No saldrás vivo de este mundo

steve-earle

 

“¿Te acuerdas de cuando llegué aquí? ¿De lo asustada que estaba? No tenía dinero y no hablaba inglés. Al principio ni siquiera entendía qué era este sitio, esta avenida de South Presa. En Dolores, de donde vengo, no hay ninguna calle como ésta. Tal vez en Guanajuato o Querétaro sí, no lo sé. Tanto dolor. Tanta vergüenza. Y yo me traje la mía propia y luego lo empeoré todo al quitarle la vida a un inocente…”

 

“Solía fumar crack y ver el programa Cops. Cuando dejé de tomar drogas, dejé de ver realities en TV”, explicaba el año pasado Steve Earle en la revista Rolling Stone a propósito de su gira de presentación del álbum Colvin & Earle grabado junto a  Shawn Colvin. Me pregunto si ahora que Trump es presidente, el cantautor de country (al que también has podido ver en series con tintes muy musicales como The Wire o Treme) habrá vuelto a las drogas. Leo que gran parte de la progresía de EE.UU. vuelve a echarse a la calle con un ardor que se compara con el de aquellos años de la guerra del Vietnam, que es cuando un joven llamado Steve Earle se convirtió en uno de los abanderados de la protesta. Así que ahora que se acaba el fin del mundo es buen momento para recomendaros su novela a todos aquellos que estéis pensando en la redención.  No saldré vivo de este mundo es el título de esta novela publicada en castellano por El Aleph (y traducida por el ubicuo Javier  Calvo) y es el título de la última canción que compuso antes de morir otro trovador del desgarro emocional como fue Hank Williams, fallecido el primero de enero de 1953 después de pasar por una vida quebradiza que naufragó al son de las drogas.

Y de drogas va a ir la cosa. La historia en cuestión nos lleva hasta los bajos fondos de San Antonio donde nos encontraremos con un médico que ha sido apartado de su profesión y que se gana la vida practicando abortos a prostitutas o extrayendo balas perdidas del cuerpo de chavales que no tienen otra salida que operar al margen de la ley. Earle, que ya decimos se ha ganado durante toda su carrera cierta reputación como activista político, -como músico muchos le achacan parecerse demasiado a Bruce Springsteen-, aprovecha esta historia para hablarnos de la precaria situación de los mexicanos que entraron por la frontera como espaldas mojadas y que viven en la actual ciudad de Pau Gasol en una situación legal más que precaria. Un tema que está más en boga que nunca con la llegada a la presidencia de Donald Trump.

Los sin papeles y los drogotas viven al margen de la ley y sin posibilidad de redención en esta pensión de mala muerte en la que está ambientada la obra -algo así como un crossover entre Hostal Royal Manzanares y La casa de los espíritus-, situada en el sumidero de la séptima ciudad más poblada de los States. Hasta que llega el milagro que esperamos todos al levantarnos de la cama. Porque el blues de Earle, es triste de cojones, pero también abre una grieta en el alma por la que pasa siempre un rayito de luz. Una novela que parece escrita para protegernos de los desmanes en los que se empeña en meternos  la vida. Una novela simple que puede que incluso te salve la vida. “Lo que me sucedió con las drogas no sucedió porque yo era creativo. Habría sido un adicto si hubiera sido carpintero. Lo que me salvó de ellas fue ser consciente de que en la vida hay que ser simple”, comenta Earle en la entrevista citada antes.

Earle no descuida el contexto político y social aprovechando las vicisitudes de los personajes que deambulan por ese rincón de Texas en los años 60, con John Fitzgerald Kennedy -no lo olvidemos, primer presidente católico de los EE.UU.- emprendiendo una gira texana de la que no saldrá vivo. Los conflictos de fe entre las creencias de los inmigrantes mexicanos y la iglesia estadounidense, que por esos años empieza un proceso de modernización en el que ya no cuentan tanto los milagros, están muy presentes en el rush final del libro cuando entra en acción el reverendo irlandés.  La cuestión del aborto y la pena moral por la que pasan las desafortunadas inmigrantes es otro de los temas candentes del libro. Cuestiones de hondo calado social narradas con un estilo cercano al realismo mágico. Y es que al curandero adicto a los opiáceos, de nombre Doc Ebersole, se le presenta el fantasma del propio Hank Williams, un ángel de la muerte al que escucha como si de su particular pepito grillo se tratara, sobretodo cada vez que se va a meter un chute. La situación de Doc cambiará de la noche a la mañana con la llegada de una joven mexicana que tiene poderes curativos y es capaz de ver al fantasma de Williams sin necesidad de substancia alguna.

El estilo de Earle es muy sencillo, muy fácil de seguir, como los temas country que inmortaliza en sus discos…  Una novela que recomendaría a aquellos que se sienten deprimidos y con esa sensación que a veces nos invade y que nos hace sentirnos sin esperanza. Una historia que nos devuelve la fe en el sentido comunitario de los desarraigados. Como su country. A veces se nos olvida que todo es tan simple como ser conscientes de que nos vamos a salir vivos de este mundo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s