Pop Festival: cuando en Badalona cayó la del pulpo indie

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“Lo mejor del Pop Festival fue constatar que existe un nuevo público, harto de los dictados musicales impuestos por discográficas, promotores y emisoras de radio, cuya única inquietud es la de sanear sus cuentas corrientes. Así, la escena alternativa se erige en defensora de unos valores que pretenden dar credibilidad al rock actual; aunque, todo sea dicho, el autóctono peque de excesivo mimetismo”, Ramón Súrio para La Vanguardia.

Hoy se cumplen 20 años de la celebración del Pop Festival. Se cumplen veinte años pues del primer festival al que asistí y veinte también del primero al que asistí acreditado (el primero de muchos festivales). Por entonces, un servidor trabajaba en Revista de Badalona, en la sección de Deportes, harto de las declaraciones previsibles de los jugadores de Regional Preferente, me ofrecí al jefe de cultura para ayudar en la cobertura de esta especie de proto-Primavera Sound. El evento tuvo lugar en can Solei, que es un parque de unas once hectáreas, se encuentra muy cerca de la mítica carpa de Titus, y es algo así como el pulmón natural de la zona noble de Badalona (la de la periferia menos noble sería Montigalà). Por entonces a Badalona se llegaba en metro con la línea 4, la conocida como la amarilla, hasta Pepe Ventura. Ese mismo fin de semana del festival, La Vanguardia anunciaba que la línea 2 de Barcelona se pondría en marcha pocas semanas después, el 25 de septiembre después de veinte años en vía muerta.

El festival, que no tuvo segunda edición, estuvo organizado por La Iguana que fichó a  un elenco de artistasque veinte años más tarde recuerda, efectivamente, a una versión prehistórica del  Primavera Sound. Los cabezas de cartel eran Sonic Youth que, por entonces, presentaban su álbum más controvertido, Washing Machine, tal vez el que promovió más bajas entre sus fans de toda la vida. Un total de 7000 personas se pasaron por el parque badalonés, tres mil menos de lo que esperaban los organizadores: “El Pop Festival era una apuesta arriesgada por varias razones: un presupuesto elevado -35 “kilos”-, una fecha de verano muy avanzada, unas entradas que se cotizaban a 4.000 “púas” y un cartel cuyos nombres  estelares pertenecen a la llamada escena “indie”. La idea era reunir a unas diez mil personas dispuestas a disfrutar de una tarde-noche en el parque de Can Solei, donde se habían montado dos escenarios, un “dancehall” para lucimiento de los Dj’s y unos cuantos chiringuitos, donde se podía degustar “coca de recapte”, pizzas congeladas, comida vegetariana o picantes guisos mexicanos”, comentaba el redactor Ramón Súrio en las páginas de La Vanguardia. “No toca hablar aquí del nivel artístico del festival, pero se hace inevitable mencionar la gran tomadura de pelo que fue la presencia de Beck”, añadía el periodista a modo de furibunda crítica.

La reseña de la crónica de La Vanguardia, aparecida dos días después del festival, osea que urgencias por cubrir el festival más bien ninguna,  e incluía un despiece casi metafísico en el que Mingus B. Formentor se preguntaba si lo de Badalona había sido un festival realmente o una sucesión de grupos: “¿Festival? Hombre, yo nunca me atrevería a decir tanto. A lo sumo, me inclinaría por muestra, popurrí o amasijo de actuaciones (hasta quince bandas) colocadas una detrás de otra, el mismo día y en el mismo sitio”. Para añadir algo que sería norma en el indie español de aquel momento: “Luego venía el escuadrón de aportaciones nacionales “en inglés”, que sonaban a clónicas”.

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