Onofroff en la ciudad de las ilusiones

Onofroffnoenvejecer
Barcelona es una ciudad de ilusiones. Algunos podrían decir incluso que la ciudad vive de ilusiones. La relación de la ciudad con el ilusionismo o  la magia, con la hipnosis como catalizador de toda esa fantasía, se remonta a principios del siglo pasado. El show business del primer cuarto de siglo XX pasaba por el ilusionismo y los magos que eran las estrellas del momento. Hace hoy justo cien años, una de esas rutilantes estrellas de la época, el mago Onofroff, de nombre Enrique, debutaba en el Tivoli, tal y como podemos comprobar más abajo en el detalle de la sección de Espectáculos de La Vanguardia del 23 de agosto de 1915.

tivoli
La hipnosis empieza a tratarse en conferencias a finales del XIX y poco después algunos científicos reconocidos como  Ramón y Cajal apoyarán el status científico del hipnotismo, una opción que no se ha destacado demasiado en los perfiles del premio Nóbel. Al poco de entrar el siglo XX, la técnica empieza a tomar un cáriz de espectáculo circense con giras por parte de los hipnotizadores como si de estrellas del rock se tratara. Y en estas que Barcelona es parada de muchos de ellos. Como ahora ocurre con los móviles, a principios del siglo pasado Barcelona era capital internacional del hipnotismo,  con presencia en sus teatros de lo más granado de esta técnica siempre en entredicho.  Y en esos menesteres destacaba este tal  Onofroff, que pese a lo que pudiera parecer por su nombre artístico, no era eslavo como el apellido indica (el halo de misterio con el que mantuvo su verdadera personalidad, la propia de un mago, provoca muchas dudas en su nacionalidad; unos dicen que era italiano, otros que en realidad era belga). Se presentaba como el “campeón mundial de fuerza psicofisiológica”, título que mantuvo en su poder durante los 50 años que trabajó en la profesión (con giras por países como EE.UU. donde su número estrella era conducir con los ojos cerrados, un truco que también utilizó el Profesor Alba un par de décadas mas tarde, según queda recogido en esta edición del No-Do), tal y como nos recordaba Xavier Theros en una de sus crónicas barcelonesas en El País. Su número de magia de hace cien años en el Tivoli consistió en hacer creer al público que estaba en la selva africana.

onofroff

Entre los admiradores del mago se encontraban personalidades como Salvador Dalí, que veía en la hipnosis el auténtico glory hole de sus tribulaciones mentales y artísticas (“…no es disparatado pensar que, a través de la hipnosis, Dalí creyó hallar la grieta por la que espiar los deseos que le obsesionaban”). La pasión de la familia Dalí, con el padre de Salvador a la cabeza, se pormenoriza en este blog en el que también se aportan fuentes que describen al maho como un tipo que vestía impecable, como un banquero, bueno, en realidad como todos los ilusionistas. Después se descubrió que tenía a su disposición una trama de compinches, que llegaban a la ciudad del bolo de turno unos días antes que el propio Onofroff, se dice que viajaban en medios de transporte diferentes, suponemos para no levantar sospechas, con la misión de engatusar a posibles cobayas. Primero se les buscaba el punto débil donde tocar la fibra, luego se les convencía para que se presentaran a su espectáculo y acabaran subiendo como voluntarios susceptibles de ser sugestionados. Una estrategia logística que me parece incluso más fabulosa que el posible efecto que pudiera provocar la hipnosis de la que hizo gala.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s