Una mirada (nada oficial) a la pintoresca Barcelona de hace 50 años

1964

Lo descubrí la semana pasada gracias a mi amigo Ricard que siempre me recomienda cosas interesantes. Desde entonces no me lo puedo quitar de la cabeza. Me refiero a un pequeño documental de Carles Barba, director de cine à la remanguillé, oriundo de Terrassa. Uno de los más destacados personajes del cine amateur en la Catalunya de hace 50 años. Con este documento audiovisual, de retranca incontenible, el director pretendía mostrarnos la fauna urbana de la ciudad de 1964. A un lado, las putas y los famélicos de cara sucia. Al otro, algunos de los miembros de ese puñado de familias que controlan Barcelona (una de las pocas veces en las que vemos las caras de los que cortan el bacalao). Un fresco de una Barcelona que ya no existe y que hoy nos parece la capital de una República de un país que podría estar en algún punto intermedio entre Europa Oriental y África occidental. Un travelling que parece activado a manivela por un aficionado al cine que, ante todo es un espontáneo cronista de los contrastes sociales, para ofrecernos una panorámica de la Barcelona que todavía guardaba barracas en ese trastero desarrapado que era entonces la costa del Bogatell.

Investigando la figura de Barba nos encontramos con un ensayo de Encarnación Soler, de la Universidad de Barcelona,  titulado ‘El Cine Amateur y la emigración’ en el que analiza la cinematografía amateur asociada a la emigración hacia el interior de Cataluña: “Solo un cine libre de condicionamientos económicos y de exhibición circunscrita en un marco diferente que no fueran los cines del mercado oficial, en el que el cineasta fuera libre de expresar sus ideas y reflejar la realidad, sin otro objetivo que el de la creación personal, podía girar su objetivo hacia lo que realmente sucedía. Y aquí aparece el llamado “cine amateur”.

“Hagamos un poco de historia: El cine amateur nace oficialmente en Catalunya, dentro de la Sección de Cine del Centro Excursionista. El año 1931 se creó la Sub-sección de Cine Amateur de la Sección de Fotografía, llamándose primero “cine de aficionado” antes que “cine amateur. El 22 de abril de 1932 se convocó el Primer Concurso Catalán, año en el cual se creó la ‘Secció de Cinema’ del CEC. Este hecho resulta de gran importancia, pues fue el primer precedente del nacimiento de un movimiento social y cultural en Catalunya que forjó, a través de las imágenes, un medio de expresión tanto personal como de colectivos alternativo al cine oficial, y que ejercería con frecuencia de medio de expresión de resistencia social y cultural”.

carlos barba

Y aquí es donde aparece nuestro héroe, Carles Barba, como uno de los principales baluartes de aquel cine que pasaba de refilón por las salas comerciales de hace cincuenta años (por cierto, Barba fue distinguido en 2012 por el Centre Excursionista de Catalunya con la medalla Única: “un dels més grans reconeixements per els que es dediquen al cinema amateur. Es tracta de la medalla Unica per la qual se li concedeix en honor de la seva llarga trajectòria ubicada en els anys 1960-1975”).

Continúa entonces Soler descifrando las claves del cine de Barba, extrañamente comprometido con la realidad que le rodea: “No hay ninguna otra respuesta que la que dio otro cineasta amateur, Carles Barba i Masagué, del cual entraremos ahora a hablar: “Deseaba retratar la realidad de las barracas. No existían las televisiones locales, ni había tanta gente con cámaras para plasmar aquel dramático hecho. El NO-DO hablaba de lo que era como se diría ahora “políticamente correcto”.Así que hablé con Paco Candel para que me ayudara a entrar entre aquella gente sin reticencias. Me abrieron sus puertas, su realidad sin vergüenzas ni tapujos. Me ofrecieron lo poco que tenían. Y lo más valioso: su realidad plasmada en imágenes. Pienso que hice bien”. Por descontado que hizo bien. Más aún si se tiene en cuenta que Carles Barba era un empresario de la lana de Terrassa. En aquellos años, el negocio era todavía floreciente y se codeaba con la alta sociedad, no solo de aquella ciudad, sino también de la capital barcelonesa. Quizá este dato desorienta en principio, pero, si se conoce al autor y su obra, se comprenderá su posición. Carles Barba tuvo su objetivo cinematográfico dividido en dos: por un lado, fue requerido continuadamente para filmar la clase social a la cual pertenecía, pero con una característica que le apartan del paternalismo fácil ante el rodaje de las clases desfavorecidas: tanto en la inmortalización de unas y otras, no pierde el sentido crítico. Es especialmente feroz con la clase dominante, con su lujo y ostentación, joyas, puros habanos, sombreros de plumas, señoras con un retoque de maquillaje que contrapone a las imágenes de los gitanos, las prostitutas, los parados, los lisiados, la gente de “cada día”, desde el guardia urbano al escolar, a la ama de casa que lleva su compra, ajena a la mirada de la cámara del cineasta que la retrata con su cotidianeidad. Todo un ramillete de personajes en contraposición. Este modo de ofrecer la realidad filmada, basada en la sátira y la ironía llevadas a su cota máxima, supone un nuevo estilo en el documental, una aportación al lenguaje cinematográfico, basado en la contraposición más audaz de lugares y personas que se haya visto jamás en el cine amateur. Por poner solo dos ejemplos de este modelo de documental, citaremos Aspectos y personajes de Barcelona (1964), en el cual el cineasta incluye desde el alcalde Porcioles hasta el más depauperado de los mendigos; desde la señora de tal, hasta las prostitutas de la calle Las Tapias; desde el más selecto artista hasta el más paupérrimo de los cantantes de la Bodega Bohemia, destartalado local donde daban con sus huesos al final de su carrera los que no habían conseguido los honores de la fama. La osadía máxima fue que Carles Barba presentó ese filme, con los niños desnudos del Somorrostro, las barracas en la misma orilla de la playa, o en medio de los vertederos donde rebuscaban lo que fuera, contrapuestos a las imágenes de ostentación del Ritz, al Premio Ciudad de Barcelona. No se puede ni imaginar las caras del jurado, pues bien es sabida la característica principal de ese premio, apareciendo delante de sus ojos la realidad, no una ficción, una realidad a la que permanecían de espaldas o ante las cual cerraban los ojos”.

En el año 2004, Barba recibe el título honorífico de “Terrassenc de l’any 2004”: “Com tothom, va començar fent pel lícules amb la família i filmant escenes de petites excursions. Fins que va descobrir les possibilitats del format de 16 mm. I a partir d’aquell moment, aviat farà 50 anys, Carles Barba ha anat elaborant una copiosa obra cinematogràfica, de temàtica diversa, però sempre prioritzant la figura humana. El seu cinema no pren model d’altres directors. La seva obsessió és el retrat de les persones. Des de l’alcalde Porcioles, passant pel capità general de l’època, pel president de la Diputació, marquès de Catellflorite, fins arribar a la cupletista desdentegada del cafè Bohèmia o a l’últim immigrant que havia arribat a Can Tunis. Tots ells van passar per l’objectiu de la càmera d’en Carles Barba”.

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