No ha lugar

illadiagonal
Hace un tiempo, hablamos en clase, un poco por encima, del concepto ‘No-lugar’ que me parece atrajo la atención de algunos alumnos que pedían más profundidad sobre el tema. Estos días ha caído en mis manos el libro  La ciutat interrompuda. De la contracultura a la Barcelona postolímpica (La Magrana, 2001) en el que el crítico literario de La Vanguardia, Julià Guillamon trenza un paseo por la historia de la ciudad, desde las Jornadas Libertarias de 1977 a los momentos posteriores a la celebración de los JJOO en 1992. Dos puntos históricos claves en el ‘moderno’ desarrollo de esta ciudad, que se explican a través de los textos de la época de escritores hoy consagrados como Quim Monzó o Sergi Pàmies a los que se cita constantemente.

En el punto tocante a la postmodernidad, el momento en el que Barcelona se aferra al diseño para darle un nuevo packaging a la ciudad post-olímpica, se habla de los no-lugares que empiezan a aflorar en ese momento. Como L’Illa Diagonal, que es la construcción que se toma como referencia en el libro (tenéis los planos de este mall barcelonés como fotografía principal del post). Aunque si el libro se hubiera escrito recientemente se podría hablar del Apple Store de Plaça Catalunya, que ya hablamos en clase  se había convertido en punto de encuentro de los jóvenes de la generación del GPS.

Guillamon habla de algo que ya hemos tratado en clase, el espacio privado se abre paso por entre el ámbito público, y lo hace en boca del historiador de la arquitectura estadounidense Charles Jencks y de Frederic Jameson,  crítico y teórico literario, también estadounidense, de ideología marxista.

“Si no sabem què cal valorar, si el món comercial està més ben definit temporalment i especialment que el món espiritual, aleshores hi ha el risc de deixar-ho tot en mans del comerç. La postmodernitat comporta  una mutació de l’espai urbà.  Charles Jencks sosté que en trencar amb l’homogeneitat i l’abstracció de l’arquitectura moderna, els postmoderns han definit una nova mena d’espai ambigu, misteriós, complex i sorprenent. Per a Frederic Jameson (El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado), la vida quotidiana s’ha fet irreal, estem envoltats d’imatges il·lusòries que configuren un mosaic sense claredat, equilibri, ni coherència. (…) Davant d’un nou edifici, els ciutadans tenen la sensació de no disposar de les eines perceptives adequades i d’anar en retard respecte a l’arquitectura. Jameson no pot comprendre l’eufòria que provoquen en la gent les grans transformacions urbanístiques de París, Milà o Barcelona. “¿Cómo puede ser un deleite para los ojos el bullicio de la ciudad encarnado en la mercantilización? ¿Cómo puede experimentarse esa extraña especie de regocijo alucinatorio ante lo que no es sino un salto cualitativo sin precedentes en la alienación de la vida cotidiana en la ciudad?”.

Si os habéis preguntado quién es el responsable del término  ‘No-Lugar’ os diré que fue acuñado por el antropólogo francés Marc Augé: “Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar”.

“Marc Augé ha parlat extensament d’aquesta mutació urbana a Los “No lugares”. Una antropología de la sobremodernidad. A diferència del lloc antropològic, qué és un lloc de memòria,  un no-lloc és un espai sense identitat, ni història, ni relacions. El concepte es pot aplicar tant als llocs de trànsit, per on circulen acceleradament persones i béns materials (vies ràpides, enllaços de rutes, aeroports, centres comercials) com als mateixos mitjans de transport, els autobusos, els avions i els trens.

La persona que penetra en un no-lloc s’allibera de la seva identitat, ja només és el que fa o viu com a client, passatger o conductor. El paisatge es buida de referències, l’experiència de solitud és totalment nova.  La relació amb el poder també canvia: “Hoy, la frecuentación de los no-lugares ofrece la posibilidad de una experiencia sin verdadero precedente histórico de individualidad solitaria y de mediación no humana (basta un cartel o una pantalla) entre el individuo y los poderes públicos” (Los “No lugares”. Una antropología de la sobremodernidad).

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