Y de repente, Melodie

Uno de las primeros sucesos ocurridos en nuestro país que nos puso en sintonía con las mafias internacionales, en este caso francesa, con una cobertura de los medios bastante intensa -pocos años antes de la llegada de las teles privadas y el tema de las niñas de Alcàsser- tuvo un final feliz un 20 de noviembre de 1987. Un caso por el que, 30 años más tarde, hubiera matado Susanna Griso para su programa de todas las mañanas en Antena 3, Espejo Público.

El secuestro mantuvo en vilo al país once días que fue el tiempo que la niña estuvo en poder de sus secuestradores, la niña de cinco años Melodie Nakachian fue liberada de madrugada por los geos, tras asaltar por sorpresa un piso de cerca de Estepona. Recuerdo que los medios se volcaron con el suceso reproduciendo los mensajes con los que la niña se dirigía a su familia pidiendo un rescate de unos 10 millones de euros actuales. La crónica de La Vanguardia del día después del rescate se inicia con una intro colosal: “El ruido de las aspas batiendo en la noche, cortada por los haces de luz de los focos del helicóptero, alertaron a los periodistas que apurábamos los últimos whiskys en la discoteca “Riviera”, muy próxima al lugar de los hechos”.

La solución del caso también tuvo su miga. “Todo empezó con la llamada de un sacerdote de Benalmádena —explicó el comisario Rodríguez Nicolás— que nos dijo que una feligresa suya le había entregado una cartera que se había encontrado en la calle. En su interior había dos cosas: un fajo de billetes de 500 francos, equivalentes a unas 150.000 pesetas, y dos cuartillas manuscritas en un pésimo francés en el que se aprecian numerosas faltas de ortografía. En el portamonedas no había señal alguna que permitiera identificar a su propietario, por lo que la mujer, una empleada de banca que a esas horas acudía a misa, decidió consultarle al sacerdote sobre qué debía hacer con la cartera. Al cura se le encendió la luz cuando vio el nombre de Melodie en el texto de las cuartillas”, explicaba La Vanguardia que además informaba que la policía estuvo vigilando a los gángsters durante 36 horas antes de decidirse a entrar. Resultó herido el carcelero de la niña que opuso resistencia.

Durante ese duro trago, el padre de la niña, el  oscuro empresario libanés Raymond Nakachian, del que luego nos enteramos que era amigo de la jet set marbellí como Jesús Gil o Gunilla von Bismark, tuvo sus mas y sus menos con la prensa, sobre todo con la inglesa, que por entonces nos llevaba unos años de ventaja en temas de “amarillismo”.  Un secuestro en la Costa del Sol con la jet inglesa instalada desde hace años en ese rincón de Andalucía era un bombón informativo que los tabloides no podían dejar escapar. En la rueda de prensa posterior a la liberación de Melodie, el progenitor comentaba al respecto en su “palacete” y ante un avispero de periodistas: “No creo que valga la pena querellarse porque no vale la pena tocar la porquería, y lo que ha hecho conmigo la prensa inglesa es una porquería”. Al preguntarle un periodista sobre el trato que había recibido de los plumillas españoles su respuesta tampoco tiene desperdicio: “La prensa española es maravillosa, todos sois maravillosas…”. Cuando el periodista le comenta que se refiere a los periodistas españoles que han publicado al respecto de sus turbios negocios con los árabes, el magnate respondió: “Tampoco voy a hacer nada porque lo que se ha publicado aquí en España estaba copiado de los periódicos ingleses”.

La madre de Melodie, Kimera, cantante de origen coreano que sabíamos que cantaba porque lo decían los medios pero que será recordada en nuestro país por el sofisticado maquillaje con el que aparecía en pantalla, fue deshauciada de su casa, Villa Melodie, hace un par de años, una vez su marido, el ya citado empresario Raymond Nakachian, muriera arruinado y sin haber cumplido uno de sus sueños: conseguir que su amigo Robert de Niro protagonizara una película sobre el secuestro de su hija.

El diario El Mundo se hacía eco de la noticia del desalojo de Kimera en junio de 2014: “Aunque estudió Medicina en Londres, el magnate amasó durante toda su vida una gran fortuna que, sin embargo, languidecía en la hora de su muerte. “Estoy en la mierda económica”, reconoció en estas páginas un hombre que había estado implicado en dos de las grandes infraestructuras de Arabia Saudí en los 70: la construcción de un oleoducto y de un conducto de agua desalada para abastecer al país. Hasta tal punto que si no ha sido desahuciado antes, ha sido por respeto a su estado de salud. En las próximas fechas saldrá a subasta el símbolo de su fortuna, la espectacular Villa Melodie”.

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