Sin ti no hay patria

kim

¿Os imagináis que todo fuera mentira y en Corea del Norte se viviera de puta madre? Yo si me lo he imaginado.  O lo he soñado, que para el caso es lo mismo. Que nos tienen engañados y que realmente los coreanos son felices y comen perdices…  Que los oprimidos somos realmente los que pertenecemos al auto denominado primer mundo… Es la eterna pesadilla: ¿quién está más loco? ¿Los de esta parte de la línea o los de fuera? A mi Corea del Norte me suena a metáfora de la muerte. Es el otro lado.  Nadie ha vuelto de Corea del Norte para contarlo…  Bueno, en realidad si tenemos precedentes. Blackie Books ha publicado este año el libro redactado con las anotaciones que la estadounidense Suki Kim, nacida surcoreana,  logró pasar su diario personal de tapadillo en un pendrive,  después de experimentar una pasantía en Pionyang, en la que estuvo dando clase a chicos de la élite del que dicen es el país más hermético del mundo. Un best seller que se presenta como uno de los pocos testimonios no filtrados de lo que ocurre en el país comandado por Kim Jong-un. El marketing del país del no marketing sigue dando buenos réditos.  Aunque bien pensado, Corea del Norte tiene un posicionamiento mejor fijado que muchos productos a los que se destinan grandes presupuestos en marketing: “el país más hermético del mundo”. El más exótico, por tanto.

Yo mismo envié un mail al famoso Delegado Especial para el Comité de Relaciones Culturales del país, el tarraconense Alejandro Cao de Benós de Les y Pérez, en el que me interesaba  por una invitación para entrar este pasado abril en el país como periodista, aprovechando los fastos por el “Aniversario del nacimiento del Gran Líder Presidente Kim Il Sung”. Una invitación que ascendía a la nada despreciable cifra de 6.800 euros por persona. O lo que es lo mismo: casi siete mil euros del ala para que te coman la cabeza y tener derecho a las siguientes visitas (copio y pego directamente del PDF que me enviaron con las características del viaje que había que reservar previo pago de 550 euros):

Orfanato de Pyongyang, Escuela Secundaria, Universidad Kim Il Sung, Universidad de Lenguas

Extranjeras, Mansude (Estatuas de Bronce del Presidente Eterno Kim Il Sung y el Gran Líder Kim Jong Il),

Granja Cooperativa, Fábrica, Plaza Kim Il Sung, Torre de la Idea Juche, Arco de Triunfo,

apartamento/casa de ciudadanos, Palacio de los niños de Mangyongde, parque de atracciones Kaeson o

Rungnado, Ciudad de Kaesong, Puesto fronterizo de Panmunjon (Frontera con Corea del Sur).

Las experiencias de este ‘Sin tí no hay nosotros’ están contadas en primera persona por la propia Kim, que pudo permanecer en el país gracias a una beca que comparte con otros profesores extranjeros para enseñar inglés en una escuela financiada por oscuros intereses evangelistas (que buscan posicionarse en el país para cuando éste se abra al mundo). Kim, como tantos otros coreanos del sur, tiene un tío en Corea del Norte del que se puede olvidar, porque sabe que nunca más volverá a verlo. Todas las familias tienen un familiar al otro lado, que es lo mismo que decir que es como si se lo hubiera tragado la tierra. Dos países que podrían ser uno, o un país en dos, pero que viven tan alejados como, pongamos por caso, España y Nueva Caledonia.

El libro que nos ocupa llegó a las tiendas hace unos meses, al poco que se descubriera que el responsable de otro de los documentos que pretendía desmenuzar la tiranía norcoreana, un superviviente de los campos de concentración del más exótico país del mundo, reconociera que había mentido en algunas declaraciones.

“Uno de los desertores más importantes de Corea del Norte, cuyo testimonio ha sido central en los esfuerzos por llevar los líderes de Pyongyang a la justicia, ha admitido que mintió sobre su terrible experiencia como prisionero político en un best-seller. Shin Dong Hyuk dijo que podría abandonar su trabajo como activista de derechos humanos después de revelar que ha dado información inexacta a Blaine Harden, el periodista estadounidense cuyo libro, Escape from Camp 14, hizo que el desertor de fama internacional”, The Times, 19 de enero de 2015.

Así que ahora mismo el libro de Kim es una de las pocas rendijas del país, que nos quedan a los curiosos del primer mundo, por entre las que enterarnos de 1) cómo es el asfixiante marco en el que se desarrollan las clases de los chicos más listos del país y b) cómo funciona la paranoia que sobrevuela a los profesores extranjeros que han tenido la feliz idea de irse al país que ahora mismo lidera el eje del mal, conviviendo con unos chavalillos que no saben nada de cortejar a una chaval pero a los que en cualquier momento se les puede girar la pelota y los denuncian por saltarse las estrictas normas (sobretodo de comunicación).  El libro está trufado de anécdotas que revelan el grado de alienación respecto a otras realidades que vive el pueblo norcoreano. En un juego de preguntas tipo Trivial, la profesora se da cuenta que sus alumnos saben que el 31 de agosto de 1998 despegó el Kwangmyŏngsŏng-1, primer satélite del ambicioso plan espacial norcoerana, pero no tienen ni idea de qué país envió al primer hombre a la luna.

La diferencia entre los coreanos del sur y los del norte se resumen en que estos últimos no saben que existe un ‘al otro lado’. Mientras que los del sur se mortifican proyectando en lo que estarán sufriendo los familiares que, por una razón u otra, quedaron colgados en ese limbo que es el vecino  del norte.

“En una ocasión, les pedimos a los alumnos que escribiesen y representasen una escena, y decidieron escribir sobre dos maestros canadienses que tenían que ir a un hospital local. Uno de ellos estaba herido, y el otro se ofrecía a vender su sangre para ayudarle, y entonces los dos descubrían que la atención sanitaria era gratuita gracias al ánimo solícito de Kim Jong-il, el Gran General”.

Katie les hizo ver que aquello no tenía ni pies ni cabeza, porque: I) un profesor extranjero solo sería atendido en un hospital de extranjeros, y estos no eran gratuitos; 2) a la gente, por lo general, no se le paga por adelantado. los estudiantes se quedaron un poco cortados, y luego dijeron:

-Vale, pues el amigo que no está herido tiene que avisar a la esposa del herido, así que va al aeropuerto para viajar a Canadá y explicárselo.

Katie preguntó por qué no telefoneaba a la esposa, en lugar de volar hasta Canadá.  Los estudiantes, pillados a contrapié, dijeron entonces:

-Bueno, en ese caso, llamarían desde el hospital, pero el doctor hará la llamada. ¿Y cómo va a hablar con la esposa en Canadá si no sabe inglés?

Katie le preguntó por qué no podía ser el amigo el que llamara directamente a la esposa. Y así una y otra vez. Cada respuesta nos deprimía un poco más, porque era evidente que incluso algo tan sencillo como llamar a un familiar que vivía en el extranjero les resultaba inimaginable, al menos sin un permiso especial”.

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