Mil años de historia de los gitanos

“Cuando una bohemia se casaba , se limitaba por toda ceremonia a romper una olla de barro delante del hombre cuya compañera quería ser, y vivía con él tantos años como fragmentos de vasija había. Al cabo de este tiempo, los esposos eran libres de separarse o de romper juntos una nueva olla de barro”. Collin de Plancy en su Dictionnaire infernal (1826).

Edito: Justo en el momento de subir el post he visto en el tuiter de CTXT que han publicado un reportaje sobre la localidad macedonia de Suto Orizari que según el artículo erige como primera entidad administrativa de mayoría gitana de Europa. Lo puedes leer desde aquí.

Me encontré en mi último viaje a Madrid con este libro que me llamó la atención desde su estantería y que Anna Caellas me compró unos días después por internet y que paso a comentaros profusamente en esta nueva entrada del blog. Nos referimos a Mil años de la historia de los gitanos, publicado a finales de los 70 por el documentalista François Jourda de Vaux de Foletier. El libro repasa, a partir de varios artículos deciados a sus hábitos y cultura en general, particularidades de este pueblo ambulante que ha sido denominado con varios apelativos, como bohemios, cíngaros o egipcios. Como los gitanos no han dejado nada escrito sobre su cultura, sus orígenes han sido un enigma durante mucho tiempo, aunque abundaban desde el fin de la Edad Media y el Renacimiento, hipótesis y leyendas que han tratado de dar respuestas a este misterio. La diversidad de nombres atribuidos a este pueblo andante, además de testimoniar la diversidad de conjeturas en torno a sus orígenes, también han dificultado mucho el estudio de los mismos. A los gitanos, por ejemplo, se les ha atribuido el mito de encarnar a los egipcios trashumantes. Algunas hipótesis incluso hablan de la Atlántida como su patria original.

La palabra gitano, según el libro que os recomendamos hoy, aparece como la ideal para referirnos a ellos porque no se presta a confusión y abarca a todos los apelativos recibidos por esta comunidad que empezó a aparecer por Occidente a partir del siglo XV (el libro repasa la historia de este pueblo hasta principios del XIX). Los motivos de sus continuos movimientos por la geografía tenían que ver con sus legendarias ansias de libertad, con escapar de la servidumbre. También tuvo que ver el empuje de los turcos que llegaron a las puertas de Constantinopla, y de las actuales Serbia y Bulgaria. Muchos de los cíngaros decidieron quedarse en la zona balcánica donde permanecen hoy en día. Los gitanos abrazaron el cristianismo, algunos los criticaron por oportunistas, al pisar los dominios del imperio bizantino.

“Semejanzas notadas por viajeros o estudiosos entre ciertas lenguas de la India y las hablas cíngaras orientan a los curiosos que de interesan en los supuestos egipcios. A fines del siglo XVIII, el misterio es aclarado. La tesis del origen indio es expuesta casi al mismo tiempo por un alemán, Rüdiger, y un inglés, Bryant”.

Todos los estudiosos admiten hoy el origen indio de los cíngaros, pero la cosa se complica respecto a la zona concreta de la que provienen. Los teóricos no lo tiene tan claro a la hora de considerarlo un grupo homogéneo, “sino como un pueblo muy antiguo de viajeros compuesto de elementos diversos, de los cuales algunos podrían proceder del sudeste de la India”. Un historiador árabe llamado Hamza de Ispahán compuso hacia el año 950 una historia de los reyes de Persia que da por principal acontecimiento del reinado de Bahram Gur la llegada por orden suya de doce mil zott (término árabe para denominar a los gitanos que emigraron desde la India). La razón de esta decisión no era otra que aumentar la población de sus dominios con músicos con los que animar a su Reino. Se da el caso que la aristocracia acogerá mejor a los cíngaros, incluso algunos capitanes de estas comunidades son recibidos en castillos como personas de prestigio: “Como los trovadores de la Edad Media, los cíngaros , con sus danzas, sus melodías y sus juegos malabares consiguen romper la monotonía de la vida de castillo”. A las caravanas de los gitanos se podían unir personas de otras razas, por lo general, “aventureros de toda especie, proscritos, personas con antecedentes penales, desertores de ejércitos regulares…”. También se unen a estas caravanas vagabundos ocasionales, solitarios a quienes la miseria empuja a mendigar en los caminos o a buscar trabajo lejos de sus casas. También hay casos de jóvenes que escapan de sus familias para vivir aventuras al lado de los gitanos, e incluso con la esperanza de vivir alguna “aventura galante”.

En Alemania y Suiza los cronistas describen a este pueblo como errantes vestidos de manera miserable, “pero que poseían oro y plata y comían y bebían bien”. En 1419, los primeros grupos cíngaros son señalados en el territorio que hoy ocupa Francia. En 1420 y 1422 llegan hasta los Países Bajos, Bélgica y al norte de Francia. Muchos de esos grupos viajaban con salvoconductos reales para poder pasar de un territorio a otro. Los príncipes, duques y condes cíngaros impresionaban a su paso con el oro y la pedrería. Les llegó a recibir el Papa en 1422, aunque no se conocen datos exactos, ni se tuvo constancia del original, mostraran a su paso por Europa testimonios escritos de la protección del Santo Padre que usarán durante más de un siglo (esas cartas papales acabaron por resultar sospechosas a autoridades como Francisco I que en un edicto de 1539, reprocha a los bohemios “el pretexto de una religión simulada o de cierta penitencia que dicen hacer por el mundo”). “Quizás habrían seguido más tiempo aún con esta protección, si los progresos de la Reforma y las guerras de Religión no hubieran vuelto inoportuna, en muchas comarcas, el uso de cartas pontificias”.

En general, en su periplo por Europa, los gitanos tuvieron más problemas con los campesinos que con los Reyes. Los primeros los denunciaban por entrar en sus establos y corrales, con los segundos adoptaban una estrategia de mansedumbre para conseguir favores reales. No sabían nada estos gitanos. En los pueblos eran ellas las que leían las manos, un hábito para ganarse la vida que provocó contínuos enfrentamientos entre cónyuges ya que siempre había cuernos de por medio en las observaciones de las bohemias.

“El 11 de junio de 1447, un conde, un duque y multitud de egipcios entraron en Barcelona. El 21 de abril de 1460, el conde Martín de Pequeño Egipto se presentó como peregrino, con una fuerte compañía, en Castellón de la Plana”.

En cambio en Inglaterra y Escocia el desembarco de los egipcios pasó desapercibido y sin testimonios de por medio. Nadie vio los barcos, ni cuando desembarcaron. Pero en el siglo XVI ya deambulan por aquella isla, y a su antojo. Se camuflaron con aquellos tinkers que también eran nómadas y se dedicaban a lo mismo que los egipcios, la mendicidad, el hierro, la calderería… Según testimonios, los cíngaros de origen polaco llegaron a la capital de Siberia en 1721. Desde los últimos años de ese siglo XVI son numerosos los ejemplos de cíngaros deportados a las colonias portuguesas como Angola, Santo Tomé y Cabo Verde. “En 1629, el escritor Miguel Leitão de Andrada preconizaba el embarque de cíngaros para Angola y para Brasil”. España también se fijó en los gitanos para enviarlos a Sudamérica, las deportaciones a África fueron frecuentes bajo el reinado de Fernando VI: “En 1775, gitanos que se obstinaban en seguir siendo nómadas fueron obligados al servicio militar en América”. Si en países de Europa oriental había cíngaros esclavos, en América existían también cíngaros esclavistas. En Brasil había cíngaros que se dedicaban al comercio de esclavos. En 1760, el rey de Portugal les prohibió esta profesión pero los gitanos no la abandonaron ya que les aseguraba fortunas considerables. Carlos III, en cambio,intentó integrar en la sociedad española a los gitanos, que hasta entonces, habían sido perseguidos cuando no marginados. Eso sí, se les escamotea la raza para denominarlos “un hatajo de forajidos”, pese al controvertido concepto que se les asigna, el rey pide que no se les distinga de los españoles, ni por sus maneras, ni por su lengua, ni por su forma de vestir: “en tres meses deben haber aceptado un empleo fijo, de lo contrario serán marcados con hierro”. Algo es algo. Peor lo tenían en lo que hoy consideramos Rumanía donde, como ya se ha comentado, eran tratados como esclavos.

“En campaña los cíngaros se batían bien. Pero las pesadas obligaciones de la vida de guarnición se les hacían difícil de soportar. Algunos obtenían de sus capitanes permisos regulares para ir a ver a sus familias. Cierto número de ellos desaparecían sin permiso. Varias bohemias detenidas al mismo tiempo por la gendarmería de Champaña, reconocían haber aconsejado desertar a sus hijos”

Las bohemias, además de controvertidas echadoras de cartas, contaban con la buena reputación de saber curar las heridas. “Sin duda, ciertos ritos mágicos, a veces añadidos a ritos cristianos, fórmulas raras e incomprensibles, no servían más que para asombrar a los pacientes o a sus allegados, en tanto que un conocimiento de las virtudes terapéuticas de las plantas podía conseguir verdaderas curaciones”. El uso de plantas medicinales es mencionado con frecuencia (pero raramente estas plantas son nombradas). “Es probable que numerosos bohemios recogieran y guardasen para sí mismos estas plantas para uso de la familia, sin pretender sacarles provecho en público”. Los gitanos utilizan sus trucos medicinales para vender burros viejos haciéndolos pasar por más jóvenes o para envenenar a animales de corrales ajenos para luego ayudarlos a sanar y ganarse unas perras. En general el pueblo gitano conoce a los animales y muchos de ellos se convierten en expertos jinetes para la guerra o para comerciar con ellos en tiempos de paz.

Desde su llegada a Occidente y hasta los primeros años del siglo XVI, los cíngaros siempre en movimiento, parecen no tener otros oficios que los de chalán (tratante de caballos, como no tienen sitio fijo para vivir no los crían, pero si los revenden, en cuanto a los animales de corral preferían transportar consigo a sus gallinas que criar cerdos), curandero o echadora de cartas, trabajos compatibles con la trashumancia, apenas se interesan por el comercio sedentario, tampoco la de posadero parece afín con sus costumbres, aunque en la localidad malagueña de Ronda existen posadas regentadas por cíngaros. En Serbia, el príncipe Miloch parece que les propuso cultivar la tierra, sin coacción, y la experiencia resultó positiva. Tampoco los servicios en alta mar les eran de mucho agrado, excepto los gitanos de la costa vasca, como en San Juan de Luz, donde si sacaban recursos del mar, como pesca de altura, bacalao, incluso ballenas. “Algunas bohemias conducían las barcas que efectuaban el cruce del Nive o del Bidasoa. Recogían el fuco, que servía de abono. Pescaban cangrejos o bogavantes. Por último, vendían pescado. Al retorno de las barcas de pesca, en cuanto las veían llegar a un centenar de toesas de la playa, se quitaban rápidamente la ropa y se tiraban al agua completamente desnudas; la primera que conseguía agarrarse a una barca concluía la venta con el patrón. Tan pronto desembarcaban el pescado, todas las mujeres presentes se lo repartían (la que había llegado primero tenía la mayor parte) y corrían a llevarlo al mercado de Bayona. Quizás en recuerdo de aquellas bellas pescadoras, un navío corsario armado en Bayona en 1757 fue bautizado La Bohémienne”.

“De cómo los pordioseros de cada nación se hacen distinguir por la manera con la cual piden limosna, que los alemanes mendigan por grupos y cantando, los franceses rogando, los flamencos haciendo reverencias, los bohemios diciendo la buenaventura, los portugueses llorando, los italianos perorando, los ingleses injuriando y los españoles gruñendo con talante orgulloso”. Extraído de las “Leyes de la pordiosería” de La Sage en su Histoire de Guzmán d´Alfarache.

En todas sus etapas consiguieron ganarse la vida con otros oficios, pero poco a poco las autoridades se cansaron de ellos. Se hacía difícil que comunidades sedentarias convivieran, aunque fuera unos meses, con otras poblaciones de naturaleza nómada. Si no se atrevían a rechazarlos, se les recomendaba ir a otras poblaciones vecinas. En el siglo XV, ciudades de los Países Bajos animaban a comunidades cíngaras a pasar de largo a cambio de una cantidad de dinero, otras autoridades conminaban a los gitanos a que no pasaran por sus dominios en el plazo de al menos un año. A principios del siglo XVIII, tres siglos después de su llegada a Europa occidental, la curiosidad de la que se beneficiaban los cíngaros se ha debilitado. La literatura ya no se interesará demasiado por las tribus vagabundas. Los autores serios los ignoran o los desprecian”. Introducido en la literatura por la picaresca española (bien conocido es el caso de Cervantes que escribe su novela corta La Gitanilla en 1613 que pondrá a los gitanos en el foco de la literatura occidental), el tema bohemio parece estar, a finales del siglo XVIII debilitado y agotado para siempre. El romanticismo alemán lo rejuvenece y le da nuevo prestigio.

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