Esos ojos de la EGB

hulk

El otro día hablaba con un amigo de la nostalgia y de si es posible hablar de y desde ella de una manera digna. Pues mira, aún no lo sé, pero da igual porque de todas maneras hoy me apetecía recordar en el blog aquellos ojos de Bill Bixby (protagonista de otra serie mítica de la época, Hombre rico, Hombre pobre) poco antes de pasar de Bruce Banner a convertirse en Hulk. Esta semana se cumplen 38 años del estreno en CBS de El increíble Hulk, en España la pasarían justo tres años más tarde, en 1981,  todos los domingos a la hora del pollo a l’ast. Recuerdo que por entonces teníamos en casa una tele en blanco y negro con lo que no quedaba otra que imaginar el color del cambio hormonal del protagonista. Hasta que mis primos se compraron una televisión último modelo. Sí, el increíble Hulk era una serie para ver con los primitos y disfrutar del espectacular cambio cromático del atormentado científico. El superhéroe atormentado, una tautología que nos ha acompañado en esta increíble vida de hombres menguantes.

A destacar el papel del guionista Kenneth Johnson, responsable de otros mitos de nuestra infancia como V o La mujer biónica (per molts de nosaltres serà La dona Biònica). Un encargo de la Universal Television para producir una de las primeras series para la televisión con actor de carne y hueso interpretando a superhéroe de la Marvel. Parece ser que Johnson se negó de inicio a involucrarse en el proyecto pero  al final se vino arriba animado tras la lectura de la obsesiva persecución de la trama que sustenta Los Miserables  de Victor Hugo (¿!!?). De pasar del bicho verde a postularse como principal luminaria del proyecto eliminando a algunos personajes del cómic original y cambiando el nombre a otros (el propio Banner queda bautizado como David, ya fuera porque Bruce Banner le sonara demasiado gay al guionista o que quisiera evitar la aliteración de las primeras letras de nombre y apellido tan recurrente en el cómic de superhéroes. Louis Lane, Peter Parker) para dotar de entidad propia a la serie y no se viera como una traslación pura con respecto a la fuente original. Pero a mí eso me daba igual porque no leía más cómics que Mortadelo y Filemón, y poco después al verdadero superhéroe de mi infancia: Súperlópez. La anfetamínica y a la vez alucinógena banda sonora fue cosa de Herbert D. Woods que también había trabajado en Bionic Woman, además de encargarse de la música de la versión de Galactica de finales de los 70, principios de los 80.

Lo que es la serie no la he vuelto a ver más que en Youtube, concretamente un trozo del capítulo piloto, y de eso hace unos diez años. Aguanté hasta que volvieron a aparecer esos ojos en plena mutación de mi EGB. Aquellos ojos que quedarían para siempre como los del domingo por la tarde.  Esos ojos de mis primeros años en el colegio. Esos ojos alucinados que fueron premonitorios de muchas cosas, de muchas actitudes ante la vida, de esos ojos rojos de los mediodías de futuros domingos. Ese momento desencadenante del racimo de músculos se repetía dos veces en el científico en cada capítulo. Creo recordar que al cuarto de hora de empezar  y quince minutos antes de que se acabara el mismo (normalmente la resolución del caso que planteaba cada capítulo llegaba con esta segunda reencarnación en Lou Ferrigno). Todo era motivo de rabia y desesperación en el protagonista. Que si ahora se me pincha una rueda y llueve que no veas. Que si ahora se me ha quedado una pierna atrapada en una trampa para osos. Como si la  razón última del capítulo para el guionista fuera encontrar una nueva situación, en un contexto diferente, en la que irritar a Bruce Banner. Eso sí, el ribete de la trama venía implícito con la situación, porque lo que le ocurriera siempre le ocurriría cuando estuviera fuera de la vista de los demás, debajo de un árbol, chafado por una roca, encerrado en un coche… Nadie debía estar ahí para verlo mutar. A lo sumo, una vez se alejaba del pueblo sin despedirse, con la camisa y los pantalones a jirones, como sus ilusiones de escapar de un destino que no controla. Otro domingo como el Atleti, siendo el pupas oficial. del domingo tarde. Tal vez sea esa la manera de afrontar la nostalgia. Como Hulk, que nunca daba una ostia de más. Escapando a la vista de todo el mundo y a pecho descubierto.

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