Esos desafortunados recuerdos

bsjohnson

“La mente se confunde, sería acaso en ese viaje, o en otro, a veces la mente funciona como un telescopio, acerca acontecimientos, los desplaza, cambia uno por otro en el tiempo”.

A este libro llego por azar, en realidad como tantos otros. A veces soy yo el que va a los libros y a veces son los libros lo que viene a mí. En esta ocasión alguien habla en tuiter de un tal BS Johnson. Me entero que es uno de los escritores experimentales más importante de los 60 y que este The Unfortunates es obra maestra. Voy a la biblioteca de al lado de casa y pregunto por él. Sólo tienen un libro y es este que demás me tiene que traer de la biblioteca de la Barceloneta. Veo en su contraportada que habla de un periodista deportivo que va a cubrir un partido de la liga inglesa al campo del  Nottingham Forest que es un equipo al que no he visto jugar pero es muy mítico, así que me lo quedo. Aunque en ningún momento se citará la ciudad donde se desarrollan los hechos. Los equipos que se enfrentan tampoco son reales. Uno es el City y el otro el United, como quien dice “mengano o zutano” o  Fernández y López.

“Otra vez esta sensiblería, el pasado siempre propicia la sensiblería, es inevitable, todo lo que es suyo lo veo a la luz de lo que ocurrió después, su lenta desintegración, su muerte. Las olas del pasado demuelen las defensas de mi arenosa cordura, la pintura tiene que resguardarlo, aquietarlo, volverlo romántico, bonito”.

La única edición que existe del libro en toda la xarxa de biblioteques me tiene que llegar de la biblioteca de la Barceloneta. Cuando me avisan por mail que ya tengo el libro me encuentro que es una caja que incluye varios juegos de páginas grapadas. En el recuento oficial faltan dos de los 28 folleto de los que se compone el libro. El bibliotecario me dice que espera no tener problemas con la biblioteca de origen y que se lo apuntará en mi ficha. Empiezo a leerlo a las dos semanas. El autor sólo ha marcado un folleto de inicio y uno de final.  El resto los puedes leer desordenado, algo que voy a hacer de todas maneras porque la caja ha pasado por varias manos y no guarda el orden original ni de casualidad (y no hay forma de saberlo porque los cuadernillos no van numerados lo que no ayuda en nada, ya  que hay algunas páginas montadas sobre otras y es  más probable que haya leído aún más fragmentada la obra incluso de lo que el autor propone originalmente).

“El pasado, los recuerdos (la nostalgia de la que hablaba Julian Barnes en The sense of an ending) atentan contra nuestra percepción de la realidad; tergiversan nuestra propia vida, acometen la desintegración que nos introducía en el primer pliego, el recuerdo se convierte en un conductor de la sensiblería, nos llevan a ella en nuestro afán de convertir una mala experiencia en algo más romántico y sostenible, algo más entendible”.

El periodista deportivo, que durante todo ese trasiego de recuerdos desordenados rememorará a su amigo muerto de cáncer (“… cómo me esfuerzo por investir todo lo que proviniese de él de la mayor rectitud, la mayor santidad, casi, posible, cómo su muerte influye en cada recuerdo mío que tenga relación con él”). Y esas evocaciones le llevan a pensar que tal vez en algún momento fue algo egoísta con él y más teniendo en cuenta la enfermedad que arrastra a su colega: “… y el objeto de la impaciencia, rabia incluso, no podía ser sino Tony, el portador de la enfermedad, no la enfermedad misma, en tanto deidad,¡ja! Aún hoy no puedo entender que aquello hubiese surgido de ninguna parte, de sus adentros, de su propio ser, para atacarlo, para poner su ser en peligro. Tal vez no haya nada que entender, tal vez simplemente no hay comprensión posible que se pueda aplicar a algo así”.

“Lástima que ya hubiera muerto cuando oí la definición del academicismo como las repuestas de ayer a los problemas de hoy”

Lo que más me ha interesado del libro son esos momentos en los que el protagonista va ordenando su crónica, incluso antes de que acabe el partido, y que tendrá que dictar a la redacción a través  del único teléfono público que tiene delante del estadio:”…una vez más se estrellaron contra la impasibilidad defensiva de Mull y sus compañeros. Espero, maldita sea, poder hilvanar esto. No vendría mal que hubiese alguna que otra chispa.  Aunque el partido sea espantoso, te dicen, tú escribe como si fuese épico.  Me la suda, me la suda este asco de partido”.  “… se sacó un disparo que, con Phipps ya vencido, se estrelló en la escuadra, hay que colocar como una serpiente herida en algún lugar, no no resultará, muy elaborado, táchalo”.

“Ahora tengo que darle a esto alguna forma, ahora debo escribirlo en quinientas palabras bien elegidas. Si, quinientas es lo que pidieron. Al demonio con lo que pase en lo que queda de partido: la experiencia me dice que lo más probable es que en el resto de partido no pase nada, por así decir, como pensamos todos. Adelante. Para las cinco. En cuarenta minutos”.

“…he confundido, no perdido, algo en este reportaje, de tanto emplear, presionado como estoy por el cierre, la primera palabra que me viene a la cabeza, lo que no es nada bueno, confiar en las palabras que por azar pueden ocurrírsele a uno en sólo dos horas de partido y tener que describirlo, qué demonios,, no caer en los métodos de los de la Pandilla Infernal, que llevan las frases reveladoras escritas de antemano en la libreta, yo los he visto, al gilipollas de ricitos al menos, a los de tirada multimillonaria, también, tiene sus métodos, por así decir, según creen, por qué hago esto, sólo por pasta, la mayoría de los partidos son porquería, cómo estos nombres conocidos pueden seguir haciéndolo, años y años, los guía el dinero, supongo, lo mismo que a mí. !Lo mismo que a mí!”.

 

 

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