una queja formal de los propios periodistas respecto a las pésimas condiciones con las que últimamente se están encontrando los profesionales a la hora de desarrollar su trabajo.

¿DÓNDE ESTÁN LAS OTRAS MÚSICAS?

Borja Duñó: El monitor de la primera charla expuso a los periodistas el poco riesgo que asumen los editores a la hora de dar cabida a contenidos de artistas no demasiado conocidos entre el gran público. Preguntó cómo convencer al editor para que publique sobre grupos que no conoce nadie. “Cuando te dedicas al mainstream por lo general hablas de cosas que la gente ya sabe”, comentó en torno a los medios generalistas.

Tania Safura (Radio Africa Magazine): Tania empezó cuestionando el punto de partida de la primera charla, ya que plantear un espacio geográfico como “Músicas africanas”, con todas las variables que este concepto conlleva, es injusto y demasiado amplio para definir nada en concreto. “Englobar a todo un continente en esta mesa es erróneo. El pop y la clásica es lo que se supone que hay que comunicar a los otros. Se trata de la cultura dominante. Pero hay que tener en cuenta que otros espacios que no prodigas pasan otras cosas que muy probablemente no conoces Pero los medios siguen como antes. Por lo demás, la denominación world music me parece hasta racista. Hay que hacer un click para romper estas barreras. La sociedad es más diversa de lo que nos pensamos”.

Nando Cruz (El Periódico y El Confidencial): “Cuando a lo largo de los años te das cuenta que estás cubriendo periódicamente, como mucho, lo que ocurre en seis lugares diferentes de la ciudad, llega un momento en que te preguntas por qué cubres lo mismo que cubren otros periodistas y sobre todo te preguntas qué estará pasando en esos lugares donde no hemos ido nunca a trabajar. Mi moto ya iba sola al Apolo. Igual me dirigía a otro sitio, pero por inercia acababa en el Apolo cuando en realidad quería ir a otro sitio. En estos lugares que prodigas te encuentras con el mismo público. Te replanteas si tienes que ir a otros lugares. En cuanto cambias de geografía te das cuenta que esos nuevos espacios que visitas por primera vez tienen resueltas muchas cosas que se plantean en la escena que acostumbrabas”. En cuanto a si el periodista debe plantear a su editor poder hablar de grupos minoritarios responde: “El grupo que no conoce nadie es un animal mitológico. Tenemos que asumir como periodistas que tenemos unos favoritismos por cuestiones de raza y clase. El click en tu cabeza llega cuando asumes que te gusta lo que nos gusta en lo personal, pero esas preferencias no deben convertirse en tu línea de búsqueda desde el punto de vista profesional. Yo puedo ir un fin de semana a un concierto de música del punjab y no volver a escuchar este estilo nunca más, pero me obligo a ir a este tipo de eventos porque sé que voy a conocer algo nuevo y me va a dar una nueva perspectiva”.

Silvia Cruz (crítica de flamenco en Rockdelux, Deflamenco y El Español): “No le propongo los mismos temas al Rockdelux que al El Español. Todo el mundo sabe quién es Joaquín Cortés, son los artistas conocidos, a veces por cuestiones no musicales, los que tienen cabida en los medios generalistas. Siempre me piden anécdotas, es un mundo peculiar el del flamenco, eso lo sé, pero es que además tienes que vender que los flamencos son unos “personajazos”. En muchas ocasiones algunos editores me han respondido que tal artista es un cateto, como si en el mundo del flamenco este tipo de adjetivos estuvieran justificados. Percibimos en el ambiente ese prejuicio que dice que en el flamenco todos los artistas son un poco como Manuel Agujetas”. “No conozco a nadie que informe de flamenco que no sea freelance. Las pésimas condiciones de trabajo también afectan a tu criterio, porque tu como periodista freelance no puedes apretar para que te publiquen este o aquel tema, si no tienes peso en la redacción tampoco tienes voz a la hora de decantar los temas. Y encima, como somos minoritarios, el tratamiento de los generalistas es benévolo y no destapa aquello que puede interesar al público, se nos trata con condescendencia. ‘Para una vez que hablamos de flamenco, no nos pongamos quisquillosos, ni demasiado críticos’, parecen pensar según qué editores”.

Xavier Cester (Diari ARA): “Eso de plantear dónde están las otras músicas en mi caso es diferente al resto, porque para mí los otros siempre han sido los sonidos mayoritarios, como el rock, el pop o la electrónica. Para mí el Palau y el Liceo son mis escenarios habituales y os sorprenderíais de la variedad de público que asiste a estos conciertos”. “Las ventanas por donde se abren vías a otras músicas o sensibilidades están cada vez más controladas y poco a poco se van cerrando, con lo que las propuestas interesantes quedan fuera. Los grandes montajes del Liceo pueden llegar a mover en total en torno a las 20.000 o 30.000 personas y esos son los temas que sí tiene cabida en los medios generalistas, pero como en cualquier otra escena”.

Jordi Martí (especialista en folk, jazz, música mediterránea en Sons y 440): “El jazz tiene una realidad parecida a la de la música clásica. El folk de aquí tiene los mismos problemas que la música africana. Creo que hay que apelar a la autorresponsabilidad del periodista. Te costará de justificar si vas a cubrir otros sitios. La información se está substituyendo por la promoción. Con lo que cada vez hay menos margen para decidir los temas”. “El Niño de Elche tiene un discurso anticapitalista de origen, pero ahora integrado en la lógica de festivales y es como si oyeras llover. Los medios se quedan en un nivel superficial. En cambio, es interesante comprobar la reacción del público cuando cubres algo en el que no hay más periodistas, es decir, a priori no es un evento muy noticiable, pero acabas recibiendo más feedback que de un concierto al que hay que ir si o si porque el editor casi que te obliga”. En la mesa se resalta el hecho que El Niño de Elche haya salido citado tantas veces como ejemplo reciente de propuesta minoritaria que acaba destacando en el mainstream.

¿DÓNDE ESTÁN LAS MUJERES?

Olga Ábalos:
Contó un caso reciente en el que tuvo que cubrir un concierto de John Legend. “La mayoría de las canciones de John Legend tratan de lo mismo, le pide perdón a una mujer por haberle engañado. O sea que tienes a dos mil personas perdonando la infidelidad del John Legend. Me dio un poco de grima. Fui la única de los periodistas de la zona VIP que se fijó en este detalle. Me lo miré diferente al resto. Creo que es una anécdota significativa del “otro” punto de vista que podemos ofrecer las mujeres ante posturas que parecen naturales”. “La presencia de la mujer en mi infancia se reducía a Beatriz Pécker, presentadora del programa Rockopop en los años 80 en TVE”.

Montse Virgili (Catalunya Ràdio): “Muchas veces cuesta que te crean. Pareces la eterna becaria. El periodismo es un reflejo de la sociedad. Seguimos explicando la música como si fuéramos hombres. Noto que la temperatura de esta mesa es la propia de gente que está cabreada, y es así, estamos cabreadas. Tenemos madres superioras en todas las esquinas, que fiscalizan a cada rato lo que hacemos y decimos”.

Helena Morén (Enderrock):
“Pues yo me siento como un compañero más de redacción. Hace doce años si era la única chica en la revista. Era veinte años más joven. Ahora somos casi todo chicas porque nos adaptamos mejor a la precariedad. Cada una tiene que crearse el espacio al que aspira, depende de tí”.

Anabel Vélez (Ruta 66): De todas las ponentes ella es la que está más enfocada al rock, Vélez reconoce que el machismo del rock “es apabullante”. Recuerda que sus amigas de sus primeros años de juventud no le querían acompañar a los conciertos a los que ella quería ir, probablemente por miedo a un entorno demasiado varonil. “La gente se extrañaba cuando me veía en conciertos de Antrax o Pantera”. Acaba con una reflexión: “¿Por qué no puedo decir que Chris Cornell es atractivo cuando ellos si remarcan la belleza en las mujeres que salen al escenario?”.

Quique Ramos (Noisey, Gentnormal, 13millonesdenaves): Al único varón de esta mesa le preguntan si le parece extraño que se monten este tipo de mesas. Y él contesta que lo que le sorprende es que no se hagan estas preguntas en todas las mesas de esta tarde. “En la última mesa de esta jornada, que es precisamente la de las reivindicaciones de la profesión, por ejemplo, no hay mujeres”. En cuanto a resaltar valores más allá de la música en artistas femeninas, reconoce que él también ha caído en estos clichés: “A mi ningún editor me ha dicho que no puedo decir que la cantante es muy guapa, paré de hacerlo cuando una amiga me dijo que parecía gilipollas”.

¿DÓNDE ESTÁN LOS JÓVENES?

Joan S Luna: El moderador de esta mesa nos habla de la relación personal del periodista con los grupos y cómo ésta coarta al periodista a la hora de rajar del grupo. “Pero por lo general la prensa musical se puede permitir más licencias. En otros sectores del periodismo no puedes escribir con poco rigor”, comenta el fundador de MondoSonoro que empezará preguntando a los rookies por cómo es que se han interesado por este tipo de periodismo.

Yeray S. Iborra (Catalunya Plural, Eldiario.es):
“La mirada lo condiciona todo. Cuando tienes 20 años tienes cosas que decir diferentes al resto. Son diferentes los mundos del periodismo atendiendo a si es generalista o especializado. Realmente vivir del periodismo musical no puede quedarse en el entusiasmo. El que se dedica al periodismo no tiene que pagar hipoteca o no tiene hijos, de otro modo no se podría permitir este tipo de vida. Esto provoca que sólo haya gente acomodada en los medios. No puede ser que la actividad de periodismo sea un privilegio. El periodismo musical es un género sin más, es igual que hacer periodismo social. Los jóvenes no estamos inventando nada. La primera persona que habló de trap tiene 40 años. Es tan ridículo generar brecha entre generaciones…”.

Pau Cristòful (TIU Mag, El 9 Nou): A la pregunta con la que abre el moderador esta mesa, por qué cada uno de los presentes se dedica al periodismo musical, Cristòful reconoce que no ha sido una opción para él, que ha llegado a este mundo de manera natural y gracias a su interés por la música: “Si no fuera por mi pasión respecto a la música no estaría aquí”. “En TIU tenemos una posición aventajada, tengo suerte de tener esta libertad, por nuestra estructura no estamos condicionados en los contenidos”. “Tengo que ser muy experto en un tipo de sonido para criticar negativamente a un artista. Para qué criticar algo si puedo descubrir otra cosa que me entusiasme. Con un medio generalista te ves forzado a hablar mal de un artista”. “No depende de nadie de los que están en esta sala cambiar la situación en la que nos encontramos, depende de fuerzas más poderosas que nosotros no controlamos”.

Aïda Camprubí (Rockdelux):
“He llegado a escribir donde quería. He perseguido a los editores de Rockdelux para que me dejaran escribir en su revista. Yo por lo menos, cuando voy a un concierto a hacer una crónica no sé, ni me importa, si hay una marca detrás de la que no se puede hablar mal”. “Los periodistas jóvenes debemos cambiar las narrativas. Reflexionar sobre lo que está pasando y cómo se contextualiza ese concierto en el plano social, en vez de cosas triviales cómo destacar la vestimenta de los artistas. Hay que estructurar de otra manera los artículos, de una manera nueva, por ahí va el cambio que pueden proponer los jóvenes. Me inquieta ser cómoda, no forzarme a meterme en algo que no me gusta y llegar a entenderlo”.

Blanca Martínez (Tentaciones): “En mi caso empecé a escribir porque no me gustaba nada de lo que consultaba en los medios establecidos. De tanto estar cabreada te haces un hueco y tocas otras perspectivas. En Tentaciones ahora quieren hablar de todo, están regalados y yo que me alegro porque me lo compran todo. Me he encontrado más con el tapón de género, que a la hora de proponer cosas minoritarias. Escribo desde un punto de vista social que creo que puede aportar una nueva visión y tratamiento de las cosas”. “Las webs que hablan con más profundidad de la música, como la web de Red Bull, Vice o TIU, en realidad tienen detrás a agencias de publicidad. La prensa musical solo es una fachada de su negocio”. “Detesto la crítica de discos. No he comprado un disco en mi vida. Me descargaba de media unos 300 tracks nuevos a la semana. El otro día robé un Mondo Sonoro a mi vecino y me di cuenta que lleva cinco páginas de críticas de discos, y yo me pregunto escandalizada, ¿para qué?”.

REIVINDICACIONES: OBSTÁCULOS EN LA PROFESIÓN

Joan Pons: Nos explicará que esta última mesa servirá para formalizar y fijar dudas existentes en torno a prácticas que últimamente dificultan el trabajo de los periodistas musicales, por ejemplo, dilucidar si es legal o no legal que se eche de una sala de prensa a un periodista que está cubriendo un concierto. Se aprovechará el acto para recoger quejas y existe la posibilidad de redactar un manifiesto en el que se expongan las pésimas condiciones en las que trabaja la prensa musical. El colegio de periodistas se encargará de convertir estas quejas en visibilidad de cara a la opinión pública. Se reconoce que a parte de la protesta que quedará registrada, poco puede hacerse porque las promotoras alquilan espacios para sus conciertos que por lo general son privados. Se expone el caso de la sala de prensa del Sant Jordi que en algunos casos se alquila para compromisos que no tiene que ver con el periodismo.

Luis Hidalgo (de El País): “La industria necesita menos de la música”. Para ilustrarlo explica el caso de Björk que en su último concierto en Barcelona se quedó las fotos del fotógrafo que tenía que nutrir a los medios con el fin de mostrarlas en sus propias redes sociales y al final los medios fueron los últimos en recibir la foto de marras con el cierre echándoseles encima. También habla de las dificultades e incomodidades que ha comportado el atentado de la sala Bataclan. “También me han intentado sacar un par de veces de mi butaca de la zona de prensa, no lo han conseguido pero algún día lo conseguirán. ¿Quién gestiona la sala de prensa y qué amparo legal tenemos en este tipo de prácticas?”. También fue muy comentado el concierto de Bruno Mars a su paso por Barcelona y en la que no quiso que la prensa estuviera presente. “¿Qué tipo de artista se está construyendo? Está surgiendo un nuevo tipo de artista que no quiere que su info pase por otro filtro que no sea el suyo. ¿Tan débil es su discurso o su carisma que no se fían del periodista? ¿Cómo se lo montó David Bowie sin redes sociales propias para crear ese mensaje tan complicado pero que se ha mantenido tan nítido en el tiempo?”. “Los periodistas musicales no tenemos la fuerza suficiente en la redacción como para reunirnos con nuestros jefes y editores y negarnos a seguir con injusticias como pagar por una acreditación en el Primavera Sound”.

Jordi Bianciotto (El Periódico): El periodista de El Periódico recuerda las dificultades por las que pasó en el Camp Nou para cubrir a Bruce Springsteen hasta que se llevaron a los periodistas a la zona más alta del estadio, donde se ubican los comentaristas deportivos. “Como ha denunciado Hidalgo, hay promotores que venden la zona de prensa a compradores que vienen a ver el concierto y que a partir de un precio desorbitante pueden saludar al cantante de turno”. “La foto del concierto llega de parte de la promotora que manda la que más le interesa, ya sea porque el artista sale más agraciado o porque aparece la marca que les interesa”. “Está irrumpiendo un nuevo tipo de promotor tosco que exige que haya previa para que te acrediten. ¿Dónde queda la libertad de expresión? ¿Y el derecho a la de información?, queda todo como muy difuso. Me han dicho que hable del Primavera Sound pero de momento me abstendré”. El concierto de Tom Waits también es recordado varias veces porque obligó hace unos años a pagar a la prensa y fue un escándalo entre el sector que tuvo que pagar la entrada, bastante cara por cierto, para poder cubrir el evento. “Lo que está claro es que la descripción pura y dura del concierto ya no tiene sentido. Quiero pensar que la crónica bien escrita con una descripción bien pulida, con voluntad de definir lo que has visto y contextualizarlo sigue teniendo sentido. Ahora tenemos que sacar conclusiones analíticas mientras estás escuchando el concierto, por la premura con la que ahora se sirve la información, algo que me parece una barbaridad”.

Blai Marsé (Catalunya Ràdio): “Vosotros os quejáis de lo vuestro y con razón, pero la radio se ha quedado como el hermano pequeño o tontete de la prensa musical. La radio es la inmediatez y no puedes elegir la hora en la que vas a entrar y si en ese momento el artista va a tocar un tema súper exclusivo que no puede grabarse. Desde hace años que los grandes artistas no nos dejan grabar. Siempre pedimos poder hacer entrevistas, pero por defecto siempre nos dicen que no. Si va la tele, en mi caso TV3, aún lo tengo medio bien porque nos hacen el favor y nos pasan unos cortes con los que salvamos la pieza, aunque es un método incómodo porque tienes que quedar con ellos a la salida del concierto”. “La radio se utiliza básicamente para pinchar singles, pero en la cobertura de conciertos se nos sigue maltratando. Y yo me pregunto sobre el pésimo sonido de la grabación de esa gente que sube un trozo de concierto a Youtube a través del móvil, ¿esa aberración le interesa a ese mismo promotor que no me deja grabar un cacho o ni siquiera entrar en directo mientras está haciendo una prueba de sonido, aunque yo me quede fuera en la terraza? Por todo esto y más, creo que el jefe de prensa de la promotora se ha convertido en el nuevo periodista musical”.

Mil años de historia de los gitanos

“Cuando una bohemia se casaba , se limitaba por toda ceremonia a romper una olla de barro delante del hombre cuya compañera quería ser, y vivía con él tantos años como fragmentos de vasija había. Al cabo de este tiempo, los esposos eran libres de separarse o de romper juntos una nueva olla de barro”. Collin de Plancy en su Dictionnaire infernal (1826).

Edito: Justo en el momento de subir el post he visto en el tuiter de CTXT que han publicado un reportaje sobre la localidad macedonia de Suto Orizari que según el artículo erige como primera entidad administrativa de mayoría gitana de Europa. Lo puedes leer desde aquí.

Me encontré en mi último viaje a Madrid con este libro que me llamó la atención desde su estantería y que Anna Caellas me compró unos días después por internet y que paso a comentaros profusamente en esta nueva entrada del blog. Nos referimos a Mil años de la historia de los gitanos, publicado a finales de los 70 por el documentalista François Jourda de Vaux de Foletier. El libro repasa, a partir de varios artículos deciados a sus hábitos y cultura en general, particularidades de este pueblo ambulante que ha sido denominado con varios apelativos, como bohemios, cíngaros o egipcios. Como los gitanos no han dejado nada escrito sobre su cultura, sus orígenes han sido un enigma durante mucho tiempo, aunque abundaban desde el fin de la Edad Media y el Renacimiento, hipótesis y leyendas que han tratado de dar respuestas a este misterio. La diversidad de nombres atribuidos a este pueblo andante, además de testimoniar la diversidad de conjeturas en torno a sus orígenes, también han dificultado mucho el estudio de los mismos. A los gitanos, por ejemplo, se les ha atribuido el mito de encarnar a los egipcios trashumantes. Algunas hipótesis incluso hablan de la Atlántida como su patria original.

La palabra gitano, según el libro que os recomendamos hoy, aparece como la ideal para referirnos a ellos porque no se presta a confusión y abarca a todos los apelativos recibidos por esta comunidad que empezó a aparecer por Occidente a partir del siglo XV (el libro repasa la historia de este pueblo hasta principios del XIX). Los motivos de sus continuos movimientos por la geografía tenían que ver con sus legendarias ansias de libertad, con escapar de la servidumbre. También tuvo que ver el empuje de los turcos que llegaron a las puertas de Constantinopla, y de las actuales Serbia y Bulgaria. Muchos de los cíngaros decidieron quedarse en la zona balcánica donde permanecen hoy en día. Los gitanos abrazaron el cristianismo, algunos los criticaron por oportunistas, al pisar los dominios del imperio bizantino.

“Semejanzas notadas por viajeros o estudiosos entre ciertas lenguas de la India y las hablas cíngaras orientan a los curiosos que de interesan en los supuestos egipcios. A fines del siglo XVIII, el misterio es aclarado. La tesis del origen indio es expuesta casi al mismo tiempo por un alemán, Rüdiger, y un inglés, Bryant”.

Todos los estudiosos admiten hoy el origen indio de los cíngaros, pero la cosa se complica respecto a la zona concreta de la que provienen. Los teóricos no lo tiene tan claro a la hora de considerarlo un grupo homogéneo, “sino como un pueblo muy antiguo de viajeros compuesto de elementos diversos, de los cuales algunos podrían proceder del sudeste de la India”. Un historiador árabe llamado Hamza de Ispahán compuso hacia el año 950 una historia de los reyes de Persia que da por principal acontecimiento del reinado de Bahram Gur la llegada por orden suya de doce mil zott (término árabe para denominar a los gitanos que emigraron desde la India). La razón de esta decisión no era otra que aumentar la población de sus dominios con músicos con los que animar a su Reino. Se da el caso que la aristocracia acogerá mejor a los cíngaros, incluso algunos capitanes de estas comunidades son recibidos en castillos como personas de prestigio: “Como los trovadores de la Edad Media, los cíngaros , con sus danzas, sus melodías y sus juegos malabares consiguen romper la monotonía de la vida de castillo”. A las caravanas de los gitanos se podían unir personas de otras razas, por lo general, “aventureros de toda especie, proscritos, personas con antecedentes penales, desertores de ejércitos regulares…”. También se unen a estas caravanas vagabundos ocasionales, solitarios a quienes la miseria empuja a mendigar en los caminos o a buscar trabajo lejos de sus casas. También hay casos de jóvenes que escapan de sus familias para vivir aventuras al lado de los gitanos, e incluso con la esperanza de vivir alguna “aventura galante”.

En Alemania y Suiza los cronistas describen a este pueblo como errantes vestidos de manera miserable, “pero que poseían oro y plata y comían y bebían bien”. En 1419, los primeros grupos cíngaros son señalados en el territorio que hoy ocupa Francia. En 1420 y 1422 llegan hasta los Países Bajos, Bélgica y al norte de Francia. Muchos de esos grupos viajaban con salvoconductos reales para poder pasar de un territorio a otro. Los príncipes, duques y condes cíngaros impresionaban a su paso con el oro y la pedrería. Les llegó a recibir el Papa en 1422, aunque no se conocen datos exactos, ni se tuvo constancia del original, mostraran a su paso por Europa testimonios escritos de la protección del Santo Padre que usarán durante más de un siglo (esas cartas papales acabaron por resultar sospechosas a autoridades como Francisco I que en un edicto de 1539, reprocha a los bohemios “el pretexto de una religión simulada o de cierta penitencia que dicen hacer por el mundo”). “Quizás habrían seguido más tiempo aún con esta protección, si los progresos de la Reforma y las guerras de Religión no hubieran vuelto inoportuna, en muchas comarcas, el uso de cartas pontificias”.

En general, en su periplo por Europa, los gitanos tuvieron más problemas con los campesinos que con los Reyes. Los primeros los denunciaban por entrar en sus establos y corrales, con los segundos adoptaban una estrategia de mansedumbre para conseguir favores reales. No sabían nada estos gitanos. En los pueblos eran ellas las que leían las manos, un hábito para ganarse la vida que provocó contínuos enfrentamientos entre cónyuges ya que siempre había cuernos de por medio en las observaciones de las bohemias.

“El 11 de junio de 1447, un conde, un duque y multitud de egipcios entraron en Barcelona. El 21 de abril de 1460, el conde Martín de Pequeño Egipto se presentó como peregrino, con una fuerte compañía, en Castellón de la Plana”.

En cambio en Inglaterra y Escocia el desembarco de los egipcios pasó desapercibido y sin testimonios de por medio. Nadie vio los barcos, ni cuando desembarcaron. Pero en el siglo XVI ya deambulan por aquella isla, y a su antojo. Se camuflaron con aquellos tinkers que también eran nómadas y se dedicaban a lo mismo que los egipcios, la mendicidad, el hierro, la calderería… Según testimonios, los cíngaros de origen polaco llegaron a la capital de Siberia en 1721. Desde los últimos años de ese siglo XVI son numerosos los ejemplos de cíngaros deportados a las colonias portuguesas como Angola, Santo Tomé y Cabo Verde. “En 1629, el escritor Miguel Leitão de Andrada preconizaba el embarque de cíngaros para Angola y para Brasil”. España también se fijó en los gitanos para enviarlos a Sudamérica, las deportaciones a África fueron frecuentes bajo el reinado de Fernando VI: “En 1775, gitanos que se obstinaban en seguir siendo nómadas fueron obligados al servicio militar en América”. Si en países de Europa oriental había cíngaros esclavos, en América existían también cíngaros esclavistas. En Brasil había cíngaros que se dedicaban al comercio de esclavos. En 1760, el rey de Portugal les prohibió esta profesión pero los gitanos no la abandonaron ya que les aseguraba fortunas considerables. Carlos III, en cambio,intentó integrar en la sociedad española a los gitanos, que hasta entonces, habían sido perseguidos cuando no marginados. Eso sí, se les escamotea la raza para denominarlos “un hatajo de forajidos”, pese al controvertido concepto que se les asigna, el rey pide que no se les distinga de los españoles, ni por sus maneras, ni por su lengua, ni por su forma de vestir: “en tres meses deben haber aceptado un empleo fijo, de lo contrario serán marcados con hierro”. Algo es algo. Peor lo tenían en lo que hoy consideramos Rumanía donde, como ya se ha comentado, eran tratados como esclavos.

“En campaña los cíngaros se batían bien. Pero las pesadas obligaciones de la vida de guarnición se les hacían difícil de soportar. Algunos obtenían de sus capitanes permisos regulares para ir a ver a sus familias. Cierto número de ellos desaparecían sin permiso. Varias bohemias detenidas al mismo tiempo por la gendarmería de Champaña, reconocían haber aconsejado desertar a sus hijos”

Las bohemias, además de controvertidas echadoras de cartas, contaban con la buena reputación de saber curar las heridas. “Sin duda, ciertos ritos mágicos, a veces añadidos a ritos cristianos, fórmulas raras e incomprensibles, no servían más que para asombrar a los pacientes o a sus allegados, en tanto que un conocimiento de las virtudes terapéuticas de las plantas podía conseguir verdaderas curaciones”. El uso de plantas medicinales es mencionado con frecuencia (pero raramente estas plantas son nombradas). “Es probable que numerosos bohemios recogieran y guardasen para sí mismos estas plantas para uso de la familia, sin pretender sacarles provecho en público”. Los gitanos utilizan sus trucos medicinales para vender burros viejos haciéndolos pasar por más jóvenes o para envenenar a animales de corrales ajenos para luego ayudarlos a sanar y ganarse unas perras. En general el pueblo gitano conoce a los animales y muchos de ellos se convierten en expertos jinetes para la guerra o para comerciar con ellos en tiempos de paz.

Desde su llegada a Occidente y hasta los primeros años del siglo XVI, los cíngaros siempre en movimiento, parecen no tener otros oficios que los de chalán (tratante de caballos, como no tienen sitio fijo para vivir no los crían, pero si los revenden, en cuanto a los animales de corral preferían transportar consigo a sus gallinas que criar cerdos), curandero o echadora de cartas, trabajos compatibles con la trashumancia, apenas se interesan por el comercio sedentario, tampoco la de posadero parece afín con sus costumbres, aunque en la localidad malagueña de Ronda existen posadas regentadas por cíngaros. En Serbia, el príncipe Miloch parece que les propuso cultivar la tierra, sin coacción, y la experiencia resultó positiva. Tampoco los servicios en alta mar les eran de mucho agrado, excepto los gitanos de la costa vasca, como en San Juan de Luz, donde si sacaban recursos del mar, como pesca de altura, bacalao, incluso ballenas. “Algunas bohemias conducían las barcas que efectuaban el cruce del Nive o del Bidasoa. Recogían el fuco, que servía de abono. Pescaban cangrejos o bogavantes. Por último, vendían pescado. Al retorno de las barcas de pesca, en cuanto las veían llegar a un centenar de toesas de la playa, se quitaban rápidamente la ropa y se tiraban al agua completamente desnudas; la primera que conseguía agarrarse a una barca concluía la venta con el patrón. Tan pronto desembarcaban el pescado, todas las mujeres presentes se lo repartían (la que había llegado primero tenía la mayor parte) y corrían a llevarlo al mercado de Bayona. Quizás en recuerdo de aquellas bellas pescadoras, un navío corsario armado en Bayona en 1757 fue bautizado La Bohémienne”.

“De cómo los pordioseros de cada nación se hacen distinguir por la manera con la cual piden limosna, que los alemanes mendigan por grupos y cantando, los franceses rogando, los flamencos haciendo reverencias, los bohemios diciendo la buenaventura, los portugueses llorando, los italianos perorando, los ingleses injuriando y los españoles gruñendo con talante orgulloso”. Extraído de las “Leyes de la pordiosería” de La Sage en su Histoire de Guzmán d´Alfarache.

En todas sus etapas consiguieron ganarse la vida con otros oficios, pero poco a poco las autoridades se cansaron de ellos. Se hacía difícil que comunidades sedentarias convivieran, aunque fuera unos meses, con otras poblaciones de naturaleza nómada. Si no se atrevían a rechazarlos, se les recomendaba ir a otras poblaciones vecinas. En el siglo XV, ciudades de los Países Bajos animaban a comunidades cíngaras a pasar de largo a cambio de una cantidad de dinero, otras autoridades conminaban a los gitanos a que no pasaran por sus dominios en el plazo de al menos un año. A principios del siglo XVIII, tres siglos después de su llegada a Europa occidental, la curiosidad de la que se beneficiaban los cíngaros se ha debilitado. La literatura ya no se interesará demasiado por las tribus vagabundas. Los autores serios los ignoran o los desprecian”. Introducido en la literatura por la picaresca española (bien conocido es el caso de Cervantes que escribe su novela corta La Gitanilla en 1613 que pondrá a los gitanos en el foco de la literatura occidental), el tema bohemio parece estar, a finales del siglo XVIII debilitado y agotado para siempre. El romanticismo alemán lo rejuvenece y le da nuevo prestigio.

Pasatiempos, aficiones y adicciones en la Barcelona de 1900

Como novedad de este pasado mes de marzo encuentro en la xarxa de biblioteques de Barcelona este ensayo tituladp Pensar i interpretar l’oci. Passatemps, entreteniments, aficions i addiccions a la Barcelona del 1900  con el que volvemos a la Barcelona de hace un siglo. El libro comienza con una interesante reflexión macrofilosófica en la que se distinguen las tres funciones clásicas que han definido el ocio en nuestra historia t que corresponden a las tres D  de “descanso, diversión y desarrollo (personal)”, detectadas por el sociólogo francés Joffre Dumazedier y que sustentan el marco filosófico en el que se fija el ensayo que tenemos entre manos y que está coordinado por la profesora de historia de la UB,  Teresa-M. Sala. El libro nos explica que si antes ocio era la negación del trabajo, hoy tendemos a identificar descanso con consumo y diversión. En cambio, se tiende a oponer descanso y diversión a lo que entendemos por desarrollo personal. “Ya que vivimos en una sociedad que adula al individuo y fomenta la idea que todo el mundo nace bastante ‘desarrollado personalmente’ como para opinar sobre todo y valorarlo todo”. Esto me suena, lo vivimos cada día en las redes sociales.

La nueva Barcelona con la apertura de la ciudad a nuevos territorios gracias a la construcción del Eixample, que a finales del siglo XIX empieza a recibir a las clases pudientes que, poco a poco, abandonan la muy insalubre Ciutat Vella (que se mantiene como centro industrial de la ciudad, fuente de conflictos durante la primera mitad del XX). Asistimos al nacimiento de numerosas salas de cine, del frontón Principal Palace, del hipódromo de Can Tunis, del casino de l’Arrabassada -del que ya hablamos en este post-. El Paralelo vivirá sus años de esplendor en estos primeros años del siglo pasado, sobre todo gracias a la apertura de El Molino en 1911.

El libro está estructurado en una serie de capítulos en los que se tratan diferentes aspectos del ocio en la Barcelona de hace poco más de cien años. Como es el caso de los juguetes dirigidos a los niños, con los que se empiezan a hacer una idea de la Barcelona que está por venir (una Barcelona a imagen y semejanza de las potencias europeas de fin de siglo XIX). “La reformulación de las esferas de ocio, acompañada de un sentimiento inaudito de sobrevaloración de la infancia, determinó el desarrollo de una industria internacional de fabricación de juguetes. Tanto es así, que al final del siglo XIX, los juguetes se convirtieron en un símbolo de las nuevas formas de divertirse y de expresars sentimientos”. En este aspecto, destaca la casa Roca Farriols, instalada en la calle Sepúlveda en 1879, y que fue galardonada con una medalla de oro en París, por entonces, Francia era la auténtica potencia juguetera de toda Europa (y en la que se fijan los jugueteros de esta ciudad, estableciendo un nuevo punto de unión comercial y espiritual entre la capital catalana y la francesa). En el año 1900 se solicitaron en Barcelona unas 30 patentes relativas al ámbito del juguete y la ciudad por entonces tenía 112 comercios destinados a comercializar con este tipo de producto, así como 39 fábricas especializadas (más de 50 poco antes de la Primera Guerra Mundial).

El juguete, además de ser motor clave en el comercio de la ciudad, se convierte también en un reflejo de la Barcelona del futuro para los niños de la época. Muchos juguetes dibujaban el progreso, representaban por ejemplo esos tranvías eléctricos que en ese momento empezaban a circular por la ciudad. Los juguetes son la representación a pequeña escala del orgullo que representaba la transformación de la ciudad de principios del siglo pasado. Además, los juguetes importados de centros neurálgicos como Baviera también proyectaban esa imagen que Barcelona se proponía conseguir en pocos años. No hay que olvidar que a finales del siglo XIX, vivimos años en los que el consumismo se dispara y que vivirá un auténtico paroxismo en la tradicional fiesta de los Reyes Magos con establecimientos abiertos hasta la medianoche del 5 de enero.

Los cromos son otro de los puntos destacados en los hábitos del ocio de la Barcelona de hace cien años. Las empresas chocolateras empiezan a repartir cromos como estrategia para fidelizar a sus consumidores. La empresa Juncosa fue la que más colecciones generó, seguida de sus competidoras l’Amatller, Boix y Pi. La mayor colección de cromos de Catalunya es propiedad de Juan Ral que en cincuenta años recopiló unas 1900 colecciones correspondientes a más de 400 firmas comerciales diferentes. Entre los temas que ilustran estos cromos se encuentran, por ejemplo, la guerra entre Rusia y Japón de la que se encargó el polifacético artista Apel·les Mestres y que se empezó a distribuir en marzo de 1904. Varias casas chocolateras copiaron la temática al poco. En la página 2 de La Vanguardia del 8 de mayo de ese 1904 se puede leer: “Hay una verdadera locura entre la gente menuda en poder adquirir la colección de cromos de la guerra ruso japonesa que reparte la casa Evaristo Juncosa dentro de sus paquetes de chocolate. La verdad es que resulta muy interesante y que hay mucho interés en adquirirla, porque explica claramente los principales hechos de armas entre los dos beligerantes”.

También encontraremos un capítulo dedicado a las formas de vestir en tiempos de ocio, y de cómo las clases pudientes de 1900 se acicalan con las ropas menos prácticas y más incómodas, con la intención de dejar patente que la persona que la llevaba no necesitaba trabajar (“y que no le hacía falta trabajar para poder gastar”). Sombreros de copa altísimos y el bastón para los señores, y aquella cotilla que potenciaba las curvas de la silueta femenina, eran claros ejemplos de este estatus.

En el campo del teatro se destaca la revalorización del cuerpo del actor en escena, “donde su papel ya no es un simple apoyo de la palabra dramática”. El valor racional de la palabra como vehículo de las formas realistas de expresión artística entra en crisis. En cambio, la música, la escenografía, el vestuario y el juego de luces ganarán enteros en el espectáculo teatral que se empieza a identificar como una entidad autónoma. El cuerpo pasa a ser “una entidad plástica tridimensional” en escena, de este modo “los referentes para la creación y la percepción se desplazan del logos a los sentidos”.  Las imágenes en movimiento poseen un poder sugeridor que activa la imaginación del espectador que por primera vez tiene que poner de su parte para completar el sentido de la obra.

Por otro lado, cabe recordar que el Paseo de Gràcia gana protagonismo en materia de ocio en Barcelona con la caída de la muralla, sobre todo entre las clases más favorecidas (aunque parezca mentira, hubo un tiempo en el que por el hoy atestado boulevard barcelonés crecían árboles frutales y fuentes con agua limpia como la de Jesús entre Consell de Cent y Aragó), pero ese rol  se desplazará hasta el Paralelo a finales del siglo XIX, una avenida destinada a espectáculos como el teatro, “paradigma de la diversión de la época”. Entre los autores destacados del momento destaca Frederic Soler aka Pitarra que en 1860 conectó con el público popular con sus parodias en las que representaba símbolos más bien burgueses, como los famosos Jocs Florals. El público más popular de los coliseos más modestos de la época prefieren un teatro de emociones fuertes y de clarísimos trazos catárticos, como los culebrones de hoy, en cambio el público del Liceo prefiere la lírica, ya que es más fácil de seguir mientras se habla de negocios y del estado de la Bolsa.

En general, la sociedad catalana experimenta grandes cambios en estas décadas que posibilitarán la aparición de ateneos populares que abren el conocimiento a las clases menos favorecidas. Este proceso implica también una nueva conciencia política por parte de los proletarios calificados que durante el primer tercio del siglo XX plantará cara al capitalista explotador. El fenómeno asociacionista, por ejemplo, ayudará a poner en marcha obras minoritarias, con gran riesgo comercial, como pueden ser los conciertos sinfónicos (hasta entonces la ópera manda, la voz engancha antes al gran público que los montajes puramente instrumentales, en los años 1860 y 1870 el Ateneu Barcelonés potencia este tipo de conciertos de música de cámara en Barcelona). La fábricas de pianos se convertirán en escenarios de este tipo de propuestas, y de promoción o escaparate para este tipo de instrumentos. Las obras de Chopin o Liszt, las sonatas y los valses entran en el repertorio musical de Barcelona en el último tercio del siglo XIX en detrimento de la ópera de moda.

En cuanto al boom de las exposiciones de obras de arte se convierten en fenómeno de masas a partir de la segunda mitad del XIX. A los críticos de arte, a  los burgueses, así como a los propios artistas, se unirá un público no tan ducho en arte, pero que empieza a interesarse por la pintura: “La exhibición de Spoliarium, una pintura del filipino Juan Luna, ganadora del primer premio en la Exposición Nacional de Madrid (1884), es uno de los primeros ejemplos de éxito de asistencia de público a las exposiciones de la época. El cuadro estuvo expuesto en la sala Parés entre los meses de enero y febrero de 1886 con un alud continuado de público que fue ampliamente comentada en la prensa de la época. El éxito llevó a los organizadores a ofrecer entrada gratuita a las clases con menos posibilidades”. El cuadro que preside este post se encuentra expuesto actualmente en el Museo Nacional de las Filipinas, como regalo de Franco que se lo arrebató a la Diputación Provincial de Barcelona que lo mandó restaurar a Madrid y allí se quedó con el estallido de la guerra civil. El cuadro recrea una escena en un espoliario, ese espacio que en el circo romano estaba dedicado a despojar de armas y vestiduras a los gladiadores fallecidos

El año 1877, Can Parés, abierto en 1840 como tienda de marcos -hay que destacar que este tipo de comercios, así como los que comerciaban con papeles pintados, son los primeros centros de exposición de la ciudad, con un objetivo promocional último, si se anunciaba exposición, entonces los medios de la época te hacían hueco entre sus noticias-, establecimientos especializados en estampas y material para pintores,  se convierte en el primer establecimiento privado habilitado para la exposición continuada de las obras de pintores y escultores de la ciudad, convirtiéndose en el primer expositor de pinturas de fin de siglo, así como polo de atracción de la burguesía adinerada. Durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX, las salas de exposiciones se establecen primero en Ciutat Vella, para alojarse después en el Eixample. Como decimos, muchas galerías empiezan como talleres de marcos y de muebles para convertirse posteriormente en espacios de arte.

Otro de los capítulos del libro está dedicado a la figura del retratista, nuevo profesional de la imagen que surge en Barcelona hacia 1840, “poco después de que la fotografía llegue a Barcelona en noviembre de 1839”.  Fueron muy criticados por los caricaturistas de la época que veían a este nuevo profesional como un competidor desleal. También tenían que hacer frente a los impagos y a la monotonía de sus trabajos, aunque algunos empezaron a experimentar con los primeros selfies que practicaban en sus interminables tiempos muertos (debido al lento proceso de producción de estas primeras fotografías).  Ir al retratista a que te hiciera una foto, sobre todo los domingos, contaba con una carga ceremonial que convertían esta práctica en  un acontecimiento para toda la familia. La saga de fotógrafos  de la compañía fotográfica Napoleón y Paul Audouard fueron los retratistas estrella de la época.  “El negocio fotográfico pasó de un entorno familiar de los años 1850 y principios de 1860 a ser una empresa con un número creciente de trabajadores asalariados durante las décadas de 1880 y 1890, con los problemas habituales de otras industrias contemporáneas”.

Otro tema, este más espinoso, que se trata en el libro es el de la adicción a la morfina, un hábito que se extendió en Barcelona (y casi toda Europa) gracias a campañas muy agresivas fomentadas por la industria farmacéutica.  La morfina podía administrarse de múltiples maneras, en jarabe, en pastillas y por vía intravenosa. Una de las fórmulas más conocidas de la época era la conocida como Mrs Winslow’s soothing syrup, una solución que contenía 65 miligramos de morfina por cada 28 gramos de jarabe. Se vendía como ayuda para las madres con hijos nerviosillos, con un efecto sedante que los dejaba como un guante. Se promocionaba con libros de recetas, carteleria… Reclamos publicitarios, que cuando se demostró el efecto nocivo de esta substancia, las farmacéuticas utilizaron para vender remedios contra esta adicción a partir del uso de… ¡la cocaína! A partir de 1870, el consumo de drogas y sus paraísos artificiales empiezan a calar en los intelectuales y artistas. “Si bien el opio en forma de láudano y el hachís habían sido las drogas de Thomas De Quincey, Charles Baudelaire, Gérard de Nerval o Dante Gabriel Rossetti, los decadentes de más adelante se inclinaron más bien por la absenta, la morfina, la cocaína o el éter”. En Francia se daban abundantes casos de damas que hacían cola para pincharse morfina en reuniones sociales tan decadentes como tétricas. Lo explica el experto en drogas Jean-Marie Gerbault:  “Se desató entonces, en ciertos medios un frenesí, un hambre loca de pinchazos. Las elegantes ocultaban en sus manguitos minúsculas jeringuillas de oro con objeto de perder una dosis, ni siquiera durante las visitas”.

También profundiza el libro en el fenómeno del veraneo entre las familias acomodadas, que podía durar hasta tres meses.  El veraneo se popularizó  entre los últimos años del XIX y los primeros del XX.  El municipio de Vallvidrera se convirtió en polo de atracción de estas familias. Las casas de veraneo contaban con una arquitectura doméstica muy peculiar, coincidiendo con la época del modernismo, en Vallvidrera se construyeron antiguos palacetes que aún hoy se pueden admirar. Este fenómeno de salir de Barcelona para respirar aire puro y visitar un balneario comportó también un desarrollo en las comunicaciones entre Barcelona y sus territorios limítrofes que conectaban la ciudad con la naturaleza. Muchos burgueses buscaban en estos parajes escapar de la contaminación de las ciudades. El aumento de la población de veraneantes en localidades como Vallvidrera vino acompaña de un boom de bailes al aire libre, fiestas populares en envelats, ciclos estivales de poesía…

Tres lustros sin escuchar el encendedor del Butano

Hace hoy justo quince años se escuchó el último programa del periodista Jose Maria Garcia. Ese día no se despedirá de la audiencia, a la que deja huérfana de sus “ojo al dato”, de sus críticas a los “abrazafarolas”, y a los “lametraserillos”. Una de sus frases preferidas fue y sigue siendo, “el halago debilita” (ay Jose Mari, si tuvieras Facebook, ibas a flipar con la cultura del lametón constante amigo). El periodista que más pasta ganó en la historia del periodismo deportivo de nuestro país, El Corte Inglés mediante, romperá su silencio cinco años más tarde, con Jesús Quintero en una entrevista que fue muy polémica porque a última hora fue censurada por TVE, las malas lenguas dicen que debido a que se metió demasiado con Florentino Pérez. La tenéis más abajo.

De Jose María García me quedo con el chiscar de su mechero que se colaba por el micrófono justo antes de que empezara a morder a diestro y siniestro.  Una anécdota que demuestra a las claras la personalidad, algo tiránica, de García. En un  partido del Murcia el locutor que estaba en la Condomina celebró el gol del equipo local con exceso de júbilo. García en directo comentó, “primer gol del Murcia y último que nuestro compañero Pepe Yepes narra en directo para esta casa”. Se cargó al pobre corresponsal pimentonero Pepe Yepes en directo por haber sido demasiado entusiasta con uno de los contendientes.

Desde hace un tiempo, García se pasea por algunos platós y estudios, largando todo lo guardado y una vez ha vencido su batalla contra el cáncer que explica en su biografía ‘Buenas noches y saludos cordiales’. De hecho, hace pocos días estuvo ni más ni menos que en la SER, donde se le pudo escuchar de 1972 al 82 (abandonó la SER tras una polémica con el ministro de deportes de entonces Pío Cabanillas – “libré una dura batalla con él porque había mentido hasta que un día me dijeron que dejara de hablar de él porque tenía que firmarnos unas concesiones en FM”- con lo que hasta hace menos de una semana ha estado vetado y no pudo volver a ponerse delante de un micrófono de la emisora del grupo PRISA, concretamente en el programa ‘A vivir que son dos días’ de Javier del Pino). Después de 35 años volvía a los micrófonos del “imperio del monopolio”.

Es precisamente a poco de empezar el Mundial del Naranjito cuando debuta en Antena 3, la primera emisora totalmente privada de nuestro espectro radiofónico, casa en la que desplegará cada noche su programa Supergarcía que mantendrá enganchados a muchos miles de oyentes (se dice a modo de chascarrillo popular que García era responsable de que los maridos de este país no atiendan debidamente a sus mujeres por la noche ya que muchos de ellos se quedan dormidos con el transistor colgando de la almohada). Su mitiquísimo Supergarcía en la hora Cero llegó a alcanzar más de 850.000 oyentes en 1990, su tope de audiencia. Por cierto, como sintonía del programa utilizó el tema Lovesong de Simple Minds, por lo que parece no la eligió él, deberíamos preguntarle si alguna vez tenemos oportunidad.

Justo diez años después, en 1992, después que PRISA compre Antena 3, el súper periodista pasa a formar parte de la emisora de los curas, la COPE, donde permanece hasta el año 2000. De la mano de Telefónica inicia un ambicioso proyecto que pretendía competir con el “imperio”, es decir, con sus archienemigos de PRISA (titánicas y sangrientas fueron sus disputas nocturnas con el locutor estrella de la noche en la competencia, la cadena SER, José Ramón de la Morena, que ahora por cierto está en Onda Cero y que le arrebatará finalmente el liderato en el tramo de la medianoche en 1995).

Llega entonces el 7 de abril de 2002, el locutor dimite de sus funciones como director y presentador de Supergarcía en Onda Cero y se baja del barco, mejor dicho, del trasatlántico Admira Sport con el que pretendía formar una auténtico star system de periodistas deportivos para combatir con PRISA. En su comunicado, se explicita que su dimisión se debe a un incumplimiento de contrato, con lo que hoy se cumplen 15 años de su última aparición como profesional en los medios. En la entrevista con Quntero de más abajo, el periodista madrileño, pero considerado asturiano de adopción, reconocerá que no avisó a la audiencia para no perjudicar al PP.

En la entrevista con el “loco de la colina” que tenéis más abajo suelta, como era de esperar después de cinco años sin acercarse a un micro, varias perlas en forma de bomba: “Los consejos de administración de la Cope son para filmarlos en vídeo. Vienen curitas de Burgos en el autobús de línea para cobrar su asistencia al consejo”. También culpa al ex presidente del Gobierno, Jose María Aznar de su salida del macro proyecto mediático que pretendía construir con Admira Sports: “El señor Aznar no me puede llamar traidor porque hasta hora no he dicho más que el 10% de lo que puedo decir de él. Y lo que tendría que decir del señor Aznar es que es el culpable directo y responsable de que todo ese invento que hicimos se haya venido abajo. Los políticos, sean del signo que sean, no quieren periodistas. Los políticos quieren aduladores”. Pero cuidado, que también raja de nuestro actual presidente que en 2007 aún no gobierna en nuestro país: “A Rajoy le dije que tenía una cosa muy buena y otra muy mala. La buena es que pasa por los sitios y no mancha. Y la mala es que pasas por los sitios y no limpia”.

La gran novela jamaicana

“Las fuerzas malignas y los malos espíritus salen por la noche. El Cantante me contó una historia. Me contó que cuando el reggae sólo lo conocían unos cuantos, casi todas las estrellas blancas del rocanrol eran sus amigos. Los cantantes de reggae son de pinga, lo más grande, tú, lo más grande de la vida, ¿tienes un poco de hielba? Pero en cuanto aquellos piojosos empezaron a tener hits y a entrar en el Top 100 de Babilonia, todo el mundo empezó a tratarlo de forma distinta. Les caía mejor cuando era el primitivo pobre y ellos podían sentirse mejor por hacerle caso”.

 

Es curioso porque la idea arquetípica que tenemos del Caribe es la de una especie de paraíso en la tierra pero su historia es una de las más sanguinarias y siniestras de nuestro pasado no tan lejano. El Caribe como escaparate de las fuerzas malignas de una naturaleza abrupta y sin contemplaciones que arrasa con cualquier asomo moral que ejerza de dique. Si te interesa la historia de Jamaica del periodo que va de 1976 a la primera mitad de los 90 esta es sin duda tu novela. Si tienes a Rockers como tu película de cabecera aquí tienes su reverso sangriento. Una novela sobre Jamaica que atrapará incluso a los que el reggae se le hace bola. Dicen que es la gran novela de lo que llevamos de siglo XXI  y es posible que por primera vez la literatura promocional no exagere. Aunque el título engañe porque Breve historia de siete asesinatos cuenta con casi 800 páginas (que aunque parezca mentira se leen de un plumazo). Marlon Jones ha escrito una epopeya épica en la que la violencia y el humor se mezclan como sólo el Caribe es capaz de combinar en la vida real. Un libro que tiene su eje en el intento de asesinato de Bob Marley -en la novela se refieren a él como el Cantante- antes de su concierto por la paz de diciembre de 1976.

 

“Llegó 1976 y vinieron las elecciones. El hombre que trae armas al gueto lo dejó bien claro: los socialistas no podían volver a gobernar. Nos traerían la condena del fuego eterno en el infierno (…) Por Jamaica corría la noticia de que el crimen campeaba, de que el país se estaba yendo a la mierda, de que ni siquiera los barrios altos estaban a salvo y de que al PNP se le estaba escapando de las manos el control del país. Faltaban dos semanas para las elecciones y Papa-Lo nos mandó de puerta en puerta pa recordarle a la gente a quién tenía que ir a votar”.

 

Estamos en un momento crucial en el devenir político y social de una isla en la que la CIA tiene repartidos a varios hombres para controlar la entrada y salida de cubanos en la isla hermana (“cuando los jamaicanos vuelven de Cuba saben manejar el AK-47 como si hubieran nacío con eso”). No hay que olvidar que nos encontramos en plena Guerra Fría y Cuba es, a ojos de los EE.UU., una amenaza para esa zona caribeña que ya tiene identificada como su patio trasero (el gobierno estadounidense la ha cagado en Bahía de Cochinos en 1961 y no quiere una sorpresa más). Por otra parte, dos bandas se reparten el territorio en la capital jamaicana, Kingston, dos bandas atestadas de pandilleros jóvenes que representan la cara y la cruz de dos partidos políticos que se van a repartir el control de la isla. El segundo gran bloque de la novela nos relatará como miembros de esas bandas emigrarán a Miami y a New York, donde se las tendrán que ver con la reina del narcotráfico, la colombiana Griselda Blanco que es la que reparte el bacalao y la coca en la década de los 80, con Florida como base de operaciones. Con el mercado de la coca ya repartido, las bandas de jamaicanos rebotados de la isla se especializarán en el negocio del crack.

 

“Pero en la iglesia hablan del don del discernimiento. No son sólo los predicadores o los que están poseídos por el espíritu quienes lo tienen; es cualquiera que sea capaz de ponerse en estos zapatos y ejercer de líder durante una larga temporada. En cuanto yo conocí a Blanco ya me di cuenta que era una salvaje, que no tenía apenas cabeza pero sí la bastante determinación para abatir a un toro. Ella es como yo en el sentido de que sabe que el bien y el mal no son más que dos palabras que se ha inventado algún anormal y que lo que realmente importa es lo que tu me debes a mí y lo que yo tengo de tí. El problema es que todavía no se ha enterado de cómo gestionarlo, y a veces el negro ignorante resulta ser una colombiana fea y tan perdida que no se da cuenta de que yo estoy tratando al mismo tiempo con Medellín y con Cali, y de que la gente de Cali si que es inteligente”.

 

Tenemos también a un periodista de la Rolling Stones, en un principio encargado de seguir las andanzas sexuales de Mick Jagger que también se encuentra en la isla para el concierto de la paz, pero que acabará interesándose por los intereses y los tejemanejes de esas bandas armadas hasta las dientes, y con las narices supurando coca,  para imponer su ley en sus barrios de influencia. La isla rezuma sangre y semén, con el reggae como banda sonora de una vida brutal en todos los sentidos (“El reggae no es más que un hombre que habla y conversa con otro hombre, conversando por ambos laos como digo yo”). Una banda sonora que tiene que competir con la música disco de estrellas como los Gibb, y que para muchos negros de la isla “suena a música de maricones”.

 

“Los blancos de piel quemada no desean la paz, lo que quieren es que Jamaica se convierta en el estado 51 de los EE.UU., aunque, bueno, se conformarían con que fuéramos una puñetera colonia más”.

 

También se describe el interés de los blanquitos, sobre todo estadounidenses que se encuentran de paso o residiendo en la isla por los pormenores hippies de la ideología rastafari, que desde hace un tiempo promete la vuelta de sus creyentes a Etiopía (“En los complejos turísticos, los americanos copian sus expresiones y se creen enrollados porque les ha hecho trenzas una negrita a lo Viernes, el personaje que acompaña a Robinson Crusoe, y han aprendido a hablar como un jamaicano de veldá, hermano”). Por cierto, los jamaicanos en esta novela hablan como los cubanos gracias a las buenas artes del traductor de la misma, el ubicuo Javier Calvo, que en esta ocasión cuenta con la ayuda de Wendy Guerra. Ambos decidieron traducir la ininteligible jerga jamaicana por una más accesible jerigonza cubana, que como se explica en el prólogo del libro se planteó como solución a los problemas generados por un slang brutal.

 

“Un niño rico, en cambio, puede dejar de cortarse el pelo, ir de jipi con unas cuantas chicas con pelos en los sobacos, confundir el hecho de tener la puta convicción para hacerlo y decir que es rastafari. Luego sólo tiene que irse a San Bartolomé o a la isla de Maui, o bien a Negril y Port Maria, y mandar a la mierda al sistema mientras se pone morado a ponches de ron”.

 

Interesante como se radiografía el papel del Cantante en esta novela y en la historia reciente de la isla más musical del planeta (con el permiso de Cuba, claro). En esos momentos es ya una estrella global y muchas personas del gueto dependen de él. A mediados de los 70 se ha convertido en un samaritano que en vez de darles una caña a sus paisanos “porque ahora que lo tenía to no quería que nadie más aprendiera a pescar”. A mucha gente le interesa que el Cantante no caiga en manos de los socialistas. A mucha gente le interesa que el buen samaritano muera y que su mensaje no se propague por el resto del continente.

 

“En América las cosas están muy mal. Mal de verdad. Tenemos que arreglar la situación. Lo último que necesitamos es un demagogo que agite a los elementos indeseables. El rocanrol es el rocanrol; tiene a sus fans y no necesita… Miren, estoy intentando decirles esto de forma amable. Pero el rock, en fin, el rock es para los americanos de verdad. Y ustedes necesitan dejar de intentar cultivar un público… El gran público americano no necesita mensajes como el de ustedes, así que replantéense muy en serio esas giras… Quizá deberían quedarse en las costas. Dejen ya de intentar llegar al gran público americano”.

 

Uno de los aciertos de esta grandiosa epopeya coral es precisamente leer diferentes puntos de vista, algunos enfrentados, en referencias a ideas que todos consideramos como buenas. El mundo está lleno de buenas intenciones, que diría aquel. Como la novela nos adentra en percepciones que alteran la idea que tenemos por ejemplo del rasta como ese ser bueno que fuma porros para salvarnos de los temores del mundo haciendo el símbolo de la paz con los dedos: “No podía evitarlo, estaba buscando a muchachos y sobre todo a muchachitas de mi instituto que dijeran haber encontrado la luz verdadera del rasta, pero que en realidad sólo estuvieran allí para encabronar a sus padres. No se puede templar mucho con un hombre que no usa desodorante ni con una mujer que no se depila los sobacos o las piernas. Tal vez para poder ser un auténtico rasta tenga que gustarte la peste a grajo de los hombres o el olor a pescado de las mujeres. Había muchas, pero todas estaban ocupadas. Tardé un rato en ver que todas estaban llevando algo para dárselo a los hombres: comida, un taburete, agua, fósforos para la hierba, más comida, zumos en unos termos grandes de plástico. Tremenda mierda esta vivicación y liberación. Si quisiera vivir en una novela victoriana, al menos me gustaría ver a hombres que se cortan el pelo como Dios manda”.

“El funeral del Cantante. El Evangelio y la herejía libran una lucha sin cuartel por el cadáver. El rastafari eleva unos cánticos del libro de los Corintios, aunque los presbíteros le han dicho que leyera de los Salmos, y los diez se quedan sentados mientras él llama a un rey Dios. Herejía. El arzobispo etíope dice: ¿Por qué ir a África cuando os sería más ventajoso trabajar juntos por una vida mejor en Jamaica? Los rastafaris mascullan y sueltan palabrotas. El arzobispo también ha venido armado; todos los rastafaris quieren despertarse en Shashemane, Etiopía, quinientos acres de tierra que les ha otorgado un emperador depuesto. Los rastafaris, desafiantes, gritan: Jah Rastafari, y sólo unos cuantos se preguntan por qué esto es un funeral ortodoxo etíope cuando el Cantante era rastafari”.

El mito del folk que se hundió hasta el cielo

richard-farina

El pasado 4 de marzo las letras colombianas recordaron el 40 aniversario del suicidio de uno de los escritores malditos de Cali, Andrés Caicedo que decidió acabar con su vida el día que se publicaba su novela !Que viva la música!. Ese día Caicedo se convirtió en escritor de culto. En la entrada de hoy os vamos a hablar de otro caso similar ocurrido tan sólo 11 años antes en EE.UU. El 8 de marzo de hace 80 años nace Richard Fariña, para los que no os suene de nada deciros que fue cantante folk, que estudió con el colosal Thomas Pynchon en una de las mejores universidades de los EE.UU. Cornell, y que también lo intentó como escritor. Suya es  la novela Hundido hasta el cielo que salió publicada poco antes de que se matara en un accidente de moto en 1966 (en nuestro país la podemos leer traducida desde 2008 gracias a El Aleph, una traducción algo enrevesada que todo sea dicho complica el seguimiento de tan alucinada novela). Es libro de culto claro (aunque al Fariña musical se le ha olvidado y apenas si hay tributos discográficos en su memoria. Busquen , busquen…).

“El primer álbum de Fariña, grabado junto a su mujer Mimi Baez (sí, la hermana de Joan), vio la luz en 1965 en el sello Vanguard: Celebrations for a Grey Day incluía una composición instrumental titulada «V.», inspirada, cómo no, en la primera novela de Pynchon, publicada en 1963. La repentina muerte de Fariña, en trágico accidente de moto, tuvo lugar además a los pocos días de que su primera y única novela, Hundido hasta el cielo (1966), se pusiera a la venta. De esta forma, Fariña nunca pudo ver el culto que surgió alrededor de su obra. (…) Fariña terminó dedicándose no solo a la literatura, sino a la música, quizás el sueño dorado de Pynchon si atendemos a la cantidad de «canciones» que escribió en sus novelas (hay quien ha llegado a plantear si toda la novelística de Pynchon no es más que una burda excusa para colarnos, precisamente, sus letras de canciones)”, Fran G. Matute en el artículo ‘La obra de Thomas Pynchon: un poema sinfónico para banda de surf y orquestapublicado en JotDown.

El fantasmagórico Thomas Pynchon escribió un prólogo, de lo poco que hemos podido leer de él al margen de sus novelas “oficiales”, que se incluyó en la edición de 1983 de la citada novela, Hundido hasta el cielo.  El elusivo autor habla en ese preámbulo de la represión sexual que se daba en el campus de Cornell, en aquel lejano 1958, año en el que entró en contacto con Fariña. “El rock and roll ya había convivido con nosotros durante algunos años, pero la fórmula “drogas, sexo y rock and roll” todavía no había empezado a hacer mella en la mayoría de nosotros”. Pynchon hace mención al toque de queda del campus, a las once de la noche entre semana, a las doce el sábado, que acabó enervando a los estudiantes que empezaron  con varias protestas en la primavera de aquel iniciático año 1958, en contra de este “excesivo entrometimiento” por parte de los capitostes de la universidad. Un avance de las protestas estudiantiles que se producirían en todo el país en los años 60. Resalta Pynchon la importancia que tuvo en el campus corrientes “como el folk moderno y el rock de la clase obrera que derivarían en lo que hoy se conoce como la música de los High Sixties”.

“Natural de Brooklyn, hijo de cubano e irlandesa, Fariña aseguraba haber colaborado con el IRA y conocer la revolución castrista (de lo primero, no se sentía muy orgulloso). Con 29 años, desarrollaba una doble carrera: el escribir era tarea dura y solitaria; Richard descubrió la gratificación instantánea del músico”, Diego A. Manrique en un artículo para El País publicado en noviembre de 2008.

“En la universidad, coincidimos alguna vez en la misma onda literaria. Lo pusimos de manifiesto una vez en una fiesta; no era de disfraces pero, sin pretenderlo, íbamos disfrazados cada uno de un personaje (él de Hemingway y yo de Scott Fitzgerald, conscientes cada uno de que el otro había pasado por una fase de entusiasmo por su respectivo autor). Supongo que, por aquel entonces, estaba aprendiendo de Fariña a verle la gracia a algunas de mis obsesiones. En 1959 también nos dio mucho que hablar la que todavía creo que es una de las mejores novelas americanas, Warlock, de Oakley Hall. Empezamos a animar a la gente a que la leyera y, durante un tiempo, parecíamos como una especie de secta”. (En este sentido, en la entrada de la Wikipedia dedicada a este libro se destaca que la novela fue importante para Pynchon y para todo el campus de Cornell: Pynchon praised it for restoring “to the myth of Tombstone its full, mortal, blooded humanity”, and for showing “that what is called society, with its law and order, is as frail, as precarious, as flesh and can be snuffed out and assimilated into the desert as easily as a corpse can. It is the deep sensitivity to abysses that makes Warlock one of our best American novels). Pynchon explica también que le dio consejos a Fariña cuando leyó el borrador de la novela, aunque no recuerda que le aconsejó exactamente. No los tomó en consideración, seguramente porque consideraba que Pynchon estaba todavía en clases de redacción.