El Congo del rey Leopoldo

 

“Tenía una extraña sensación, la de que tales detalles resultarían más intolerables que aquellas cabezas resecas de las estacas que había bajo las ventanas del señor Kurtz. Al fin y al cabo, aquélla no era más que una visión primitiva, debido a la cual, de un solo golpe, me había visto transportado a una especie de tenebrosa región de sutiles horrores, donde la naturaleza de los salvajes, pura y sin complicaciones, no era más que un positivo alivio, porque era algo que tenía derecho a existir, sin ocultarse, a la luz del sol”. Joseph Conrad en ‘El corazón de las tinieblas’.

 

Hoy 17 de mayo se cumplen veinte años del cambio de nombre del país anteriormente conocido como el Zaire. Ese día deja de existir para pasar a denominarse República Democrática del Congo (no confundir con la República del Congo o Congo Brazzaville). El nombre del Zaire fue idea de Mobutu Sese Seko que para eso fue el típico dictador de este enorme país africano durante 26 años. Pero ese no fue el único nombre del país africano. Mientras estuvo bajo mandato del reino belga, concretamente de Leopoldo II que tuvo el país como finca propia hasta 1960, se llamó el Congo Belga. En ese tiempo se convirtió en uno de los mayores exportadores de uranio para Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Después de su independencia en 1960 se conoció como República del Congo hasta que en el 70 el citado dictador bautizó al país como Zaire. Un nombre que desde mi infancia es sinónimo de exoticidad y de aventuras, pero que en realidad escondía uno de los más brutales expolios de todo el siglo XX que ya es decir.

Por cierto, si os interesa el reparto colonial de África os recomiendo como primera guía, por accesible y amena, El reparto de África: de la Conferencia de Berlín a los conflictos actuales del profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, Roberto Ceamanos. Un libro que se lee en dos tardes y que nos sitúa en el mapa de intereses de las potencias europeas en el continente que tenemos más abajo. El libro se centra en los preámbulos que dieron lugar a la Conferencia de Berlín (y en sus consecuencias en el mundo de hoy) que puso las bases al saqueo más terrible de nuestra historia reciente.

La Conferencia llega en un momento crítico en el juego de poderes que va a desembocar 30 años después en la gran guerra o Primera Guerra Mundial. En plena crisis económica de finales del siglo XIX, Europa necesitaba mercados en los que vender sus manufacturas y lugares donde invertir ventajosamente y obtener riquezas naturales y mano de obra barata, unos territorios donde instalar a una población en constante crecimiento y un proyector exterior que unificara los sentimientos nacionales y distrajera de los problemas internos.

Otro de los principales factores que explican el interés europeo por colonizar el continente africano fue el factor demográfico. La población europea experimentó un notable crecimiento en el siglo XIX. Entre el fin del periodo napoleónico y el inicio de la Primera Guerra Mundial, la población europea pasó de 190 millones de habitantes a 450, y, a lo largo de este periodo, unos 40 millones de europeos emigraron a otros continentes, reduciendo en sus países de origen las tensiones sociales originadas por el desempleo y la pobreza.

Junto a factores económicos y demográficos, el colonialismo le debe mucho al nacionalismo, sobre todo a su versión más exaltada, el jingoísmo (ese sentimiento patriótico que defiende la agresión contra otras naciones). Alemania e Italia, estados recién formados, entraron en competición más tarde. Esta celeridad obligó a británicos y franceses a tomar unas decisiones que, sin la entrada de estos dos países, igual no hubieran tomado nunca.

La gran cita tuvo lugar entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885, y aunque el peso de las decisiones recayó en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Portugal y la Association Internacionale du Congo -el invento al que recurrió el propio Leopoldo para denominar a su futuro ranchito de cara a las autoridades internacionales- , estuvieron también presentes representantes de Bélgica, España, Italia, EE.UU., Rusia, Suecia,  Dinamarca y los imperios en caída libre, es decir, el Imperio austrohúngaro y el Imperio otomano. La idea era que cuantos más países firmasen, mayor legitimidad tendrían los acuerdos finales. Pero fíjate tú que se les olvidó llamar a los representantes africanos.

Como muchos ya sabréis, las fronteras forjadas por las potencias coloniales fueron arbitrarias y no tuvieron en cuenta la realidad africana. Sin embargo, llegada la independencia y para evitar males mayores, se aplicó el principio de intangibilidad de las fronteras. Según el autor, esta decisión supuso mantener, en la mayoría de los casos, las fronteras coloniales, que fueron heredadas por los jóvenes estados africanos. Al heredar sus límites, los nuevos estados también heredaron sus litigios. En la Conferencia habló el canciller Bismarck, uno de los frontman de la reunión de potencias, que expuso los beneficios que para África traerían la civilización y el comercio con Europa. La filantropía estuvo también en el centro de la intervención del embajador de Gran Bretaña, Edward Malet que propuso prohibir la exportación de armas de fuego y bebidas alcohólicas al continente africano.

Otro de los temas estrella de la reunión fue la creación del Estado Libre del Congo, una colonia tan singular como extensa en el corazón de África, que obstaculizó las ansias colonizadoras de británicos, portugueses, franceses y españoles. Todo empezó con las exploraciones de Henry M Stanley, celebré por aquella frase que decía, “Doctor Livingstone, supongo”. David Livingstone, por su parte, descubrió el río Zambeze y las cataratas Victoria en la actual Zimbabue y está considerado uno de los impulsores de la lucha contra el comercio de esclavos. Por su parte, Stanley recorrió, entre 1874 y 1877, el desconocido e inmenso río Congo, que es además el escenario que el novelista Joseph Conrad describe en El corazón de las tinieblas (Conrad fue contratado por la compañía belga SGB para ejercer como capitán del barco de vapor Roi des Belges por el río Congo en el que pasó seis meses).

Uno de los principales beneficiados de los acuerdos fue Leopoldo II de Bélgica, que maniobró con habilidad para que la Association Internacionale Du Congo fuera reconocida como el Estado Libre del Congo (un inmenso territorio que se extendía a lo largo de la cuenca del Congo). Este avispado rey sin entrañas jugó con la idea de que, en cuanto persona particular, no era un gran competidor para el resto de potencias y contó con la mediación del propio Bismarck que era algo así como contar con el beneplácito del dueño de la pelota con la que se jugaba el partido. Los países más reticentes a este acuerdo fueron Portugal y Francia. Leopoldo II convenció a los franceses asegurando que se quedarían con el país en caso que éste acabara siendo ingobernable. Portugal acabaron accediendo cuando recibieron vía libre a sus posesiones en Cabinda y que se extendían hasta la orilla izquierda del río Congo.

En los bosques de la cuenca del Congo abundaba el caucho silvestre y el Estado Libre del Congo se convirtió en exportador. En el mercado internacional este producto experimentó una gran demanda por el desarrollo de la industria automovilística. Por tanto, este negocio se convirtió en una gran fuente de ingresos para Leopoldo II que exploto el país con un carácter brutal (“un cortijo particular de más de 2.350.000 km2, es decir 20 veces más grande que la Bélgica matriz de sus amores”) que nada tenía que ver con la filantropía expuesta en el congreso berlinés. Para dirigir con mano dura, al monarca sólo le hicieron falta 200.000 mercenarios armados -o soldados de otros países africanos que fueron engañados para engrosar sus filas- que formaron parte de la misión paramilitar Force Publique.

La Conferencia fue un encuentro importante, pero no decisivo ya que aún quedaba mucho territorio por colonizar como se pudo comprobar más adelante. La reunión sentó las reglas básicas del reparto inicial, pero no decidió la división que acabaría de hacerse efectiva en décadas posteriores. Quedaba mucho pastel por repartir. Así que, junto a la cuestión de las colonias de la cuenca de los ríos Níger y Congo, la otra parte esencial de los acuerdos se recogieron en el capítulo VI, artículos 34 y 35, referido a los requisitos necesarios para el reconocimiento por las potencias europeas de las nuevas ocupaciones. Requisitos que se basaban en el principio de efectividad. La potencia que tomara posesión de un nuevo territorio en la costa debía notificarlo a las demás potencias signatarias, de manera que quedara proclamado su derecho de autonomía. Esta notificación precisaba de un requisito fundamental: la ocupación efectiva del territorio reclamado. El continente sólo sufrió un conflicto importante entre potencias occidentales. Concretamente, las conocidas como guerras de los bóeres que enfrentó a los colonos de origen neerlandés de sudáfrica y al Imperio británico.

Raras han sido pues las guerras interestatales o nacidas del trazado de las fronteras coloniales, pero el libro antes referido nos recuerda que sí que lo han sido las guerras internas que han proliferado y que se suelen atribuir, de una manera equivocada, a los “odios ancestrales” o étnicos, cuando en realidad obedecen a la modernidad y a la globalización. Las guerras civiles en África nacen de la instrumentalización de la etnicidad y de las luchas de poder y el abuso de este para el control de los recursos naturales (este nuevo interés por los recursos ha dado como resultado un nuevo colonialismo que hoy sigue en marcha adaptando nuevas formas, sobre todo comerciales).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s