Restaurantes sobre ruedas

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El reconocimiento de los que saben. Ese premio que el sistema competitivo en el que estamos montados nos ofrece como recompensa a nuestro trabajo cotidiano. Pero también en este proceder se han detectado errores en Matrix. Leo en un artículo de Daniel Verdú en El País que un restaurante de la Valencia profunda ha decidido devolver su estrella Michelin. Casa Julio, ubicado en un pueblo fronterizo con Alicante de mil habitantes, Fontanars dels Alforins, ha tomado la decisión de apostatar de la condecoración de Michelin porque según su portavoz, desde su distinción por la puerta del restaurante entraba mucha “tontería”. El jefe de sala del restaurante resume el problema en cuestión, “en el mundillo que se ha ido generando alrededor”. Nada más saber que se estaban en el ojo del huracán con su sorprendente incursión en la guía decidieron que mantendrían la cultura del ahora te preparo un bocadillo con la de la alta cocina. Pero claro, los estómagos de los clientes de toda la vida no se acabaron de amoldar a las pequeñas dimensiones de los paladares más snobs, con lo que poco a poco se fueron reproduciendo los reproches y las quejas por los incidentes colaterales que llevaba la estrella de marras. Otra de las consecuencias del sorpresón inicial: falta de financiación para afrontar los nuevos retos que además no estaban previstos. El primer premio les obligó a pedir un crédito. para la gente eres fabuloso cuando la recibes, pero el día que la pierdes, muchas veces por motivos distintos a la calidad, el impacto negativo es todavía mucho más fuerte”, comenta en el texto el representante de la cuarta generación de la familia que regenta este restaurante que pasa a la historia como uno de los pocos que ha preferido mantenerse al margen del circo que mueve Michelin y sus estrellas.


Daniel Verdú
nos recuerda que detrás de la guía se encuentra la empresa de neumáticos del mismo nombre que se la sacó de la manga a principios del siglo pasado como guía de auxilio en caso que el viajero no tuviera más remedio que echar mano de locales de la zona donde se hubiera quedado embarrancado. El texto linka a un artículo de José Carlos Capel del pasado 23 de noviembre en el que pone al descubierto la relación entre los dos negocios que da como resultado el de los restaurantes sobre ruedas. El modelo parece que ha toreado la oleada de nuevas webs que otorgan puntuación a los restaurantes a partir del juicio de los mismos clientes: “Es muy probable que, como se repite en determinados foros, que la democratización de las críticas y el despegue de las webs donde los comentaristas vuelcan sus opiniones haya puesto en tela de juicio su viejo modelo. Esta sería la razón de que en Francia funcione Restaurant.Michelin.fr, donde los internautas intervienen en la selección de restaurantes. Un modelo que se asemeja al de la Zagat y que tal vez acabe estando operativo en otros países”, comenta este experto en entresijos de la guía que lleva analizando desde ni se sabe. “Decía Sergi Arola que las estrellas Michelin son un reflejo de nuestra economía. Por supuesto, y también de la de otros países. No hay que olvidar que la guía roja es el más importante instrumento de mercadotecnia de una gran fábrica de neumáticos. “Como nunca vamos a consumir tantas ruedas como Alemania o Japón, nuestra cocina traducida a estrellas jamás podrá estar a la altura de esos países”, me decía un amigo con bastante ironía”, zanja su artículo Capel. Os dejo con la opinión de un blog llamado Verema en el que se reporta una visita al restaurante. “Creo que hay que tener “un par” para montar este tipo de restaurante en una población pequeña y no precisamente cerca de nudos de poblaciones importantes. Esto en otros países es frecuente pero no en España (…) Y en lo referente a la comida se parte de una base de ideas muy claras , por una parte producto y materia prima tratada y elaborada para rendir el homenaje al sabor , y por otra parte servicio franco, directo , llano, cordial y familiar. Cuando se unen los dos conceptos el cliente tiene la sensación de que , además de que lo que come esta muy bueno, sabe perfectamente lo que come (recordando los sabores tradicionales) con una atmosfera a su alrededor (la sala y el servicio) que le hace sentirse tan cómodo como si estuviera en su casa. Y el resultado de esa unión es el equilibrio”.

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