Loops 2: “Words Don’t Come Easy”

“EDM es una etiqueta tan estúpida y tautológica como si al country, en vez de llamarlo country, lo llamáramos sencillamente “canciones acústicas de vaqueros: una denominación groseramente prosaica”.

A pocos días para que de inicio una nueva edición del festival Sónar, la que hace 25, le vamos a dedicar a nueva entrada al blog a la segunda parte de Loops, el nuevo libraco con el que el periodista Javier Blánquez se atreve a describir los vericuetos por los que serpentea la producción electrónica mundial desde que empezó el nuevo siglo (que es justo el momento en el que acaba el primer Lopos publicado hace 16 años). Aquel primer repaso histórico incluía diferentes firmas periodísticas encargadas de cada parte troncal. En esta nueva entrega es Blánquez el que se pela todo el libro, más de 600 páginas ribeteadas con un epílogo del Dj y teórico Ewan Pearson en el que, entre otras cosas, reconoce que mantiene su boicot a Israel, medida que parece ser que algunos de sus colegas no comparten).

La verdad es que el libro me ha hecho sufrir por Blánquez. Me refiero a la cantidad de adjetivaciones que se ve obligado a utilizar para describir una música que cada vez es más complicada de definir con palabras (para ello, al final del libro el periodista musical nos remite a la letra de aquel ochentero hit Words, don’t come easy del tunecino del italo FR David). Si, la verdad es que he sufrido por Blánquez al que me he imaginado sudando tinta para describir con palabras lo que no se puede. También he sufrido por el plumilla cuando se mete a describir la EDM que supongo es una corriente que no le debe apasionar. Yo tenía curiosidad por saber cómo evolucionaba en su narración a medida que se iba adentrando en la década actual, en la que parece que no ha pasado nada, pero sí, ha pasado y mucho. Y ahí está este volumen para atestiguarlo, tan gordo como el primero en el que se encorsetaba un periodo mucho más extenso que el de este segundo tomo. Al acabar el libro me ha entrado ganas de recuperar los primeros Kompakt y Border Community, que debo tener en algún rincón del estudio, quién sabe si apretujados entre las primeras ediciones de Tempa y algunas reediciones tardía de Tangerine Dream. Todo ahí a lo loco. Desordenado. Menos mal que Blánquez ha vuelto para poner orden en mi habitación.

“Pero define el espíritu de nuestro tiempo, en el que mucha gente vive en un espacio inédito que está a medio camino entre la vida física y la red digital, a la que pueden acceder a través de sus teléfonos, tabletas y computadoras. El Auto-Tune, mitad androide y mitad humano, nos habla de ese estado de suspensión. Nos guste o no, es uno de los sonidos más importantes del siglo XXI”. David Toop describiendo el Auto-Tune que es para los millennials lo que el vocoder para los de mi generación.

En eso de poner con palabras lo que te sobrevuela en la cabeza Blánquez es imbatible. La descripción que hace del “middleground”, por ejemplo, ese Dj que no conocen en el casal del barrio pero que consigue una cierta presencia entre la multitud a la que al menos le suena. No es un Dj popular pero tampoco es underground y sirve como carnaza para la rotación en la programación mensual de clubs y sin dejarse un pastón. Como Tiga, por ejemplo. Una figura típica de los dosmiles que es cuando empezaron a proliferar como setas esos clubs que no tenían miedo de la electrónica.

“Sin embargo, entre esa síntesis de nihilismo y filosofía epicúrea se ha colado un futurismo involuntario que, aislado de su contexto, solo puede escucharse con asombro: los productores de crunk, screw, bounce y trap han dado con fórmula que suena a techno a pocas revoluciones, techno que, en vez escapar a la profundidad del cosmos como respuesta a un disconformidad social, se protege del caos del tiempo presente en una burbuja de hedonismo e individualismo radical”.

Me ha interesado bastante el capítulo dedicado al rescate arqueológico, a la library music, a ese retomar hilos temporales distintos al nuestro para cambiar el pasado, a esa curvatura espacio temporal en la que vivimos todavía hoy, en la que coinciden el pasado que no pudo ser para escribir el presente, una realidad alternativa en la que la banda sonora de Valerie y su semana de las maravillas (1970) de Luboš Fišer fuera más importante que el segundo LP de Led Zeppelin: “…lo que ha llevado al crítico Simon Reynolds a sugerir la idea de que la hauntology es una forma de hip hop a la inglesa, un paisaje sampledélico construído exclusivamente a partir de fuentes originales de una cultura propia, que en lugar de ser el funk y el soul, era en el Reino Unido una especie de esoterismo campestre y audiovisual”. En términos musicales, por lo menos, vivimos en un agujero de gusano, más que en una madriguera de conejo. Otra banda sonora de película que pasamos en Cine Club Fum ya hace unos años: The Wicker Man que en 1998 se reeditó a través de Trunk Records, “uno de los primeros sellos en contagiar la gripe de las reediciones de library music”.

Hablando de legados y memoria, Blánquez también me saca de dudas en cuanto a la diferencia entre chillwave, en la que es posible apreciar “cierta ternura hacia los buenos momentos de la infancia”, con Ariel Pink y Animal Collective como ejemplos, y el vaporwave que puede parecer lo mismo que el pop hipnagógico, pero que en realidad suena a “ajuste de cuentas con el pasado”, un encarrase con aquel futuro de éxitos que se nos planteaban en los 80, abundancia material y expectativas de movilidad social, y que resultaron una estafa.

Los que no parecían nada interesados en legados, ni memorias, ni otras historias, fueron los jovenzuelos que arrasaron con la EDM y de hecho con toda la tradición electrónica de antes de su irrupción en pistas y festivales. “La consecuencia más perniciosa, en un principio, fue la de negar cualquier espacio para el underground y olvidar -seguramente de manera involuntaria- el pasado. La EDM había pisoteado una hierba que había tardado mucho tiempo en crecer”.

Me entero por el libro también que Darren J. Cunningham más conocido como Actress pasó por las filas del West Bromwich Albion, “y disputó algunos partidos en la Premier League” pero que sus contínuos problemas con la rodilla le impidieron continuar con su carrera futbolera.  He indagado al respecto y he comprobado que el WBA no jugó en Premier hasta el año 2002 con lo que muy probablemente el autor de LPs como Hazyville como mucho debutaría en la segunda división inglesa.

Ojo spoiler para acabar>>> En la página 505 Blánquez nos cuela a Kiko Rivera como ejemplo de celebrity star que se aprovechó de la aparición de botón AUTO-SYNC del Traktor. Yo creo que Blánquez ha escrito este segundo libro para incluir al hijo de la Pantoja en sus páginas.

 

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Byung- Chul Han en el CCCB: “La transparencia ya no deja pasar la luz”

Lleno a reventar en las dependencias del CCCB. Las entradas para ver in situ al filósofo coreano del que nadie sabe su nombre de memoria, en la cola del Pati de les Dones, abierto en canal estos días por cierto, todos se refieren a él como “el coreano”. Hemos pillado a última hora una entrada para degustar su conferencia a través de una pantalla del auditorio anexo. La conferencia de la nueva estrella de la filosofía se desarrollará en ese alemán que el filósofo tuvo que aprender deprisa y corriendo al llegar a Alemania, de tapadillo de sus padres, donde ahora da clases como reputado profesor, fuertemente influenciado por Martin Heidegger al que dedicó la disertación con la que se doctoró en Friburgo. Su biografía dice que conoció a Heidegger cuando pisó Heidelberg.

“Estoy por primera vez en España. O en Catalunya. Yo creo que ni ustedes deben saber ahora mismo dónde están. No me voy a inmiscuir”. Así empieza su charla Byung- Chul Han que va a citar varias veces al presidente Puigdemont. Supongo que su éxito mundial se debe a su estilo claro y llano que utiliza para desmembrar el capitalismo (“no me esperaba tanta gente en mi charla de Barcelona”). Se dice de él que utiliza una escritura bella para analizar de manera pesimista nuestras patologías contemporáneas al servicio del hiperconsumo, desde el culto al cuerpo hasta la hipertrofia del selfie. Siempre pesimista pero siempre abriendo alternativas, como el derecho a demorarnos que según el coreano es norma en países como el nuestro: “No me esperaba que en España tuviera tanto seguimiento mi libro sobre el cansancio de nuestra sociedad. Creía que en España no se trabajaba. Pensaba que no había zombies como los que hay en mi país natal. En Corea del sur se educa a la gente para convertirla en ganado que rinde. El cansancio ha alcanzado una dimensión dramática”. Nos remite al teórico y periodista Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, y a su obra El derecho a la pereza. “Veo una conjunción muy interesante entre Lafargue que pedía más pereza y Marx que demandaba el derecho de todos nosotros al trabajo”.

“Hemos perdido vivacidad porque ya no somos aquel animal original que fuímos. Hemos sido reducidos a ganado consumista sin belleza original. Yo estaría a favor de la independencia de Catalunya si Puigdemont trajera de vuelta a los catalanes ese animal original”.

“El capitalismmo neoliberal nos ha catapultado a una sociedad del rendimiento en todos los ámbitos imaginables. Nos autoimponemos la positividad y la transparencia absoluta. Ya no somos objetos de nosotros mismos”.

A los 25 minutos de charla el ponente, que no se ha quitado la chaqueta de cuero negra y luce aún bufanda que se enreda constantemente con sus auriculares, lleva un lío de papeles importante. Pero al poco coge carrerilla para explicarnos el mal del Narciso que nos asola: “No me gusta viajar porque no me gusta sentirme un turista. Acepté venir a Barcelona para escapar del frío y resulta que desde que estoy aquí no ha parado de llover. Aproveché el mal tiempo para visitar el laberinto de Horta. Estuve solo y por primera vez desde que estoy aquí dejé de sentirme como un turista. En estos jardines hay una escultura que remite al mito de Narciso. Una imagen paradigmática del ser humano de hoy. Nos hemos convertido en Narcisos desorientados en un laberinto digital. La comunicación se ha reducido a islas digitales sólo habitadas por el ego. Al plano digital le falta ese peso, esa corporeidad que nos procure resistencia, que no es negativa, más bien es constitutiva de nuestra realidad”.

“Las energías libidinosas se han invertido hacia nuestro yo. Al otro lo hemos borrado si no es para que nos de like. Esta manera de presentarnos a los otros produce patologías. La líbido genera una una relación con el objeto que estabiliza nuestro ego. Me estabilizo a partir de mi amor al otro. El amor por los demás, es decir el eros, mantiene al organismo vivo. Pero ese amor hoy se ha desvanecido en detrimento de un narcisismo exacerbado que considero el principal cáncer de esta sociedad”.

Se ganará los primeros aplausos y la connivencia del público cuando comenta que el turismo globalizado destruye nuestro mundo: “Si me obligaran a ser el presidente de Catalunya sería más radical que Puigdemont. Sencillamente cerraría el aeropuerto, desmantelaría el puerto y prohibiría que los cruceros atracaran en la ciudad. Proclamaría el derecho a la pereza. Provocaría que nevara siempre en la frontera para que los turistas no tuvieran ganas de entrar en Catalunya. El animal original de los catalanes se recuperaría. Esa sería una independencia real. Decían los pensadores griegos que el político tenía que tener algo de filósofo. Imaginaos lo peligroso que es que un filósofo como yo se meta a político”.

“El ser humano se está hundiendo en un mar de datos. El nuevo orden digital convierte a esta nueva realidad en un mar de datos que, como todo mar, es imposible de habitar. Los límites entre lo privado y lo público se confunden. La transparencia que se nos vende no deja pasar la luz, propone una información libre a cambio de un ser humano encadenado. No hay distancias entre nosotros y la información, con lo que ese alud de datos se acerca a nosotros de manera amenazante y nos pilla sin umbrales inmunológicos con los que distanciarnos de esa ola gigante.”.

Se aacaba su disertación y queda poco tiempo para el turno de preguntas del público. Un espectador le pregunta por su relación con las ideas marxistas. Han se queda casi medio minuto en silencio y luego espeta un “¿podría ser más conciso con su pregunta?”. Me voy con la sensación de no haber aprendido mucho. Que el capitalismo es caca cae de cajón. Pienso que la filosofía nos tiene que poner contra las cuerdas. Y hoy he estado demasiado de acuerdo con Han. Yo creía que odiar los selfies era reaccionario. Pero veo que esa actitud negativa da para vender libros, entre gente que se hace selfies en este tipo de conferencias, y para ser una estrella de la filosofía. Eso si que me da que pensar de vuelta a casa.

Barcelona de nit

Hoy nos dedicamos a uno de los más destacados influencers culturales de la Barcelona del primer tercio de siglo pasado. Nos referimos a Sebastià Gasch que da nombre a unos jardines interiores que se encuentran en la manzana que crean las calles Rocafort, Entença, Diputació y Gran Via. También tiene unos premios culturales a su nombre.

Se trata de un crítico de arte que hizo de la crónica de espectáculos un arte que queda recogido en libros como Barcelona de Nit, compendio de crónicas del submundo, muchas de ellas describen el distrito V o barrio chino, que se cierra con una colección de artículos en torno al circo. En uno de los textos se habla de uno de los circos más importantes de la Barcelona del siglo pasado, el teatro circo Olympia con aforo de unas seis mil personas (sito en la calle Aldana con Ronda Sant Pau, ubicado en el mismo edificio que hoy en día acoge las galerías en las que se encuentran las tiendas de discos Rhythm Control y Vinilarium, la oficina de diseño Hard to Find Graphics o el sello Urban Legend). Aquí tienes un texto para clubbingspain en el que se describe el eco sistema perfecto que conforma ese laberinto que parece se ha quedado en los 70.

“Al cap de cinc anys Barcelona tornà a posseir un circ estable, el Circ Olympia, que fou l’únic veritablement digne de la nostra ciutat. Un enamorat d’aquest espectacle, coneixedor d’ell com a pocs, Josep Ventura Gannau, nat a Barcelona el 1887, suggerí la idea a un grup de capitalistes d’edificar un local d’àmplies proporcions per a funcions de circ, amb possibilitats també d’habilitar-lo per a representacions teatrals i grans espectacles. Acceptada la suggestió, es va adquirir un vast solar de la Ronda de Sant Pau, i l’obertura del nou coliseu s’efectuà el 4 de desembre de 1934 (…)En el programa inaugural figuraren números tan notables com els elefants musicals de Rossi, les foques ensinistrades del capità Frohno, el ciclista Catalani i els colosals pallassos Antonet i Beby”.

(Nota del autor del post: el año está equivocado en el libro, en realidad abrió sus puertas el 4 de diciembre pero de 1924.

“En el Circ Olympia actuaren durant els seus 22 anys d’existència, les atraccions de més renom mundial. Les seves quadres allotjaren superbes coleccions de feres i centenars de cavalls de totes les races. Els millors malabaristes, funámbuls, trapezistes, pallassos, treballaren sota la seva cúpula”.

Gracias al avezado crítico, nos enteramos que con el paso del tiempo en el Olympia había augustos mediocres. Es el payaso que lleva nariz roja y el que crea accidentes y lía pollos para desestabilizar al payaso blanco.

De finales de los años 20 hasta la llegada de la guerra, Gasch prestará atención a aquellas manifestaciones culturales que la prensa generalista de la época ningunea como el cine, el circo, el music hall, el jazz, el boxeo, el flamenco o la danza. Gasch alardea en sus textos de sus amistades, como Miró, demostrando que un buen periodista debe confiar en esas fuentes que suponen una buena lista de amigos del sector del espectáculo.

Por los textos de Gasch averiguamos que en los locales de Barcelona abundaba hasta el exceso “la rajola de Valencia”. Que los locales de los años 30 se encuentran en periodo de restauración con poca suerte estética, según el criterio del propio Gasch, como el Barcelona de noche, “massa llempant”, el nuevo negocio de Pepe el de la Criolla, del que ya hablamos en este post. El tema del poco tino de las reformas es recurrente en los artículos de Gasch que escribe uno titulado “A la luz del recuerdo. Reformas ilógicas” que le publica la Revista Destino el 30 de marzo de 1963.Parece ser que Gasch no era muy partidario de la fama del local del de la Criolla. Muchas de estas reformas van encaradas al turista de la época: “Però aquesta decoració infecte, fill degenerat del cubisme pictòric, el turista ja el troba a tots els dancings del seu país, i la gent adinerada de l’Eixample ja el troba a tots els cabarets de luxe barcelonins. I, naturalment, tant el turista com l’home del carrer del Bruc, que cerquen una altra cosa al carrer del Cid, no anaren a la Criolla. Només hi anà la gent del barri. I el contrast entre tots aquells descamisats i aquella sumptuositat desproporcionada creà un desacord dels mes desagradables”.

“Per entre les tauletes de fusta -amb tapet de quadros les de les llotges- i uns taborets gòtics, circulen uns cambrers amb americana blanca i unes dones del guarda-roba vestides de seda negra. Tot plegat és un farrigo-farrago que participa del cabaret de luxe, del Refectòrium, o de l’Or del Rin i de l’Exposició d’Arts Decoratives… Pepe-el-de-la-Criolla passeja la seva mirada de xai satisfet damunt aquesta fastuositat de qualitat inferior. I, de tant en tant, el cangrejero: -¡Percebes, gambas, almejas!- ens recorda que som el districte cinquè”.

Habla de la crisis de los café-conciertos, entre los que destacaba Casa Juanito Eldorado -“…i de tots els llocs espectaculars, més o menys prostituïts, més o menys turístics, la taverna de Juanito El Dorado-es indubtablement el millor. I els diumenges a la tarda, sobretot, l’afluència extraordinària de poble autèntic ofega l’escenografia i fa pensar en els bons temps de l’establiment”- que tanto hizo por el flamenco desde el actual Raval (la calle Arc del Teatre por esos años 30 ya estaba de capa caída y que la animación se trasladó a la calle Tàpies). “Els cafès-concerts del Paral·lel agonitzen. De la taula de joc, la pastera, fa anys que no se’n canta gall ni gallina. De senyors capaços de destapar cinc o sis botelles de xampany en una avantllotja, cada dia n’hi ha menys. Més ben dit,no n’hi ha ni un”.

“A les parets penja-robes de rebedor de família humil i un rellotge de menjador petit burgès. I gent del barri. Homes i més homes. Homes que, darrera els seus crits d’alegria fictícia, porten el pensament fit en l’endemà trágic que els espera: un despatx -la mort lenta- i un amo criminal”.

Anticipa el triunfo del cine sobre las artes escénicas. El teatro que intenta seducir al pueblo y al erudito fracasa, mientras el cine con mejores autores y actores, y sobre todo con medios más avanzados, sabe encontrar ese punto intermedio que le hará imponerse como forma de entretenimiento del siglo XX. Nos habla de las revistas madrileñas que plagan las programaciones de los teatros barceloneses en cuanto llega el verano. En 1932 hablará de una segunda ola del cine con las películas de gangsters. “Els films de gàngsters han restaurat l’imperi de l’acció. Més fets i menys paraules (…) I el moviment cinematogràfic ha arraconat la lentitud teatral”.

Gasch se tira de los pelos porque los cantaores entrado el siglo XX empiezan a cantar tangos, la moda del momento. “Vallejo ja canta tangos. Quin horror! Que aixó ho faci el decadent Niño de Marchena, encara… Però el gran Vallejo!…Només queda la vella guardia”. Su relación con los actores principales del mundo del flamenco le permiten estar donde hay que estar y poder afirmar que en una juerga en un local cerrado es como se debe escuchar el cante de verdad. Un cante que ilumina las noches del llamado barrio chino de Barcelona, hoy el Raval: “La nostra gent ignora que és precisament en aquest districte cinquè on l’andalusisme, sense gota d’escenografia, es manifesta amb cruesa terrible y amb patetisme punyent. Més purament potser que en la mateixa Andalusia. Allà domina l’escenografia turística”.

“Ara, tots els ballarins són coixos. I abusen dels garrotins, que són a la dansa el que els fandanguillos al cant. I introdueixen ens els seus balls passos russos i fins i tot americans. Quins temps aquells! Ja en queden pocs de purs”. Pero Gasch sabe encontrar a los bailaores de verdad. Como buen ojeador que es, Gasch está al tanto de las promesas del baile en los tablaos, como Carmen Amaya a quien descubre antes que ningún otro plumilla:

“A la Taurina, cal estar de sort i cal encertar el dia. Car algunes nits, poques, hi balla la Carmencita (Carmen Amaya). Es fa difícil de trobar la paraula exacta per a comentar aquesta meravella. Imagineu vos una gitaneta d’uns catorze anys asseguda damunt d’un tablado. Carmencita roman impassible i estatuària, altiva i noble, amb una noblesa racial indefinible, hermètica, absent de tot i de tots, sola amb la seva inspiració, en una actitud figée per a permetre a l’ànima d’elevar-se devers regions inaccessibles”.

El misterio se llama Thomas Pynchon

pynchon

Este año se cumplen 80 del nacimiento de uno de los escritores más importantes de las letras estadounidenses. Ando escribiendo un artículo para una revista impresa en torno al inefable Thomas Pynchon. Llevo dos meses y medio siguiendo el rastro del escritor y en este periplo he topado con este documental en Youtube, que además viene con música de otro grupo elusivo como The Residents.

En el documental aparece George Plimpton, al que ya nos hemos referido en este blog por su faceta como periodista, pero que también ejerció como editor y tiene una reseña en New York Times sobre su primera novela V que se puede considerar el inicio del hype literario más flagrante del periodo entre el siglo XX y el XXI. Nos explica Plimpton que lo que más le llamó la atención de la novela fue el vasto conocimiento de Pynchon. Sabe de física, de astronomía… “Uno sospecha que podría producir un almanaque más que decente en sólo quince días”, llega a decir de este escritor que se va a posicionar, de buenas a primeras, como un pedazo de erudito del conocimiento físico y metafísico.

Un hecho anómalo y que será norma en la carrera de nuestro héroe de las letras y que germina en esta opera prima fue que ya desde el principio Pynchon evitó el contacto con los agentes literarios convencionales. Lo que acostumbran a hacer los escritores noveles es darse a conocer y aprovechar todos los medios promocionales a su alcance, pero él no lo hizo.

Jules Siegel, que compartió estudios con Pynchon en la Cornell University, entre los años 1953 y 1954, dice que Pynchon era alto, de pelo muy oscuro y piel muy blanca, como su “madre”, ojos azules. Cuando se publicó V, Pynchon estaba en México DF con lo que fue imposible hacerle la típica foto promocional y además se le perdió la pista. Puede que fuera muy tímido. El propio Siegel escribió un artículo para Playboy en el que explicaba el affair que su por entonces mujer, Christine Wexler, tuvo con Pynchon cuando todos ellos eran estudiantes en la reputada universidad de Cornell, que por cierto pertenece al exclusivo club de la Ivy League. Vamos que Pynchon estudió con los cerebros mejor dotados de su generación.

Por contra, Christine Wexler, amante de Pynchon, se supone que es el personaje de Bianca en la novela El Arco iris de gravedad, dice que Pynchon tenía unos grandes ojos verdes oscuros, pelo largo, muy delgado, y que era una persona interesante. Reconoce y reconstruye de memoria la casa donde vivía Thomas Pynchon cerca del mar, en El Porto Beach, al norte de Manhattan Beach, a pocos kilómetros del aeropuerto de Los Angeles. Se enamoraron al momento, cuando ella tenía 19 años. Por la mañana el joven escritor se levantaba y se iba a la playa en verano, donde se podía quedar dos o tres horas y su piel siempre permanecía blanca. Nunca se bronceaba, cosa que extrañaba a Christine. Hablaban en la playa de la guerra del Vietnam. Le advirtió que no fuera a las manifestaciones en contra de la guerra de Chicago por las represalias de la policía.

Un librero de la zona habla de los cuchicheos que generaba el hecho que Pynchon viviera en aquel vecindario costero. Eran tiempos de confusión, de mucho acid y paranoia. Proliferaban las historias de gente que se sentía perseguida. Él mismo librero se preguntaba con bastante asiduidad, si el cliente que entraba pudiera ser agente infiltrado del gobierno. Que una vez vio a una señora que pudo ser Pynchon disfrazado de mujer.

Jules Siegel habla de El Arco iris de Gravedad como una novela que muestra mundos dentro de otros mundos, de cosas que no son lo que parecen. Del sentimiento de ser observado, de ser manipulado. Que tenía De tiempos de sospecha sobre Timothy Leary, que en realidad fuera agente del gobierno que promovió el LSD entre los jóvenes de la época. Pynchon era consciente de que el LSD formaba parte de un ambicioso programa de la CIA que ya se preparaba en los 50 para irrumpir con toda su fuerza en la contracultura de los 60. Se habla también de experimentos de lavado de cerebro en la ya citada universidad de Cornell. Pynchon se posiciona en contra del aparato militar, pero se alistó en la marina en uno de los episodios más paradójicos de lo que suponemos que sabemos de su biografía. Estuvo en pruebas con misiles, así que formó parte del problema, pero era consciente de ello. El Arco iris de Gravedad nace de su sentido de culpa por formar parte de ese entramado aeronáutico con fines ominosos.

También aparece en pantalla Irwin Corey que fue el humorista que recogió el National Book Award, y dio el discurso ante crítica y público por encargo del propio Pynchon. Corey explica que como él no conocía a Pynchon y Pynchon no lo conocía a él personalmente, pues que podía correr ese riesgo, que no había responsabilidad mutua en relación a esta trastada que ha quedado para los anales. “Mucha gente pensó que yo era Pynchon. Pero lo que yo me pregunto es si Pynchon se conoce a sí mismo”.

En el bloque Pynchonmania aparece Tim Ware que dice que la segunda vez que leyó El Arco iris de gravedad decidió construir un índice con los personajes de tan intrincada novela para facilitar la lectura a los que se enfrentaban a la novela por primera vez. En 1995 descubrió internet y entonces pensó que sería una herramienta útil para su índice. Hizo lo mismo con la anterior novela, V, y a partir de ahí se crearon unas conexiones laberínticas que a su vez formaron una especie de eco del espíritu de sus novelas. Es entonces cuando a Pynchon se le empieza a relacionar con un ente que es casi producto de la física cuántica.

 

 “A la literatura de Pynchon hay que entrarle como un detective, pero un detective que debe saber que no va a encontrar una solución final al caso que le ocupa”.

 

Janes Bone, periodista, habla de otra de sus novelas, Mason & Dixon, publicada en 1997,  y destaca que esta vez se promocionó con un cierto hype. Se dijo entonces que sería interesante entrevistar a Pynchon, la editorial le dijo que se organizaría una fiesta con fans del autor en la que los asistentes debían asistir disfrazados del escritor (mejor dicho, de cómo ellos pensaban que vestía el escritor del que no constaban fotos). Se explica que en el bar había una “atmósfera conspirativa”. John Levine, que también asistió a ese evento que por lo que parece tenía tintes paranoicos muy en la onda del homenajeado, confirma que entre el público había un sospechoso con gafas de sol y sombrero panamá, sin afeitar, que parecía bastante nervioso y que eludía a los fotógrafos. Melvin Boukhiet dice que lo oyó hablar con acento francés, pero en cuanto un fotógrafo lo apuntó con su objetivo salió del establecimiento. Parecía que el autor estaba bastante interesado en comprobar cómo irían vestidos sus fans, pero que la presencia de la cámara pareció afectarle demasiado. Se reveló la foto y se le envió a una amante de Pynchon, 30 años antes, pero parece ser que tampoco era él.

El mismo fotógrafo asegura que unos años después fue a buscar al esquivo novelista hasta donde se suponía que vivía y se dedicó a escudriñar por la calle a todos los sexagenarios con los que se cruzaba y fueran acompañados de un niño de unos seis años (la edad que se suponía que tenía su hijo). Que en cuanto lo vio apuntarle con la cámara de bolsillo se cubrió la cara con su capucha hasta los ojos y se acabó de cubrir hasta la boca con su abrigo. “Parecía tenerlo todo diseñado por si salía alguna contingencia en la calle”, explica el fotógrafo. Que al final se le pudo acercar y que le acercó la mano como si saludara a un rival en el fútbol y el escritor respondió al gesto con con malos modos. En el documental se ven unas imágenes grabadas en vídeo en el que se ve a Pynchon andando, viste una gorra roja “y un bigote trabajado desde los años 60, que le hace parecer entre Pancho Villa y Wyatt Earp“.

No saldrás vivo de este mundo

steve-earle

 

“¿Te acuerdas de cuando llegué aquí? ¿De lo asustada que estaba? No tenía dinero y no hablaba inglés. Al principio ni siquiera entendía qué era este sitio, esta avenida de South Presa. En Dolores, de donde vengo, no hay ninguna calle como ésta. Tal vez en Guanajuato o Querétaro sí, no lo sé. Tanto dolor. Tanta vergüenza. Y yo me traje la mía propia y luego lo empeoré todo al quitarle la vida a un inocente…”

 

“Solía fumar crack y ver el programa Cops. Cuando dejé de tomar drogas, dejé de ver realities en TV”, explicaba el año pasado Steve Earle en la revista Rolling Stone a propósito de su gira de presentación del álbum Colvin & Earle grabado junto a  Shawn Colvin. Me pregunto si ahora que Trump es presidente, el cantautor de country (al que también has podido ver en series con tintes muy musicales como The Wire o Treme) habrá vuelto a las drogas. Leo que gran parte de la progresía de EE.UU. vuelve a echarse a la calle con un ardor que se compara con el de aquellos años de la guerra del Vietnam, que es cuando un joven llamado Steve Earle se convirtió en uno de los abanderados de la protesta. Así que ahora que se acaba el fin del mundo es buen momento para recomendaros su novela a todos aquellos que estéis pensando en la redención.  No saldré vivo de este mundo es el título de esta novela publicada en castellano por El Aleph (y traducida por el ubicuo Javier  Calvo) y es el título de la última canción que compuso antes de morir otro trovador del desgarro emocional como fue Hank Williams, fallecido el primero de enero de 1953 después de pasar por una vida quebradiza que naufragó al son de las drogas.

Y de drogas va a ir la cosa. La historia en cuestión nos lleva hasta los bajos fondos de San Antonio donde nos encontraremos con un médico que ha sido apartado de su profesión y que se gana la vida practicando abortos a prostitutas o extrayendo balas perdidas del cuerpo de chavales que no tienen otra salida que operar al margen de la ley. Earle, que ya decimos se ha ganado durante toda su carrera cierta reputación como activista político, -como músico muchos le achacan parecerse demasiado a Bruce Springsteen-, aprovecha esta historia para hablarnos de la precaria situación de los mexicanos que entraron por la frontera como espaldas mojadas y que viven en la actual ciudad de Pau Gasol en una situación legal más que precaria. Un tema que está más en boga que nunca con la llegada a la presidencia de Donald Trump.

Los sin papeles y los drogotas viven al margen de la ley y sin posibilidad de redención en esta pensión de mala muerte en la que está ambientada la obra -algo así como un crossover entre Hostal Royal Manzanares y La casa de los espíritus-, situada en el sumidero de la séptima ciudad más poblada de los States. Hasta que llega el milagro que esperamos todos al levantarnos de la cama. Porque el blues de Earle, es triste de cojones, pero también abre una grieta en el alma por la que pasa siempre un rayito de luz. Una novela que parece escrita para protegernos de los desmanes en los que se empeña en meternos  la vida. Una novela simple que puede que incluso te salve la vida. “Lo que me sucedió con las drogas no sucedió porque yo era creativo. Habría sido un adicto si hubiera sido carpintero. Lo que me salvó de ellas fue ser consciente de que en la vida hay que ser simple”, comenta Earle en la entrevista citada antes.

Earle no descuida el contexto político y social aprovechando las vicisitudes de los personajes que deambulan por ese rincón de Texas en los años 60, con John Fitzgerald Kennedy -no lo olvidemos, primer presidente católico de los EE.UU.- emprendiendo una gira texana de la que no saldrá vivo. Los conflictos de fe entre las creencias de los inmigrantes mexicanos y la iglesia estadounidense, que por esos años empieza un proceso de modernización en el que ya no cuentan tanto los milagros, están muy presentes en el rush final del libro cuando entra en acción el reverendo irlandés.  La cuestión del aborto y la pena moral por la que pasan las desafortunadas inmigrantes es otro de los temas candentes del libro. Cuestiones de hondo calado social narradas con un estilo cercano al realismo mágico. Y es que al curandero adicto a los opiáceos, de nombre Doc Ebersole, se le presenta el fantasma del propio Hank Williams, un ángel de la muerte al que escucha como si de su particular pepito grillo se tratara, sobretodo cada vez que se va a meter un chute. La situación de Doc cambiará de la noche a la mañana con la llegada de una joven mexicana que tiene poderes curativos y es capaz de ver al fantasma de Williams sin necesidad de substancia alguna.

El estilo de Earle es muy sencillo, muy fácil de seguir, como los temas country que inmortaliza en sus discos…  Una novela que recomendaría a aquellos que se sienten deprimidos y con esa sensación que a veces nos invade y que nos hace sentirnos sin esperanza. Una historia que nos devuelve la fe en el sentido comunitario de los desarraigados. Como su country. A veces se nos olvida que todo es tan simple como ser conscientes de que nos vamos a salir vivos de este mundo.

Patuchas, el hombre de los mil limones

juanantoniocanta

“No nos gusta hacer canciones de amor pero tal y como están las cosas alguien tiene que hacerlas”.

Se cumplen veinte años de la muerte del artista conocido por su grupo de una persona, Juan Antonio Canta, que un día como hoy se cansó de la canción de los limones con la que se convirtió en uno de los primeros frikies de la televisión priva de este país (por obra y gracia de Pepe Navarro que después de verle actuar en directo no sabía como encajarlo en su programa y al final acabó convirtiéndolo en una parodia de su arte, en un bucle absurdo de cítricos que desfilaban como hits redondos por esa parodia de Los 40 Principales). Se ahorcó en el trastero de su casa. No pudo más con los limones que le regaló la vida a cambio de su arte.

Más abajo tienes el teaser del documental escrito y dirigido por el realizador de Amposta, Asbel Esteve. 

Juan Antonio Castillo, antes vocalista de Pabellón Psiquiátrico -con el que tuvo bastante repercusión en Argentina donde ofrecían entrevistas por televisión que aquí se le escamoteaban-, gustaba deslizarse por Las bambalinas de la banalidad, por si un día era capaz de dar con la letra de una canción que pasara a la posteridad. Un tipo con sex appeal aunque era muy raro, que e había visto todas las películas, que hablaba de cómics, y se había leído todos esos libros que nadie conocía. Era un tipo complicado de entender si no lo conocías, a él pero sobretodo a sus innumerables referencias culturales. Uno de ellos era Martirio a quién escribió una carta de admiración que más bien era de despedida: “Pasarán los guitarrazos y el caos y quedará la belleza”. La suya era música de contrastes, entre el blanco y el negro. Un artesano que tiene que tirar la mayoría de figurillas. Como la cabeza le iba a mil también hizo de dramaturgo. Le sacó todo el jugo a Shakespeare con una obra de sólo 16 palabras.

16 palabras condensadas en una sola. “Mambo”.

Pero ya era demasiado tarde.

Se marchó.

 

¿Un brote propio de época de transición?

manuel-puig

En el día mundial dedicado a concienciar sobre el Sida, nos acordamos en este blog de estas palabras del escritor argentino Manuel Puig que vienen recogidas en el libro ‘Estertores de una década, Nueva York ’78’ en el que se recogen las vivencias del autor de Boquitas Pintadas o El beso de la mujer araña en esta ciudad que despide una década muy movida en lo social y cultural. El escritor argentino residió en la Gran Manzana mientras trabaja como cronista en medios como la revista de moda barcelonesa, Bazaar, que ofrece a Puig la oportunidad de escribir, entre 1978 y 79, una serie de reflexiones sobre las costumbres sexuales en Nueva York (también se incluyen en esta libro los artículos que escribe para Siete Días Ilustrados de Buenos Aires con la que colabora desde la capital del mundo los años 1969 y 70, cuando ya había publicado su primera novela La traición de Rita Hayworth). Es en esta ciudad donde, por primera vez, oye hablar de la enfermedad y así lo recoge en uno de los capítulos en el que también cita, sin nombrarlo, al mítico Studio 54.

“Querida/do… vuelvo otra vez a conversar contigo, la noche…trae un silencio que me invita a hablarte y pienso… sí también tu te reconocerías, cariño… en los sueños tristes del Village extraño… Sueños nublados de invierno hasta hace unos días y del nubarrón más negro y denso, !ay!, mejor ni hablar. Porque es sinónimo de muerte, hace pensar en un cajón frío, en cruces de cementerio recortadas contra la tempestad. Este invierno en Nueva York las cruces se recortaron con tantos rascacielos más, un brote epidémico, aparentemente nuevo, que incluso logró abrirse camino hasta la primera plana de un diario importante. Se dio a conocer. Pero al menos se ha aislado el virus, ahora sólo falta inventar la vacuna. El virus no tiene nombre todavía, pero el efecto si: asexualidad. Que significa olvido de, desinterés por, rechazo a, repugnancia de, desconcierto ante, terror de… la vida sexual. Un invierno largo con tempestades de nieve que batieron récords. Y por primera vez identificado, paseándose por la nieve, el nuevo y repelente personaje. Su capa en graso (!ui!) tejido de uñas mugrientas, su voz un (!aúúúúú!) aullido de hambre, su rostro el del amigo que nadie (!uhm!) llegó a conocer. La queja de la gente empezó a oírse muy aisladamente. Pocos se animaban a admitir la disminución del propio atractivo. Eran casi todas voces femeninas, en un principio, voces más habituadas a admitir fracasos. A ellas y a sus voces nadie las deseaba, nadie las seguía, nadie las grababa, nadie se enteraba de su mala existencia. Por fin los artículos en los periódicos, escritos por hombres, como compensación. Por ejemplo la discoteca de moda: quien llega solo se retira solo, quien llega acompañado tal vez sale solo. La aquí famosa, ambicionada discoteca de la calle 54. Entra Bianca Jagger sola, sale Bianca Jagger sola. La sigue su sombra, su sombra se besa con el alumbrado violeta de los faroles de mercurio. El lascivo espectáculo de la noche invernal neoyorquina: nada mas que una sombra frotándose de pies a cabeza contra la nieve obispal. Feo color el violeta. Pero mejor otro día, hoy no: hablaremos otro día del virus. ¿Un brote propio de época de transición?”.