Las momias del Passeig de Sant Joan

Ha llegado a la xarxa de biblioteques el segundo tomo de las memorias de Aurora Bertrana. Yo andaba buscando la lectura de  sus experiencias en la Polinesia, donde residió en la década de los 20 -convivió tres años con los tahitianos y se convirtió en erudita occidental d las costumbres malayas con ponencias por toda Catalunya-, pero esta segunda parte de su autobiografía comienza justo con la irrupción de la guerra civil. Y no da puntada sin hilo la escritora que nos ofrece una lección de cómo explicar la guerra civil sin resultar una “cuñada”. De apariencia, Bertrana es tirando a sospechosamente burguesa, pero a la hora de narrar lo acontecido en esa primera guerra civil que fue la revolución en Barcelona no le tiembla el pulso cuando denuncia la liquidación de una de las fuerzas de izquierda más radicales, el POUM, que parece molestar a socialistas y comunistas que han tomado el control de la España republicana.

“Si tots aquests grups polítics extremistes feien, cadascú pel seu cantó, el que podien en qüestió de delictes, per què havien de pagar ells sols la culpa de tots? És aquesta sensació d’injustícia  el que m’empeny a   fer-ho resssaltar tot i que, com a “política”, jo no tingui cap dret a opinar,ja que vaig passar la “petita guerra civil” tancada a casa passant  gana i evitant les bales perdudes. Per a mi, la liquidació  del POUM és un misteri i una vergonya. I perdoneu que parli de “vergonya” en evocar aquella época. És evident que els altres comunistes -vull dir els de la Tercera Internacional o estalinistes- el POUM els feia nosa”. También dedica un capítulo a dilucidar las rencillas propias de la facción de derechas con carlistas, empresarios, falangistas y monárquicos. “Perque l’esquerre de les dretes s’assembla molt a la dreta de les esquerres fins el punt que fàcilment es podrien donar la má”

 

Nos explica Aurora Bertrana que la guerra le pilla en Ampúries, cuando estalla la insurrección militar se queda atrapada en la Costa Brava, hasta que consigue los permisos “revolucionarios” pertinentes para poder bajar en coche hasta Barcelona. En el camino hacia la capital catalana se encuentra con infinidad de controles que convierten el periplo en una odisea. Una vez consigue llegar a la ciudad, la hija de Prudenci Bertrana -hace unos días se organizó una ruta por Berga siguiendo algunos escenarios que compartieron hija y padre durante algunos veranos- será testigo directo de la profanación del convento de les Saleses que describe con pelos y señales.  Como las hordas revolucionarias se encuentran con la iglesia vacía se dedican a profanar tumbas de monjas que exhibirán en el mismo Passeig de Sant Joan. La escritora asegura al final del capítulo que llegó a desfilar un millón de personas por esta macabra exhibición.

“Milers de ciutadans encuriosits anaven a contemplar aquest macabre espectacle batejat amb el nom de “Les mòmies de les saleses”. De mòmia només n’hi havia una, i encara dubtosa. Era un cadàver que, Déu sap per quins motius, no havia arribat a l’estat de descomposició natural. Semblava talment una estàtua. Representava una monja jove, esvelta, vestida i cofada de blanc, amb el rostre i les mans com de marbre. Per la seva netedat i la seva formosor feia goig de contemplar. Les altres eren pobres i horribles cossos de dona en estat més o menys avançat de putrefacció: hi havia totes les gradacions del cadàver, des del més recent al més antic,ja convertit en simple esquelet. Aquests darrers aviat es desintegraven, i aixó afegia lletgesa a l’espectacle”.

 

“Uns deien que els anarquistes volien tornar a ser els amos del país, com ho havien estat als primers mesos de la guerra civil. D’altres deien que els comunistes, d’acord amb la Generalitat, estaven ben decidits a acabar amb tots els partits que s’oposaven al domini del Partit Comunista, que era el més fort i més ben organitzat de tota l’Espanya republicana, l’únic capaç d’aconseguir,  amb els seus mètodes i la seva disciplina, la victòria final sobre els nacionals”.

El convento en cuestión, refugio de las monjas salesas de la Orden de la Visitación, se encuentra en el Passeig de Sant Joan, 90-92, entre las calles de Valencia y de Aragón, en pleno Eixample derecho (como quien dice, a cuatro pasos de la Sagrada Familia). El antiguo convento fue convertido en 1943 en un colegio de los Hermanos Maristas. La iglesia ya recibió lo suyo durante la Semana Trágica en 1909.

“Valia la pena d’escoltar els comentaris de la gent. La formosa mòmia de la monja era molt admirada. Hom tractava de comprendre per què aquella feia tant de goig i les altres tant de fàstic, fins el punt que, després d’haver-les contemplat, alguns espectadors havien de córrer a vomitar al peu d’un arbre”.

Por lo demás, el libro es más que recomendable, el primer tramo del mismo está lleno de datos de interés sobre el desarrollo de la guerra civil, explicados de manera muy clara, con un intento de plasmarlos de manera bastante objetiva,  pese a lo embrollado de la situación, sobre todo en el bando digamos “rojo”. Aparece mencionado el teatro circo Olimpia, del que hablamos ya en esta entrada, en el que el 9 de agosto del 37 se reúnen los anarquistas para discutir algunos detalles sobre las quintas que debían ir al frente. Los anarquistas aceptan ir a defender a la República pero sin uniformes, con sus propias leyes, lo que propiciará desencuentros con las autoridades oficiales que en esos momentos ya no saben qué hacer para parar el avance de los nacionales. El resto es historia y está toda muy bien pormenorizada en este excelente libro.

El apagón que iluminó el corto verano de la anarquía en Nueva York

Hace unos años se programó en el festival In Edit de Barcelona un docu que me llamó mucho la atención y pasó al Top 5 de mi particular lista de documentales favoritos. Se titulaba NY77: The Coolest Year In Hell y en él se explicaban los acontecimientos que, casi de manera telúrica, se conjugaron para que 1977 fuera uno de los años más importantes para la música popular y urbana de la segunda mitad del siglo pasado en los EE.UU. El 13 de julio de ese mismo año es recordado por los más viejos del lugar por un apagón que alentó una serie de saqueos de todo tipo de productos, entre los que destacaron infinidad de tocadiscos extraídos impunemente de tiendas de electrodomésticos, que propulsaron la cultura hip hop en plazas y parques de los barrios más deprimidos de la capital del mundo. Si querías ser Dj en los años 70 debías disponer de tu propio soundsystem cargando con tus parlantes y todo. Así que eso fue lo que hicieron muchos jóvenes. Cargar con ellos hasta su casa. Los medios convencionales no le vieron la gracia al asunto y dieron la brasa durante meses con el tema que, por las imágenes que quedaron para la posteridad se tuvo que desmadrar bastante, con las fuerzas de seguridad empleándose a fondo.

El apagón iluminó un punk de negros que le sacó las chapas al guitarreo para blanquitos que por entonces se estaba popularizando con la apertura de sus primeros antros. El verano de la anarquía en Nueva York sucedió tal día como hoy de hace cuarenta años y fue tan corto que sólo duró 25 horas. KRS-One recuerda a cámara que su madre le dijo: “Cuando no hay luz las personas quedan reducidos a animales. Empecé a ver a la gente de manera más profunda que esa superfície que mostraban normalmente por la calle. Fue entonces cuando me convertí en un hombre”.

El documental nos describe Nueva York como una ciudad vibrante, sucia, bestial y desmadrada, y se destaca nada más empezar que las putas campaban por Times Square (“The 1970s were a bad time for Times Square, which was marked with an excess of Xs and was suffering from a soaring crime rate”). Así al bulto nos referiríamos a Una ciudad deprimida en lo social, pero que se rebeló en colores en lo cultural con el reflejo de una amplia gamma de creativos estilos musicales.

“Photos between 1973 and 1982 show prostitutes, pimps and homeless people around Port Authority bus terminal”

Una vez se hizo la luz, literalmente, aparecieron en multitud de parques chicos cargando con un par de giradiscos y un soundsystem con los que tomar las calles de una ciudad que llevaba tiempo deprimida en lo financiero. Ese mismo verano, la ciudad sufrió una ola de calor en paralelo a una ola de asesinatos facturados por un asesino en serie llamado David Berkowitz (y conocido popularmente como El hijo de Sam). Es que lo tuvo todo ese año. De hecho Talking Heads sacan a la venta en diciembre de ese año Psycho Killer, tema que habían aireado un par de años antes en el CBGB. Pero la relación con el hijo de Sam no es tal según defiende la banda: “Although the band always insisted that the song had no inspiration from the notorious events, the single’s release date was “eerily timely” and marked by a “macabre synchronicity”.  No olvidemos tampoco que la década de los 70 se caracteriza por el cine de catástrofes con títulos como El Coloso en Llamas o Aeropuerto 77 que se estrenará sólo semanas después del apagón. 1977 parece pues una gran confabulación de géneros y subgéneros, textos y subtextos de toda la cultura popular surgida después de la segunda guerra mundial.

Estamos pues ante un verano infernal de calor que tuvo su guinda en el apagón más importante sufrido por Nueva York en toda su historia. Aquel año 77 fue un año crucial para el desarrollo de otras corrientes como la música disco con la apertura de la discoteca Studio 54 en abril de ese mismo año, el sacrosanto Paradise Garage que acogerá a gentes de diversos pelajes y razas, sin dejarnos el punk con el ya citado CBGB carburando al máximo después de haber abierto sus puertas cuatro años antes. Para acabar de tensionar el contexto de aquel verano, Nueva York se prepara para unas elecciones que van a ser capitales en el futuro de una ciudad que prepara el terreno para la gentrificación de hoy (el desamparo general del apagón se volvió tormenta de adrenalina y festín para marginados en general que, por lo demás, pasaban sus horas en ese centro social que era el parque).

La noticia del apagón en Nueva York llegó a los diarios españoles dos días después del suceso. La Vanguardia titulaba en su página 3 en la que resume las noticias más destacadas: “Caos en Nueva York a causa de un apagón general. Se han producido actos de saqueo y pillaje”.

“Centenares de personas fueron sorprendidas por el apagón dentro de los ascensores, aunque debido a que la avería se produjo bien entrada la noche la situación no fue tan angustiosa como en 1965, cuando la electricidad faltó a la hora del cierre de oficinas. Numerosos actos de saqueo y pillaje así como incendios han convertido a esta ciudad en un caos. Los bomberos se ven desbordados por la cantidad de llamadas de urgencia que reciben. Según la policía desde el momento del apagón se habían producido dos mil detenciones y 78 policías han resultado heridos en los accidentes e incidentes producidos a lo largo de esta increíble jornada”. La Vanguardia. 15 de junio de 1977.

 

Para contextualizar cómo estaba el mundo por entonces, en plena guerra fría por cierto. Ese mismo día los gobernantes de Estados Unidos y Alemania Occidental iniciaron en Washington dos días de conversaciones sobre los problemas que afligían a Europa Occidental, región que, según los analistas internacionales del momento, era causa de honda preocupación en las esferas oficiales norteamericanas donde se considera el proceso democrático que vive España como uno de los escasos acontecimientos alentadores del momento (la últimamente tan cacareada cultura de la Transición se estaba gestando en ese momento, el secretario general de Alianza Popular, Manuel Fraga y el hasta entonces proscrito Santiago Carrillo, adalid del comunismo en nuestro país, se daban la mano por entonces en los pasillos de las Cortes). En Grecia también atraviesan como en NY por una ola de calor infernal que tres días antes del suceso neoyorquino ha elevado el mercurio a los 48 grados, récord de una capital europea. El Magreb anda revuelto con la nueva ofensivo de Marruecos y Mauritania para neutralizar los escarceos argelinos en el Sahara. El foco de tensión en el África negra se dirigía hacia el conflicto entre Eritrea y Etiopía azuzado con la irrupción de guerrillas armadas y financiadas por cubanos y rusos.

“La incidencia del rayo provocó una reacción en cadena a lo largo de, todas las líneas de alimentación, causando el apagón de todo el sector”. La Vanguardia. 15 de julio de 1977.

El apagón produjo tal consternación en la costa este estadounidense que derivó en toda una serie de memorabilia sin parangón en este tipo de sucesos, como una revista impresa que aprovechó el tirón titulada Blackout ’77 – A Night To Remember: The Official U.S. Collector’s Edition de la que puedes ver fotos desde aquí. “…basically just photos of the looting and chaos that occurred during the blackout in New York City. In style and content it’s very “New York Post” with shock headlines, and blame and condemnation of liberal politicians in their response to the crisis”.

“En el estadio Shea, en Queens, 25 mil aficionados al deporte de pelota base han permanecido sentados en sus localidades al producirse el apagón, cantando canciones bajo una temperatura de 33 grados centígrados”. La Vanguardia. 15 de julio de 1977.

Aquí tenéis otro documental más reciente, What Happened When The Lights Went Out de 2015, de la serie American Experiences, en el que también se desvelan las razones y consecuencias de este apagón y se aportan testimonios de ciudadanos y propietarios de tiendas saqueadas. Un tono algo más tremendista y sensacionalista que el anterior.

Y entonces Agassi subió a la red


Andre Agassi es noticia hoy porque en esta edición de Wimbledon entrena a uno de los favoritos, Novak Djokovic. Hace justo 25 años lo era por ganar el torneo individual masculino. Después de perder dos finales en Roland Garros y una en la pista central de Wimbledon, el excéntrico tenista lograría su primer ‘grande’ sobre la hierba del All England Club. Además de la gloria, superaba con un passing shot a todos aquellos que pensaban en él como un “producto del marketing deportivo” sin mucha chicha competitiva real. De paso demostró que se puede ganar el torneo siendo mejor restador que sacador, tal y como le inculcó de pequeño su padre (“Más aún, dado que la mayoría de tenistas se enorgullecen de su saque, mi padre me convierte en un experto en contragolpes, en un experto en restar el saque”, explica Agassi en sus memorias con el título Open y con las que nos muestra al monstruo que era su progenitor).

“Está bien, dice mi hermano. Ya lo tengo. Si tienes que tomar esas pastillas, si te obliga a tomarlas, juega mal. Pierde estrepitosamente. Y entonces, cuando salgas de la pista, le dices a papá que temblabas tanto que no podías concentrarte.
Está bien, pero ¿qué son esas pastillas?
Speed.
¿Y eso qué es?
Una droga. Te da mucha energía. Sé que va a administrarte speed.
¿Cómo lo sabes?
Porque lo hizo conmigo.”

El tenista más famoso de los nacidos en Las Vegas debutó en el torneo con más tradición del circuito en 1987, el año que ganó la esperanza australiana de aquel momento, Pat Cash, después de dejar en la cuneta a partir de cuartos a Mats Wilander, Jimmy Connors e Ivan Lendl. El encargado de derrotar al estadounidense en su último partido en la Catedral londinense fue precisamente Rafa Nadal, 16 años más joven, en 2006, eliminándolo en tercera ronda por 7-6 (5), 6-2 y 6-4.

Un año antes de ganarlo, el estadounidense Andre Agassi, quinto cabeza de serie por entonces, animó la edición de aquel año pasada por agua. El tenista de Las Vegas pisó la pista central en un retorno muy esperado por prensa y público. Y lo hizo vestido de riguroso blanco de la cabeza a los pies en su enfrentamiento con el canadiense Grant Connell. Ian Hamilton, director de marketing de la sección de tenis de Nike, sabiendo del tirón del de Las Vegas en todo lo que concerniente a su look, que siempre era noticia, lo llegó a anunciar en las fechas previas al torneo en el que participaba Agassi después de tres años de ausencia por no querer respetar el blanco que impone las reglas del torneo y porque se traumó en su primera participación en el torneo, la bola no botaba como él estaba acostumbrado en pista dura con lo que durante unos años decidió saltarse la cita inglesa: “Lo único que puedo decir es que todos se llevarán una sorpresa con la ropa de AndrE”, comentó el mandamás del marketing de Nike aquel año. Cierto. Cuando todos esperaban un diseño original, con algún apunte de los colores oscuros y chillones que tanto gustan el tenista norteamericano, éste optó por el blanco absoluto e inmaculado.

“Detesto el tenis, lo odio con toda mi alma, y sin embargo sigo jugando, sigo dándole a la pelota todas la mañana y toda la tarde, porque no tengo alternativa. Por más ganas que tenga de parar, no lo hago. Sigo suplicándome a mí mismo parar y en cambio sigo. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, me parece la esencia de mi vida”.

Agassi pasó por deportista excéntrico, pero en realidad sus decisiones responden a una serie de opciones estrambóticas del que vive una libertad limitada, partiendo de la base que siempre odió el tenis pero tuvo que dedicarse a él forzado por su padre, armenio nacido en Irán: “Le confieso a Perry que no tener alternativa, que no tener ni voz ni voto en lo que hago y en quién soy, es algo que me saca de quicio. Por eso pienso más, de manera obsesiva, en las pocas decisiones que sí puedo tomar: la ropa que me pongo, lo que como, quiénes son mis amigos”. Pendientes, estética cercana al glam-rock, mechas descoloridas, cinta de aeróbic… Tal vez Agassi haya sido el tenista hetero que más ha hecho por introducir la estética trans en el circuito ATP.

Mi amigo Frankie Pentangeli, seguidor del torneo de tenis desde hace décadas, nos comenta en torno al propio Agassi: “Lo que más me llamo la atención de Agassi fue su particular entrada en el circuito profesional, su perfil se tornaba para algunos aficionados una dosis de aire fresco que, para otros más conservadores y periodistas quisquillosos no podían o no supieron entender. El tiempo le dio la razón, era en realidad un tenista super completo que no daba un punto por perdido y que logro ser gracias a su temperamento único todo un numero 1 de ATP. Y eso a pesar de toda la negatividad que le rodeaba en su entorno, esa dosis de aire fresco acabó derivando en lo que hoy entendemos como tenis moderno”.

“Mi madre me cuenta que cuando yo era un bebé, un día entró en la cocina y encontró a mi abuela paterna dándome el pecho. Desde entonces, las cosas entre las dos mujeres no ha sido fácil”.

Pues si, las memorias de Agassi, escritas en colaboración con el periodista y escritor “puleritzado”J. R. Moehringer, están repletas de perlacas sobre su vida familiar. Nada más abrir el libro encontramos como prólogo unas palabras escritas por Vincent Van Gogh en una carta a su hermano que nos dan muchas pistas de cómo siente el tenista que ha sido su vida, como un supermercado Open 24h que aún así mantiene puertas y cerraduras:

“No siempre podemos decir qué es lo que nos mantiene encerrados, lo que nos confina, lo que parece enterrarnos, y sin embargo sentimos ciertas barreras, ciertas rejas, ciertos muros. ¿Es todo ello imaginación, fantasía? Yo no lo creo. Y entonces nos preguntamos: Dios mío, ¿va a durar mucho, va a durar siempre, va a durar toda la eternidad? ¿Y sabes qué es lo que nos libera de esa cautividad? Un afecto muy profundo y muy serio. Ser hermanos, ser amigos, el amor, eso es lo que abre las puertas de la cárcel gracias a un poder supremo, a una fuerza mágica”.

La vuelta al mundo en 72 días

“En Port Said había resistido la tentación de comprar un boy, y había sofocado también el deseo de comprarme una niña cingalesa en Colombo, pero cuando vi el mono, mi fuerza de voluntad se fue al garete y empecé de inmediato a regatear por él. Lo conseguí”.

El otro día leí que el vuelo sin escalas más largo de la aeronáutica comercial lo estrenó a principios de este año Qatar Airways, enlaza Doha con Auckland, y dura 17 horas y media. Es decir en menos de un día puedes recorrer 14.535 kilómetros. Casi media vuelta al mundo (si tenemos en cuenta que el Ecuador terrestre mide 40 075 km) en esas 17 horas y media.

Pienso en este vuelo sin parangón porque hace unos meses cayó en mis manos el libro que reúne el diario de abordo de la periodista Nellie Bly que a principios del siglo pasado consiguió dar la vuelta al mundo en 77 días. Batiendo la simbólica marca establecida por el personaje de Jules Verne, Phileas Fogg, que en mi niñez era un león y se llamaba Willy Fog. Desde entonces la vuelta al mundo se ha convertido en una especie de hazaña idealizada que con el tiempo ha quedado en excursión dominguera (al igual que otras hazañas parecidas como la ascensión al Everest qye superhéroes como Killian Jornet que han coronado hasta dos veces en menos de una semana).

Por lo que se cuenta en el libro que os proponemos hoy nos enteramos que a finales del siglo XIX había mucha gente dando la vuelta al mundo (viajeros con experiencia, y sobre todo con posibles y mucho tiempo libre, que podían permitirse ya en aquel tiempo una vuelta al mundo al año de media, si de media). La periodista Nellie Bly es una de estas personas que engrosan el selecto y envidiable grupo de personas con la vuelta al mundo dada. Como decimos empleando ocho días menos que Willy Fog. Bly se erige ante nuestros ojos como una mezcla entre proto It girl con alma de blogger antediluviana y corazón de periodista de fondo. Una de las primeras plumillas en ejercer como periodista que cuenta los hechos desde dentro, mientras suceden, protagonizándolos como pcurre en esta vuelta al mundo con la que emula a Jules Verne (a quien visitará en su casa de Reims, desviándose un tanto de su trayecto inicial). El novelista le explicará en su casa que decidió escribir su novela La Vuelta al Mundo en 80 días cuando tuvo decidido su final (“caí en la cuenta de que nadie había reparado en la diferencia en los meridianos”).

“Fuí capaz de meter dos gorros de viaje, tres velos, un par de zapatillas, un juego completo de accesorios de tocador, tintero, plumas y lápices, y papel de copia, agujas e hilo, una bata, una chaqueta de tenis,una pequeña petaca y un vaso, varias mudas de ropa interior, una amplia reserva de pañuelos y cintas nuevas, y, lo más voluminoso de todo, y algo sobre lo que me mostré inflexible, un tarro de crema hidratante para evitar que la piel del rostro se me agrietara en los climas variados que encontrara en el camino. El tarro de crema fue la cruz de mi existencia. Parecía ocupar más espacio que cualquier otra cosa, y siempre acababa colocado en el preciso lugar que impedía cerrar la bolsa”.

Su itinerario previsto era de Nueva York a Londres, después Calais, Brindisi, Port Said, Ismailía (localidad egipcia en la ribera del Canal de Suez), la propia Suez, Adén (ciudad del Yemen que da nombre a un golfo, océano Índico, ubicado entre la región del Cuerno africano y la península arábiga), Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco y de vuelta a Nueva York. En Adén, puerto del Yemen, la estadounidense da muestras de cómo le deslumbran las posesiones del imperio británico y su respeto por la reina de Inglaterra: “Según avanzaba mi viaje y me daba cuenta de que los británicos se habían apropiado de casi todos, por no decir de todos, los puertos marítimos más deseables, aumentaba mi admiración por la sensatez del Gobierno de Su Majestad y dejé de maravillarme ante el orgullo con el que los británicos veían ondear su bandera en tantos climas diferentes y sobre tantas nacionalidades distintas”.

“En cada puerto que toqué encontré tantos solteros, hombres de buena posición, de posibles y de buena apariencia, que, naturalmente, empecé a preguntarme por qué las mujeres no acuden en masa a Oriente. Hace algunos años se llevaba decir aquello de Go West, young man; pero yo más bien diría “¡jovencitas, id a Oriente!” ¡Hay solteros para dar y regalar! Y además, en Oriente todos llevan una vida muy feliz”.

La periodista carga contra uno de los barcos estrella de la compañía Peninsular and Oriental Steam Navigation Company con la que viaja por el tramo del canal de Súez, aún en activo, conocida como P&O, línea naviera de transportes de origen británico con más de cien años de experiencia (que en tiempos de nuestra heroína, como ella misma se encarga de recalcar, se aprovecha de su antigüedad y consolidación en el negocio para abusar de sus clientes). Lo dicho, una auténtica blogger de su tiempo: “llamara camarotes a aquellos pequeños habitáculos oscuros, desagradables y mal ventilados era un auténtico halago”. En 2006 fue comprada por Dubai Ports World por un montante de unos £3.900 millones.

De Hong Kong, a la que define como “pintoresca y extraña”, le sorprende la manera de secar la ropa al sol: “Los balcones le hubieran dado una apariencia adorable a las casas si sus habitantes no parecieran estar celebrando un festival de colada, puesto que utilizaban los balcones como tendederos (…) era como si cada familia hubiera sacado su ropa vieja a exposición en la calle”. De los nativos de Colombo comenta también su vestimenta y complementos: “Una vez que uno sabe que son los hombres los que llevan la peineta, una característica distintiva de su vestimenta, igual que los pantalones para los hombres en Estados Unidos, no resulta difícil distinguir los sexos”.

En Colombo nos describe los medios de transporte que debe tomar en la ciudad india y que son motivo de reflexión: “Circular por la ciudad tirada por un hombre me hizo sentir una cierta vergüenza, pero después de un rato, decidí que se trataba de una gran mejora sobre los medios de transporte actuales; ¡era tan reconfortante tener un caballo que podía ocuparse de sí mismo! Cuando íbamos de compras era muy agradable no tener la preocupación de temer que no se les pusiera la manta a los caballos cada vez que entrábamos en una tienda, y si lo hacíamos correr no tener miedo de insistir en que lo hicieran a una velocidad que pudiera lesionarnos. Era un gran alivio tener un caballo cuya lengua pudiera protestar”.

“La lealtad de los británicos a su reina, en cualquier ocasión y en todo momento, había despertado mi admiración. Aunque fervientemente estadounidense, nacida y educada en Estados Unidos, y con la firme convicción de que un hombre es lo que él mismo se hace, y no consecuencia de su nacimiento, no podía evitar sentir admiración por el absoluto respeto que los británicos le guardan a la familia real”.

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Barcelona de nit

Hoy nos dedicamos a uno de los más destacados influencers culturales de la Barcelona del primer tercio de siglo pasado. Nos referimos a Sebastià Gasch que da nombre a unos jardines interiores que se encuentran en la manzana que crean las calles Rocafort, Entença, Diputació y Gran Via. También tiene unos premios culturales a su nombre.

Se trata de un crítico de arte que hizo de la crónica de espectáculos un arte que queda recogido en libros como Barcelona de Nit, compendio de crónicas del submundo, muchas de ellas describen el distrito V o barrio chino, que se cierra con una colección de artículos en torno al circo. En uno de los textos se habla de uno de los circos más importantes de la Barcelona del siglo pasado, el teatro circo Olympia con aforo de unas seis mil personas (sito en la calle Aldana con Ronda Sant Pau, ubicado en el mismo edificio que hoy en día acoge las galerías en las que se encuentran las tiendas de discos Rhythm Control y Vinilarium, la oficina de diseño Hard to Find Graphics o el sello Urban Legend). Aquí tienes un texto para clubbingspain en el que se describe el eco sistema perfecto que conforma ese laberinto que parece se ha quedado en los 70.

“Al cap de cinc anys Barcelona tornà a posseir un circ estable, el Circ Olympia, que fou l’únic veritablement digne de la nostra ciutat. Un enamorat d’aquest espectacle, coneixedor d’ell com a pocs, Josep Ventura Gannau, nat a Barcelona el 1887, suggerí la idea a un grup de capitalistes d’edificar un local d’àmplies proporcions per a funcions de circ, amb possibilitats també d’habilitar-lo per a representacions teatrals i grans espectacles. Acceptada la suggestió, es va adquirir un vast solar de la Ronda de Sant Pau, i l’obertura del nou coliseu s’efectuà el 4 de desembre de 1934 (…)En el programa inaugural figuraren números tan notables com els elefants musicals de Rossi, les foques ensinistrades del capità Frohno, el ciclista Catalani i els colosals pallassos Antonet i Beby”.

(Nota del autor del post: el año está equivocado en el libro, en realidad abrió sus puertas el 4 de diciembre pero de 1924.

“En el Circ Olympia actuaren durant els seus 22 anys d’existència, les atraccions de més renom mundial. Les seves quadres allotjaren superbes coleccions de feres i centenars de cavalls de totes les races. Els millors malabaristes, funámbuls, trapezistes, pallassos, treballaren sota la seva cúpula”.

Gracias al avezado crítico, nos enteramos que con el paso del tiempo en el Olympia había augustos mediocres. Es el payaso que lleva nariz roja y el que crea accidentes y lía pollos para desestabilizar al payaso blanco.

De finales de los años 20 hasta la llegada de la guerra, Gasch prestará atención a aquellas manifestaciones culturales que la prensa generalista de la época ningunea como el cine, el circo, el music hall, el jazz, el boxeo, el flamenco o la danza. Gasch alardea en sus textos de sus amistades, como Miró, demostrando que un buen periodista debe confiar en esas fuentes que suponen una buena lista de amigos del sector del espectáculo.

Por los textos de Gasch averiguamos que en los locales de Barcelona abundaba hasta el exceso “la rajola de Valencia”. Que los locales de los años 30 se encuentran en periodo de restauración con poca suerte estética, según el criterio del propio Gasch, como el Barcelona de noche, “massa llempant”, el nuevo negocio de Pepe el de la Criolla, del que ya hablamos en este post. El tema del poco tino de las reformas es recurrente en los artículos de Gasch que escribe uno titulado “A la luz del recuerdo. Reformas ilógicas” que le publica la Revista Destino el 30 de marzo de 1963.Parece ser que Gasch no era muy partidario de la fama del local del de la Criolla. Muchas de estas reformas van encaradas al turista de la época: “Però aquesta decoració infecte, fill degenerat del cubisme pictòric, el turista ja el troba a tots els dancings del seu país, i la gent adinerada de l’Eixample ja el troba a tots els cabarets de luxe barcelonins. I, naturalment, tant el turista com l’home del carrer del Bruc, que cerquen una altra cosa al carrer del Cid, no anaren a la Criolla. Només hi anà la gent del barri. I el contrast entre tots aquells descamisats i aquella sumptuositat desproporcionada creà un desacord dels mes desagradables”.

“Per entre les tauletes de fusta -amb tapet de quadros les de les llotges- i uns taborets gòtics, circulen uns cambrers amb americana blanca i unes dones del guarda-roba vestides de seda negra. Tot plegat és un farrigo-farrago que participa del cabaret de luxe, del Refectòrium, o de l’Or del Rin i de l’Exposició d’Arts Decoratives… Pepe-el-de-la-Criolla passeja la seva mirada de xai satisfet damunt aquesta fastuositat de qualitat inferior. I, de tant en tant, el cangrejero: -¡Percebes, gambas, almejas!- ens recorda que som el districte cinquè”.

Habla de la crisis de los café-conciertos, entre los que destacaba Casa Juanito Eldorado -“…i de tots els llocs espectaculars, més o menys prostituïts, més o menys turístics, la taverna de Juanito El Dorado-es indubtablement el millor. I els diumenges a la tarda, sobretot, l’afluència extraordinària de poble autèntic ofega l’escenografia i fa pensar en els bons temps de l’establiment”- que tanto hizo por el flamenco desde el actual Raval (la calle Arc del Teatre por esos años 30 ya estaba de capa caída y que la animación se trasladó a la calle Tàpies). “Els cafès-concerts del Paral·lel agonitzen. De la taula de joc, la pastera, fa anys que no se’n canta gall ni gallina. De senyors capaços de destapar cinc o sis botelles de xampany en una avantllotja, cada dia n’hi ha menys. Més ben dit,no n’hi ha ni un”.

“A les parets penja-robes de rebedor de família humil i un rellotge de menjador petit burgès. I gent del barri. Homes i més homes. Homes que, darrera els seus crits d’alegria fictícia, porten el pensament fit en l’endemà trágic que els espera: un despatx -la mort lenta- i un amo criminal”.

Anticipa el triunfo del cine sobre las artes escénicas. El teatro que intenta seducir al pueblo y al erudito fracasa, mientras el cine con mejores autores y actores, y sobre todo con medios más avanzados, sabe encontrar ese punto intermedio que le hará imponerse como forma de entretenimiento del siglo XX. Nos habla de las revistas madrileñas que plagan las programaciones de los teatros barceloneses en cuanto llega el verano. En 1932 hablará de una segunda ola del cine con las películas de gangsters. “Els films de gàngsters han restaurat l’imperi de l’acció. Més fets i menys paraules (…) I el moviment cinematogràfic ha arraconat la lentitud teatral”.

Gasch se tira de los pelos porque los cantaores entrado el siglo XX empiezan a cantar tangos, la moda del momento. “Vallejo ja canta tangos. Quin horror! Que aixó ho faci el decadent Niño de Marchena, encara… Però el gran Vallejo!…Només queda la vella guardia”. Su relación con los actores principales del mundo del flamenco le permiten estar donde hay que estar y poder afirmar que en una juerga en un local cerrado es como se debe escuchar el cante de verdad. Un cante que ilumina las noches del llamado barrio chino de Barcelona, hoy el Raval: “La nostra gent ignora que és precisament en aquest districte cinquè on l’andalusisme, sense gota d’escenografia, es manifesta amb cruesa terrible y amb patetisme punyent. Més purament potser que en la mateixa Andalusia. Allà domina l’escenografia turística”.

“Ara, tots els ballarins són coixos. I abusen dels garrotins, que són a la dansa el que els fandanguillos al cant. I introdueixen ens els seus balls passos russos i fins i tot americans. Quins temps aquells! Ja en queden pocs de purs”. Pero Gasch sabe encontrar a los bailaores de verdad. Como buen ojeador que es, Gasch está al tanto de las promesas del baile en los tablaos, como Carmen Amaya a quien descubre antes que ningún otro plumilla:

“A la Taurina, cal estar de sort i cal encertar el dia. Car algunes nits, poques, hi balla la Carmencita (Carmen Amaya). Es fa difícil de trobar la paraula exacta per a comentar aquesta meravella. Imagineu vos una gitaneta d’uns catorze anys asseguda damunt d’un tablado. Carmencita roman impassible i estatuària, altiva i noble, amb una noblesa racial indefinible, hermètica, absent de tot i de tots, sola amb la seva inspiració, en una actitud figée per a permetre a l’ànima d’elevar-se devers regions inaccessibles”.

El contubernio de Munich

“Lo más destacable acerca del régimen de Franco es su capacidad de pervivencia. El régimen aguanta por los terribles recuerdos de la guerra civil”. François Bondy.

Hoy se cumplen 55 años de la primera jornada de un encuentro histórico, más por su valor simbólico que por su funcionalidad a efectos prácticos (en realidad acabó en agua de borrajas y con la idea de que la monarquía era la única salida factible una vez muriera Franco). En Munich se reunía por primera vez un grupo de 118 personas para pergueñar diferentes alternativas a una dictadura que llevaba 23 años en el poder (que por entonces ya parecían una eternidad).

A primeros de junio de 1962 se reunían por primera vez exiliados y, lo que es más importante si cabe, falangistas de marcado pasado fascista que se habían quedado en España, pero que pasado el tiempo, empezaban a ver que aquello del caudillo no tenía ni pies ni cabeza. En este grupo destaca la figura de Dionisio Ridruejo que llegó a afirmar públicamente, en un arranque de limpieza de conciencia: “Si algún arrepentimiento profundo hay en mi vida es el de haber contribuido con la inocencia de la edad juvenil a destruir el proyecto pacífico y progresivo de la República española”.

“A las once de la mañana del día 6 de junio hubo una nueva reunión plenaria para aprobar el texto. La leyó Fernando Álvarez de Miranda. Al pronunciar las últimas palabras, Madariaga pregunto a los presentes si se debía votar o si la aprobaban por aclamación. Los reunidos no lo dudaron. Se levantaron de sus asientos, alzaron los brazos y empezaron a aplaudir. Empezaba la primavera de Munich. “Vaig sentir (i crec que no era l’únic) com em venien llàgrimes als ulls”, escribió Manent aquella noche en su pequeño cuaderno. Lo vivió como el auténtico final de la guerra civil”.

En cuanto la prensa afín al régimen, en cuanto se enteró de este encuentro lo bautizó con una palabra despectiva que ya quedó para siempre en la imaginería del país: el contubernio, en este caso el de Munich. El caso lo tenéis muy bien documentado en un libro publicado hace pocos meses en la editorial Tusquets: “La primavera de Munich (Esperanza y fracaso de una transición democrática” del especialista en historia de nuestro país de la segunda mitad del siglo XX, Jordi Amat.

Estamos en un momento en el que el franquismo ha ganado una pelota de set y quién sabe si de partido cuando en 1959, azuzado por el Fondo Monetario Internacional que miraba con lupa la economía de nuestro país, el Gobierno adopta un plan de estabilización que transformará el país en una sociedad capitalista. Franco llama a las puertas del Mercado Común y la resistencia tiene que reaccionar para evitar que se “oficialice” el régimen en el plano internacional.

“Contra la República habían combatido el Ejército, la Iglesia y buena parte de la alta burguesía, y la restauración de ese régimen sería problematizada por esos poderes fácticos. La monarquía, en cambio, quedaba al margen de esa dialéctica. Y ese estar al margen era lo que a Joaquín Satrústegui le permitía sostener que la reinstauración no debía ser plebiscitada. Su legitimidad no le venía de los votos de los ciudadanos (…) la legitimidad de una dinastía y la razón del respeto al rey, descansan en la historia”.

El libro empieza centrándose en la figura de Julián Gorkin, un personaje algo olvidado en nuestro país que militó en todos y cada uno de los partidos que formaban la facción roja de la península, en el PCE, el BOC, el POUM y el PSOE: “De revolucionario propagandístico “pasó a figura influyente en una parte del exilio republicano que estaba repensando su estrategia de presente y de futuro tras la naturalización internacional de la dictadura (gracias a su entrada en la Unesco, la firma del concordato con el Vaticano y los pactos de Madrid con Estados Unidos).

“Había otros republicanos históricos que no veían clara la línea de trabajo entre intelectual y política de Gorkin. Por ejemplo, Fernando Valera. Lo más probable es que el cruce de cartas que mantuvieron lo hubiese provocado también la noticia de que la CIA financiaba las revistas del Congreso, incluída la española”.

El libro disecciona en profundidad algunas de las células que trabajaron en la sombra para insuflar algo de ánimo a los antifranquistas del exterior, como el Congreso por la Libertad por la Cultura, puntal de este encuentro muniqués, que como se descubrirá con el tiempo, se trataba de una operación encubierta de la CIA, que ya movía ficha en nuestro país antes que el caudillo la palmara y que fue desenmascarada por el mismísimo New York Times (“Institución anticomunista organizada por el Imperio guasintoniano durante la Guerra Fría, fundada en Berlín en 1950, con sede en París y delegaciones en una treintena de naciones”). Las autoridades norteamericanas desacreditaban así la actividad del Congreso y con él todos los esfuerzos y esperanzas depositadas en las reuniones de Munich (“un apéndice de la CIA”), que, todo hay que decir, no se acabaron de poner de acuerdo en la línea a seguir para acabar con el franquismo (con la Monarquía como mal menor entre muchos de los asistentes que veían en la vuelta del rey la única salida posible, tal y como hemos comentado más arriba).

“En lo que estamos empeñados no es tanto en contener una izquierda totalitaria como en quebrantar la presión de un régimen autoritario y más que conservador. Esa es fundamentalmente la razón de ser de nuestra actividad. Ésa es nuestra más irrebatible justificación”. Dionisio Ridruejo.

“No fue sólo la represión del franquismo ni tampoco el escándalo provocado por las revelaciones de la financiación de la CIA.Cuando a finales de los 50 la red de los intelectuales liberales pudo ponerse en acción, en buena parte ya estaba envejecida porque su discurso no lograría capilarizar del todo entre la joven generación que a mediados de los 60 irían convirtiéndose en la nueva vanguardia del antifranquismo cultural y político. Pero sus principales dificultades para seguir siendo creativamente operativa a lo largo de la segunda mitad de la década de los sesenta fueron el asedio de la dictadura y la implosión de una institución que ya no servía a los intereses anticomunistas para la que había sido creada. Eran fósiles. Estas condiciones son las que, a mi modesto entender, explican por qué la historia que reconstruye este libro no ha sido incorporada como episodio medular de la refundación de la cultura democrática en España (…) Este libro habla de una transición democrática fracasada porque seguramente su propuesta era prematura, minoritaria y carente de capacidad para conectarse con su sociedad”.

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“Y es que Munich, en realidad, debería ser una memoria incómoda: el relato de los antecedentes, núcleo y desenlace de lo que fue aquella Primavera no encaja bien con el relato automitificador que han esculpido los reformistas franquistas que pilotaron la Transición. Para hacerlo encajar se ha debido acometer un ejercicio de silencio, impostura o mixtificación del pasado. No es un ejercicio tan perverso. Son usos del pasado. “Es natural que la falsificación de la historia esté hoy a la orden del día. Entre las ciencias inexactas, la historia es aquella que lesiona más intereses materiales y psicológicos”, escribió en 1947 Víctor Serge en México poco antes de su muerte en 2010. No es un ejercicio perverso, insisto, sino el intento de justificar una posición de parte a través de una versión de lo sucedido que se presenta como la única posible”.

“No es que la primavera de Munich cuestione el éxito de la Transición, que durante tres décadas ha sido innegable para la inmensa mayoría de los españoles hasta que la partitocracia la ha situado ante el abismo, sino su fundamento moral: su constitución no escrita pero implícita”.

“Y no vale seguir diciendo que liberal y comunista son cosas equivalentes, porque tomar esa actitud nivelatoria sí es cosa de comunistas, los cuales han hecho de la palabra “fascista” un compendio que incluye a todos sus adversarios, desde el aristócrata liberal inglés o el popular demócrata americano al partido de Trotski o Tito. Cuando vivimos en el mundo en el que vivimos, esa confusión es de mala fe”. Dionisio Ridruejo.

El Congo del rey Leopoldo

 

“Tenía una extraña sensación, la de que tales detalles resultarían más intolerables que aquellas cabezas resecas de las estacas que había bajo las ventanas del señor Kurtz. Al fin y al cabo, aquélla no era más que una visión primitiva, debido a la cual, de un solo golpe, me había visto transportado a una especie de tenebrosa región de sutiles horrores, donde la naturaleza de los salvajes, pura y sin complicaciones, no era más que un positivo alivio, porque era algo que tenía derecho a existir, sin ocultarse, a la luz del sol”. Joseph Conrad en ‘El corazón de las tinieblas’.

 

Hoy 17 de mayo se cumplen veinte años del cambio de nombre del país anteriormente conocido como el Zaire. Ese día deja de existir para pasar a denominarse República Democrática del Congo (no confundir con la República del Congo o Congo Brazzaville). El nombre del Zaire fue idea de Mobutu Sese Seko que para eso fue el típico dictador de este enorme país africano durante 26 años. Pero ese no fue el único nombre del país africano. Mientras estuvo bajo mandato del reino belga, concretamente de Leopoldo II que tuvo el país como finca propia hasta 1960, se llamó el Congo Belga. En ese tiempo se convirtió en uno de los mayores exportadores de uranio para Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Después de su independencia en 1960 se conoció como República del Congo hasta que en el 70 el citado dictador bautizó al país como Zaire. Un nombre que desde mi infancia es sinónimo de exoticidad y de aventuras, pero que en realidad escondía uno de los más brutales expolios de todo el siglo XX que ya es decir.

Por cierto, si os interesa el reparto colonial de África os recomiendo como primera guía, por accesible y amena, El reparto de África: de la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales del profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, Roberto Ceamanos. Un libro que se lee en dos tardes y que nos sitúa en el mapa de intereses de las potencias europeas en el continente que tenemos más abajo. El libro se centra en los preámbulos que dieron lugar a la Conferencia de Berlín (y en sus consecuencias en el mundo de hoy) que puso las bases al saqueo más terrible de nuestra historia reciente.

La Conferencia llega en un momento crítico en el juego de poderes que va a desembocar 30 años después en la gran guerra o Primera Guerra Mundial. En plena crisis económica de finales del siglo XIX, Europa necesitaba mercados en los que vender sus manufacturas y lugares donde invertir ventajosamente y obtener riquezas naturales y mano de obra barata, unos territorios donde instalar a una población en constante crecimiento y un proyector exterior que unificara los sentimientos nacionales y distrajera de los problemas internos.

Otro de los principales factores que explican el interés europeo por colonizar el continente africano fue el factor demográfico. La población europea experimentó un notable crecimiento en el siglo XIX. Entre el fin del periodo napoleónico y el inicio de la Primera Guerra Mundial, la población europea pasó de 190 millones de habitantes a 450, y, a lo largo de este periodo, unos 40 millones de europeos emigraron a otros continentes, reduciendo en sus países de origen las tensiones sociales originadas por el desempleo y la pobreza.

Junto a factores económicos y demográficos, el colonialismo le debe mucho al nacionalismo, sobre todo a su versión más exaltada, el jingoísmo (ese sentimiento patriótico que defiende la agresión contra otras naciones). Alemania e Italia, estados recién formados, entraron en competición más tarde. Esta celeridad obligó a británicos y franceses a tomar unas decisiones que, sin la entrada de estos dos países, igual no hubieran tomado nunca.

La gran cita tuvo lugar entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885, y aunque el peso de las decisiones recayó en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Portugal y la Association Internacionale du Congo -el invento al que recurrió el propio Leopoldo para denominar a su futuro ranchito de cara a las autoridades internacionales- , estuvieron también presentes representantes de Bélgica, España, Italia, EE.UU., Rusia, Suecia,  Dinamarca y los imperios en caída libre, es decir, el Imperio austrohúngaro y el Imperio otomano. La idea era que cuantos más países firmasen, mayor legitimidad tendrían los acuerdos finales. Pero fíjate tú que se les olvidó llamar a los representantes africanos.

Como muchos ya sabréis, las fronteras forjadas por las potencias coloniales fueron arbitrarias y no tuvieron en cuenta la realidad africana. Sin embargo, llegada la independencia y para evitar males mayores, se aplicó el principio de intangibilidad de las fronteras. Según el autor, esta decisión supuso mantener, en la mayoría de los casos, las fronteras coloniales, que fueron heredadas por los jóvenes estados africanos. Al heredar sus límites, los nuevos estados también heredaron sus litigios. En la Conferencia habló el canciller Bismarck, uno de los frontman de la reunión de potencias, que expuso los beneficios que para África traerían la civilización y el comercio con Europa. La filantropía estuvo también en el centro de la intervención del embajador de Gran Bretaña, Edward Malet que propuso prohibir la exportación de armas de fuego y bebidas alcohólicas al continente africano.

Otro de los temas estrella de la reunión fue la creación del Estado Libre del Congo, una colonia tan singular como extensa en el corazón de África, que obstaculizó las ansias colonizadoras de británicos, portugueses, franceses y españoles. Todo empezó con las exploraciones de Henry M Stanley, celebré por aquella frase que decía, “Doctor Livingstone, supongo”. David Livingstone, por su parte, descubrió el río Zambeze y las cataratas Victoria en la actual Zimbabue y está considerado uno de los impulsores de la lucha contra el comercio de esclavos. Por su parte, Stanley recorrió, entre 1874 y 1877, el desconocido e inmenso río Congo, que es además el escenario que el novelista Joseph Conrad describe en El corazón de las tinieblas (Conrad fue contratado por la compañía belga SGB para ejercer como capitán del barco de vapor Roi des Belges por el río Congo en el que pasó seis meses).

Uno de los principales beneficiados de los acuerdos fue Leopoldo II de Bélgica, que maniobró con habilidad para que la Association Internacionale Du Congo fuera reconocida como el Estado Libre del Congo (un inmenso territorio que se extendía a lo largo de la cuenca del Congo). Este avispado rey sin entrañas jugó con la idea de que, en cuanto persona particular, no era un gran competidor para el resto de potencias y contó con la mediación del propio Bismarck que era algo así como contar con el beneplácito del dueño de la pelota con la que se jugaba el partido. Los países más reticentes a este acuerdo fueron Portugal y Francia. Leopoldo II convenció a los franceses asegurando que se quedarían con el país en caso que éste acabara siendo ingobernable. Portugal acabaron accediendo cuando recibieron vía libre a sus posesiones en Cabinda y que se extendían hasta la orilla izquierda del río Congo.

En los bosques de la cuenca del Congo abundaba el caucho silvestre y el Estado Libre del Congo se convirtió en exportador. En el mercado internacional este producto experimentó una gran demanda por el desarrollo de la industria automovilística. Por tanto, este negocio se convirtió en una gran fuente de ingresos para Leopoldo II que exploto el país con un carácter brutal (“un cortijo particular de más de 2.350.000 km2, es decir 20 veces más grande que la Bélgica matriz de sus amores”) que nada tenía que ver con la filantropía expuesta en el congreso berlinés. Para dirigir con mano dura, al monarca sólo le hicieron falta 200.000 mercenarios armados -o soldados de otros países africanos que fueron engañados para engrosar sus filas- que formaron parte de la misión paramilitar Force Publique.

La Conferencia fue un encuentro importante, pero no decisivo ya que aún quedaba mucho territorio por colonizar como se pudo comprobar más adelante. La reunión sentó las reglas básicas del reparto inicial, pero no decidió la división que acabaría de hacerse efectiva en décadas posteriores. Quedaba mucho pastel por repartir. Así que, junto a la cuestión de las colonias de la cuenca de los ríos Níger y Congo, la otra parte esencial de los acuerdos se recogieron en el capítulo VI, artículos 34 y 35, referido a los requisitos necesarios para el reconocimiento por las potencias europeas de las nuevas ocupaciones. Requisitos que se basaban en el principio de efectividad. La potencia que tomara posesión de un nuevo territorio en la costa debía notificarlo a las demás potencias signatarias, de manera que quedara proclamado su derecho de autonomía. Esta notificación precisaba de un requisito fundamental: la ocupación efectiva del territorio reclamado. El continente sólo sufrió un conflicto importante entre potencias occidentales. Concretamente, las conocidas como guerras de los bóeres que enfrentó a los colonos de origen neerlandés de sudáfrica y al Imperio británico.

Raras han sido pues las guerras interestatales o nacidas del trazado de las fronteras coloniales, pero el libro antes referido nos recuerda que sí que lo han sido las guerras internas que han proliferado y que se suelen atribuir, de una manera equivocada, a los “odios ancestrales” o étnicos, cuando en realidad obedecen a la modernidad y a la globalización. Las guerras civiles en África nacen de la instrumentalización de la etnicidad y de las luchas de poder y el abuso de este para el control de los recursos naturales (este nuevo interés por los recursos ha dado como resultado un nuevo colonialismo que hoy sigue en marcha adaptando nuevas formas, sobre todo comerciales).