Lo raro es vivir

octobajo

Tal día como hoy de hace cincuenta años, un coleccionista compró en una subasta por 1.500.000 francos, una mariposa del tipo Troides allottei. La única prueba de este récord que he encontrado por ahí viene de la entrada de este blog: “Il est presque mythique, en effet, au lendemain de la vente des 25 et 26 octobre 1966, Le Figaro de l’époque titrait : «Le prix exorbitant de 10500F de l’époque avait été réalisé, prix quin’avait alors jamais été atteint par un autre papillon ou un autre insecte”. Parece ser que la mariposa se encuentra en Bougainville que es la mayor de las islas del archipiélago de las islas Salomón,  pertenece al estado de Papúa Nueva Guinea, del que constituye la Región Autónoma de Bougainville junto con la isla de Buka y las islas Carteret. Una zona que quiero visitar antes de morir. La pasión por Oceanía me viene de pequeño, de los animalitos exóticos.

He sabido de la existencia de esta mariposa por “La vida instrucciones de uso” de Georges Perec que Anna encontró en una parada de la Rambla de Catalunya durante la pasada festividad de Sant Jordi. El libro es un auténtico Wunderkammer que desgrana al detalle ese puzzle que es la vida: “el conocimiento del todo y de sus leyes, del conjunto y su estructura, no se puede deducir del conocimiento separado de las partes que lo componen: esto significa que podemos estar mirando una pieza de un puzzle tres días seguidos y creer que lo sabemos todo sobre su configuración y su color, sin haber progresado lo más mínimo”. Un libro que es más grande que la vida.

“En la jerga de libreros, chamarileros y vendedores de curiosidades se llama unicum, como el nombre da a entender, todo objeto del que no existe mas que un ejemplar. Esta definición un tanto vaga abarca varios tipos de objetos; se puede tratar de objetos de los que sólo se ha fabricado un ejemplar, como el octobajo, ese monstruoso contrabajo que requería dos instrumentistas, uno encaramado en una escalera ocupándose de las cuerdas, y el otro en un simple taburete moviendo el arco, o como la Legouix-Vavassor Alsatia , que ganó el Gran Premio de Amsterdam en 1913 y cuya comercialización quedó definitivamente comprometida con la guerra; se puede tratar también de especies animales de las que se conoce únicamente un individuo, como el tenrec, Dasogale fontoynonti G. Grandidier, 1928, cuyo único ejemplar, capturado en Madagascar, se encuentra en el Museo de Historia Natural de París, como la mariposa Troides allottei, que un coleccionista compró por 1.500.000 francos, en 1966; se puede tratar asimismo de objetos de los que ya solo queda un ejemplar, como ocurre con varios sellos, libros, grabados y grabaciones fonográficas; por último, se puede tratar de objetos convertidos en únicos por alguna particularidad de su historia: la estilográfica con que se firmo y rubricó el Tratado de Versalles, la cesta de salvado a la que rodaron la cabeza de Luis XVI o la de Dantón, el trozo que queda de la tiza usada por Einstein en su memorable conferencia de 1905; el primer miligramo de radio puro aislado por los Curie en 1898, el telegrama de Ems, (…), habida cuenta de que cualquier objeto se puede definir siempre de una manera única y de que existe en Japón una manufactura dedicada a fabricar sombreros de Napoléon en serie. Las dos características de los aficionados a los unica son el recelo y la pasión. El recelo los llevará a acumular hasta el exceso las pruebas de la autenticidad -y sobretodo- de la unicidad del objeto que buscan: la pasión los arrastrará a una credibilidad a veces ilimitada”.

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