Matar al chino en la ciudad muerta

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“Como toda ciudad de mala vida, Barcelona está llena de ladillas y de intelectuales “ruines”, que aquí son de sangre fría y prefieren el onanismo a la violación; la mugre, al baño; el juego sutil de las insinuaciones contradictorias, a la afirmación peligrosa…”. Francis-Marie Martínez Picabia.

Hoy es el barrio de Gràcia el que está en pie de guerra. Ayer fue el barrio del Raval el que se levantaba en armas en contra de la mayor renovación urbanística que ha sufrido una ciudad europea en la historia moderna. Estos dúas he estado leyendo “Matar al Chino”, trabajo de campo del antropólogo Miquel Fernández. Un libro que recoge el asedio urbanístico al que ha sido reducido el antiguamente conocido como Barrio Chino de Barcelona. Intentaba demostrar Manuel Delgado, autor del epílogo del libro,  en una conferencia que dio hace unos años  en Caracas que la sofisticada Barcelona era una ciudad tan violenta como lo podía ser cualquier gran urbe de Sudamérica.  una ciudad a la que se le ha desgarrado su pasado histórico, vivo muy vivo, para beneficio de unos pocos es un ejemplo de esta violencia. Salvajismo inmobiliario en pos de una modernidad y de un progreso que ha dejado sin hogar a muchos barceloneses.  Aquí van algunos apuntes que he tomado de este, para muchos, incómodo libro.

“Cerdà, a diferencia de sus contemporáneos  Marx y Engels, no piensa en la revolución como mecanismo histórico positivo. Al contrario, todo su esfuerzo por introducir fórmulas hábiles de transición va en el sentido de evitar la subversión violenta del orden social, que considera innecesaria para el progreso. [Para Cerdà] Las puertas del futuro no se abren con la llave de la revolución, sino con el miedo a la revolución”. Grau y López.

“El Raval dejaría de ser, desde las desamortizaciones de principios del XVIII, una ciudad convento y asilo de pobres para convertirse en una ciudad fábrica. El Raval fabril aún estaba escindido: por un lado, factorías y residencias obreras; por otro, las suntuosas casas de industriales,  así como pequeños y medianos comercios (…) La conjunción entre las casas de caridad y las fábricas no tardó en advertirse como pertinente para la gestión de lo que comenzaban a ser florecientes núcleos urbanos industriales. por una parte, forzando a la población a trabajar se ejercía una presión a la baja de los salarios y, por otra, a nadie le pasó inadvertida la envidiable capacidad disciplinadora que detenta la asalarización”.

“Pero mientras, oficialmente, la CNT era aceptada por la patronal, se la combatía con grupos de pinxos, organizados por personajes como Epifanio Casa, Bravo Portillo o el falso barón Köenig”.

“La situación de neutralidad en la contienda bélica, como ya se ha avanzado, caracterizó aún más el barrio de Drassanes como lugar de refugio de fugitivos, desertores o presidiarios. Con ello, se estimularon actividades de ocio  ilegales, que debido a su alta demanda, requerían que se importase mano de obra. En este sentido, se incrementó el tráfico de drogas, especialmente de cocaína y opio, así como las apuestas ilegales (…)  Esto coincide en el tiempo con la época del pistolerismo. Se estableció un mercado negro de armas, accesible y barato”.

“La ciudad como entorno modelador de voluntades encontró en el urbanismo su actividad motora. La Guàrdia Urbana se convertía entonces en un elmento implementador de las tareas que el mero urbanismo debía llevar a cabo: control de territorio, intervención sobre “Costumbres malsanas” y adecuación de los habitantes a un orden disciplinar burgués y capitalista”.

“La crisis de 1898 empujó a los poderes económicos y políticos a reestructurar la ciudad con vistas a mejorar su acomodo a la nueva situación provocada por la pérdida de los monopolios antillanos: intensificación de la industrialización, derribo de las murallas, apertura de la ciudad al llano, un ensanche que permitiera nuevas fábricas, el enlazamiento con la periferia, y la abertura en canal del centro histórico para permitir el tráfico de mercancías entre el puerto y las nuevas”.

“Ya se ha dicho que los grandes cambios urbanísticos de Barcelona se llevaron a cabo en periodos liberales. por ejemplo, el derribo de las murallas en 1854 así como la aprobación del Ensanche y Reforma de la ciudad de Barcelona en 1869 se ejecutaron o propulsaron en el marco del llamado “bienio progresista” español, entre 1854 y 1856. La obra de Cerdà “se sitúa en una generación liberal propia de la Ilustración, la cual, a mediados del siglo XIX, vivió una época modernizadora”. El plan que se considera su sucesión en términos de ambición y alcance será el Pla Macià de 1933, promovido por el GATCPAC durante el efímero gobierno de Companys entre 1936 y 1938″.

“La historia del Barrio Chino debe contemplarse de manera escindida y basándonos en dos distintas fuentes: la primera de ellas es la que se desprende de la ingente historiografía que retrata una zona eminentemente obrera y poco proclive a la mansedumbre. La segunda fuente provendrá de la (re) construcción social de un simbólico -y por tanto efectivo- “territorio del mal”.

“En la década de 1930, el Barrio Chino resume lo que era atractivo y a la vez repulsivo para la burguesía que controlaba la ciudad. Por un lado se presentaba como una zona “de vicio y placer”, especialmente para los hombres. Por otro, los reformistas, tanto de izquierdas como los de derechas, lamentaron la alta tasa de mortalidad, las condiciones de vida deficientes y las “escuelas para el vicio” del barrio, y pidieron su erradicación”.

“El disparo de salida de la reconversión de la zona sur del Raval se dará en febrero de 1988 y el primer objetivo identificado será la demolición de la illa Sant Ramon, ya difamada entonces con el nombre de “Illa Negra”. Es importante esta intervención por ser la primera en esta zona del Raval sin la excusa de la necesidad de eliminar los escombros de las bombas de la Guerra Civil, como había sucedido en la avenida Gracía Morato”.

“La actual  Rambla del Raval se llamó inicialmente Pla Central del Raval. No iba a ser una vía rápida estilo Via Laietana, si no una con prioridad peatonal.  Eso si, las demoliciones que debían llevarse a cabo eran. igualmente de gran alcance. Se trataría de la operación urbanística de mayor envergadura realizada en un tejido urbano consolidado en Europa”.

“Y un hecho recurrente que parece obviarse de manera recurrente es que las afectaciones de la zona desde el siglo XIX explican en gran parte el hecho de que los propietarios en régimen de propiedad vertical no destinasen ninguna inversión a la rehabilitación de sus fincas. Además, el consistorio fue denunciado por rechazar dichas rehabilitaciones y dejar intencionadamente que muchos edificios antiguos, algunos de ellos con valor monumental se degradasen hasta la ruina, siguiendo una política de tabula rasa, para facilitar así su demolición y expropiación, y la expulsión de población poco adecuada a lo que se esperaba que fuera el nuevo barrio. Tanto la UNESCO como ICOMOS (International Council on Monuments and Sites) certificaron en su momento que estos edificios tenían y tienen alto valor patrimonial y que deberían haber sido preservados a toda costa”.

“Pues bien, mientras se finalizaba lo que sería la Rambla del Raval, se empezaba a expropiar y demoler lo que primero se denominó como “Illa de la Rambla del Raval” y posteriormente “Illa Robador” (…) Operación concebida para “dar el impulso económico, social y cultural definitivo a la Rambla del Raval (…) una de las actuaciones más emblemáticas del plan de reforma del Raval. De hecho, en los planos sobre la Rambla del Raval ya se insinuaba la voluntad de convertir la zona en un “nuevo Born”, cosa que ni tan sólo hoy parece haber sucedido. El proyecto debía proseguir con el arrasamiento de lo que hoy es la Illa Robador (situada entre la Rambla del Raval y las calles de Sant Rafael, Sant Pau y Robador). Se destruyeron 50 edificios, con sus correspondientes  450 viviendas y 93 locales comerciales”.

“De manera muy elocuente, la configuración final de Illa Robador sintetiza el reparto del “pastel” terciario y especulativo que significa la operación en relación con la ciudad imaginada por sus próceres: en el ámbito barrial reciben su parte la Asociación de Vecinos, la industria cultural (Filmoteca Nacional de Catalunya) y el negocio turístico (Hotel Barceló Raval (nota: sólo el solar destinado a la construcción del hotel Barceló se vendió por 8 millones de euros), los tres agentes que pactaron y defendieron el modelo de barrio impuesto  por la evocada regeneración urbanística del Raval desde 1988″.

“El hotel Barceló Raval está situado estratégicamente  en el corazón de Barcelona, en el barrio del Raval, uno de los lugares más de moda y epicentro del movimiento artístico y cultural de la ciudad. El hotel Barceló Raval se ha convertido en símbolo de la transformación y modernidad que está viviendo esta zona del casco antiguo de la ciudad, por su singular arquitectura oval y su cuidado interiorismo de vanguardia”. anuncio del hotel en su propia página web”.

“La “desaparición” de los antiguos vecinos es más propia de un capítulo de la serie de televisión Expediente X que de un macroproyecto urbanístico llevado a cabo por instituciones democráticas. Y éste es sólo uno de los elementos de la controversia. La crítica al citado fraude de las indemnizaciones ha sido otro elemento protagonista”.

“Como una carcoma, la interpretación sobre lo que ha pasado y está pasando en la calle d’en Robador pivota insistentemente sobre el hecho de que allí todavía vive gente trabajadora, pobre e “inmigrante”. La llegada paulatina  de turistas con mucho poder adquisitivo -gracias, en parte, a la propulsión del lujoso hotel Barceló Raval-; de profesionales, como los que puede llegar a atraer la sede de UGT; de “profesionales autónomos”, instalados en los pisos de “protección oficial” de la illa de Robador; o la ubicación  de “centros culturales”, como la sede del IEC o la Filmoteca Nacional de Catalunya, con cualidades que se esperan redentoras desde el punto de vista de las llamadas “clases medias”, aún no ha conseguido “matar al Barrio Chino”. Es más, casi podríamos decir que lo ha resucitado”.

“Aquí no s’hi pot viure. Aquí els pobres policies som de plànyer perquè no tenim un moment tranquil per a dedicar-lo a la família i al recreo. Aquí som unes víctimes, unas màrtirs del treball perquè tant de nit com de dia hi ha massa feina. La gent honrada no sap i sort té de no saber-ho, pero Barcelona és una ciutat plena de lladres, d’estafadors, d’assassins, de corruptors de menors, de “macarrons”, de dones que no els agraden les dones, de tocats de l’ala que en lloc de prendre el vermut prenen cocaïna, de pistolers que converteixen els pacífics carrers en un camp de batalla, d’anarquistes que es passen la vida tirant bombes com si tiressin taronjes, de nois de casa bona que no fan res de bo, de gent misteriosa que ningú no sap de què viu, d’escriptors que en lloc d’escriure novel.les sicalíptiques, que són les úniques que el Govern hauria de permetre, escriuen articles revolucionaris contra les coses més respectables: l’ordre, el comerç, la Banca, la tranquil.litat i els bons aliments (…). Decididament, Barcelona és un infern”, Lluis Capdevila resume la impresión que podía tener un hombre de orden de los bajos fondos de Barcelona. Narra concretamente la visión de un comisario de policía trasladado de Reus a Barcelona durante el primer tercio del siglo xx.

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