Un hotel a la costa (Tossa de Mar, 1934-1939)

hotel

Hace unos días se ha otorgado el premio Tusquets que este año se ha llevado el venezolano Alberto Barrera Tyzka. Precisamente me encuentro enredado estos días con el diario que escribió Nancy Johnstone durante su estancia en la Costa Brava, en la que aterrizará pocos meses antes que estalle la Guerra Civil. De nuestra heroína se sabe que nació en Bath en 1906, pero nunca se supo cuando murió (” De Nancy se sabe que se hizo muy amiga de Constancia de la Mora, esposa del jefe de la aviación republicana Hidalgo de Cisneros. Ambas se fueron de viaje a Guatemala en 1950 y allí sufrieron un accidente de coche en el que muere Constancia. De Nancy, herida de gravedad, se perdió el rastro, se comenta en La Vanguardia del 11 de marzo de 2011).

Pero lo bueno es que sí sabemos que pasó durante cinco años de su biografía, gracias a que han quedado profusamente documentados por ella misma:  los años en los que vivió en la localidad de Tossa de Mar mientras gestionaba el primer hotel de la Costa Brava. Un modelo de hotel pequeño, de difícil acceso, pensado para un público con inquietudes. Un hotel con vistas a la modernidad que en España estaba contando sus últimas horas antes de la barbarie bélica que pilló completamente desprevenida a nuestra Nancy.

En 1934, en plena revolución de octubre de la que hoy se cumplen 81 años, decidió montar un negocio en lo alto de una montaña de esta tranquila localidad de la Costa Brava donde, por cierto, se encontraban escondidos muchos refugiados que huyeron del nazismo en Alemania que convivían con una colonia de artistas ingleses atraídos por el sol y el paisaje de este rincón de Catalunya conocido entre ellos como el ‘paraíso azul’ (por sus mares y por lo barato que es la vida en aquellos años en nuestro país).

¿Por qué deciden abrir un hotel en la costa Brava para un tipo de público digamos culto y con sensibilidad artística en un remoto lugar? Porque el marido de Nacy, el flemático Archie, no sabía de ninguno de sus amigos hubiera estado por allí de vacaciones (“No teníem, llavors, experiència sobre els hotels catalans i pensàvem, com era el costum, que qualsevol cosa espanyola havia de ser bruta”) . La editorial recuperó hace cuatro años este clásico del subgénero “extranjeros que se vieron atrapados por la guerra civil” y decidió publicarlo en catalán con el título de Un hotel a la costa (en realidad la edición incluye dos libros que documentan dos periodos distintos, Hotel in Spain, que llega hasta el final del verano de 1936, cuando les toca de cerca el bombardeo de la vecina localidad de Roses y un segundo libro, Hotel in flight, que llega hasta la rendición republicana.

Justo el día en el que se desata la huelga general que va a precipitar la resurrección militar y la guerra civil que acabó con la segunda república, unos días después escucharán por la radio el discurso de Companys proclamando el Estado catalán, se encuentra buscando terrenos dónde edificar su hotel, que al poco regentará junto a su marido, un periodista que en Londres se codea con lo más granado entre los plumillas ingleses de la izquierda progresista (“”Una de las cosas más fantásticas de la vida en Tossa es que no hay conciencia de clase”, escribe la propia matrona del hotel, Nancy, que sin pretenderlo dejó un legado inédito con el que hacernos una idea de los años más virulentos de la historia de nuestro país durante el pasado siglo. “Els de la FAI eren els més actius al principi, almenys a la nostra zona. Les iniciales volien dir Federación Anarquista Ibérica. Les nostres empleades  s’hi feien tant d’embolic com nosaltres, amb tanta inicial. (…) De fet, l’anarquia era un nou departament de govern a Tossa. Mai no he acabat d’entendre qupe representa un anarquista espanyol. El que és segur és que no té res a veure amb les connotacions que, en la meva educació anglesa, em van inculcar sobre la paraula “anarquista”. Ara,una federació d’anarquistes em sonava una mica contradictori, era com si algú parlés d’una niuada de cabres”, comenta con ojo clínico la Jonnstone que acabará simpatizando con los milicianos que encuentran en el hotel un lugar donde relajarse y reconsiderar estrategias.

En marzo de 2011, coincidiendo con la salida al mercado de la edición en catalán, el periodista J.M Martí dedica a este libro un artículo en El País en el que explica la importancia del mismo: “El libro es clave es clave porque explica la guerra civil desde un prisma insólito, desde la cotidianeidad de un pequeño pueblo de pescadores que se va transformando y deteriorando conforme avanza la guerra; un crescendo magistral que acaba en la huida hacia la frontera con un camión repleto de niños que los Johnstone han adoptado y deben dejar, una vez ya en Francia, en Perpiñán, solo para reencontrarlos brevemente unos meses más tarde en un convento de Besançon”.

La pareja de intrépidos hosteleros ingleses descubrirán que Catalunya no sólo no es sucia, si no que también cuenta con particularidades culturales como la sardana. En uno de los capítulos del libro, Nancy dedica varios párrafos a describir las artes de la sardana (de hecho, uno de los atractivos del libro es escuchar la voz de una extranjera respecto a lo que serían los rasgos distintivos de la Costa Brava en concreto y de la Catalunya de pocos meses antes que estalle la guerra). También llama la atención la descripción que hacen de la noche Barcelona que ‘disfrutan’ en una escapada de pocas horas en la capital catalana, y en la que destacan sobretodo los números de transformismo, bastante cutres según el parecer de una británica progresista.

“La sardana és la dansa tradicional de Catalunya. Homes i dones es donen les mans en una rotllana i van fent saltironets al compàs d’una música peculiar. De bones cobles n’hi ha poques, i la mitja dotzena que són de primera amb prou feines a qualsevol altra música nacional. Utilitzen uns extranys instruments estridents i tot va sempre acompanyat d’un tam-tam que marca el ritme. Aquella gent ballant en rotllanes, il·luminats per fanals mig amagats entre les branques dels frondosos plàtans del passeig, feien pensar en algun ritual tribal sota la claror vacil·lant de les torxes.  ara, si t’hi fixaves bé, qualsevol evocació de l’Àfrica negra era fora de lloc. En realitat, els músics de la cobla semblen, més aviat, una colla de pastors metodistes. Seuen en unes rígides cadires de fusta posades al damunt d’uns taulons. porten jaquetes negres i barrets negres. Hi posen cara de solemnitat. Fa la impressió que un músic de cobla no es relaxa mai, ni quan és a casa. Sembla mentida que una música que sona amb tanta intensitat, que convida a treure penes a còpia de refilets i vibracions, pugui sortir d’aquella colla d’homes amb cara de reprimits”.

En la edición en catalán de Tusquets se incluye al final del libro la traducción del folleto con el que los Johnstone promocionan su hotelito. Gracias a este planfleto nos enteramos que la pensión completa cuesta 13 pesetas al día. Que el único extra que se carga a la cuenta del cliente es de una peseta por la bañera. Se destaca en el mismo que “La casa Johnstone es obra de Her Fritz Marcus, el conocido arquitecto berlinés. El agua para beber, el agua caliente, las cañerías y todas las infraestructuras de la casa no pretenden ser lujosas ni “selectas”, pero se considerarían de alto nivel en Inglaterra”. Otra ventaja que se destaca a la hora de promocionar el entorno del hotel es el de los precios de Tossa. “Salvo los de los artículos de importación, el resto son precios ridículos, sobretodo los de la fruta, el vino, el alcohol y el tabaco que oscila entre seis y diez veces por debajo del que se paga en Inglaterra”. La publicidad avisa que pronto se pondrá tan imposible comomla costa azul francesa.

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