Defensores de una fe

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Si alguna vez volvéis de fiesta y no sabéis qué poneros para conciliar el sueño, aquí tenéis un buen remedio para caer en brazos de Morfeo. Se trata del único documental en color de la Guerra Civil española del que se tiene constancia: Los Defensores de la Fe. Hoy se cumplen diez años que se emitía por primera vez en La 2 de TVE, dentro del espacio El laberinto español dirigido por Javier Martínez Reverte. Está producido y locutado por el periodista y editor estadounidense Rusell Palmer que, con este panfleto de marcado ramalazo católico de poco más de una hora y cuarto, se proponía convencer a sus compatriotas de los beneficios que suponía que Franco fuera ganando la guerra (y los rojos no, que encima dejaban a su paso “iglesias en ruinas por doquier”). Para que os hagáis una idea, Palmer era máximo responsable del conocido como Peninsular News Service, un lobby conservador y profranquista, que publicaba varias revistas en EE.UU. como Spain y Cara al Sol.

“Estos ciudadanos estadounidenses hechos prisioneros mientras luchaban con las Brigadas Internacionales y que se agrupaban en dos batallones, que ellos mismos denominaban irónicamente, George Washington y Abraham Lincoln,  son un claro ejemplo del tipo de apoyo que han recibido los rojos. Reclutados ilegalmente en EE.UU. y llegados a España a través de Francia bajo la mirada complaciente del gobierno galo, serán devueltos por barco a EE.UU.”.

Estamos ante una pieza propagandística en la que se pretende combatir la propaganda republicana iniciada en USA, resaltando el nacionalismo de los rebeldes frente l comunismo que representa el Frente Popular que había ganado las elecciones de febrero de 1937. Así que, si queréis ver el rojo de los carrillos del fascista de Queipo de Llano, por ejemplo, aquí tenéis una buena oportunidad. La pieza se inicia con unas imágenes de San Sebastián ya ocupada por los nacionales en el que se ve a la gente “paseando por sus calles bien alimentada”. También se ven imágenes de Teruel que después de haber cambiado de bando varias veces, “ahora está totalmente a salvo en manos de Franco”. “Incluso han vuelto las cigüeñas a construir sus nidos en los campanarios”, se comenta sin rubor en el film. Acto seguido se explica que cerca de ahí se han forjado las más duras batallas de toda la contienda debido a que los rojos habían conseguido “90 tanques de los rusos con el objetivo de romper las líneas enemigas de Zaragoza. “El rugido de sus motores al avanzar se pudo escuchar a kilómetros de distancia” (es en este punto cuando los rusos son citados por primera vez, a los 18 minutos de haberse iniciado el documental, en el tramo más gore de toda la cinta que sigue así: “De todos los tanques rusos que participaron en la operación sólo se salvaron 30. Los restos de los demás se oxidan en el campo de batalla junto con los huesos de los operarios rusos. El brazo del conductor de un tanque surge de entre los arbustos, en lo que bien podría ser una plegaria al cielo. Muy cerca los restos de otro soldado, cuyos restos se blanquean al sol”). Por donde pasan los rojos, muerte y destrucción (“con munición procedente de Checoslovaquia, Francia y México”). Cuando son los nacionales los que llegan a una ciudad, es para liberarla y entrega pan a los famélicos locales (“que se comportan como animales después de semanas sin ver comida”).

Uno de los platos fuertes de la película llega con la espectacularidad de las imágenes grabadas a lomos de un avión de guerra, nacional, por supuesto, mientras sobrevuelan “en la tenue luz del amanecer aragonés” las líneas enemigas, republicanas, por supuesto también: “La aviación en tiempos de guerra requiere pilotos con pulso firme, nervios de acero y la osadía que solo da la juventud. Estos jóvenes poseen grandes aptitudes para pilotar. Como Ramón Franco, hermano del General Franco que atravesó el Atlántico sur antes que Lindberg llegara a París. Ambos bandos utilizan aviones extranjeros ya que en España no se fabrican todavía. Pero estos pilotos son españoles de pura cepa. De hecho, algunos son antiguos oficiales de la Marina”. Mientras, los corresponsales extranjeros  juegan a los dados. Menos Palmer que tiene una misión que cumplir: protegernos de los que no tienen fe  mientras emula a Orson Wells en pleno campo de batalla.

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