Distrito Distinto

MACRO BARCELONA Carmen Amaya en el Villa Rosa.

MACRO BARCELONA Carmen Amaya en el Villa Rosa.

Durante el mes de octubre de 1925, aparecieron publicados en el semanario El Escándalo dos reportajes titulados Los bajos fondos de Barcelona. En estas crónicas, su autor, el periodista Francisco Madrid se en se mencionaba por primera vez el topónimo urbano Barrio Chino que servía para identificar una parte del Raval, denominado entonces Distrito V y que se refería a la barriada de Atarazanas, limitada por las calles Portal de Santa Madrona y Nou de la Rambla, por un lado, y la Rambla y el Paralelo, por otro.  Una zona  donde según el propio Madrid el vicio, la miseria y la delincuencia común tenían terreno abonado. La expresión se propagó como la pólvora que además sirvió para atraer a periodistas, literatos, poetas y gente afín al submundo característico del barrio que después pasaría a conocerse como del Raval.

 

“Lectora, lector. He aquí el distrito quinto, he aquí los personajes de su ambiente. “Amitachis”, Luis Capdevila, Eduardo Carballo, para escribir sus dramas, sus artículos, sus novelas, he aquí toda la fiereza y toda la brutalidad del distrito quinto. Es el distrito quinto la llaga de la ciudad, es el barrio bajo, es el domicilio de la mala gente. Cierto es que viven en él familias honradas. Ésta es la tragedia. En el montón deforme de basura y de dolor, de inconsciencia y de pecado, que forma el distrito quinto se mezclan el obrero y el chorizo, la lavandera y la peripatética que, en el cabaret elegante, parece hija de nobles y que duerme en su propia casa sobre un catre… Ni los barrios bajos de Génova, ni el barrio puerto de Marsella, ni la Villette parisina, ni Whitechapel londinense, tienen nada que ver con nuestro distrito quinto, con el ambiente magnífico de nuestra zona prohibida. Es más, el distrito quinto les supera. Se juntan aquí, de una manera absurda y única, la casa de lenocinio y la lechería para los obreros de la madrugada; la tienda que alquila mantones y en donde se presta dinero a las artistas de los music-hall y el palacio del conde Gúell; Cal Manco y la “Casa del Pueblo Radical”; el Hospital de la Santa Cruz y la taberna de la Mina; el cuartel de Atarazanas y la pequeña feria de libros viejos; los hoteles meublés y la Atracción para Forasteros… Lo bueno y lo malo; la civilización y el “hurdismo”. Pasea esa desdichada de “la Moños” sus harapos y hace reír. Cruza la calle el sereno Juan y se cubren la cara para que no les reconozca los pequeños ladrones. Venden cocaína algunos limpiabotas y aparecen los invertidos en plena calle mostrando sus vergüenzas; las gitanas de “Villa Rosa”, cantan roncamente y en la puerta una procesión de pedigüeños os asalta casi con violencia; un borracho expone una teoría filosófica con la música del Porque era negro… Hay todavía becs de gas, románticos y calles silenciosas. Vamos a entrar en el distrito quinto. No sabemos si saldremos de él. En la puerta del Arco del Teatro nos despedimos. En el bar adosado a la pared, un pelotari para unas “cañas”. La calle es estrecha, es larga, es sucia, es tortuosa. Vista desde Las Ramblas, parece que las casas de una acera y de otra se juntan y se queda un trozo vacío por donde asoma el cielo de color violeta”.


Francisco Madrid para la revista de crítica teatral y literaria El escándalo, años 20 del siglo pasado.

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