La banda trapera del Sena

apaches

Esta semana os recomendamos la lectura de este libro que alguien que me conoce muy bien me regaló para mi cumpleaños. Se trata de un compendio de artículos firmados por varios autores especialistas en el fenómeno, recortes de prensa de la época y bellísimas ilustraciones.con el título ‘Apaches. Los salvajes de París’, ” una de las subculturas más fascinantes de la historia, fueron uno de los fenómenos culturales y sociales más salvajes e interesantes del siglo veinte”. El libro publicado por Felguera Editores se presenta de la siguiente guisa: “reinta mil apaches enfrentándose a la policía en pleno centro de París. Armas artesanales (una pavorosa pistola que, al mismo tiempo, funciona como navaja y puño americano). Técnicas de combate callejero. Noches sin fin donde los apaches son los amos. Danza apache. Bandidos sociales. Caos, terror y anarquía en el París de la Belle Époque y más allá: en pocos años, los apaches se extienden a España y la prensa habla de ataques apaches en Madrid o Barcelona”. La compra del libro a través de la web de la editorial se promociona muy a juego con el contenido: “Atención: Al pedir un ejemplar a través de nuestra web, te regalaremos una Cuchilla Apache”.

Otros títulos que me llaman poderosamente la atención de esta editorial, que se presenta “bajo la apariencia de una sociedad secreta”, son ‘Sherlock Holmes vs. Houdini’ y ‘Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos’. Los quiero y los quiero ya.

El libro que nos ocupa, a demás de hablar de un fenómeno poco conocido en nuestro país, está de rugiente actualidad. Además me sirve para explicar a mis alumnos, como el sistema acaba por fagocitar cualquier subcultura que se le presente, aunque sea la de los feroces Apaches.

“El fin del fenómeno apache con la llegada de la Primera Guerra Mundial significará el fin de los rasgos estéticos que el sistema había asimilado, pero no de una realidad que se mantiene hasta la actualidad. De forma periódica, el sistema irá recuperando rasgos subculturales concretos de las clases sociales bajas, en un proceso que consolida y diluye a la vez las identidades colectivas que son identificadas como potencialmente desestabilizadoras. El fenómeno quinqui en los años ochenta o las bandas latinas de finales de los noventa respondían a ese mismo proceso, que se mantiene en la actualidad con lo que conocemos como chonis –chavs en el mundo anglosajón-. Sin embargo, a pesar del progresivo perfeccionamiento de las tecnologías de perfeccionamiento de las tecnologías de disciplina, han seguido existiendo individuos que se niegan a ser domesticados y asimilados. A pesar de las constantes intervenciones protésicas a las que han sido sometidas las ciudades, se siguen pudiendo encontrar sótanos húmedos, callejones oscuros, puntos muertos que escapan a la mirada de las cámaras de vigilancia. Los apaches nunca desaparecieron”.

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Capítulo aparte merece el erotismo de las mujeres que formaban parte de esta subcultura y que pronto subyugó con su imaginario a las damas de clase alta de la ciudad que se acercaban hasta los reductos apache como si fueran a un parque de atracciones. El “discreto encanto” del ghetto como reclamo para las aburridas clases pudientes (un clásico de nuestra historia):

“Las mujeres apache -entendidas como las mujeres de clase baja que se dedicaban a actividades situadas al margen de la ley como la prostitución, los hurtos o la compraventa de mercancías en el mercado negro habían existido siempre, pero al denominarlas así, el sistema convertía sus rasgos identitarios propios en un objeto de consumo y, por tanto, desactivaba su potencial desestabilizador. La mujer apache ya no era alguien peligroso que te podía robar y engañar, sino alguien deseado y deseable. De esta forma, el sistema invisibilizaba la realidad de las mujeres de esta clases sociales y se quedaba solo con aquellos rasgos estéticos que podían ser facilmente asimilables. Es cierto que las mujeres apache respondían en buena medida a ese ideal de mujeres independientes y peligrosas, pero su día a día tenía que ver más con el hacinamiento en infraviviendas, el alcoholismo, la mendicidad, la explotación laboral extrema y la prostitución de lo que la prensa mostraba”.

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