Byung- Chul Han en el CCCB: “La transparencia ya no deja pasar la luz”

Lleno a reventar en las dependencias del CCCB. Las entradas para ver in situ al filósofo coreano del que nadie sabe su nombre de memoria, en la cola del Pati de les Dones, abierto en canal estos días por cierto, todos se refieren a él como “el coreano”. Hemos pillado a última hora una entrada para degustar su conferencia a través de una pantalla del auditorio anexo. La conferencia de la nueva estrella de la filosofía se desarrollará en ese alemán que el filósofo tuvo que aprender deprisa y corriendo al llegar a Alemania, de tapadillo de sus padres, donde ahora da clases como reputado profesor, fuertemente influenciado por Martin Heidegger al que dedicó la disertación con la que se doctoró en Friburgo. Su biografía dice que conoció a Heidegger cuando pisó Heidelberg.

“Estoy por primera vez en España. O en Catalunya. Yo creo que ni ustedes deben saber ahora mismo dónde están. No me voy a inmiscuir”. Así empieza su charla Byung- Chul Han que va a citar varias veces al presidente Puigdemont. Supongo que su éxito mundial se debe a su estilo claro y llano que utiliza para desmembrar el capitalismo (“no me esperaba tanta gente en mi charla de Barcelona”). Se dice de él que utiliza una escritura bella para analizar de manera pesimista nuestras patologías contemporáneas al servicio del hiperconsumo, desde el culto al cuerpo hasta la hipertrofia del selfie. Siempre pesimista pero siempre abriendo alternativas, como el derecho a demorarnos que según el coreano es norma en países como el nuestro: “No me esperaba que en España tuviera tanto seguimiento mi libro sobre el cansancio de nuestra sociedad. Creía que en España no se trabajaba. Pensaba que no había zombies como los que hay en mi país natal. En Corea del sur se educa a la gente para convertirla en ganado que rinde. El cansancio ha alcanzado una dimensión dramática”. Nos remite al teórico y periodista Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, y a su obra El derecho a la pereza. “Veo una conjunción muy interesante entre Lafargue que pedía más pereza y Marx que demandaba el derecho de todos nosotros al trabajo”.

“Hemos perdido vivacidad porque ya no somos aquel animal original que fuímos. Hemos sido reducidos a ganado consumista sin belleza original. Yo estaría a favor de la independencia de Catalunya si Puigdemont trajera de vuelta a los catalanes ese animal original”.

“El capitalismmo neoliberal nos ha catapultado a una sociedad del rendimiento en todos los ámbitos imaginables. Nos autoimponemos la positividad y la transparencia absoluta. Ya no somos objetos de nosotros mismos”.

A los 25 minutos de charla el ponente, que no se ha quitado la chaqueta de cuero negra y luce aún bufanda que se enreda constantemente con sus auriculares, lleva un lío de papeles importante. Pero al poco coge carrerilla para explicarnos el mal del Narciso que nos asola: “No me gusta viajar porque no me gusta sentirme un turista. Acepté venir a Barcelona para escapar del frío y resulta que desde que estoy aquí no ha parado de llover. Aproveché el mal tiempo para visitar el laberinto de Horta. Estuve solo y por primera vez desde que estoy aquí dejé de sentirme como un turista. En estos jardines hay una escultura que remite al mito de Narciso. Una imagen paradigmática del ser humano de hoy. Nos hemos convertido en Narcisos desorientados en un laberinto digital. La comunicación se ha reducido a islas digitales sólo habitadas por el ego. Al plano digital le falta ese peso, esa corporeidad que nos procure resistencia, que no es negativa, más bien es constitutiva de nuestra realidad”.

“Las energías libidinosas se han invertido hacia nuestro yo. Al otro lo hemos borrado si no es para que nos de like. Esta manera de presentarnos a los otros produce patologías. La líbido genera una una relación con el objeto que estabiliza nuestro ego. Me estabilizo a partir de mi amor al otro. El amor por los demás, es decir el eros, mantiene al organismo vivo. Pero ese amor hoy se ha desvanecido en detrimento de un narcisismo exacerbado que considero el principal cáncer de esta sociedad”.

Se ganará los primeros aplausos y la connivencia del público cuando comenta que el turismo globalizado destruye nuestro mundo: “Si me obligaran a ser el presidente de Catalunya sería más radical que Puigdemont. Sencillamente cerraría el aeropuerto, desmantelaría el puerto y prohibiría que los cruceros atracaran en la ciudad. Proclamaría el derecho a la pereza. Provocaría que nevara siempre en la frontera para que los turistas no tuvieran ganas de entrar en Catalunya. El animal original de los catalanes se recuperaría. Esa sería una independencia real. Decían los pensadores griegos que el político tenía que tener algo de filósofo. Imaginaos lo peligroso que es que un filósofo como yo se meta a político”.

“El ser humano se está hundiendo en un mar de datos. El nuevo orden digital convierte a esta nueva realidad en un mar de datos que, como todo mar, es imposible de habitar. Los límites entre lo privado y lo público se confunden. La transparencia que se nos vende no deja pasar la luz, propone una información libre a cambio de un ser humano encadenado. No hay distancias entre nosotros y la información, con lo que ese alud de datos se acerca a nosotros de manera amenazante y nos pilla sin umbrales inmunológicos con los que distanciarnos de esa ola gigante.”.

Se aacaba su disertación y queda poco tiempo para el turno de preguntas del público. Un espectador le pregunta por su relación con las ideas marxistas. Han se queda casi medio minuto en silencio y luego espeta un “¿podría ser más conciso con su pregunta?”. Me voy con la sensación de no haber aprendido mucho. Que el capitalismo es caca cae de cajón. Pienso que la filosofía nos tiene que poner contra las cuerdas. Y hoy he estado demasiado de acuerdo con Han. Yo creía que odiar los selfies era reaccionario. Pero veo que esa actitud negativa da para vender libros, entre gente que se hace selfies en este tipo de conferencias, y para ser una estrella de la filosofía. Eso si que me da que pensar de vuelta a casa.

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El speed bueno lo tiene Jim Dodge

Tenía ganas de poder hincar el diente a la novela No se desvanece de Jim Dodge porque la lectura de su novela Stone Juction, aquella “epopeya alquímica” que me produjo hace cuatro años un efecto revitalizador que hacía tiempo no sentía después de leer una ficción. Guardaba la novela pues, como ese gramo de mierda buena que te reservas para ocasiones especiales. Porque Dodge es un narrador de barrica de roble, extraordinario e imbatible a la hora de presentar personajes peculiares de los que te enamoras con el paso de las páginas. Pero vayamos sin más preámbulos con las presentaciones. El libro es cortesía de la serie Héroes Modernos de la editorial Alpha Decay a la que tengo que agradecer la traducción, en este caso de Ana Herrera, de las escrituras de Dodge. Una traducción al castellano que no lo olvidemos llegó justo en el momento en el que Donald Trump era investido como presidente de los EE.UU. El actual contexto en el que vive su país seguro que reafirma a Dodge en su idea de seguir enclaustrado en su casita de Arcata, en el estado de California.

La novela que nos ocupa se escribió hace 30 años, su traducción se presento hace justo un año. Se trata de una road movie en toda regla, de manual, que a veces recuerda a esa película de culto llamada Vanishing point a la que los Primal Scream le dedicaron un álbum conceptual en 1997. Una novela en la que también aparece muy al final un locutor de radio ejerciendo de conciencia en medio de un baño de speed que está siempre presente. Nos referimos a esa droga ideal para conducir miles de kilómetros por esas carreteras rectas e interminables del medio oeste estadounidense. La novela está bañada en anfetaminas en su modalidad de pastillas. Yo diría que es el mejor tratado sobre la ansiedad que comporta la adicción al speed, no olvidemos más barata que la coca y tal vez más efectiva y resolutiva que eso que algunos compran en Barcelona por coca a precio de caviar iraní. Eso es lo que me explican. Me informan también que es complicado encontrar buen speed en Barcelona. Confórmense pues con esta novela para pasar el mono o mejor aún, conseguir los efectos apropiados. Una novela que te enzarpa como el buen speed.

“He dicho que me encontraba bien y es verdad, pero siempre se puede encontrar uno mejor. Mi sistema nervioso, después de la limpieza del sueño, estaba empezando a pedir con insistencia sus anfetaminas, apelando a una necesidad que se veía aguzada por el conocimiento de que los medios de satisfacerla estaban al alcance de mi mano. Invoqué a mi recién recuperado sentido de la contención y me limité a tres. Un hombre agobiado por la debilidad general e inclinado a la indulgencia necesita reforzar su resolución mediante semejantes actos de autoncontrol”.

La historia nos cuenta las aventuras de George Gastin que involucrado en una trama se dedica a estampar coches de lujo para que sus dueños cobren el seguro. Un día se encuentra con el encargo de estrellar un Cadillac Eldorado modelo blanco, pero se entera que era el regalo de una desconocida para el músico Big Bopper que acompañaba a Buddy Holly y Ritchie Valens en el avión que se estrelló y llevó de paso a los tres a la eternidad. Ese desastre aéreo en Iowa de aquel martes 3 de febrero de 1959, se llevó por delante al futuro del rock de finales de los 50. Ah si, aún no os había explicado que el título original del libro es Not fade away, canción original del propio Buddy Holly. Yo más abajo os pincho un momento a Bopper.

“Y ahora, quizá entre disco y disco podrías explicarme tus filiaciones religiosas y la naturaleza exacta de tu ministerio, porque nunca en mi vida he visto un hábito tan elegante, ni un clérigo que tome anfetas en lugar de la hostia de la comunión. Siempre me ha parecido, y ciertamente mi experiencia me lo confirma que las anfetaminas son obra del diablo”.

Un canto a las drogas, sí, pero sobre todo un canto a la música y a su poder como revulsivo incluso en las causas perdidas. Un libro que enamorará a todas esas almas libres que pierden pie en cuanto entran en esa nueva dimensión, ese otro peldaño que se levanta por encima de tu conciencia, que es el abuso de las drogas.  Por algo es   el escritor favorito de Thomas Pynchon: “Había jurado con todas las fibras de mi determinación que no volvería a hacerlo nunca, que lucharía contra la tentación como un oso rabioso, que resistiría durante los bajones y los baches, y estaba tan decidido a expulsar aquella debilidad que decidí comprar sólo cincuenta unidades para una despedida final”.  No será peor de lo que era. No será, seguro que es mejor. Por cierto, hablando de anfetas, no os he dicho que el post más leído en la historia de este blog, y que sigue generando visitas dos años después de su publicación, es este sobre el Optalidón en el que se explicaba en una crónica sentimental la influencia de este fármaco en las amas de casa de este nuestro país.

Con los ojos de Montserrat Roig

“Vaig patir deu anys de monges, enmig de nenes boniques, fines, delicades, folch-i-torrianes, dolçament esporuguides del món, d’uniforme polidíssim i d’ànima sempre a pùnt pel martiri. Ovejitas del señor. Futurs gallimarsots morals de la nosta enllaminadora classe mitjana. Perdoneu l’educació mongenca em castrà el meu possible sentit de l’humor”.

Estos días se puede visitar en el espacio Born CCM una exposición, abierta hasta el 30 de abril, en la que se homenajea a la periodista y divulgadora Montserrat Roig con motivo del 40 aniversario de la publicación del libro Els catalans als camps nazis. Esta animosa barcelonesa, “a la que le gustaba brillar y más si era sobre un escenario”, fue la primera periodista que tiró del hilo de algunos de los testimonios de los catalanes que acabaron con sus huesos en campos de concentración después de la guerra civil.  En su libro Els catalans als camps nazis Roig estudió los campos de Ravensbruck, Dachau, Buchenwald, Saschenhausen, Túnel de Dora, Epperceques y el de la isla de Aurigny, “en ellos es donde fundamentalmente fueron recluidos los españoles, pero ¿por qué fueron deportados y recluidos los españoles, si no pertenecían a ninguna de las razas malditas por Hitler?”.  Por Montserrat Roig nos enteraremos que a los españoles se les reconocía por el triángulo azul con el que se identificaba a los apátridas, en su mayoría republicanos.

En la exposición del Born se expone un ejemplar en chino de su novela El Temps de les cireres mientras una pantalla recoge algunas de sus entrevistas en el programa Personatges del circuito catalán de TVE. Durante estos días se han programado también varias charlas entre las que destaca una en la que se debatirá sobre televisión y cultura moderada por Ariadna Oltra prevista para el jueves 5 de abril. licanos repudiados por la España fascista.

Buen momento este para recuperar su biografía Con otros ojos escrita por Betsabé Garcia y publicada por Roca Editorial en 2016.

Con Montserrat Roig aparece en nuestro país una nueva figura social, “un nou tipus de personatge públic: l’intelectual mediàtic. Fins llavors, la idea que es tenia d’un escriptor, d’un pensador, responia més o menys al perfil d’home, entrat en anys, no gaire simpatic, més aviat antisocial, i que vivia tancat a la seva torre de vori, a la seva, totalment aliè a la realitat de cada dia”.

Su estancia en la Enciclopedia Catalana, donde tenía un trabajo estable, marcará un antes y un después en su carrera profesional. Acabó dejando el trabajo porque desempeñaba funciones que no le tocaban, con lo que le tocaba hacer más horas que un reloj, -como recortar textos de Terenci Moix (“al qual semblava no donar-li la gana d’entendre que calia cenyir-se a un nombre de caràcters”)-, para lanzarse definitivamente a la escritura freelance.

“Por otra parte, esta continua disponibilidad que tiene el país para parir a “genios menores de treinta años” me parece ridícula. Y aún me parece más ridículo si se tiene en cuenta a los que pertenecen a la generación madura, la cual, según el más elemental estudio de las fluctuaciones históricas, tendría que estar en plena fiebre de realizaciones y no inmersa como ahora en la constante preocupación de subsistir materialmente (…) La lucha o enfrentamiento entre generaciones también puede ser un alibio cómodo que desvíe la atención del lector ante enfrentamientos más graves. No existen jóvenes y viejos. Simplemente: hay gente que escribe bien y gente que escribe mal”.

En la época de la dictadura, incluso en sus últimos coletazos, leer es una forma de transgresión. Y trasgrede cada vez que le pasa libros a sus amigas. El dramaturgo y guionista Josep Maria Benet i Jornet le aconsejó continuamente, como cuando le dijo que se tenía que interesar más por la gente que por las sociedades. “Calia deslligar la justícia, el crim i l’estupidesa del concepte de “classe social”. “Escriure és una cosa seriosa, que no vol estones perdudes. Has d’estar escrivint sempre”. Le aconsejó leer cinco obras por semana.  Novela y poesía como mínimo y como máximo tres obras por autor para llegar a conocerlos. En algunos de sus primeros textos le controla su tendencia melodramática. Le recomienda que mantenga la sobriedad, que no tenga tantas ganas de brillar.

“Voldria escriure per descriure. Aclareixo: em costa molt menys retallar uns moments psicològics, utilitzant la tècnica del monòleg interior, que no descriure amb minuciositat i detall qualsevol cosa: per exemple, una tassa de café. Ja sé que una tassa de cafè per si mateixa no és res, però és el primer pas per parlar de si el cafè és bo o dolent”.

Su formación en teatro le dotó de una habilidad para disfrazarse delante del entrevistado. “Des de la ingènua a la seductora, des de la dona lluitadora passant per la políticament compromesa, fins a la conservadora”.

“Quan un novel·lista vol parlar de la injustícia completa en una persona sempre ho fa en una dona. Són éssers molt més lúcids que totes les mesquineses del seu voltant”.

Parece ser que el futbolista del Barça Carles Rexach le espetó en una entrevista: “Tu no debes saber ni que es un córner, pero me haces preguntas más interesantes. Hay periodistas que, por pereza, se inventan las entrevistas y ponen las tonterías de siempre (…) Y es que tal vez las chicas no sois tan retorcidas como los chicos. Estos, cuando se agotan los temas, nos hacen decir mentiras o pestes contra el entrenador para hacer sensacionalismo”.

“Cuando yo escribo un articulo, la verdad, es que me relaja. Si todo el mundo pudiese hacerlo sería extraordinario. Tú sabes lo que es todas las mañanas, a la hora del desayuno, leer el periódico y sentirse sumamente infeliz y sentirse un ratoncito, sentirse nada. Cada día te enteras de que una multinacional norteamericana tiene una fábrica de gas en la india que mata 3000 personas y que 100.000 van a estar enfermos, que lo de Centroamérica no se termina, que aquí hay estafadores por todas partes, que los viejos van a cobrar menos y que los impuestos van a subir, etc. Es realmente muy difícil de digerir”. Montserrat Roig adelantándose en 1984 al impulso que nos mueve a todos a escribir por las mañanas en las redes sociales en su primera columna titulada Melindros en El Periódico.

Montserrat Roig era más que una mujer de partido, era mujer de principios. Entró en el PSUC en 1968, pero dos años después decidió distanciarse: “els marxistes d’aleshores -recordava el 1990- em miraven de reüll: em depilava les cames i plorava al cine. No em van expulsar però una senyora molt comunista em va dir que jo tenia poc de comunista”. Se consideraba una liberal con sentido crítico con una tenaz capacidad de introspección, “motor de la seva creació literaria”.

“Jo escric en català per tres coses: en primer lloc, perquè és la meva llengua i la relació amb la llengua és la mateixa que la que es té amb la mare. Quan vaig entrar al col·legi de monges vaig descobrir el que era el poder i el que era l’Estat. L’Estat és el pare. La teva terra és la mare. Per tant, la relació amb la llengua és la relació amb els orígens i és una relació amb la terra, mani qui mani… “El que no puc fer, perquè seria mentida podrida, és que una venedora de la Boquería parli en castellà”. Aunque se le recuerda como una periodista local (.”), en mayo del 74 empieza a interesarse por el conflicto en Irlanda del Norte, sus lecturas giraban en torno a las consecuencias que comportó el final de la Segunda Guerra Mundial. Montserrat Roig se ganará el respeto de los lectores internacionales a través de los países del este que son los primeros en interesarse por su obra. Siempre estuvo muy conectada a la URSS o a Checoslovaquia.

“Quizá yo, personalmente, a Simone de Beauvoir le hubiera agradecido que nos hubiera enseñado más sus debilidades. Menos hablar de la “angustia” y más hablar de “histerismo”. Pues el histerismo no es más que la angustia puesta al servicio de la vida cotidiana”.

Aquí abajo tienes una entrevista del año 89 con la excusa de la publicación de su libro El cant de la joventut, en la que habla con Mikimoto de la juventud de aquellos años: “A los jóvenes se les está sobreprotegiendo demasiado, se les cría y educa entre algodones para que no se hagan mayores. Con lo que ahora la adolescencia dura hasta los 30 años. No hay manera de que se vayan de casa. Pero por otro lado se les mima para que no se hagan ilusiones, como mucho serán trabajadores si es que consiguen un trabajo el día de mañana”.

Gonzalo García Pelayo: Profesional de la alegalidad


En su casa de los aledaños del parque del Retiro, ahí nos encontramos a Gonzalo García Pelayo que, como cada mañana de sábado, está preparando las apuestas del fin de semana delante de un portátil minúsculo. Este verano pasado el paterfamilias más odiado por los casinos de todo el mundo ha cumplido 70 años. Una vida plena en la que ha tocado más palos de los que pueda tocar un mortal en tres vidas. En esta charla nos centraremos en su relación con las apuestas, a las que ahora se dedica desde el comedor de su casa, su amor por el cine que sigue filmando a velocidad de crucero -el año pasado subió hasta tres nuevas a su web– y su influencia en la carrera de dos grupos capitales en la escena andaluza, Smash y Triana.

“El día que aparecí en el programa de Buenafuente había tenido un amago de infarto. Me sentí muy mal aquel día y me llevaron a urgencias y luego no me querían dejar salir para ir al programa. Entonces les dije que me sentía mejor, que sólo había sido un amago, y que me dejaran marchar bajo mi responsabilidad”, no confiesa Gonzalo que ahora parece que tiene mejor el corazón. Habla por los codos y cuando te deja meter ficha te reta para que eso que dices sea del todo cierto. Un tipo de método que se inspira en la cultura popular: “Había en Cádiz una chirigota, fuente ideológica de mis últimos años, que se llamaba Cádiz ciudad olímpica 2094, que creo que no es año olímpico, pero bueno, y entonces siempre decían, “con tiempo, con tiempo… Vamos a prepararlo todo con tiempo”.

Ya que lo pillamos en plena faena. Facilítenos una pista de por dónde van sus apuestas de este fin de semana. [para el lector la jornada 28 de liga de la temp. 2016-17 que se celebró a mediados de marzo de 2017]

Yo discrimino siempre entre cantidad y calidad. Lo que me importa en la vida es la cantidad. No es que desprecie la calidad, pero no es lo primero que miro. La cuestión es cuánto voy a jugar, qué cantidad de partidos voy a jugar. Porque además todo lo voy a jugar al mismo nivel. Quiero conseguir un buen resultado en la totalidad de partidos en los que apuesto, no sólo en uno concreto. No acostumbro a apostar en partidos españoles porque son partidos muy vigilados y yo juego contra gente que se descuida, contra gente que no juega bien. Al Madrid y al Barcelona todo el mundo los tiene muy controlados y sabe cuáles son los precios correctos con los que se está jugando. Yo juego normalmente contra jugadores y estos se fijan mucho en los criterios de las casas de apuestas. Pero claro, esta gente que apuesta a cientos de partidos de la liga bielorrusa o de la segunda división austríaca pues puede cometer un fallo o tener un descuido y poner un precio atractivo contra el que apostar. Estoy vigilando también partidos que para mí tienen un encanto especial, por la ciudad por ejemplo, estoy atento casi siempre al partido del Verona por su encantadora ciudad, al Braga que me gusta por el nombre, atiendo a las cosas que por una razón u otra me llaman la atención. O de clubs con nombre imposible que soy incapaz de retener pero a los que también juego porque creo que el apostador rival ha cometido un descuido.

Me interesa este último toque romántico que le da a sus apuestas porque se supone que usted es un científico en lo que a apuestas se refiere.

Si, pero lo principal es que busco cantidad de partidos en los que apostar. Ya tengo consolidadas 16 apuestas y espero ocho o nueve más si acaban de llegar a los precios que considero convenientes. El partido del Verona es uno de los que espero un precio conveniente, es decir si a alguien le parece bien que crucemos apuestas en el precio que le propongo. Otro frente que tengo abierto es el de las carreras de caballos, con más de 40 este fin de semana repartidas entre Inglaterra e Irlanda que son los dos países en los que tengo intereses, aunque estoy estudiando la posibilidad de estar jugando las 24 horas si juego a las carreras de Estados Unidos, que está noche ya he debutado, y a las muchísimas que hay en Australia. Ahora mismo lo que estoy es mirando a ver cómo puedo solventar lo de su métrica que es igual a la nuestra, pero resulta que mi programa sólo entiende de millas y esto me despista un poco, con lo que tendré que resolver esta conversión si quiero apostar en Australia. Pero he visto mucho ambiente en Australia, con lo que espero estar jugando las 24 horas. En las apuestas de carreras de caballos no se pone el sol. Australia va a terminar hoy, como a las dos y media de la tarde, al mismo tiempo que empieza la primera carrera inglesa. Con Inglaterra, EE.UU. y Australia podemos estar jugando las 24 horas. Sin olvidar otros países interesantes a la hora de apostar a las carreras como Sudáfrica y Francia. Es mi sueño lo de jugar las 24 horas, por lo que te decía antes, que primo la cantidad sobre la calidad.

Asegura que al juego hay que enfrentarse de manera metódica que es justo lo contrario a lo que tendemos a hacer normalmente que es añadir superstición al asunto.

O a partir de un golpe emocional. El juego se lleva por la corazonada. El juego que he desarrollado con mi equipo y mi familia es completamente lo contrario. Cuando jugábamos a la ruleta teníamos prohibido tener supersticiones. Si alguien decía que no quería jugar en tal mesa porque no le había ido bien hasta ese momento, le obligábamos a quedarse hasta que se le quitaba ese mal rollo. Y cuando ganaban la mesa me venían a decirme, “menos mal que me dijiste que me quedara en esta mesa”. Si caemos en la superstición estamos perdidos. El juego emocional sirve para divertirse, pero nosotros no estamos en esto para divertirnos. Cuando se juega por diversión entiendo que te guste apostar a la ruleta al número que coincide con la fecha del aniversario de tu boda o del nacimiento de tu primer hijo, es muy humano y me parece muy plausible, pero yo no estoy en esto para divertirme.

En el libro de Los Pelayos asegura que el perfil idóneo para jugar correspondería al del torero, el profesional de reventa, el que lleva vida de surfista.

Si, y el boxeador también. También me gustan los arquitectos. Hay perfiles de personas que creo que tienen más capacidad para jugar. Unos por el cálculo y otros por el arrojo. No puedes ser dubitativo. La mayor parte de la gente es dubitativa porque la cultura occidental se ha fundamentado en la duda. Está bien visto el tener dudas. Está bien visto el estar deprimido. Está bien visto tener alergias. Está bien visto que no te gusten las cosas que le gustan a la mayoría. De alguna manera es como el espíritu del rock & roll que estaba en contra del espíritu reinante en la pequeña clase burguesa. Incluída la pequeña clase burguesa intelectual que es la que más se ha desarrollado en estas últimas décadas en toda Europa, con unas connotaciones incluso peores que la clase burguesa tradicional porque se siente mejor parapetada por la idea de pensamiento fácil y manejable que le da una gran tranquilidad. Contra todo eso luchaba el rock & roll, por lo menos se oponía ya que la lucha tampoco era su función principal. Pero si que mostraba una cara agresiva contra todo eso y la verdad es que ese es el espíritu básico para ponerse a jugar.

¿Y el poeta es buen jugador?

Normalmente no. Por eso mismo, porque tiene intuiciones, tiene corazonadas… Yo también ejerzo, no de poeta, pero sí de artista, y sigo una norma muy clara en mi vida. En el juego nada de sentimentalidad ni de inteligencia emocional que es la base de la poesía y del arte, nada más que abstracta. Y en el arte todo lo contrario, nada de inteligencia abstracta. El artista que más me gusta es Buñuel, carece de inteligencia abstracta, es todo emocional. Bach tenía las dos cosas. Eso no quiere decir que durante unas horas puedas ser jugador y durante otras un artista. Pero no actuar como artista en el juego. Lo mismo que no actuar como un jugador en tu dedicación artística. Son dos maneras de ser que no se combinan fácilmente en una misma persona. Dostoievski era un pésimo jugador y además dio muy mala imagen al jugador. Lo echaríamos de cualquier club de jugadores. Mezclar una cosa con la otra no lleva a buenas cosas. Porque es que no se deben mezclar. Son potencias de la condición humana que no se deben desdeñar.

Una paradoja que me resulta incluso bonita en su manera de enfrentarse a los casinos es que establece una metodología casi perfecta de un defecto. El defecto físico de las ruletas.

Casi todas las ruletas tienen defectos. Parte de un principio filosófico muy extendido que dice que nada es perfecto. Qué es lo que espera uno de la ruleta, al menos en teoría, que todos los números salga con la misma frecuencia porque todos tienen la misma probabilidad. 1 de 37 en este caso. Pero eso no ocurre así. Afortunadamente. Esa es la imperfección que es explotable. Porque hay números que salen 1 de 34 o 1 de 40. No podemos pensar que todos los números son iguales. Pero eso pasa en nuestra sociedad también, que pensamos que todos somos iguales, como los números de la ruleta. Pero en ambos casos hay jerarquías. Las ruletas no son computadoras y si lo fueran no tendrían éxito porque la gente no se fiaría de la computadora. De lo que es exacto, la gente no se fía. Y al contrario, de lo inexacto la gente sí se fía, porque además hay un componente emocional al ver cómo rueda la bola, el aparato es hipnótico, se mueve y desprende colores… Se dice entre los jugadores de póker que cuando te sientas a una mesa si no hay ningún primo, está claro que el primo eres tú. Jugar bien al póker significa jugar contra algún primo. Significa que los demás están buscando la ineficiencia, están buscando el fallo… En este caso buscan un jugador que entregue que juegue a cosas que tengan poca probabilidad.

Tiene mucho de darwinismo el juego entonces. Buscas al indefenso, al primo, para lanzarte sobre él.

Es la vigencia del más fuerte, claro. Una ley esencial en la naturaleza que es la del más fuerte. Nosotros como seres humanos hemos evolucionado de tal modo que somos los únicos animales que hemos sido capaces de reducir un poco el efecto de esa ley. Lo que no podemos es ignorarla completamente. Bastante es que hayamos conseguido adormecer los efectos de esa ley en un 20 o 30 por ciento. No la dejemos en un cien por cien como haría un león con su presa, al que le importan tres pitos las cuestiones morales. Está muy bien que el hombre sea capaz de modificar esa ley, pero es una cosa histórica. Es la primera vez que en la naturaleza se da un ser con moral como para contrarrestar los efectos de la ley del más fuerte. Pero no podemos posicionarnos en contra de esta máxima que es la que ha hecho que la vida surja. Todo esto está en contra del pensamiento débil que se ha ido imponiendo en occidente que se opone contra natura a la ley del más fuerte. De ninguna manera. Si, está muy bien que movimientos como los filosóficos o religiosos reduzcan el impacto cruel que supone que el débil no sea capaz de defenderse.

Me interesa mucho la lista que ofrece en el libro de casinos absurdos. El de Dakar, Valladolid y Suazilandia. A mí particularmente me interesa este último.

Si, una vez que estuve en Mozambique atravesé Suazilandia más que nada para contártelo algún día. Preveía que saldría en alguna entrevista y que tendría que explicar que efectivamente crucé Suazilandia en un día sin dormir. Tenía que ir a Suráfrica pero pensé que en vez de ir directo pasaría en autobús por ese pequeño país. En la capital Mbabane me encontré un casino y entré a jugar para poder decir algún día que había estado apostando en Suazilandia. Esa es la historia, pasé por Suazilandia previendo esta entrevista. Al de Valladolid lo cité por la rareza, está a las afueras de la ciudad, allí tuvimos algo de actividad, aunque no recuerdo si nuestro paso fue afortunado o no. Ya se han acumulado muchas cosas desde entonces. Pero yo soy muy de Valladolid, me gusta mucho su semana santa, he visto algún partido en su estadio, corridas de toros, tengo amigos en Valladolid…Yo soy muy de Castilla La Vieja, me fascina mucho…

De tal manera que la sigue llamando Castilla La Vieja…

Ah, es verdad… No había caído… (risas) Lo amplío a Castilla y León porque también me gustan mucho Salamanca y Zamora.

Su misión en esta vida ha sido permanecer siempre en la alegalidad, un terreno donde se ha movido muy bien y que siempre reivindica.

Me siento muy cómodo, soy un profesional de la alegalidad. Incluso ahora que juego por internet y sigo con mis partidas de póker sigo en una situación alegal. En una sociedad democrática creo que no hay que defender la ilegalidad porque es romper la baraja del acuerdo que tenemos todos. Pero lo alegal es lo que todavía a la ley no se le ha ocurrido que tiene que acabar de perfilar. No es que te aproveches de ese vacío, es que estás marcando que en ese espacio falta algo por legislar. Cuando llega la ley entonces te tienes que hacer a una parte porque el marco legal tiene un interés puramente recaudatorio sobre eso que estabas haciendo antes de que allí se legislara. Mientras tanto me parece una posición cómoda y constructiva, porque eres pionero en ese vacío al que no ha llegado aún el marco legal. Vas por delante de la gente. La alegalidad además propone espacios para vivir de ella. Es algo así como encontrar el fallo en la ruleta.

Sus películas emanan siempre un aroma libertario.

Porque mi ideología es mayormente libertaria. Es decir, abogo por la reducción al mínimo del Estado. Estoy siempre con el partido que más se posicione en contra del Estado. O estoy en contra de aquel partido que abogue por potenciar el Estado. Y eso es el anarquismo ideológico. No soy anarquista porque creo que el Estado es necesario, digamos que soy un anarquista blando o suave que no instauraría en absoluto el anarquismo completo, pero que entiende el Estado como mal menor. El autoritarismo proclama el Estado como bien mayor que es lo que ocurre con el fascismo y el comunismo. Y para el anarquismo el Estado es cero. Yo no estoy en el cero pero estoy más cerca de que el Estado sea un mal menor. Y todo eso está en el ambiente de películas como Corridas de Alegría y en general de mis otras películas.

En su vida le ha dado tiempo también producir bandas como Smash que no sé si sigue considerándola una de las bandas más grandes de Andalucía…

La banda más importante es Triana. Porque lleva a Smash a sus últimas consecuencias. La primera idea, el germen, está en Smash, pero lo que en esta banda es yuxtaposición, en Triana es fusión. El concepto de tiempo y espacio se dan en Triana. Por el tiempo me refiero a la edad del rock, y por espacio me refiero a Andalucía. Smash eran capaces de poner al rock y al flamenco, uno al lado del otro. Pero se trataba de una yuxtaposición. Triana se encarga de la fusión del espíritu. Si, para mí Triana era el grupo número 1. El interés de Smash viene de que era el germen de esa idea teórica. Mi satisfacción personal es que he estado involucrado en las dos bandas. Smash además es un nombre de mi cosecha. Lo formo yo porque antes no existe el grupo. Pero en absoluto surgió como algo artificioso. Les ofrezco instrumentos a diferentes músicos, que estaban en bandas diferentes, para que se unan en un mismo proyecto. Y Silvio también entra en el grupo por sugerencia mía, aunque estuvo poco tiempo.

Es delicada la actividad del productor musical. Si interfieres demasiado en la banda puede que acabe sonando artificial. ¿Cómo ha intentado trabajar de manera, digamos transparente, con los grupos que han confiado en usted?

Pues exactamente así, estás pero no estás. Hay momentos en los que no tienes que estar. Y hay momentos en los que tienes que hacer todo o casi todo. Y tienes que saber detectar esos momentos. Yo con Triana hacía muy poco. De Triana sólo puedo presumir en que los descubro discográficamente hablando porque la banda iba sola. Lo tienen todo muy bien preparado, lo tiene todo pensado, yo sólo doy el visto bueno a todo lo que están haciendo. Alguna mínima sugerencia pero prácticamente nada. Pero un disco como el primero de María Jiménez o el último que hice con canciones de Sabina no puedo estar jugando al ajedrez porque lo tengo que hacer prácticamente todo, desde la selección de las canciones pasando por el tipo de arreglo, hasta los jaleos que meten los palmeros, indicaciones como si fuera una actriz a María Jiménez para que no sea tan dramática y no marque tanto la pronunciación… que lo no noto porque María ha hecho también otros discos que no son míos y noto que canta diferente… Todo esto no me ocurre con Smash, ni me ocurre con Pablo Guerrero, depende de cada artista. Luego hay cosas medianas, como arreglar un poco de esto y un poco de aquello, donde si tengo que intervenir pero no tanto. Me estoy refiriendo a situaciones extremas, Amancio Prada grabó en un día el disco de Rosalía de Castro y quedé fascinado de lo bien que suena la guitarra con el chelo. El saber no intervenir es parte de este trabajo y al revés. Si yo hubiera seguido trabajando con Triana en el cuarto y quinto disco, sí que hubiera intervenido para evitar que grabaran un quinto disco que me pareció muy mal hecho y muy nefasto. El cuarto estaba bien aunque la voz estaba muy maltratada, con lo que probablemente les hubiera convencido de que había que hacerlo de manera diferente. Pero seguro que el quinto no hubiera salido así. Pero eso son hipótesis, mientras estuve yo todo estaba bien y no hacía falta intervenir en nada.

Y a usted que tanto le gusta la periferia como es que acaba viviendo en Madrid…

Bueno, yo nací en Madrid porque mi padre estaba destinado aquí, pero yo soy de familia andaluza. En cuanto mi padre murió, yo tenía cinco años, nos fuímos para Andalucía, a Jerez primero, de donde es mi familia y luego ya a Sevilla que es de donde me siento y donde viví hasta los 20 años. Y luego volví a Madrid porque yo quería hacer cine y la única posibilidad para ello era residiendo en Madrid. Lo tuve claro desde siempre, me vine aquí cuando todavía estaba estudiando y ya me metí en la escuela de cine. No me hubiera desarrollado profesionalmente si no me hubiera venido a Madrid. Pero nunca me he vinculado con Madrid más que por una cuestión de trabajo. No he participado en ningún movimiento cultural de Madrid. Tengo amigos y conexiones en el mundo de la cultura, pero no me he relacionado con la ciudad nada más que en momentos de trabajo puntuales. Conozco a Aute, a Jaime Chavarri, con gente así, pero no he tenido una vinculación estrecha, no por nada, sino porque siempre me he considerado un solitario, un lobo solitario… bueno, lobo, lobo, tampoco me gusta ser lobo, pero que por narices he actuado de manera solitaria. Y luego siempre con muchas referencias a Andalucía, todas mis películas siempre tienen referencias a Andalucía… Triana vivían en Madrid. Tampoco vale de mucho decir que eres de allí o estar allí… La distribución que hemos hecho de España no tiene compensación para el ciudadano. El enorme gasto que significa no supone que el poder esté más cerca para que el ciudadano tenga mayor bienestar. Simplemente es para gastar más dinero e invertirlo en el Estado. O sea se trata de engrandecer al Estado. Y todo eso no tiene efecto práctico alguno para el ciudadano.

Vosotros los catalanes os estáis haciendo a la idea de la independencia que eso lo que está haciendo en mi opinión es enloquecer a la sociedad. Es más Estado y más Estado. Estado que además hace lo que quiere con las cosas y para ello se salta las leyes. Es omnipotente, como Stalin. No me refiero a la cuestión ideológica pero la manera de actuar es como la de Stalin. Yo puedo hacer cualquier cosa porque yo soy el Estado. Y usted no porque usted no es el Estado. Eso es lo que más me aterroriza. Yo no me siento más cerca del poder y he tenido amigos personales del colegio como Pepe Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía, pero eso no significa que yo sienta el poder más cerca de mi casa. Y sin embargo el gasto que supone pues es una barbaridad. No compensa.

Thomas Pynchon: El novelista que sabe lo que está pasando

Su exigua biografía oficial, que muchos de sus seguidores sabemos de memoria, dice que el 8 de mayo de 2017, Thomas Pynchon, si es que está vivo, si es que es una persona y no dos o tres como sugieren algunos, cumple ocho décadas de vida en la sombra. El escritor que más exige a sus lectores en cada entrega cumple ocho décadas de vida. El novelista que más ha hecho por desvelar el gran misterio, de todos los surgidos el pasado siglo, lleva cincuenta años anudando el cerebro de los que se atreven con sus libros. Su primera novela, titulada simplemente V, yace desde hace unos meses en un cajón de mi casa con un puntero que marca que la debo haber abandonado por la página 200 y pico. Pero no me preocupa, no soy el único que deja sus libros a medias. Pynchon debe ser el escritor con más libros leídos a medias.

Si hacemos algo tan pynchoniano como rastrear por internet, nos toparemos con un artículo del desaparecido Moncho Alpuente que puede que fuera uno de los primeros publicados en la prensa generalista de nuestro país con la intención de comunicar las bondades de Pynchon. O por lo menos, uno de los primeros en enviar señales sobre uno de sus libros. En septiembre de 1977 escribió para El País una reseña de la segunda novela en la carrera del esquivo escritor estadounidense, La subasta del Lote 49, que se publicaba en España gracias a la serie Espiral, de la editorial Fundamentos, que por entonces publicaba libros de un tal Leonard Cohen. Los tópicos a la hora de analizar la obra de Pynchon ya estaban recogidos en aquella reseña de hace 40 años: “La subasta del lote 49 aparece, al mismo tiempo, en dos vertientes, como una gigantesca sátira de la sociedad americana a través de sabios ingredientes, y como una novela críptica y eminentemente simbólica”.

Seguimos indagando en el rastro de Pynchon y contactamos con Paula Serraller, actual directora de la editorial Fundamentos que me facilita el contacto de su madre, Cristina Vizcaino Auger, la responsable de la misma editorial hace cuarenta años. “En el momento en que publicamos a Pynchon en la colección Espiral el director literario era Julián Ríos. Yo me encargaba de la producción de esa colección pero en muchos títulos estaba asesorada por él. Ríos tenía muy buen olfato para descubrir autores y Fundamentos tenía el valor de publicarlos cuando eran aquí unos desconocidos. Como ya sabes, Pynchon ha sido muy celoso de su intimidad y nosotros contratamos su obra a través de una agencia y por tanto nunca tuvimos contacto con él”, nos recuerda Vizcaino.

Contactamos por mail con Julían Rios que nos explica que entró por primera vez en contacto con Pynchon cuando se publicó su primera novela en 1963, la citada V. “Y tres años después compré en una librería de Londres, Better Books, en Charing Cross, ya desaparecida, su primera edición de bolsillo inglesa, obra de Penguin, con su vistosa portada pop de un hombre-rana en una alcantarilla y que por cierto aún conservo. En otra librería londinense, Compendium, en Candem Town, que también se llevó el viento de la especulación, iba encontrando años más tarde diversos folletos, algunos mecanografiados, que reproducían sus primeros cuentos publicados en revistas de Estados Unidos”.

Nos explica Ríos que lo que le atrajo de inmediato de Pynchon fue su sentido del humor y su desparpajo para conectar ciencia y ficción, lo culto y lo popular del arte y la literatura. “Cuando fundé la colección Espiral tenía claro que Pynchon era uno de los nuevos autores norteamericanos que debería incluir en ella. Y para introducirlo en España escogí su obra más asequible”, Ríos recuerda que no debió venderse demasiado porque no hubo segunda edición. Las dos novelas de Leonard Cohen, Los hermosos vencidos y El juego favorito, se vendieron mejor y facilitaron la publicación de autores menos conocidos entonces en España como John Barth o el propio Pynchon. Ríos introduce en su novela Puente de Alma, publicada en 2009, a un personaje que es Pynchon “o alguien que se le parece”. “El misterioso escritor no podía faltar a la cita en el puente de Alma de París, donde se concitaban todos los adoradores de la llama dorada de la princesa Diana que allí se dejó la vida, centro de todas las conspiraciones más o menos paranoicas. Se trata de un homenaje y profanación, con permiso de Benny Profane, aquel personaje de V”, matiza el veterano escritor vigués que acaba su mail con una sugerencia para seguir con nuestras indagaciones: “En caso de que no lo tenga en su lista de pynchonianos, le recomiendo que contacte con el novelista Juan-Francisco Ferré”.

“La web profunda me ha interesado mucho para mi última novela, Karnaval. Para mí, están los medios y el fantasma de los medios. Y en ese terreno de lo espectral y de lo fantasmagórico es donde Pynchon se ha movido siempre maravillosamente”, nos explica Ferré que en estos momentos se encuentra impartiendo un taller de novela aplicado a la era digital. Me comenta que cerrará el curso con la última novela de Pynchon, Al límite, porque le parece una de las novelas clave en lo que llevamos de siglo. “Si, puede que sea sorprendente lo de su edad, pero hay que tener en cuenta que Pynchon lleva muchos años ejerciendo de gurú en lo que respecta a la reflexión en la literatura como medio de exploración de lo que es la cultura, la tecnología y la historia en general. Es lo que le habilita en términos de credibilidad”. El escritor malagueño Juan Francisco- Ferré, integrante de la llamada Generación Nocilla, asegura que el siglo XXI es un siglo que ya se plantea como muy pynchoniano: “Se encuentra en una situación de privilegio para poder analizar fenómenos que, de un modo u otro, él ha sabido anticipar en su literatura. Internet es un medio que ha nacido para encontrarse con un Pynchon”.

“En cierta forma Pynchon está anunciando un mundo en el cual los seres humanos van a buscar formas de comunicarse al margen de lo oficial. Internet en principio fue eso, un medio anarco y contracultural que vino a cubrir ese deseo en el ámbito y cultural y que Pynchon ya había sabido expresar con sus novelas. Aunque también supo intuir que luego vendría esa deriva de internet hacia un ámbito más comercial o corporativista”, Juan Francisco- Ferré.

Para los que nos sentimos solos y desorientados una vez acabamos una novela de Pynchon, lo mejor es consultar un libro titulado simplemente Pynchon, publicado hace pocos meses por la editorial Base, en el que se incluyen ensayos de autores como Jon Bilbao que en su aportación intenta arrojar luz sobre la críptica literatura pynchoniana (que compara con la niebla perpetua con la que se encuentra la expedición que llega a la isla de King Kong). “A mi entender esa “niebla de palabras” que hay que atravesar en sus novelas cumple varias funciones. Una es la de crear una atmósfera de misterio en la que aceptamos casi cualquier cosa, una suerte de relajación del concepto de verosimilitud; otra es la de toparnos con un pasaje inolvidable que aporta un premio al lector, que después de haber transitado largamente entre la niebla, se encuentra con pasajes que no sólo son visualmente muy poderosos -lo que los hace arraigar en la mente y recordarlos mucho más extensos de lo que son, algo que repetidamente sorprende a quien relee los libros de Thomas Pynchon, sino también claros, coherentes y – aquí radica, quizás el mayor logro – parecen verosímiles”. Del recuerdo de Bilbao aún penden poderosas imágenes pynchonianas como “la desintegración del campanario de la plaza de San Marcos de Venecia, que aparece en Contraluz, todo lo relacionado con las bombas V2 de El arco iris de gravedad y el cambio del calendario juliano al gregoriano en Mason & Dixon”.

Otros aportes del citado libro de ensayos a mayor gloria de Pynchon vienen firmados por el periodista musical Albert Fernández y la escritora Paula Lapido. En su turno, Fernández se atreve a recrear las vicisitudes del detective Doc Sportello, protagonista de la novela Vicio propio (y de la película de Paul Thomas Anderson que interpreta Joaquin Phoenix), al que transporta al año 2012. “Me parecía interesante llevar a Doc Sportello en un viaje en el tiempo hasta nuestros días. En el 2012, debido al anuncio del fin del mundo, hubo un ambiente psicótico generalizado que coincidió con una nueva oleada de músicos hippies que recreaban en lo musical el ambiente de la novela”. Por su parte, Lapido, licenciada en ciencias físicas por la Complutense, nos comenta que entre sus amigos físicos ninguno de ellos lee a Pynchon: “Te diría que lo que más me atrae no son sus consideraciones físicas o metafísicas, sino su forma poco convencional de narrar. Me gusta la aleatoriedad a la que recurre Pynchon como estructura literaria que a simple vista parece improvisada”.

Tras su estancia en Nueva York, Pynchon decide mudarse a California, donde pasará gran parte de la década de los 60, y donde se encontrará con una escena musical en ebullición que es reflejo del movimiento contracultural de la época y de la que dejará constancia en su novela más musical, Vicio Propio (2012). Por sus constantes menciones musicales, en las que demuestra ser un conocedor del pop el siglo XX y de lo que llevamos del XXI, podemos deducir que a Pynchon le interesaron los Beach Boys, The Rolling Stones, Elvis Presley, Pink Floyd, Frank Sinatra, The Doors o Roy Orbison (aunque también aparece citada en esa novevla Rocío Dúrcal). Los tentáculos pop de Pynchon son tan alargados como sus obras, y entre sus logros se encuentra ser el padrino de Miley Cyrus, parece ser que el padre de la estrella es fan del autor.

En Barcelona coincidimos con el productor germano Tolouse Low Trax, residente del club Salon Des Amateurs en Düsseldorf, que viene a principios de enero a Barcelona para realizar un directo en el Moog. En un encuentro casual en una vermutería del barrio de Gràcia, el alemán, miembro de la banda de neo kraut Kreidler, salta como un resorte en cuanto nombro a Thomas Pynchon (al que tengo muy presente por la realización de este artículo). Me enseña ufano el único tatuaje que decora su cuerpo: el logotipo con forma de cuerno del servicio postal clandestino que es tema principal en la novela La subasta del lote 49. El teutón me explica que durante años ha quedado colgada en su memoria una imagen que le ha acompañado durante años de la citada novela. Describe a un grupo de jóvenes, que se reúnen en su bar favorito, escuchan música electrónica de Stockhausen y tocan música electrónica en vivo en la trastienda. “Me quedé muy impresionado. En ese momento la música electrónica todavía era un misterio para mí. Entendí que la música abstracta era la banda sonora perfecta para esta sociedad secreta basada en un mundo cercano al hippismo que, por entonces, me interesaba bastante. Bueno, mira, llevo tatuado el signo del cuerno postal silenciado que aparece en la novela y que la protagonista ve por todos lados y es cuando le entra la paranoia. Mi música es una especie de traducción personal de ese canal de comunicación clandestino que tanto me obsesionó de joven”.

“Ese halo misterioso que se cernía sobre Pynchon, no concedía entrevistas, no existían fotos de él, no dejó rastro alguno durante décadas. Me recordaba al efecto que producía en los de mi generación la figura de J.D. Salinger, que fue otro clásico muy importante en mi educación cultural. El efecto principal que tuvieron sus libros fue el de aficionarme en resolver enigmas. Como todos los protagonistas de sus novelas, que siempre andan resolviendo acertijos, me propuso una manera de explicar el mundo moderno, tan complicado y enrevesado, como cualquier libro del propio Pynchon. Esa manera de envolvernos en el misterio a los lectores, que mientras leemos sabemos lo mismo que los protagonistas, es decir muy poco, me animó a buscar signos que nos facilitaran pistas de cómo funciona este mundo confuso que llaman urbano y moderno. Las lecturas de Pynchon me impulsaron a detectar todos esos secretos que después de sus lecturas aparecen por todas partes. Me impresionó esa idea de conspiración global y esa Idea de un mundo paralelo que está oculto y actúa contra lo que nos parece obvio. El término entropía tan presente en sus obras tuvo un efecto especial en mí y en mi música. En apariencia desordenada, pero con sentido si se analiza al microscopio”.

Nota del autor: Este post es una versión extended del artículo publicado en el número de julio-agosto de 2017 de la revista Rockdelux.

El pensamiento asilvestrado de Thoreau

“La biografía de un hombre que ha pasado sus días en una biblioteca puede ser tan interesante como las campañas peninsulares”. Henry D. Thoreau.

 

Estamos en la segunda mitad del siglo XIX. EE.UU. se está gestando como el bloque que es hoy. Por lo pronto, el vasto terreno que conforma lo que hoy conocemos como la principal potencia mundial se debate entre los que abogan por la abolición de la esclavitud, los estados norteños, y los que no, en su mayoría los estados sureños que confiaban sus intereses al gobierno confederado que nunca fue reconocido internacionalmente. Se barrunta guerra civil entre las dos sensibilidades político-geográfico-sociales. Por lo que respecta a los avances tecnológicos, tenemos la llegada del ferrocarril que pide más madera al mismo ritmo que demanda trabajadores que vengan con pico y pala a cavar raíles. Los viejos carromatos se volvieron obsoletos y con ellos desaparecía un mundo viejo de tracción animal. El americano por fin podía viajar en locomotora de una punta a otra del país en un tiempo récord. Pero como diría el puritanillo de Neil Flanders, “a esa zona árida entre Nueva York y Los Ángeles” había que dotarla de una nueva conciencia. En la costa este que es donde tiene Thoreau su radio de acción se viven aires de puritanismo renovado, en realidad un nuevo impulso  de la herencia cuasi mitológica de aquellos primeros colonos, los Padres Peregrinos, que desembarcaron dos siglos antes en las costas de Massachusetts.

En medio de todos estos cambios y de esta tensión política nos encontramos con una nueva forma de pensar que se conoce como trascendentalismo. Y surcando esa corriente de nuevo pensamiento libertario, de alguna manera enfrentado a la ortodoxia ejemplificada en el calvinismo puritano tan característico de aquellos años, encontramos a nuestro protagonista de hoy: Henry David Thoreau. El poeta naturalista que apenas se movió de Nueva Inglaterra donde nació hace 200 años, y al que le bastaba con sus paseos diarios por los frondosos bosques de las inmediaciones de su ciudad natal Concord para describir el mundo natural: “Soy feliz cuando descubro en océanos y bosques lejanos la materia de miles de Concords”. Con sus primeros poemas y ensayos,Thoreau abrió las puertas de lo salvaje a unos Estados Unidos que estaban a) modernizándose a ritmo de locomotora  y b) a  pocos años de su particular guerra de Secesión (al final de la misma y con el triunfo del bloque norteño abolicionista los esclavos liberados pudieron disfrutar por fin de ciertos derechos civiles).

“Imagino que hay algo de provechoso en vivir una vida primitiva y de frontera, aunque fuese en mitad de una civilización volcada hacia lo exterior”

Este 2017 se ha celebrado el segundo siglo de su nacimiento con la publicación de su (probablemente) mejor biografía escrita hasta la fecha, con Robert Richardson como autor, “Thoreau. Biografía de un pensador salvaje” y que se ha convertido en una de mis lecturas destacadas de este año (que no es poco teniendo en cuenta que ha sido el más prolífico en libros de toda mi vida): “Los mejores escritos de Thoreau siempre iluminan abstracciones y validan argumentos morales mediante experiencias concretas y personales, relatadas gráficamente y expresadas con mordacidad”,  comenta Richardson del estilo de Thoreau, entre la poesía, la lírica y el cientifismo de las ciencias naturales que todo lo acotan, cotejan, miden y reseñan.

 

Para Thoreau, el hombre y la mujer del presente -de su tiempo, pero en este momento es también el nuestro- suponen la suma de todos los hombres y mujeres de la historia. Ningún tiempo es mejor que otro. Pero los que plantaron la primera semilla del saber fueron los griegos. Y la mitología griega es un referente en su vida, en toda su obra: “Thoreau entendía que no es tan necesario tratar de inventar un nuevo mito como tratar de ajustar la experiencia propia a la expresada en mitos más antiguos, e intentar añadir a continuación algo a un mito cuya capacidad para contener y comunicar significado se haya comprobado con el tiempo. Quería que sus escritos evocasen la sustancia, la experiencia interior del mito, no la cáscara externa, los meros adornos clásicos”. El mito como la forma evolucionada de la historia temprana: “La naturaleza que inspiró la mitología sigue floreciendo. La mitología es la cosecha que produjo el Viejo Mundo antes de que su suelo se agotara”.

“Un hombre sólo recibe lo que está preparado para recibir, ya sea física, intelectual o moralmente. Escuchamos y asimilamos sólo lo que ya sabemos a medias”.

El trascendentalismo de Thoreau le acerca al conocimiento a través del instinto. Sus primeras lecturas están muy influenciadas por el conocimiento de los mitos griegos y se sentía muy motivado también por el romanticismo alemán, “el pensamiento sin entusiasmo no es nada”. Thoreau se esforzaba en ser un naturalista que combinara las descripciones de los antiguos naturalistas, con las mediciones de los nuevos. Por la mañana escribía, teorizaba, pero por la tarde se iba a dar una vuelta por el campo para observar, para inspirarse, para darse cuenta que el ser humano es parte de la naturaleza.  Sabía que “el individualismo extremo en cuestiones sociales se ve moderado por un sentido de los límites del individuo en la naturaleza”.  Y caminar, Thoreau siempre caminando de un lado a otro: “Un viajero ha de venerarse como tal. Su profesión es el mejor símbolo de nuestra vida. Ir de A a B: es la historia de todos y cada uno de nosotros”. Gustaba  vivir en plena naturaleza, casi siempre sólo, llegó a levantar él solo una cabaña desde los cimientos y con sus propias manos, aunque no era del todo huraño. Anteponía la conciencia del individuo por encima de la vida política, la base de la desobediencia civil por la que apostaba en una de sus conferencias más radicales y famosas. Suyas son esas primeras ideas que enfrentan a nuestra individualidad con cualquier Gobierno Civil que se limite a repartir injusticia. “Uno debe hacer las cosas que estén cercanas a su vida y conduzcan a ella, que no vayan en contra de la esencia de su voluntad ni de su imaginación”.  Nos anima a no dejar espacio a esas dudas que no nos resultan del todo satisfactorias.

“Las generaciones jóvenes del mundo que llevaban en ellas la frescura de un niño, pero también la profundidad del hombre serio, que no pensaban que hubiesen completado todas las cosas del cielo y en la tierra sencillamente dándoles nombres científicos, sino que tenían que contemplarlas directamente ahí, con asombro y maravilla; percibían mejor lo que hay de divino en el hombre y en la naturaleza; sin estar locos, podían venerar la naturaleza y al hombre más que otra cosa de la naturaleza”

Thoreau combina el liberalismo social, sobre todo en lo referente a la esclavitud, con una desconfianza perdurable en los efectos del cambio tecnológico sobre la vida cotidiana, rechaza lo que él entiende como “mecanización excesiva”. Aunque Thoreau no era un ludita, de hecho se le daba muy bien fabricar lápices para la empresa de su padre, trajinar con mecanismos, detallar sin error matemático los límites de hectáreas de terreno como agrimensor que era. “Allí donde está el buen agricultor, está la buena tierra. Al emprender otro camino, la vida será una sucesión de arrepentimientos”. También se vio movido por la necesidad, que él entendía como imperiosa, de dotar de un nuevo lenguaje a ese país que se estaba forjando . Miraba al oeste en busca de palabras nuevas como diggings, un vocablo que entre principios y mediados del siglo XIX añadió nuevas acepciones a su significado, “introducir (una herramienta)” e “indagar” (un concepto más en boga que nunca entre los coleccionistas de vinilos que diggean en alusión a su manera de escarbar entre cubetas). De los primeros diggers en rascar en nuestra naturaleza salvaje, apostaba por la desobediencia civil, se preocupaba por la conservación del medio ambiente y vida en sintonía con el mismo, precursor del “do it yourself”… Pues eso, que Thoreau sigue hoy más vivo que nunca, y que debería estudiarse en todas las escuelas.

Íberos en el techo de Santa Coloma

Si es cierto que cuando subes una montaña renaces de manera simbólica, me pregunto entonces por el bautismo que corresponde al que asciende hasta la cuna de los hombres más tempranos de entre los que moraron en este rincón del Mediterráneo. En el artículo que le dedicamos a la clínica mental de Torribera y su entorno, ya nos referimos al poblado íbero que corona el Puig Castellar. Recuerdo que era una excursión típica de los tiempos de la EGB, siempre la recibíamos con los vítores que se merecía tamaña odisea infantil con la que rompíamos en dos una semana que ya no sería como las demás. La máxima era siempre la misma: “bocadillo de tortilla y para arriba”.  Avituallamiento indispensable para que  un chaval de Badalona subiera al Machu Picchu de su infancia.  Por tanto, hoy vamos a recomendar este paseo algo cuesta arriba, pero superable por cualquier urbanita,  con el que nos disponemos a conocer algo más de las costumbres de los primeros habitantes “reconocidos” de esta zona de la comarca del Barcelonés.

Estamos en plena Serralada de Marina, pulmón boscoso de toda la comarca que se encuentra al norte de Santa Coloma de Gramenet, y al que puedes acercarte en metro si bajas en Singuerlín (línea 9). El camino hacia el poblado entronca con el sendero Gr-92 que nos lleva hasta Portbou. Es una ruta transitada por excursionistas y ciclistas, hoy es miércoles laboral por la mañana y diviso un cierto trasiego de personas bien equipadas con poliéster en dirección al norte. Pisaremos la cima de un cónclave muy  valorado a principios del siglo pasado que es cuando empezó a atraer a gente con posibles para huir de la contaminación que generaban las fábricas barcelonesas. La fiebre higienista tan característica de aquellos años motivó la llegada de industriales y prohombres hasta Santa Coloma, con suficiente dinero como para adquirir una segunda residencia (una práctica impensable después del boom migratorio que rompió todos los registros entre los años 50 y 70 y convirtió a Santa Coloma en un caos urbanístico sin parangón en el mundo y del que dieron cuenta las universidades japonesas). Uno de estos notables fue el historiador Ferran de Sagarra, notable de Santa Coloma, padre del nombrado escritor Josep Maria de Sagarra, que en 1919 cede al Institut d’Estudis Catalans los restos arqueológicos del poblado íbéro para su estudio y conservación. Cada cierto tiempo vienen a excavar estudiantes de Arqueología de la Universitat de Barcelona, campañas que empezaron a potenciarse hace 20 años con un ambicioso proyecto dinamizado por el ayuntamiento colomense. Es un intangible importante en la estrategia de promoción de una ciudad, la novena más populosa de Catalunya y la segunda en densidad con 17.000 habitantes por kilómetro cuadrado. y que se  conoce de oídas por las desarraigadas señas de identidad  de su abundante clase popular, básicamente emigrante. Colgado del techo de Santa Coloma, su legendaria densidad se percibe como una cosa remota,  irreal y lejana.

Así que aquí estamos. Entre piedras, rodeados por el otro de un silencio difícil de comprender a tan pocos kilómetros de Barcelona. Un día nublado como el de hoy, la Sagrada Familia parece vaporizarse entre brillantes partículas de polución. Me quedo pensando en algo tan urbanita como calcular cuantos átomos de esos me estaré ahorrando en estos momentos, cuando llega el primer sobresalto. Viene hacia mí el coche de un guarda forestal que aparca en el vestíbulo del poblado, un área habilitada como zona de descanso y bienvenida, unos cien metros antes de alcanzar el grueso del poblado. Acostumbrados como estamos en Barcelona a pagar por ver maravillas, llama la atención que no haya una puerta o algo barrando el paso, ni nadie cobrando entrada en la misma. Siento que el guardabosques me busca con la mirada, tiene ganas de hablar, en concreto de comunicarme que los sábados a las nueve de la mañana se reúnen unos cuantos de sus compañeros que han ayudado a forestar este bosque con sus manos. Recomienda a los que vengan que hagan justo lo contrario de lo que voy hacer yo.  Me dice que es mejor visitar primero el museo Torre Balldovina, encargado de conservar el patrimonio monumental de Santaco, y contrastar después lo visto en las infografías con la visita in situ a los restos del burgo que nos ocupa.

A pocos metros de coronar la excursión, topamos con los ojos escrutadores del guía encargado de velar por los espíritus íberos y la conservación de la villa más antigua de la zona. Espero a que me diga algo, pero en dos segundos percibo su intención de hablar poco. Para romper el hielo de su mirada, le comento que aquí arriba tendrá tiempo de meditar y entonces me explica que siempre encuentra cosas que hacer. Como por ejemplo, arreglar un terraplén por el que ya se ha resbalado algún niño que ha venido, como mi yo de la EGB, de visita exprés con el cole. Su turno acaba a las dos de la tarde,cuando baja a comer, y que sepáis que los sábados no hay guarda y que los domingos se encargan de sus mismas funciones unos voluntarios. Doy la vuelta al poblado por el anillo que rodea la villa y con la que consigo una vista de 360 grados que me llevan del Vallés al Barcelonés (una vista parecida la tienes en el últimamente muy hypeado antiaéreo del Guinardó). En los carteles informativos desplegados por todo el recinto se nos informa, por ejemplo, que los íberos contaban con su propio sistema de escritura, que se conoce el significante, se han descifrado los signos, pero no se tiene ni idea de qué significan exactamente.

Desde el punto más alto del poblado, en realidad una tachuela de 303 metros, se divisa la cruz imaginaria que separa en los mapas la localidad de Montcada i Reixac, con su siniestra simiente de polígonos industriales; esa parte norte de Badalona que no parece Badalona con La Conrería y sus restaurantes de pasado cartujano; y el “tocho” salvaje de Santa Coloma. Y detrás de un montículo se insinúa Sant Jeroni de la Murtra, el monasterio donde Cristobal Colón informó a los Reyes Católicos de sus hallazgos en el Nuevo Mundo (la comitiva incluía dos indígenas, con lo que casi podemos asegurar que esta parte de Badalona que tampoco entonces se parecía a Badalona fue de lo primero que vieron los prematuros balseros que encallaron en Europa). Una encrucijada espacio temporal por tanto muy curiosa. Aquí arriba tenemos los restos del más viejo mundo que podamos pisar por estos lares.  Allí abajo se asoman las primeras crónicas de uno nuevo que estaba por venir.