Paranoia ajedrezada en Filipinas

De todos los deportes que deberían interesarme, el ajedrez es el que menos me interesa, de momento. La verdad es que desde pequeño que no lo he intentado con el tablero ajedrezado, pero me temo que hoy se me seguiría dando tan mal como en mi infancia. Eso sí, me encantan los aspectos periféricos de este deporte que en la antigua Unión Soviética fue estandarte del poder de los soviets. Un valor estratégico de cara al exterior que tuvo hace justo 40 años la quintaesencia del enfrentamiento político con la guerra fría como marco incomparable.

El 18 de julio de 1978 daba inicio el campeonato mundial de ajedrez en Filipinas, en Baguio, una localidad fundada por los estadounidenses concebida como localidad de veraneo. Se enfrentaban entonces el vigente campeón Anatoli Kárpov, por entonces ya joven ogro de la URSS y representante del poder hegemónico soviético, y el aspirante Víktor Korchnói (que en en ese momento llegaba con casi 50 años como Gran Maestro Internacional pero también como paria, es decir, sin nacionalidad que representar, se asiló dos años antes en Holanda para luego trasladar su residencia a las cercanías de Zurich). Al margen de lo puramente deportivo, el campeonato destacó por las paranoicas condiciones que lo rodearon. Para empezar, estamos hablando de un estandarte del poder soviético contra un apátrida que huye de ese mismo sistema soviético. Las crónicas de aquel campeonato destacan más los entresijos que envuelven el campeonato, que se alargó tres meses, que la calidad de las partidas que como veremos dieron para fallos impropios de un campeonato como este. Las crónicas del evento explican también que el equipo de Kárpov incluía a un conocido hipnotizador, un tal Vladimir Zuckar, en realidad, profesor de parapsicología de la facultad de Moscú (y que presenció in situ el campeonato hasta la partida decimoctava en la que tuvo que abandonar su privilegiada posición después de muchas quejas del equipo de Korchnói). “Como detalle curioso para la historia de este cotejo sin precedentes, debe anotarse que se cumplió el alejamiento del «hipnotizador» hasta ayer, en la partida decisiva, cuando retornó a un asiento de la quinta fila de plateas”,explica Héctor B. Kuperman, como enviado especial de El Páis.

Para compensar las malas artes de Karpov, según la Wikipedia el equipo de Korchnói incluía a un convicto en libertad bajo fianza por delito de homicidio y a una pareja de misteriosos personajes pertenecientes a la secta de origen indio Ananda Marga (foto más abajo). Hubo más controversia fuera que dentro del tablero. A destacar el uso de rayos X para poder ver a través de la silla que se había traído de casa el aspirante, hubo protestas por quítame unas banderas que no me convencen encima del tablero. Korchnói, de hecho, venía sin bandera y quería que en su distintivo se leyera, “apátrida”, una distinción que no convenció a la Federación internacional. Por lo que cuentan las crónicas, el viejo aspirante utilizó unas sospechosas gafas con espejos que reflejaban luces dispuestas sobre el escenario y que molestaban a su oponente. Cuando el equipo de Kárpov le enviaba un yogur durante la partida para que engañara al hambre, el equipo de Korchnói protestaba alegando que podía tratarse de algún código secreto, argüían que según el sabor del yogur, el campeón podría mover sus piezas en una dirección o en otra. Las partidas se acabaron el 18 de octubre para un total de seis a cinco a favor del campeón, con 21 empates.

“Es muy cierto que sin el error no existiría el ajedrez, pero también es verdad que tanto Karpov como Korchnoi superaron ampliamente la cuota, normal y aceptable, registrada en otros encuentros mundiales.Korchnoi confirmó su tornadizo estilo, creando hermosas partidas para cometer después errores garrafales”, comentaba El País en referencia a aspectos estrictamente deportivos. Aquí tenéis un texto en el que se habla de las particularidades de este campeonato paranoide.

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Rodad, rodad malditos!

Hace unos días que inicié en Facebook una serie de posts en torno a lo monstruoso que iniciamos con el artículo dedicado al ensayo Este joven Monstruo del joven crítico cultural, Charlie Fox. Vamos con un post en el que vamos a recordar a dos actores latinos que participaron en sendos rodajes infernales. Uno nació y el otro murió en una semana de junio como esta.

Empezamos por el 18 de junio de 1963 que es cuando decide suicidarse de un disparo en el pecho Pedro Armendáriz, actor mexicano de la edad de oro del cine de ese país norteamericano que acabó convirtiéndose en mito del séptimo arte mexicano gracias a su interpretación de Pancho Villa. Parece ser que contrajo cáncer a mediados de los 60 después del rodaje de The Conqueror en el que John Wayne interpretaba al líder mongol, Gengis Khan. La producción del film tuvo lugar en 1955 en el desierto de Utah, según los localizadores era lo más parecido a Mongolia, cerca de un campo de pruebas nucleares en el estado de Nevada. La película producida por Howard Hugues y dirigida por Dick Powell también fue un desastre de crítica y se incluye en las recurrentes listas de peores pelis de la historia. La última producción en la que apareció Armendáriz fue From Russia with Love de la saga de 007 estrenada el mismo año de su muerte. Parece ser, como comentaba hace unos años el diario ABC, que un tanto por ciento muy elevado del equipo de la película (41 por ciento) contrajo cáncer durante las 13 semanas que duró el rodaje, entre ellos el propio Wayne que murió 16 años después que Armendáriz. “Del total de 220 integrantes participantes en el filme, 91 habían desarrollado hacia 1981 algún tipo de cáncer”.

El diario El Universal de México le dedicó hace unos días un artículo en el que profundizaban en las causas de su fatídica decisión: “El hombre de inconfundible bigote, expresivos ojos verde olivo y solemne porte varonil, decidió quitarse la vida a los 51 años de edad, de los cuales llevaba los últimos cuatro luchando contra el cáncer y ya no quiso hacerlo más”.

Y justo hoy se cumplen 50 años del nacimiento de Nelson de la Rosa. A finales de los 90 contó con una papel en una producción de Hollywood que pasaría a la historia por lo accidentada, más que por la calidad del resultado final, La isla del doctor Moreau , en la que compartió escenas con Marlon Brando, que se encaprichó de él y cambió el guión de la película para que tuviera más protagonismo a su lado. Como veremos más adelante, la producción de la película en una esquina del nordeste de Australia se convirtió en una de los más bestias y caóticos que se recuerdan.

El minúsculo actor dominicano, murió de un infarto en 2006, con sus escasos 70 centímetros encajaba a la perfección en el casting de esta versión de la novela de HG Wells. Desde aquí puedes recuperar una entrevista televisiva en la que aparece disfrazado de Spirderman y en la que no pasa desapercibida su característica voz aflautada. EN EE.UU. se le conocía como Pedro’s Lucky Midget porque según parece dio suerte a los Boston Red Sox de su amigo el pitcher también dominicano, Pedro Martínez que le invitó a presenciar los playoffs de 2004.

Todos los entresijos del rodaje están explicados en el documental Lost Soul: El Viaje maldito de Richard Stanley a la Isla del Dr Moreau. Más abajo tienes el trailer, desde aquí lo puedes ver en inglés. Se explica el rodaje desde el punto de vista del director original Richard Stanley que acabó siendo despedido por la productora que confió la patata caliente a John Frankenheimer que hizo lo que pudo para aplacar los egos entre Val Kilmer y del propio Marlon Brando. Gracias a Enrique Doza por el tip.

Loops 2: “Words Don’t Come Easy”

“EDM es una etiqueta tan estúpida y tautológica como si al country, en vez de llamarlo country, lo llamáramos sencillamente “canciones acústicas de vaqueros: una denominación groseramente prosaica”.

A pocos días para que de inicio una nueva edición del festival Sónar, la que hace 25, le vamos a dedicar a nueva entrada al blog a la segunda parte de Loops, el nuevo libraco con el que el periodista Javier Blánquez se atreve a describir los vericuetos por los que serpentea la producción electrónica mundial desde que empezó el nuevo siglo (que es justo el momento en el que acaba el primer Lopos publicado hace 16 años). Aquel primer repaso histórico incluía diferentes firmas periodísticas encargadas de cada parte troncal. En esta nueva entrega es Blánquez el que se pela todo el libro, más de 600 páginas ribeteadas con un epílogo del Dj y teórico Ewan Pearson en el que, entre otras cosas, reconoce que mantiene su boicot a Israel, medida que parece ser que algunos de sus colegas no comparten).

La verdad es que el libro me ha hecho sufrir por Blánquez. Me refiero a la cantidad de adjetivaciones que se ve obligado a utilizar para describir una música que cada vez es más complicada de definir con palabras (para ello, al final del libro el periodista musical nos remite a la letra de aquel ochentero hit Words, don’t come easy del tunecino del italo FR David). Si, la verdad es que he sufrido por Blánquez al que me he imaginado sudando tinta para describir con palabras lo que no se puede. También he sufrido por el plumilla cuando se mete a describir la EDM que supongo es una corriente que no le debe apasionar. Yo tenía curiosidad por saber cómo evolucionaba en su narración a medida que se iba adentrando en la década actual, en la que parece que no ha pasado nada, pero sí, ha pasado y mucho. Y ahí está este volumen para atestiguarlo, tan gordo como el primero en el que se encorsetaba un periodo mucho más extenso que el de este segundo tomo. Al acabar el libro me ha entrado ganas de recuperar los primeros Kompakt y Border Community, que debo tener en algún rincón del estudio, quién sabe si apretujados entre las primeras ediciones de Tempa y algunas reediciones tardía de Tangerine Dream. Todo ahí a lo loco. Desordenado. Menos mal que Blánquez ha vuelto para poner orden en mi habitación.

“Pero define el espíritu de nuestro tiempo, en el que mucha gente vive en un espacio inédito que está a medio camino entre la vida física y la red digital, a la que pueden acceder a través de sus teléfonos, tabletas y computadoras. El Auto-Tune, mitad androide y mitad humano, nos habla de ese estado de suspensión. Nos guste o no, es uno de los sonidos más importantes del siglo XXI”. David Toop describiendo el Auto-Tune que es para los millennials lo que el vocoder para los de mi generación.

En eso de poner con palabras lo que te sobrevuela en la cabeza Blánquez es imbatible. La descripción que hace del “middleground”, por ejemplo, ese Dj que no conocen en el casal del barrio pero que consigue una cierta presencia entre la multitud a la que al menos le suena. No es un Dj popular pero tampoco es underground y sirve como carnaza para la rotación en la programación mensual de clubs y sin dejarse un pastón. Como Tiga, por ejemplo. Una figura típica de los dosmiles que es cuando empezaron a proliferar como setas esos clubs que no tenían miedo de la electrónica.

“Sin embargo, entre esa síntesis de nihilismo y filosofía epicúrea se ha colado un futurismo involuntario que, aislado de su contexto, solo puede escucharse con asombro: los productores de crunk, screw, bounce y trap han dado con fórmula que suena a techno a pocas revoluciones, techno que, en vez escapar a la profundidad del cosmos como respuesta a un disconformidad social, se protege del caos del tiempo presente en una burbuja de hedonismo e individualismo radical”.

Me ha interesado bastante el capítulo dedicado al rescate arqueológico, a la library music, a ese retomar hilos temporales distintos al nuestro para cambiar el pasado, a esa curvatura espacio temporal en la que vivimos todavía hoy, en la que coinciden el pasado que no pudo ser para escribir el presente, una realidad alternativa en la que la banda sonora de Valerie y su semana de las maravillas (1970) de Luboš Fišer fuera más importante que el segundo LP de Led Zeppelin: “…lo que ha llevado al crítico Simon Reynolds a sugerir la idea de que la hauntology es una forma de hip hop a la inglesa, un paisaje sampledélico construído exclusivamente a partir de fuentes originales de una cultura propia, que en lugar de ser el funk y el soul, era en el Reino Unido una especie de esoterismo campestre y audiovisual”. En términos musicales, por lo menos, vivimos en un agujero de gusano, más que en una madriguera de conejo. Otra banda sonora de película que pasamos en Cine Club Fum ya hace unos años: The Wicker Man que en 1998 se reeditó a través de Trunk Records, “uno de los primeros sellos en contagiar la gripe de las reediciones de library music”.

Hablando de legados y memoria, Blánquez también me saca de dudas en cuanto a la diferencia entre chillwave, en la que es posible apreciar “cierta ternura hacia los buenos momentos de la infancia”, con Ariel Pink y Animal Collective como ejemplos, y el vaporwave que puede parecer lo mismo que el pop hipnagógico, pero que en realidad suena a “ajuste de cuentas con el pasado”, un encarrase con aquel futuro de éxitos que se nos planteaban en los 80, abundancia material y expectativas de movilidad social, y que resultaron una estafa.

Los que no parecían nada interesados en legados, ni memorias, ni otras historias, fueron los jovenzuelos que arrasaron con la EDM y de hecho con toda la tradición electrónica de antes de su irrupción en pistas y festivales. “La consecuencia más perniciosa, en un principio, fue la de negar cualquier espacio para el underground y olvidar -seguramente de manera involuntaria- el pasado. La EDM había pisoteado una hierba que había tardado mucho tiempo en crecer”.

Me entero por el libro también que Darren J. Cunningham más conocido como Actress pasó por las filas del West Bromwich Albion, “y disputó algunos partidos en la Premier League” pero que sus contínuos problemas con la rodilla le impidieron continuar con su carrera futbolera.  He indagado al respecto y he comprobado que el WBA no jugó en Premier hasta el año 2002 con lo que muy probablemente el autor de LPs como Hazyville como mucho debutaría en la segunda división inglesa.

Ojo spoiler para acabar>>> En la página 505 Blánquez nos cuela a Kiko Rivera como ejemplo de celebrity star que se aprovechó de la aparición de botón AUTO-SYNC del Traktor. Yo creo que Blánquez ha escrito este segundo libro para incluir al hijo de la Pantoja en sus páginas.

 

Amado monstruo

Vamos con una de las novedades que hemos encontrado este mes de mayo, que ya se acaba, en la red de bibliotecas de municipales de Barcelona. Nos referimos al ensayo Este joven Monstruo, de la serie Héroes Modernos de Alpha Decay , del no menos joven monstruo Charlie Fox. Un chaval nacido en 1991, que se ha sacado de debajo de la cama una galería de personajes a partir de los cuales reflexionar en torno a lo “monstruoso”. En el libro nos dice que no debemos rechazar las transgresiones que nos proponen esos monstruos, porque eso es de niños consentidos: “Ya no pienso que el monstruo sea una figura completamente negativa; que se piense que lo es es tu maldición, ya que vives esperando un amor que nunca llegará”. Y es que lo monstruoso tal vez sea que la sociedad nos inculque ideas como que un día vendrá el amor de nuestra vida y nos salvará de todos los males. Este joven crítico la toca y bien.

Estamos, por tanto, ante un libro que  nos explica que a los monstruos se les supera entrando a fondo en las “estrategias culturales” que nos modelan de bien pequeños. Que la cultura oficial puede ser el verdadero monstruo. Aunque de cultura general, este rookie va más que sobrado. Destaca la erudición de este joven crítico cultural que espolvorea sus reflexiones con infinidad de referencias culturales que van de Stranger Things a Drácula, pasando por aquella peli de jóvenes traumados de un pueblito de Ohio, dirigida por Harmony Korine en 1997, Gummo (la foto que preside este post). Es ensayo pero con tintes autobiográficos: “Consciente de que yo, igual que tú, necesitaba una historia que explicara mi origen, mi madre atribuyó todos mis problemas corporales y mentales a una hemorragia que tuvo, el día en que, estando embarazada de mí, descubrió quién mató a Laura Palmer en el episodio correspondiente de Twin Peaks“.

“La abundancia de monstruos que hay en la actualidad demuestra que la imaginación colectiva anda algo perdida y fluctúa entre el temor de lo que la tecnología o el trauma puede hacerle al cuerpo y la fascinación por las posibilidades que estos cambios suponen. En la situación actual, parece un buen momento para echar la vista atrás, rebobinar y compilar una especie de historia de los niños prodigio monstruosos que nos permita ver el presente a través de ellos y cambie nuestra conciencia”.

Y entre los niños prodigio monstruosos que desfilan por el libro en cuestión, nos encontramos con el director alemán Rainer Werner Fassbinder, que mañana cumpliría 63 años, si no hubiera llevado una vida de excesos, tanto de narcóticos, como de trabajo (“El deseo crea al monstruo”). En sus 37 años de vida, este baluarte del nuevo cine alemán de después de la II Guerra Mundial, llegó a rodar más de 30 películas y alguna serie de televisión. En sus filmes trasciende la condición de géneros clásica y rompe con tabúes que nos conectan con la vergüenza nazi de generaciones anteriores.(“De adulto, confesó que sus padres fueron figuras borrosas que estuvieron siempre como en los márgenes de su infancia”). La cuestión gay no se trata en sus películas como una problemática a resolver por la sociedad, sus protagonistas son homosexuales y se les ve actuar por entre los pliegues de su vida cotidiana. Fassbinder hacía buenas afirmaciones como la de la teórica de lo queer, Eve Kosofsky que en 1992 comentó que “la homosexualidad es la negativa a significar algo monolítico”.

Más abajo tenéis el documental sobre Fassbinder, I don’t just want you to love me (1992) que se cita en el libro de Fox . Habla Fassbinder a cámara del caldo de cultivo de sus películas, esa sociedad alemana que en plena posguerra mantenía las contantes vitales de un pueblo que no está preparado para vivir sin un líder. Un tipo que en su primer año como director filmó cuatro películas. Uno de los productores de sus primeros pasos tras la cámara, Luggi Waldleitner, dice de él que es la mayor pérdida en Alemania después de la segunda guerra mundial, “el único hombre con el que quise trabajar”, apostilla. Su equipo de rodaje destaca la concentración con la que los actores de sus películas debían encarar una escena de la que sólo se podría hacer una toma, la clave de su prolífica carrera: “El mercado del cine no apoyaría hoy a un director que presentase cuatro películas al año”. Una de sus actrices fetiche, Irm Hermann, dice que los miembros de su generación  y la de Fassbinder, los que nace inmediatamente después de la segunda guerra mundial, no podían creer en los ojos de los mayores, había reticencias con aquella generación que había vivido y consentido el fascismo atroz del nazismo. El monstruo permanecía latente en los ojos de los padres (hablando de monstruos y ojos, desde aquí puedes recuperar los ojos más monstruosos de mis tiempos en la EGB).

“Yendo a esa velocidad no podía tener momentos de paz y reposo. Cualquier pausa conllevaba el riesgo de que aparecieran inesperados nubarrones: rabia, depresión, inercia. Como muchas personas compulsivas, Fassbinder temía que si ponía en cuestión o a prueba el mecanismo de su magia, esta podía dejar de favorecerlo. Si se detenía, quizá no fuera capaz de recuperar la antigua energía”.

Un hotel con vistas a contradicciones críticas

En el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx y en el 50 cumpleaños del mayo francés, vamos a dedicarle esta nueva entrada del blog a un libro que se presenta como historia coral de la Escuela de Frankfurt. Si, vamos a hablar del instituto de investigación social que se convirtió en altavoz de las teorías marxistas de después de la Segunda Guerra Mundial. Seguro que conoces a más de un pijo de buena familia que hace de la izquierda su bandera (sobre todo en las redes sociales donde queda mejor ser de izquierdas aunque sea de boquilla). Bueno, pues este más o menos fue el caso de estos teóricos teutones de origen judío que formaban el dream team de pensadores con la mira teórica puesta en derrocar el orden establecido, aunque la mayoría eran hijos de burgueses que habían hecho fortuna con los negocios en el mismo status quo que ellos abogaban por derrocar,

“El marxismo, una filosofía política creada por un judío, es proverbialmente mala a la hora de imaginar el futuro comunista por el que luchaba ostensiblemente el proletariado”. Los hijos de esos empresarios burgueses y judíos que inauguraron el instituto en los años 20 van a tener que lidiar con un mundo de contradicciones que los enfrentará con el confort de sus padres y de su infancia. “(…) a la Escuela de Frankfurt la financiaba el mismo sistema económico que se proponía inculpar, y el padre empresario que pagaba las facturas representaba unos valores que su hijo pretendía destruir”, se comenta la principio del libro. Una lucha edípica, con el psicoanálisis de Freud de fondo, que se va a repetir precisamente en el año 1968, con todos esos jóvenes estudiantes pidiendo acción y barricadas a los adalides de la teoría crítica que ya por entonces sobrepasaban los 60 años.  Señores mayores ya por entonces que no salieron de sus paradigmas teóricos que es donde más a gusto se sentían: “Ese es el problema con los genios sensibles: casi nunca son hombres de acción. Todas las luminarias de la Escuela de Frankfurt tenían este problema; un problema que visto de otra manera, forma parte de su atractivo”.

“Ciertamente, la Escuela de Frankfurt de la que Adorno era la principal fuerza intelectual veneraba la teoría como el único espacio en el que el orden imperante podía ser inculpado, si no derrotado”.

El título del libro Gran Hotel Abismo hace alusión al comentario que una vez le dirigió el filósofo marxista Georg Lukács a Theodor Adorno, estrella entre los renovadores del marxismo: “Están ustedes viviendo en un hotel rodeado de gran confort, pero que se encuentra colgado sobre el vacío y el absurdo…”. Pues eso mismo.

“Todos eran hombres inteligentes, para nada ajenos a la ironía de su situación histórica, a saber, que gracias a la habilidad de sus padres para los negocios ellos podían elegir el camino de la escritura y la reflexión crítica, por más que aquellos escritos y reflexiones tuviesen una fijación edípica por derrumbar el sistema político que había hecho posibles sus vidas”.

Me quedo con una imagen que resume la locura en la que vivimos y que está representada en el cuadro de Paul Klee, Angelus Novus, pintura que compró Walter Benjamin, uno de los intelectuales que alumbró las disquisiciones de la Escuela de Frankfurt. “Así es como uno se imagina al ángel de la historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Allí donde percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una única catástrofe que sigue apilando destrozo sobre destrozo y la arroja frente a sus pies. Al ángel le gustaría quedarse, despertar a los muertos, y rehacer la unidad de lo quebrado.  Pero viene una tormenta del Paraíso; lo ha golpeado en las alas con tal violencia que ya no puede cerrarlas.  Esta tormenta lo empuja irresistiblemente hacia el futuro al que él ha vuelto la espalda, mientras la montaña de escombros frente a él crece hacia el cielo. Esa tormenta es lo que llamamos progreso”.

Y aquí va un bonus extra. La última novela del escritor albanés residente en Barcelona, Bashkim Shehu, se titula precisamente Angelus Novus y entre sus páginas se describen algunos pasajes en la vida de Benjamin que murió en extrañas circunstancias en Portbou, donde había ido a parar huyendo de los nazis, a punto de dar el salto al nuevo mundo, donde se reuniría con colegas de la Escuela de Frankfurt como Adorno y Marcuse -en EE.UU. se convertiría en el Padre de la Nueva Izquierda, rol que él rehusó- que llevaban un tiempo viviendo como exiliados. “La ciudad de Los Ángeles se convirtió en el último y distante refugio de los miembros de la escuela de Frankfurt perseguidos por los nazis; sin embargo, estos inmigrantes no podían evitar la comparación entre el Tercer Reich y ese otro imperio opresivo que acechaba junto al umbral de sus puertas: Hollywood. Ese gran imperio hecho de sueños de glamour y belleza, de riquezas y éxitos”. Algunos miembros de la Escuela de Frankfurt fueron captados por Washington en plena guerra mundial para colaborar con el Gobierno estadounidense, gran paradoja pero igual no tanto, para combatir con la ayuda de sus conocimientos de la psique alemana a los odiados nazis.

Aquí podéis escuchar el programa de radio Je suis de la Martinique en el que el novelista albanés nos explica su relación con Walter Benjamin y con el citado cuadro. Una obra que respondía al tipo de arte que Benjamin valoraba y al que atribuía potencial revolucionario: “comportaba disrupción, extrañamiento, y reventar la tersa superficie de la realidad”.

 

Aquel abril de hace veinte años

 

Puede que aún vivamos en los estertores de los 90, pero puede también que el siglo XX se acabara en abril de 1998. Bueno, en realidad ese mes de abril de hace veinte años murieron tres personajes que posiblemente cubran todo el espectro ideológico y espiritual del que ha sido capaz el ser humano en todo el siglo XX. Uno se planteaba la modernidad, otro reivindicaba la vuelta a las cavernas y el tercero conecto al ser humano de ayer con el de ayer, hoy y siempre.

El 21 de abril de 1998 moría el filósofo francés Jean-François Lyotard que dedicó un montón de sus neuronas a plantearse qué hacer con la posmodernidad que ya por entonces nos asolaba.

François Lyotard, publicó en 1979 su obra más conocia, La condition Posmoderne, que anunciaba el fin de la metanarrativa, de las grandes interpretaciones generales como el socialismo o el cristianismo. El momento de las historias en minúsculas, el fin de las interpretaciones reales. La realidad explicada con metáforas. Decía en una charla en una visita a Barcelona en 1985: “El posmodernismo es acostumbrarse a pensar sin moldes ni criterios”. Se preocupó en renovar ese pensamiento de la izquierda desde perspectivas radicalmente antitotalitarias como miembro de la crew Socialismo o Barbarie, algo bastante cercano a lo que ejecutó de manera literal el bárbaro de ideas marxistas leninistas, Pol Pot.

Seis días antes que Lyotard, dejaba este mundo uno de los genocidas del siglo pasado, el líder de los terroríficos Jemeres Rojos. Después de una estancia de cinco años en Francia, donde estudió literatura, Pol Pot volvió a su país con el objetivo de devolver Camboya a la edad de piedra (y se pasó por la piedra al veinte por ciento del país entre 1975 y 1979, dos millones de personas que masacró con el apoyo de los EE.UU). Desde los tiempos de Nixon los EE.UU. estuvieron incordiando en Camboya con la excusa de la guerra del Vietnam, mantuvieron tropas en ese pequeño país del sudeste asiático con el objetivo de cortar los suministros que llegaban a sus rivales de Vietnam del Norte. Sin dar explicaciones a la opinión pública y eso que lanzaron cuatro veces más bombas que en Japón durante la II Guerra Mundial. Una guerra sucia en toda regla, en cuanto los vietnamitas invadieron Camboya los estadounidenses no dudaron en dar apoyo a los jemeres rojos (es lo que tenía la guerra fría y sus contradicciones, los estadounidenses apoyando a los rojos más rojos de aquel momento). Una vez en el poder, Pol Pot, al contrario que su homólogo chino Mao Zedong, propuso un salto hacia atrás, hacia una economía natural de carácter preindustrial. Obligó a los habitantes de las ciudades a volver al campo. Obligó a los monjes budistas a trabajar y prohibió la religión y la moneda, condenando además la ciencia occidental.

Seis antes que Lyotard y doce después que Pol Pot, el 27 de abril de 1998, moría también el chamán peruano de tradición tolteca, Carlos Castaneda. Los medios se hicieron eco de la noticia con casi dos meses de retraso, la contó en exclusiva Los Angeles Times. “Era Carlos Castaneda, autor de la serie de libros sobre las enseñanzas del mago indio Don Juan, y un mito de la espiritualidad en los años 70”, informaba El País el 20 de junio de 1998 con una noticia titulada”. Después se supo que dos días después del fallecimiento del gurú peruano desaparecieron sus cinco seguidoras y amantes preferidas que formaban parte de la secta conocida como Tensegrity: Florinda Donner, Taisha Abelar, Patricia Partin, Kylie Lundahl y Talia Bey, para cumplir con un pacto de suicidio en el desierto, en el Valle de la Muerte. Ocho años después aparecerá el cadáver de Patricia Partin.

“Diggers, infraDjs y otros desubicados”

Mañana es el día de la presentación en el Convent de Sant Agustí de Diggers, infraDjs y otros desubicados, un libro en el que recopilo una serie de artículos con los que intento describir, entre otras cosas, el sentir y parecer de algunos de los personajes que pueblan ese espacio mental y emocional que algunos llaman underground, pero de ese del que apenas se habla en los medios especializados. Gente de bien, con sus obsesiones como todo el mundo, que en los últimos diez años me ha ayudado a escuchar la vida con otros ojos. Es un libro difícil de encarar como autor. Hablo de mucha gente que conozco y que tengo a mano. Me refiero a ellos por su nombre de guerra, apelo al personaje más que a la persona. Para ganar esos centímetros de distancia necesarios para realizar un retrato.

Ni mucho menos es un directorio completista de Djs malditos. Faltan nombres, y seguro se me echan en cara estas ausencias. A medida que me voy encontrando por el barrio a algunos de ellos, me sabe hasta mal que no hayan aparecido entre sus páginas, quizá en una segunda edición. Algunos se alegrarán de no aparecer. Muchos no son fáciles de pillar con el grabador delante (otros pierden la espontaneidad que buscaba reflejar en el libro cuando se encuentran con el grabador, por ese motivo a veces he tenido que utilizar medidas no demasiado éticas).

Así que a grandes rasgos, el libro es un compendio de artículos con el que, de manera muy personal, he intentado reflejar algunas de las particularidades de un submundo del que no ha quedado constancia cuando se ha hablado oficialmente de la escena de Djs y coleccionistas de Barcelona y alrededores. Ahora que está apunto de salir publicada la segunda edición, algo así como si cogiéramos todas las etiquetas y géneros musicales que aparecen en el libro Loops – Una historia de música electrónica y nos acercáramos a todos esos conceptos a través de un microscopio, y a la vez observáramos cómo los protagonistas del libro se manejan, juegan y comunican con esas categorías técnicas de carácter cultural y musical.

Este trabajo se pensó inicialmente como un documental que tenia que ser un reconocimiento, pensé en su momento con un cierto tono crepuscular, a todos aquellos apasionados por la música con los que he coincidido en los últimos años. Esos Djs de pico y pala que no dudan en mover parte de su inmensa colección de discos, donde sea que los llamen para pinchar (por lo general en locales de medio pelo, por poco dinero y casi nunca disfrutando de las condiciones técnicas adecuadas). En el libro he reflejado parte de lo que yo me imaginaba podría ser el esqueleto del documental que pensamos hace años Gonzalo Castillo y un servidor (el madrileño es el responsable del concepto “infraDj” atendiendo en este caso al Dj infravalorado).

Este libro artesanal sirve también como lanzamiento de nueva plataforma de comunicación, Madanna Projects, ideada por la editora y diseñadora del libro Anna Caellas, alma mater del proyecto. Y sí, en él se describen batallitas, inevitable, pero también se tratan temas muy de la actualidad musical, como esa especulación tan característica de esta nueva fiebre por el vinilo que nos azota. Todo ello explicado por esas criaturas que han demostrado un amor por la música que va mucho más allá de la pura pose. Sus nombres no aparecerán en los libros de historia de la música, ni impreso en letras grandes en flyers o carteles de grandes festivales. Probablemente porque no han sabido cómo venderse al público. Estaban demasiado ocupados en que no pare la música.
Están muy locos por la música.
Y de eso también había que dejar constancia.

Con motivo de la presentación del libro he organizado una charla abierta al público este jueves 19 de abril a las 19h en el que intentaremos reflexionar, por ejemplo, sobre aquellos aspectos que legitiman hoy en día que un individuo se pueda considerar Dj. Me gustaría tocar también el tema de la edad. Debatir sobre la posición en la que queda un Dj con más de 40 años en relación a los jóvenes que plantean nuevos paradigmas musicales. “El Dj envejece mal porque cuando deja de trabajar como tal no sabe qué hacer. Siendo Dj se vive mucho porque es una dedicación en la que continuamente estás dando. Cuando ya no puedes ofrecer porque no te salen bolos, ¿qué haces? ¿Cuelgas vídeos en Facebook?”, comenta en el libro Daniel Nellstrum, digger y responsable del canal de Youtube, Tuharrdosons Beta VMusic.

También me gustaría tratar la nueva figura del digger de música digital que hacen de indexadores de chatarra digital en streaming o descargable con uno de los invitados, Daniel Madjody, integrante del nuevo medio de comunicación especializado en música urbana, El Bloque, y que nos puede hablar de todo esto como “buscador de música digital, no puramente digger de cubetas”. Me gustaría hablar también con otra de las invitadas, Ylia Beat de por qué se siente identificada con el título del libro. Me gustaría tratar con ella de las habilidades que requiere un Dj para pasar de infraDj a Dj contrastado, que es el punto en el que yo creo que se encuentra ella actualmente con bolos en toda Europa y en nuestro país donde ha acompañado a esa nueva estrella del pop que es El Niño de Elche.

El sábado 21 de abril montamos un vermut literario, ejem, en el Bar GrøG de Torrent de l’Olla, 134. Desde las 13h hasta que nos echen. Pasarán por cabina Dani Purito, La Quinta Elementa, Gonzalo Castillo y David Vladimir de los sellos Polybius Trax y Clásicos del Ruido.