Franco, llamadle Jess Franco

reduxHace 17 años se grababan las imágenes que conforman el documental Llámale Jess, a mayor gloria y lucimiento del director Jess Franco que durante el metraje nos abre, entre otra puertas, la de su casa en una urbanización de Torremolinos donde suponemos vivió de alquiler los últimos años de su vida. “Puede que sea el director más prolífico del cine español, con unas 200 películas en su haber”, explica el responsable de este simpático e ilustrativo documental, Carles Prats, que estuvo la semana pasada en la tienda Dosmil2000 explicando anécdotas sobre el proyecto que está, como toda pieza mítica que se precie, está a punto de tener su versión Redux. Prats reconoce que el proyecto se debe a su fascinación por El Castillo de Fumanchú, la segunda película que Franco realizó sobre la serie del sádico oriental. “Por entonces, Franco trabajaba junto al productor Harry Alan Towers. Se supone que la película sucede en Estambul, pero en realidad está filmada en Barcelona que es una cosa que siempre me hizo mucha gracia. Total que decidí bajar a Torremolinos para poder estar con él unos tres o cuatro días. Es un personaje fascinante”, explica Prats.

El documental original se ha quedado para los anales en algo muy underground, porque sí que es verdad que se pasó una vez por la tele en el año 2000 pero después quedó en el limbo de las descargas piratas. “En enero de ese año lo estrenamos en el Apolo de Barcelona, pero desde entonces si la gente lo ha visto es porque se lo ha pirateado. En 2013, en una retrospectiva que le dedicaron a Jess en la Filmoteca vi que la copia estaba muy mal y como encontré las cintas originales de cámara, pensé que sería buena idea retomar el proyecto con otra versión mejorada, esta vez con la ayuda de un productor que me planteó hacer un nuevo montaje. De este documental, por tanto, hay dos montajes, el original del 2000 y el que se empezó a trabajar hace dos años. La nueva versión cuenta con los títulos de crédito de mi hija María y con música de mi hijo. El montaje de esta segunda edición dura media hora más que la versión antigua. Además hemos cambiado el formato de pantalla. Las cintas estaban grabadas originalmente en cuatro tercios que creemos que queda muy chulo”, explica Prats que tiene kilo de anécdotas de aquellos días de rodaje.

El director reconoce que intentó emprender algún proyecto más con Jess Franco, pero ya fue imposible desarrollar nada cuando llegó su muerte: “Quería filmar un Drácula en Barcelona porque él rodó aquí una versión del mito vampírico en el año 69, en la época de la Gauche Divine. Joan Brossa pensó que era una pelicula de terror gótico de la Hammer y decidió, con Pere Portabella, filmar una especie de making off de la película que se convirtió en una película de culto, Cuadecuc, vampir. La película de Drácula de Jess Franco empieza en ni más ni menos que en el Poble Espanyol que hace las veces de Transilvania”.

 

“Dirigir una película no es ser Einstein, no tiene nada que ver con ser Dostoyevski (…) Es una profesión de showman. El cine es un show y hay que hacerlo, divertido, cojonudo, que se pase bien. Pero yo no pienso que, ni siquiera el más maravilloso de los directores, sea más importante que un buen organizador de espectáculos o que un director de escena de operetas. Yo no lo creo, no es así… Se ha querido hacer una especie de mística del director de cine y eso ha provocado unos coñazos mortales (…) Si quieres ser como Schopenhauer te encierras en tu casa unos meses y te pones a escribir un libro. Y entonces hablaremos. Querer darle otra dimensión a un show que hacemos nosotros para divertir a los demás. Hay directores que son unos frívolos y no se confiesan como tal. Y voy a dar un ejemplo: Antonioni. Es uno de los directores más frívolos que conozco. Porque un tío que quiere contar la impenetrabilidad del pensamiento humano a través de las tetas de la Monica Vitti, pues perdóname que te diga…”. Jess Franco en ‘Llámale Jess’.

“El original del documental creo que se quedaba cojo y llamé a Jess para completar algunas partes que no acababan de encajar. Y entonces aprovechamos que le dedicaban una retrospectiva en Amsterdam para encontrarnos allí. Y él me dijo que no iba a ir, que tenía mucho trabajo en buscar unas localizaciones. Porque a él lo que le gustaba era filmar. Para un Sónar, los del sello Crippled Dick Hot Wax! le propusieron publicar la banda sonora de Vampiros Lesbos, de la que se vendieron discos por un tubo. En el sello entonces se acordaron que había sido trompetista de jazz y le encargaron un disco de jazz. Entonces dijo que necesitaba a éste y ese músico y que se encerraba una semana en el estudio con ellos. Por entonces, desde finales de los 60, Jess ya tenía la costumbre de rodar dos películas a la vez. Hacía la película que le tocaba pero después aprovechaba a los artistas para grabarles otras tomas adicionales con las que montaba otra película. A partir de todos esos retales se inventaba un guión. Durante el tiempo que estuvo de sesión en el estudio, lo que hizo fue grabar el disco para Crippled y otro que entregó a Subterfuge, The Crazy World Of Jess Franco. Y entonces les propone la producción de una película sin estrenar con Soledad Miranda, muy probablemente retales parecidos a los que me refería antes. Yo le sugerí que, con ese material que se suponía que tenía rodado, hiciera algo parecido a lo que hace Orson Wells con Othello, que es explicar la trastienda de la película delante de una moviola. Que hablara de cómo era rodar con Miranda en Portugal y cosas así. Pero a él esa idea no le acabó de convencer y, como lo de Drácula en Barcelona, al final se quedó en nada”.

Para finalizar el post, me quedo con estas declaraciones de Franco en las que explica como empezó su relación amorosa con su mujer y también su musa, Lina Romay. “Tardamos muchísimo en convertirnos pareja, como tres años. Cuando nos conocimos ella estaba casada y yo también. Y no queríamos hacer ningún disparate. Ella estaba bien con su marido y yo estaba bien con mi mujer. Lo que pasa es que empezó a nacer una especie de amistad y compañerismo y eso. Que luego se transformó precisamente en Madeira”, comenta Jess a cámara. “En Madeira fue la hostia… Fue la mascletà…”, apuntilla con risa picarona su mujer.  Y entonces Franco nos explica a cámara algunas particularidades de las fuerzas telúricas de la isla del Atlántico: “Excepto varias escenas tomadas en París, La condesa perversa (1974), está filmada entera en Madeira. ¿Conoces la isla de Madeira?. Es un sitio extraordinario y raro. Es un lugar, que según dicen los sabios, podría ser la cumbre de la Atlántida. Para ser una isla tan pequeña, en sólo cinco kilómetros pasas, de un espacio tropical con una vegetación frondosísima, a estar en unas sierras cubiertas de bruma en las que llegas a pasar frío y es muy raro aquello. Tiene tradición de brujería y cosas de esas. Unos se enamoran de la isla y otros, a los pocos días, ya no pueden aguantar y a la semana ya se quiere ir. Esto mismo sucedió con Jack Taylor, protagonista de La condesa perversa, que me preguntaba constantemente si no podía adelantar el rodaje para que pudiera volverse antes a su casa, porque lo estaba pasando fatal. Es una isla que saca lo más profundo del ser. Yo no sé por qué es… No soy supersticioso, ni nada de eso. Pero por la razón que sea hay sitios con un magnetismo especial como Madeira. Vosotros tenéis un caso muy claro en el Empordà. Tienen un toquecillo de… De alienación, sí, de alienación, que está muy bien, todo sea dicho”.

 

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