El Tour son los niños

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Foto: Anna Caellas

Una subida poco escarpada pero constante, a través del tupido bosque tan característico de este otro lado de los Pirineos, nos lleva hasta la carretera por donde pasarán los ciclistas que conforman el pelotón de la etapa correspondiente a la etapa del pasado 16 de julio del Tour de Francia. Nos encontramos en la subida a Plateau de Beille, a unos nueve kilómetros de la cota más alta de esta montaña que entra dentro de la temida categoría especial: 15,8 km de ascensión con una media infernal de 7,9 por ciento de desnivel. En las cunetas se pueden ver banderas reivindicativas de la causa corsa, mezcladas con ikurriñas, senyeras, una bandera checa, alguna de País de Gales, muchas neerlandesas, otras tantas belgas y muchas más que no puedo llegar a identificar (muchas con castillos y sus almenas como símbolo que no estudié en clase de Historia). El nacionalismo se alborota en las carreteras de Francia. Países sin embajadas que hacen de la montaña su consulado a todo el planeta. El Tour de Francia también es muy de la patria chica.

Los entusiastas del Tour lo darán todo por seguir la ronda en directo, pero la temperatura de 35,5 grados, obliga a muchos espectadores del asfalto a buscar cobijo debajo de los árboles que pueblan los  aledaños de una carretera, que se despliega hacia la cumbre en ondas simétricas como lo haría una serpiente cascabel sobre la arena del desierto.

A dos horas de divisar al primer ciclista, cae a hierro un calor salvaje que no amedrenta a los ciclistas amateurs que suben los repechos poniendo a prueba sus gemelos que en algunos casos parece que vayan a explotar. También los hay que se ponen a prueba subiendo la montaña al trote cochinero. No faltan detalles de la tradición campista de los franceses, con algunas planchas portátiles achicharrando salchichas y pancetas que perfectamente podrían freírse sobre el pavimento. Según tengo entendido, el Tour es la prueba deportiva más seguida en vivo y en directo de todo el mundo. Supera en cifras a unos JJOO o a un Mundial. Esta tarde de julio en Plateau de Beille lo tengo claro: el Tour es una romería para muy fans del deporte de las dos ruedas. Y de la naturaleza que se despliega a ambos lados de la serpiente multicolor.

Respecto al ciclismo tan típico de estas fechas estivales, la gente se puede dividir en dos tipos: los que aprovechan las retransmisiones del Tour para echar una cabezadita de tarde de julio y los que no pestañean, ni siquiera en las etapas de más de 250 km que al final se deciden en previsible sprint. Y después, claro, está toda esa gente que se estudia el trayecto de la prueba meses antes que empiece la ronda gala, para pedir vacaciones en base al trazado del Tour. Cuando llegue el ansiado día, todas esas hordas de apasionados cogerán el coche, la furgoneta o la autocaravana y pondrán rumbo a la ‘grande boucle’. Y a todos esos entusiastas hay que distraerlos de algún modo, antes que lleguen los gladiadores de los pedales. La caravana de camiones que precede a los ciclistas, una media hora antes del paso de los guerreros, es un espectáculo que no se ve por la televisión. Es algo así como la cabalgada de reyes que saciará las expectativas de grandes y pequeños. Los encargados de lanzar material de merchandising de las diferentes marcas reparten a diestro y siniestro. Un detalle que pude apreciar durante el carrusel publicitario: Si les pides, no te tiran nada. Más abajo tienes una galería de fotos, no muy buenas, de algunos de los cacharros majaretas que pasaron por delante de nuestras narices.

A través del diario del Tour, el primer artículo promocional que nos cae del cielo, en este caso patrocinado por Vittel (“L’eau officiel de la caravane”) y que incluye varios publirreportajes de la misma marca de aguas, podemos consultar la lista de marcas que conforman esta caravana invisible para la televisión: LCL, Le Journal de Mickey, Skoda, Fruit Shoot, Cadets Juniors, Krys, Haribo, Sirpa – Gendarmerie Nationale, Mc Cain, Pompiers, X Tra, Le Petit Prince, Senseo, Beau Travail, Le Gaulois, Cochonou, Ibis Budget, Kleber, ERDF, La Nouvelle Vie Ouvriere, Teisseire, Mecenat Chirurgie Cardiaque, Bic, Saint Michel, Carrefour, Ragt Semences, Cofidis, Emplois à domicile, Banette, Cornetto, Force Ouvriere, Bostik, Vittel y Festina.

En el momento de pasar por nuestro punto kilométrico, del cielo empieza a caer abundante agua, gotas sin patrocinar que nos harán tiritar de frío. Truenos que anuncian tormenta cuando los ciclistas empiezan las ascensión. El cuerpo se pone a prueba en esta etapa de contrastes térmicos. Empezaremos a desandar lo recorrido cuando todavía no ha pasado el gran pelotón, con unos veinte minutos de diferencia del ganador de la etapa, el catalán Purito Rodríguez. La emoción se ha mantenido hasta el momento de ver pasar al corredor del equipo Katush, porque no disponemos ni de cobertura, ni de un aparato de radio con el que conocer las evoluciones de la etapa. No estamos acostumbrados a seguir las competiciones deportivas a ciegas. Es el milagro de lo analógico, que en el Tour sigue teniendo mucha importancia. El hombre contra los elementos con la única ayuda de una bicicleta.

Bajaremos hacia la falda de la montaña, empapados y con el único avituallamiento de unos mini cruasanes de una de las marcas de bollería industrial que nos han caído a los pies y unas pocas golosinas de goma de la marca Haribo que aún no he visto por los badulaques de Barcelona. El barrio del Raval queda muy lejos del frescor de los Pirineos. Aunque fue muy cerca del MACBA donde me robaron hace casi diez años la bicicleta con la que completé en el 97 el Camino de Santiago y una Mollet-Portbou en cinco días de semana santa de un año después. No he vuelto a comprar otra, porque a la bicicleta de tu vida se le quiere para siempre. Eso sí, el año que viene me subo un chubasquero. O mejor, como hacía mi abuelo cuando era pequeño y nos íbamos a por “Basaltar”, un paraguas del revés con el que darle guerra a las madres y padres que, con fruición y mucha profesionalidad, recogen los regalos para sus niños. El mejor regalo para nosotros ha sido revivir el sueño de una tarde de verano cualquiera de cuando éramos críos y las montañas se veían infranqueables ya desde la televisión. El Tour son los niños.

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