El mito de los cocodrilos ciegos

Leyendas urbanas que así pasen los años quedan pegadas a uno para siempre. En el limbo de las historietas que llegan a la calle y desatan la imaginación de críos y no tanto tenemos este caso de animal urbano que lucha por sobrevivir en un entorno más que extremo. El subsuelo de la ciudad más cool del planeta esconde una realidad que hubiera hecho palidecer a Félix Rodríguez de la Fuente. Allá por los albores de los 80, mi primo Juan José me contó un día que en las alcantarillas de Nueva York vivían cocodrilos ciegos que habían llegado allí tirados por el retrete y sin contemplaciones. Me comentaba que la jet set -y entonces la mente se me iba en alguien parecido a Gunilla von Bismarck que era la cara de la jet set de aquellos años- compraba estos animales como mascotas, pero que, claro, les daba por crecer hasta que llegaba un momento en que no cabían en la bañera. Nunca pude olvidar esa historia de los cocodrilos que se quedaban ciegos y se desteñían por la falta de luz.

“New York is home to a lot of reptiles, babe, but nowadays most of them hang out on 42nd Street. At one time, however, things were different. On February 10, 1935, the New York Times carried an astonishing report that several teenagers had dragged a live eight-foot alligator out of a sewer in Harlem the previous evening. The kids supposedly found the gator while shoveling the remains of a recent snowfall into a manhole — a project that strikes me as suspiciously civic-minded, given the reputation of Big Apple youth, but never mind. The boys first saw the alligator thrashing in the sewer ten feet below street level, and decided to drag it up with a clothesline. Once on dry land, however, the frightened animal began snapping about with its mighty jaws. The teenagers promptly beat it to death with shovels, foreshadowing the fate of numerous visitors to Harlem in the years to come”. “Are there alligators living in the sewers of New York?”. The straight dope. August 18, 1978.

Puede que este artículo para El País de Manuel Vicent , titulado Fiesta en Nueva York , y publicado justo hace 35 años, se convirtiera en uno de los primeros en hablar en en nuestro país del tema en cuestión. En él se describe un ritual de unos conocidos del veterano escritor para deshacerse de un saurio orientado al consumo doméstico: “Los ven flotar con el párpado entornado en la bañera durante una semana, dan un cóctel en su honor para presentarlos en sociedad, invitan a los amigos, dejan que las visitas los acaricien un poco y un buen día, aburridos del juguete o alarmados porque la fiera va tomando demasiado grosor y de un bocado se ha llevado por delante la mano de un niño, deciden deshacerse de este regalo de Miami”. Mi primo Juan José siempre tenía razón. La metáfora estaba clara y es rotunda: los excrementos del capitalismo salvaje salpican a un animal que tiene su habitat natural a miles de kilómetros. En el blog El baul de Josete se habla de la apertura al público de parque temático, California Alligator, en realidad una granja de caimanes que se inauguró en 1907 y en el que se proponían actividades con caimán de por medio y que fue un éxito en su momento.

“The earliest published reference to alligators in the sewer — in what Jan Harold Brunvand refers to as the “standardized” form of the urban legend (“baby alligator pets, flushed, thrived in sewers”) — can be found in the 1959 book, The World Beneath the City, a history of public utilities in New York City written by Robert Daley”. “Alligators in the Sewers of New York”. Thoughtco. May 05, 2017. (Nota del autor: En este artículo se repasan algunos de los últimos avistamientos de cocodrilos acreditados en Nueva York).

Thomas Pynchon en su primera novela “V” cuenta un pasaje memorable en el que varios voluntarios salen de cacería hacia los intestinos de Nueva York para acabar con la plaga de caimanes blancos que amenaza con colonizar el alcantarillado de la capital del mundo. Teniendo en cuenta que Pynchon es el maestro de la conspiranoia y le encanta jugar al despiste, podemos estar casi seguro que estos cocodrilos no existen: “Jerónimo dejó de cantar y él contó a Profane cómo era la cosa. ¿Se acordaba de los caimancitos? El año pasado o el anterior, les dio a todos los críos de Nueva York por comprarse unos caimanes pequeñitos para tenerlos en casa. Los vendían en Macy’s a cincuenta centavos y no había niño que no quisiera tener su caimán. Pero enseguida se cansaron de ellos. Algunos los soltaron en la calle, pero la mayor parte se les escaparon por las alcantarillas. Y estos habían crecido y se habían reproducido alimentándose de ratas y de desperdicios. Y ahora andaban ya grandes, ciegos, albinos, por todo el alcantarillado de la ciudad. Ni Dios sabía los que podía haber allá abajo. Algunos se habían vuelto caníbales porque en la zona donde vivían se habían comido ya a todas las ratas o estas habían huido aterrorizadas. A raíz del escándalo del año anterior a causa de las alcantarillas, el Departamento había tomado cartas en el asunto. Hicieron un llamamiento pidiendo voluntarios que bajaran con escopetas y terminaran con los caimanes. No se presentaron muchos. Y los que lo hicieron lo dejaron pronto”.

“He explains that alligators cannot digest their food when it is cold. If they eat anyway, the food will rot — and kill them. Furthermore, it was believed to be baby alligators that were flushed into the sewers. But without the sun — and the D vitamin their skin produces when in the sun — they could not utilize calcium and their bones would get soft. He says the pollution level in the sewers would kill anything that lives in the water”. Lo explica Frank Indiviglio, herpetólogo (rama de la ciencia que estudia a anfibios y reptiles) responsable del cuidado de los reptiles, entre ellos caimanes, del zoológico de Staten Island. Comenta en este texto que de joven se colaba por las alcantarillas para buscar ejemplares de estos reptiles blancos. Los 1600 kilómetros de metro, 10.300 kilómetros de alcantarillas, 160 kilómetros de tuberías con más de una docena de túneles bajo los ríos de Nueva York dan para muchos mitos nacidos literalmente del subsuelo.

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