Pequeño listado de los grandes afanes

Estos días navideños tan propicios para la lectura (virtud), entre comilona y comilona (vicio), tengo entre mis manos el libro “Pequeño Tratado de los grandes vicios” (Anagrama) del pensador de las grandes miserias humanas (y alguna virtud) José Antonio Marina. Un libro que describe el desarrollo de nuestros vicios a lo largo de la historia a caballo de la psicología y la filosofía (dos corrientes de pensamiento que han sido utilizadas por un Marketing que como ya os he dicho varias veces no inventa desde la nada si no desde lo ya sabido). Entre sus primeras líneas el autor hace un esbozo de los grandes deseos que mueven al ser humano que como también sabrás en marketing se acostumbran a ordenar en forma de pirámide, la de Maslow. Me ha parecido tan rica la lista de deseos y afanes que nos acompañan (y a veces despeñan) en nuestra vida que la vamos a tratar en clase. El ensayista toledano  empieza preguntándose:

“¿Por qué somos tan ambiciosos y soberbios? ¿Qué hizo que nuestros antepasados prehistóricos abandonaran las llanuras africanas y colonizaran el planeta?”

Para continuar listando nuestros anhelos más recurrentes acompañándolos de cada uno de los autores que se ocuparon de éstos durante  su carrera. Ahí van (pág 35 a 37):

“Sin duda, los deseos que impulsaban a una eficaz inteligencia (…) “La esencia del hombre es el deseo”, dijo Spinoza y, mientras pulía lentes en su taller, pensó: “Y el mayor deseo es aumentar el propio poder”, Schelling fue más radical: el querer es el fundamento de todo. La cultura es un producto de los deseos humanos, un producto, es cierto, que a su vez altera los deseos humanos. Muchos datos permiten pensar que la evolución ha ido seleccionando un cerebro humano dotado de ciertas capacidades y anhelos. La selección no responde a un designio voluntario, es el mero resultado de la mayor eficiencia de un organismo para sobrevivir e imponerse. Creo que en el origen de la aventura humana se pueden identificar tres grandes deseos innatos y universales, que se mantienen pujantes e irrestañables todavía: el afán de bienestar y placer, nunca definitivamente saciado; la necesidad de vinculación afectiva con grupos cada vez más amplios; el ansia de afirmar el yo y de aumentar las propias posibilidades. Este último me parece el más específicamente humano, porque es el que nos lanza a metas lejanas, altas, ideales, ilimitadas, utópicas y con frecuencias criminales (…) Los psicólogos la han descrito de muchas maneras, bautizándola con nombres diversos. Me atrevo a unificarlos porque todos ellos suponen un aumento de las posibilidades del sujeto y una afirmación del propio “yo”. Son, podríamos decir, prometeicos. Mencionaré algunos de los nombres que ha recibido y los distintos autores, para que comprueben su importancia, densidad y complejidad.

El sujeto quiere aumentar su poder (Spinoza),
sentirse competente (Dweck, White, Alonso Tapia),
ser autónomo (Deci, Ryan),
controlar el entorno (Dweck, Skinner),
alcanzar el logro (McClelland),
la eficacia (Bandura, Schunk, De Charms, Deci, Ryan),
el dominio (Harter),
aspira a defender su propia imagen y competencia (Ames, Anderman, Maehr),
autorrealizarse (Maslow),
mantener y acrecentar la experiencia (Rogers),
la autonomía (Connell, McCombs, Stipek),
a dotar de significado la experiencia (Maehr, Frankl),
a encontrar el sí mismo ideal (Markus, Nurius).
Le mueve una tendencia al progreso (Nuttin),
una motivación natural de crear (Osterrieth),
de proyectarse al futuro (Nuttin),
la voluntad de poder (Nietzsche, Hobbes),
el deseo de poder y de gloria (Russell),
de manifestar su causalidad personal (Heider, De Charms),.
Y también le mueve la curiosidad, el afán de explorar (Berlyne, Spielberg, Starr),
el deseo de alcanzar lo difícil (Tomás de Aquino).
Dentro del psicoanálisis, Jung afirmó que el motivo radical era la búsqueda de la autorrealización, y Andler el esfuerzo de superación, puesto que “ser hombre significa sentirse inferior”. Fromm afirmó que el afán de crear forma parte de las necesidades humanas. Habermas afirma un deseo de emancipación. Todos impulsan el proyecto olímpico cantdo por Píndaro:

“La excelencia humana
crece como una vid
nutrida del fresco rocío
entre los hombres sabios y justos”.
Nemea, VIII, 37-34

Para que no os aburráis durante estas fiestas -la pereza, qué feo vicio- os invito a que busquéis un producto o servicio por cada uno de los deseos que se citan en la lista anterior. De todos estos afanes hablaremos al volver de clase. Por cierto, tened en cuenta que la gula, aunque hoy día parezca un vicio inofensivo, sigue siendo uno de los pecados capitales que mueven este mundo. Coman con templanza que eso siempre embellece.

Si os interesan los aportes de José Antonio Marina aquí os dejo el enlace a su blog (Philosophy in the making).

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