Ideas primero, gestión después

En estos momentos estamos viendo en clase el marketing aplicado a los servicios. Me voy a detener en este punto para tratar de profundizar en un servicio muy especial y que nos afecta a todos (hoy más que nunca): el servicio público. El de la calle. El de todos nosotros. Leí por ahí una vez que como consumidores tenemos todos nuestros derechos inflamados y que cualquiera de nosotros puede poner en un brete a una empresa si afila sus dotes como troll, pongamos por caso, en las redes sociales. Como ciudadanos nuestros derechos están algo más soterrados. Manifestaciones de miles, de millones de personas en las calles apenas tuvieron efectos prácticos para parar aquella guerra injusta que a todos nos solivianta no ya como ciudadanos, más bien como personas. En este sentido, el otro día en la biblioteca me encontré con un libro que llamó la atención ya desde el título:Màrqueting cívic. Idees i gestió per als centres cívics als barris i en xarxa de ciutat (te lo puedes descargar en pdf desde el link) publicado por la red de centros cívicos bajo el manto paternal del Ayuntamiento de Barcelona. El documento está escrito por Toni Puig -en los últimos años ha sido uno de los responsables de estructurar las redes de “casals” y centros cívicos de la ciudad-, que según asegura en la introducción del mismo empezó a pensar en este libro allá por los años 80, justo cuando los centros cívicos volvieron a tener importancia a la hora de cohesionar y dar vida al tejido social de la ciudad en plena etapa de transición.  Sobre el papel dibuja un panorama ideal que a simple vista parece bastante alejado de la realidad pero eso lo discutiremos en clase.

El libro nos propone con un lenguaje cercano (a la ciudadanía) una definición de lo que se entiende por marketing cívico según las premisas del ayuntamiento:

“El MK cívico se propone compartir experiencias de valor ciudadano con todos, especialmente con aquellos individuos faltos de de ciudadanía activa, excluídos y vulnerables,  emprendedores y creativos,  recién llegados o ciudadanos desencantados, por ejemplo”

Y a partir de aquí establece unas constantes que se repiten en toda filosofía marketiniana aplicada al desarrollo ciudadano:

-El mk cívico es radicalmente socrático: comporta estar en la plaza del barrio, dialogando, conversando, intercambiando (…)

-El mk cívico no es grandilocuente ni caro: apuesta por hacer un conjunto de pequeñas/grandes cosas imprescindibles para mejorar la vida de los barrios, a veces difíciles porque suponen cambios de mentalidad, de maneras de hacer anquilosadas.

-El mk cívico vuelve a poner sobre la mesa cuestiones bastante olvidadas: ideas, valores, relaciones, creatividad, puertas abiertas, equipos, diálogos, cooperación, democracia, horizonte, generosidad pública…

-El mk cívico escucha a los ciudadanos (…) Sabe que todo lo que no es interactivo no es público.

-El mk cívico opta por el impacto de lo que es evidente en cada barrio y en el conjunto de la sociedad: queremos vivir juntos y avanzar juntos.

-El mk cívico no sacraliza la economía ni la gestión como han hechos las administraciones públicas en los últimos años: son sólo un medio.

-El mk cívico no tiene nada que ver con el consumo: facilita la atmósfera y la climatología para otro tipo de vida, otro tipo de ciudad, otro tipo de mundo.

En resumen>>> “Para el mk cívico las ideas van primero y la gestión va después”.

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