Another Sunny Day: Un homenaje a Damián Mayol

Me entero por el Facebook de su gran amigo y colega del ramo Quique Matallín, de la tienda La Caixa de Ritmes ubicada en el Mercantic, que Damián Mayol ha dejado este mundo a los 54 años. Lo conoci hace unos meses en un bar de la calle Tuset donde quedamos para mantener una entrevista sobre la distribución de discos en los 80, justo antes de la llegada en masa del disco compacto. Damián Mayol es uno de los primeros dealers del pop inglés facturado a principios de los 80 y que él distribuía a nuestro país a través de su marca Red Records. Lo que antaño se llamaba música blanca: “Por el 83 y 84 ya compraba los maxis en Londres que me costaban entre 71 y 81 pesetas. Y los vendía en España a 1500 más impuestos. Aún así me los quitaban de las manos porque nadie más los tenía por aquí. Yo ya sabía que ese material no saldría en España en 8 o 9 meses. Era el plazo que tenía para ganarme la vida con ese disco”. He desgajado una parte de la animada entrevista que mantuvimos el 12 de abril del año pasado, parecía entonces bastante animado y guasón, a modo de homenaje. Sus declaraciones formarán parte de un libro sobre la Barcelona de los 80 que tengo entre manos desde hace un tiempo y que desgraciadamente Damián ya no podrá ver publicado. Otro de los testigos de aquella época que nos ha dejado recientemente es Daniel Mielles, vendedor de morro fino que en su casa me habló una vez de la época del Studio 54, que por supuesto también tendrá su hueco en un libro tan ambicioso como costoso, que ahora entiendo es más necesario que nunca.

 

Empecemos por su distribuidora Red Records y aquellas escapadas pioneras a Londres que ya son de otro siglo.
Siempre fuí el único propietario de Red Records. Yo empecé con esto de vender discos en el 82 con Red Records. Abrí tienda en Valencia. En esa época el de Manises era el único aeropuerto de todo el Estado que permitía entrar los discos como material perecedero, como las flores o la carne. Yo iba cada domingo por la noche a Londres. Empecé a visitar la ciudad con 17 años con la autorización de mi madre porque era menor de edad. Iba a Lightning que era una distribuidora muy potente. Y también a RoughTrade. Empecé trayendo cien discos semanales. Volaba a Londres el domingo por la tarde, robaba la manta del avión para pasar la noche en el aeropuerto de Heathrow estirado en un banquito. Me lavaba la cara en el aeropuerto y directo a Lightning, una macro distribuidora de música que disponía de un tren eléctrico para moverse por el almacén. Me esperaban con los brazos abiertos, llegaba el español que era un puto gracioso y les alegraba la mañana.

Otra historia era llegar al puesto de aduana y evitar las tasas.
La excursión a Londres acababa el martes por la mañana con mi paquete de 180, 190 o 220 discos. Si lograba que no me descubrieran en el control de aduanas, me ahorraba los aranceles, que era de lo que se trataba para que el precio de los discos fuera más competitivo en Valencia. Me compré un carrito para poner la maleta que entonces no tenían ruedas y así deslizarme con más agilidad por delante de la ventanilla de control del aeropuerto. Podía traer hasta 600 discos de una tacada. Tenía que agacharme y pasar por debajo del ángulo de visión del tipo de aduanas. Y llegabas al aeropuerto de Valencia y después de haber estado en la capital de la modernidad europea viendo a Joy Division, te encontrabas con el típico guardia civil haciéndote preguntas. Ese choque cultural con el del tricornio era muy gordo. Si te pillaban con los discos en Inglaterra, en vez de las 70 pesetas que te había costado en la tienda el precio subía a 300 por los impuestos, con lo que el margen se reducía mucho y el viaje no había valido tanto la pena.

Saturado el mercado valenciano, emprende nuevas aventuras en Barcelona.
Red Records me dio de comer doce años. Pero nunca gané dinero. En Valencia el mercado estaba muy copado porque éramos muchos dedicándonos a lo mismo. Radical, Disco Studio y tres o cuatro importadoras más que no recuerdo y que vendían a toda España. Así que decidí vender en Barcelona y entré en el mercado con pop inglés. Me costó porque Barcelona entonces era muy funky. Pero la marca Valencia estaba de moda en Barcelona y como yo despachaba desde allí empecé a vender muy bien. Llegué a tener 47 maleteros en toda España. Me planté en 3.600 maxis distribuidos a la semana. Si en los aeropuertos de Barcelona o Madrid te trincaban con un paquete de discos se podían tirar 15 días para despacharlo. Si tardabas esas dos semanas en recuperar los discos perdías un tiempo precioso respecto a la competencia. Mis maleteros salían con novedades que otros maleteros de la competencia ya estaban vendiendo hacía días.

La distribución de antes de la llegada del CD era una locura. Y el tema de las licencias, ni te explico. Yo he llegado a ver en el MIDEM a tres matones pegando a un empleado de los de Max Music porque debían pasta de licencias. En medio de la feria y con los tíos sangrando en el suelo. Yo iba como Red Records pero nunca conseguí nada interesante porque era demasiado comercial. Yo buscaba alguna licencia chula para tenerla en exclusiva pero no me convencía lo que veía por ahí. Yo me acordaba lo que se había vendido la semana anterior para poder pedir reposiciones y lo que ya tenía preparado para vender la semana siguiente. Pero lo que había vendido sólo un mes antes ya lo había borrado totalmente de mi cabeza. Quiero decir con esto que había mucho dinamismo en cuanto a novedades discográficas. Podía escuchar más de 800 referencias a la semana y elegir entre todas ellas. Era súper divertido.

El status del Dj va creciendo con el devenir de los años y entonces la venta también se resiente. Sobre todo cuando los Djs se tienen que comprar los discos.
Los Djs con el tiempo se convirtieron en un fenómeno súper cool. Pero los que le suministrábamos la música que pinchaban cada semana éramos nosotros los distribuidores. Si yo no traía tal o cual disco, los Djs no podían presumir después de haberlo pinchado. Creo que es justo reivindicar la figura del distribuidor de esos años 70 y 80. Alguien les vendía a los Djs esa música tan sorprendente. Después tenías problemas para cobrarlos. Algunos pillaban el disco, lo devolvían a la semana y después te enterabas que lo pinchaban en casete una vez se lo habían grabado. Me pasé mil horas conduciendo para vender discos. Era un trabajo muy divertido pero también era extenuante. Pero todo siempre fue por amor a la música. Nunca intenté forrarme. Viví bien pero sin excesos. Después entré a trabajar en Zeleste, antes de convertirse en Razzmatazz, programando 250 conciertos al año. Estuve de jefe de sala y programador.

En los 90 irrumpen Max Music y Blanco y Negro que van a comandar y saturar el mercado desde la propia Barcelona.
Eran otros tiempos. Tenías que pasar por el aro. Lo hacía yo y lo hacían muchos otros. Apoyaba mi venta comprando en Max Music o Blanco y Negro, si alguna semana me quedaba pelado de música. Y siempre tuve buena relación con ellos. Con Max Music un poco peor porque uno de los dueños era de aquella manera, pero a mí no me dolían prendas por ir allí a surtirme de stock. Igual iba a Londres y aquella semana sólo había encontrado 200 discos que me convencieran. Entonces iba a Blanco y Negro y compraba varios pelotazos que sabía que los vendería rápidamente para seguir alimentando a mis maleteros. El maletero era la cosa más traidora del mundo. Las distribuidoras nos poníamos los cuernos con los maleteros. Eran lo más veleta que podía haber en el mundo. En algunos casos había cero fidelidad con el distribuidor. Y que no te dejara pillado con pasta. Encontrar a alguien que fuera a trabajar a las discotecas por la noche y no la acabara liando era muy complicado. Aquello era puro rock&roll. Mañana quedamos a la una del mediodía. “A la una, Damián, que me acuesto muy tarde y me levanto cada día a las cinco”. Yo he trabajado de noche muchos años pero siempre intenté mantener la rutina de no levantarme demasiado tarde. De lo contrario perdías el oremus del negocio. Había que estar pendiente.

Una historia de la salsa en Barcelona

El primer programa de 2020 de Je suis de la Martinique en la emisora digital Dublab se lo vamos a dedicar el próximo 21 de enero a Isabel Llano que es doctora por la UAB, gracias a una tesis para que se titula La salsa en Barcelona. (un resumen de la misma se puede adquirir en forma de libro del mismo nombre a través de la editorial Milenio). Un paseo por la historia de los locales que desde los años 80 programan salsa en Barcelona. Isabel me puso tras la pista de dos de los pioneros en estos menesteres. Abili Roma accede a quedar conmigo una tarde de principios de diciembre de 2019 en los aledaños del mercado de Collblanc para hablar de sus proezas como promotor de la música de raíz caribeña en nuestra ciudad. Le acompaña el dominicano Carlos Dumé que nos va a regalar deliciosas anécdotas sobre aquellos años en los que la salsa se veía arrinconada por el rock y el pop anglosajón.

Empecemos por el principio que hay mucho que explicar. Por sus inicios como promotores de fiestas de salsa.

AR: Pues lo primero que viene a la cabeza es que entre mis logros se encuentra haber sido el primer manager que tuvo Mayito Fernández y su Salsa Picante. Mayito ya murió pero su mujer le sobrevive, Alejandra del Río, conocida como la iaia de la salsa. En el 87 empiezo la programación de Sabor y Salsa en la sala Cibeles de la calle Còrsega. En el 89 me voy de allí cuando el propietario, Pau Solé Ribas, me comenta que le robaban los camareros y no le salían las cuentas. “Senyor Roma es que em roben els cambrers”, me decía. Y yo pensaba, “¿y qué culpa tengo yo?”. Si el propietario de un local os pone esa excusa que sepáis que os quedan pocos días en ese garito. Hasta entonces, a mi me pagaba cada jueves 250.000 pesetas para que me apañara con la producción. Con ese dinero tenía que pagarle al presentador que era Jordi Farràs, más conocido como la Voss del Trópico, a los grupos, al Dj, al técnico de sonido y me sobraba para contratar la publicidad. En aquel año 87 de salsa en Barcelona, pues lo que pudiera tocar la Platería, la Salseta del Poble Sec y poco más. Bueno, ese año se forma el grupo Caramba a los que voy a llevar yo de manager. Y sí, yo lo veía, los camareros eran unos auténticos mafiosos que lo tenían bien montado para desviar parte de la bebida y la pasta que se generaba para sus intereses propios. Conmigo obviamente estaban felices y contentos porque les llenaba todos los jueves. Total que me voy a la sala Monumental en el 89. En esos años se escuchaba algo de salsa en el Bikini y antes en el Tabú de la calle Escudellers que es, por cierto, donde descubro la salsa. El dueño era un tal Paquito que había nacido en la caseta de tiro de una feria en una noche de tormenta durante la fiesta mayor del barrio de Sants.

CD: Por lo que respecta a mis orígenes en el mundo de la salsa te diré que en Príncipe de Asturias con Guillermo Tell, inicio allá por el año 85 la que será la primera discoteca de salsa en Barcelona, Latinos. Allí llevé a la agrupación de merengue las Chicas del Can de la República Dominicana. Fue todo un acontecimiento. Yo había llegado ese mismo año a Barcelona con mi mujer a la que conocí en Santo Domingo. Allí conocí también a un tal Jose Luis González con el que coincidí en el hotel de cinco estrellas en el que trabajaba. Cuando llegué a Barcelona como no tenía trabajo fuí a verle y me recomienda un restaurante en el que me podían dar trabajo. Cuando llego al restaurante, el encargado me dice que lo siente pero que acababa de darle el trabajo a otra persona que supuestamente se había presentado al puesto antes que yo. Y el amigo Jose Luis me dice que no me han dado el puesto porque les daba vergüenza contratar a un negro. Eso me chocó bastante.

Como no tolero que me mantengan empiezo a pensar y llego a la conclusión que tengo montar el primer local latino de la ciudad. La inmigración latina en Barcelona en aquella primera mitad de los 80 contaba con muchos chilenos que venían huyendo de Pinochet. En el 76 empezaron a venir argentinos que huían de Videla. Pero por lo general, aquel era un conglomerado de latinos de diversa procedencia. Yo venía con experiencia como relaciones públicas en hoteles de la República dominicana. Participé también en concursos de salsa patrocinados por Ron Bermúdez. Entonces fuí a hablar con un tal Pau para informarle de mi intención de montar una discoteca latina. Aquel local de la calle Mossèn Xiró, que desde el año 70 había sido la discoteca Scandia, estaba en la ruina total. Tal como la gente pagaba la entrada salíamos nosotros a comprar la bebida a un súper. Al dueño le pedí un 15 por ciento de la recaudación. No tengo dinero para mover la publicidad de la primera fiesta y me tiene que prestar 70.000 pesetas mi mujer para pagar la imprenta. Era la primer fiesta de este tipo que se organiza en Barcelona, así que era necesario hacer promoción. Empecé a mover la publi en el Instituto iberoamericano de estudios de la calle Còrsega que era donde estudiaban muchos de los latinos que venían a buscarse la vida a Barcelona. Me tuvieron que prestar los discos algunos amigos de confianza porque no tenía suficiente música para la primera noche. Lleno absoluto a todo esto. Podía disponer de los aproximadamente 40 discos que tenía a mi amigo Tirso Fernández, también dominicano pero con más tiempo viviendo en Barcelona que yo.

Latinos duró dos años, hasta el 87 o así. Y duró tanto tiempo porque un primo de mi mujer era conseller de cultura de la Generalitat, Joan Rigol, que llegó a ser president del Parlament. Era de Torrellas de Llobregat que fue donde me vine a vivir con mi mujer. A través de él nos aguantaron dos años. Hasta que la presión vecinal hizo insostenible la situación y me fuí a la calle Balmes con la Granada del Penedés para montar el Saoco en el 88. Y me llevé conmigo a la clientela de Latinos, claro. Llegué a tener 25.000 inscritos en mi newsletter, a los que les enviaba las tarjetas para entrar en el local por correo ordinario porque no existía internet aún. Con Abili monté otro local mítico el Antilla en el 92 al lado del Luz de Gas. Como el local se me hizo pequeño tuve que ir a buscar otro sitio en Consell de Cent con Rambla Catalunya que se llamó Raíces y donde cabían 1000 personas. Abili se quedó en el Antilla.

Del Saoco también me tendré que ir porque el local estaba en disputa entre un señor hindú y tres miembros del clan de los Jodorovic, a saber, Luis, Juanito y Simón. El padre de los Jodorovich echó a los marselleses del barrio Xino a punto de pistola. Desde entonces tenían fama de ser gente peligrosa, pero de verdad. Y yo no sabía quién era el propietario real de la discoteca. Si tenía que arreglar cuentas con el hindú o con los familiares de los Jodorovich, eso no quedaba claro nunca. De ahí me fuí a abrir Raíces que fue tan bien que el dueño en cuanto llegó el dinero empezó a negociar a mis espaldas. En ese local de Consejo de Ciento, 294, de tres plantas, cabían más de mil personas, allí estuvo Duetto, también se abrió Centro Ciudad, y más tarde El Coño de Tu Prima. Tuve que pintar el local y darle un toque más caribeño. A todo esto, al señor Blanco, dueño del local le da un infarto de la cantidad de deudas que acumula. Abajo merengue y salsa y en la sala de arriba boleros y músicas más íntimas. Hasta que descubro un clásico de la noche entre propietario y promotor. El tío estaba negociando a mis espaldas con dos empleados míos para echarme del local y quedarse todo el pastel. Yo ya había firmado contrato con él, algo que aprendí que es vital para evitar problemas con el propietario de la sala. Le pedí lo que a mi me correspondía y se podía quedar con las fiestas. El tipo me pagó cinco millones de pesetas. Pero lo que él no sabía era que el público se iba a venir conmigo.

Monté el Guacara Taina en el 97 donde ahora está el Arena a imagen y semejanza de la discoteca del mismo nombre en Santo Domingo. Yo quise rescatar la cultura taína de los habitantes precolombinos de las Bahamas y las Antillas. Fue un súper éxito, incluso Cadena Dial me apoyó bastante en la inauguración. De Abili aprendí a gestionar mi mailing de clientes como si fuera oro. Lo mandaba todo por correo. Era un dispendio de pasta y tiempo. Lo que a mí me ayudaba era que, como entonces era profesor de salsa, pues todos mis alumnos venían al Guacara Taina a presumir con lo que habían aprendido esa semana. El público que había entonces era más pacífico que el de ahora. Tenías a mil personas en una discoteca y raramente pasaba algo malo. Hoy en día tenemos un público muy complicado.

AR: En aquella época el amante de la salsa era un auténtico militante. Escribí un artículo en el año 78 para la revista Show Press titulado Viva la Música en el que denunciaba que los críticos musicales de Barcelona pasaban más tiempo describiendo cualquier minucia de un grupo anglosajón que de promocionar otras músicas más minoritarias que estaban empezando a tener su propio espacio en la ciudad. Un día me encuentro al crítico de El Periódico en un concierto en el Zeleste y le digo que se pase por la sala Cibeles a ver lo que hacemos. “A ver si me entiendes es que yo soy crítico de música”, me llegó a decir. “Ah, claro, lo que hacemos allí no tiene nada que ver con la música. Ya te entiendo, ya”, le respondí. A todo esto tuve que convencer a un montón de músicos que estaban ya más metidos en otros sonidos como el jazz o el rock para que volvieran a reunirse y tocar salsa en mi local. A varios de ellos les ofrezco pasta por venir a tocar tal noche y entonces se ponen las pilas y se reúnen para ensayar salsa. Un día montamos una tormenta de ideas para ver qué titulo le ponemos al disco que acababa de grabar Mayito Fernández y salta el bajista Xavier Batllés que era también muy combativo y dice: “Ya lo tengo, lo podíamos titular Cómeme el rabo rockero”. Y claro, Mayito escandalizado: “Estás tu loco, quieres que nos maten a latazos cuando estemos encima de la tarima”. Al final el disco salió publicado en 1990 con el título Arrasando. Era combativo pero bueno. Teníamos que luchar porque el ambiente no nos era nunca favorable.

AR: Porque en los 80 y 90 había menos latinos en Barcelona y la tendencia al ghetto era más difícil que se diera. No había gente suficiente de un país concreto como para que se produjeran este tipo de ghettos. En el Antilla, por ejemplo, la consigna era que todos los clientes se sintieran como en casa, pero que nadie se pensara que es su casa. Me decían los jefes del Antilla que no querían gitanos. Y yo les respondía: “Els gitanos són cosa meva”. Yo vivía en Gràcia y por la sala Cibeles pasó todo el barrio. Incluso les abrí el local para celebrar una fiesta gitana, que fue la primera y la última, porque arrasaron con todo. Pero bueno, yo conocía a ese público y sabía cómo tratarlo. Ahora las discotecas son de colombianos, de ecuatorianos… Ya no se mezclan clientes de diferentes nacionalidades en una misma discoteca porque hoy sí hay público suficiente como para crear ghettos de un país concreto.

CD: Yo que tuve que montar fiestas para clientes de diferentes nacionalidades y te puedo decir que nos encantaba esa fusión y poder mostrarle lo que era una cumbia a un cubano o un merengue a un chileno. Había un grupo cumbiero que era salvadoreño que se llamaba La Sonora Dinamita y cuando yo ponía un dísco de esta gente, un tema que se llamaba Carmen, y decía “Carmen, se me perdió la cadenita” y la cantaban en pista chilenos, colombianos… Se convirtió en una especie de himno entre miembros de varias nacionalidades.

Abili se pondrá a montar conciertos para instituciones públicas como el veraniego Grec. Supongo que es uno de los primeros síntomas de que todo se va normalizando.

AR: Pero antes de eso tengo os explico que en el 84 estoy casado con una chilena que es la madre de mi única hija. Por entonces reaparecen en mi vida unos amigos chilenos de mi mujer que vivían en Frankfurt donde habían montado una agencia de management que se llamaba Macondo, como el pueblo de Cien años de Soledad, ya tenía un sentido en relación al concepto de la América total. Yo por entonces trabajaba en TVE porque yo soy periodista, de la segunda promoción de la UAB. Desde el 78 hasta el 84 estoy trabajando en el mismo equipo de Joaquim Maria Puyal para el circuito catalán de TVE. En el 85 ya trabajo en mi primera producción para los chilenos con el grupo Inti-Illimani a los que les monto un concierto en el teatro Victoria de Barcelona. Al poco descubro al grupo Caramba en el antiguo Bikini de Diagonal y, como te dije antes, me pongo a trabajar con ellos como manager. Los chilenos traían a Europa artistas como Atahualpa Yupanqui o Mercedes Sosa y me los envían para Barcelona.

En el año 86 existe la posibilidad de traer a Rubén Blades al Poble Espanyol y se convierte en mi segundo bolo en la ciudad. El mismo 87 dentro de la programación del Grec monto el primer festival de salsa en el Poble Espanyol. Allí estuvo Ray Barretto, Tata Güines, Luis Perico Ortiz con Domingo Quiñones cantando y el Combo Belga porque había trabajado con Seju Monzón, que seguro sabéis es el hermano del Gran Wyoming. El nombre entero era El Combo Belga y sus furiosos rumberos. Para la segunda edición del festival del 88 traigo por primera vez a Barcelona al Gran Combo de Puerto Rico, tal vez el grupo más famoso de aquel país, y al sexteto de latin jazz del trompetista cubano Chocolate Armenteros, a nada más y menos que a los Van Van y aprovecho y meto a mi grupo que eran los Caramba. Visto ahora con perspectiva era todo un festivalón.

Donde conseguían los discos en aquellos 80 en los que la distribución de este material llegaba a cuentagotas…

CD: Yo en el año 89 veo que no encuentro música para mis fiestas y decido viajar a Nueva York para comprar CDs que aquí no se conseguían. Yo traigo bajo el brazo las primeras copias que llegan a Barcelona del Devórame otra vez. Había que tener visado para entrar en EE.UU, y yo conseguí uno indefinido porque el cónsul americano en Barcelona que era amante de la salsa y cliente mío me facilitó uno. Me dijo trae para acá y me lo extendió. Vine de Nueva York con merengue, salsa y otras cosas que aquí no se encontraban.

AR: En el 87, cuando estoy preparando la programación del Sabor y Salsa, descubro en Discos Castelló se pueden conseguir referencias del sello Fonomusic que tomó el relevo de Discophon a la hora de publicar en nacional, desde Barcelona, mucha música que nos interesaba, como la discografía en vinilo de Fania. En la sala Cibeles tuve de Dj titular al gran percusionista Nan Mercader que tenía mucha música y trabajaba en el Bikini.

Seguro perdieron dinero en aquellos años.

AR: Pues si. Perdí bastante pasta cuando traje al pianista puertorriqueño-estadounidense, Eddie Palmieri. Desde entonces a Palmieri lo relaciono con palmar pasta. Pero se dio cuenta de la jugada y como le supo mal que no viniera mucha gente me dijo que la próxima vez que quisiera contratarle que le escribiera personalmente para rebajarme en el precio. Un tipo increíble.

Ray Barretto era un tipo afable pero era de la cocina del Bronx, de los duros, tenía unas manos que te daba un ostia y te dejaba en el suelo. Es de los percusionistas que mejor se ha vendido al público. Su gran mérito como percusionista fue formar una orquesta que sonaba como los ángeles. Normalmente los directores de orquesta son bajistas o el pianista, eso es así. Hay excepciones, como Roberto Roena que es bongosero. Cuando traigo al festival de salsa a Barretto también traigo a un grupo de Alemania que traía como invitado a Tata Güines, después de Chano Pozo ha sido el mejor percusionista que ha dado Cuba. Y Barretto me dice que quiere aprovechar para ir a ver a Tata Güines que antes del festival toca en mi club un jueves, en Sabor y Salsa. En aquella época que un ciudadano norteamericano como Barretto se interesara o confraternizara por un cubano como Tata Güines era una cosa impensable en plena guerra fría. Subo a Barretto a la parte de arriba del club para que nadie le molestara como estrella internacional que era. Y dice Tata Güines: “bueno la controversia ya está formada entre Barretto y yo”. Y Barretto responde: “¿Vamos a conversar o vamos a hablar mielda?”. Barretto admiraba a Tata Güines o a Chano Pozo, los dos cubanos. Barretto me contó que a veces tocaba en el Palladium y que en los descansos se escapaba corriendo para ver un rato a Chano Pozo que en ese momento estaba actuando en otro club. Lo mismo con Chano Pozo cuando pudo entrar en EE.UU.

Lo primero que me dice Barretto cuando aterriza en Barcelona es que tenía que ir a ver a Tete Montoliu. Yo me quedo extrañado porque no sabía que lo conociera. No pudimos dar con Tete. Y al segundo que quiso ver fue a Xavier Cugat que, por entonces, vivía en el hotel Ritz. Vamos para allá, pregunto por él y me dicen que estaba en Sitges con la Nina que era su niña mimada.

La salsa nace en plena guerra fría y con connotaciones políticas que igual hemos olvidado…

CD: Ha habido una frontera histórica entre la música cubana y la salsa, que no debemos olvidar que es un invento estadounidense que utilizaron para bloquear a la industria musical cubana. La salsa originalmente estaba formada en su mayoría por artistas cubanos exiliados en Nueva York. A finales de los 60 es cuando nace la Fania All-Stars y más tarde en el 72 llega una película titulada Our Latin Thing que yo me acuerdo de verla de muy joven en un cine de Santo Domingo. Y aquellas imágenes de la banda en directo impactaban por la explosión de metales y trompetas. Y a la vez creaba eso mismo, un stars system de músicos que se acabarían comiendo el mercado latino. Desde entonces nuestra cosa latina venía representada por la banda Fania All-Stars que se apropiaron de ese concepto de latinidad que traspasa fronteras desde los EE.UU. A partir de ese momento ya nadie compraba un disco que viniera de Cuba. La salsa y la salsa y la salsa. Todo era salsa a partir de la Fania All-Stars. Por eso el término salsa no se reconoció durante años en Cuba.

AR: A Joan Claramunt, un empresario catalán que tenía una empresa de importación los cubanos, le endosaron Artex que era la empresa pública de representación artística internacional de los artistas cubanos. Lo convierten en agente para Europa. Es decir, cualquier grupo cubano que viniera a Europa a él le reportaba un buen porcentaje. Todo lo cubano pasaba por él. Lo primero que trae es un grupo que se llama Anacaona en la que canta una tral Lucrecia que hoy conocemos todos por la televisión. Estuvieron un mes girando por Europa. También preparé en el año 90 con Claramunt una gira con Tropicana que duró 21 días. Acabó como el rosario de la Aurora porque muchos cubanos se quedaron en Madrid como exiliados. La comisaria política pidiéndome que investigara a ver cuales eran los movimientos de los artistas y cúales eran los cabecillas de la espantada. Yo era muy claro. Yo soy un profesional del management artístico. No un confidente. Algunos artistas cubanos a media gira me decían: “Oye si me quedo aquí en España, ¿ te voy a perjudicar?”. Yo les decía que a mí no. Mi compromiso con Cuba era pagar su repatriación. Si no se querían volver ese no era mi problema. Más bien era el suyo, porque sin papeles lo tenían mal en cualquier país europeo. A mi no me podían acusar de nada. Pero eso sí, les avisaba que en tres meses iban a tener “gorrión”, es decir nostalgia, “y entonces no vas a poder a volver a tu país en unos años”. Unos me hicieron caso y otros no.

La primera vez que voy a Cuba fue en el 87. Y Nan Mercader y mi amigo Pere Gómez me dicen que una vez allí tengo que contactar con un tal Gonzalo que vive en Cojín y que me podía ir a su casa. Y así lo hice. No veas en casa de Gonzalo la de gente extraña que conozco: por ahí pasaron un tal Jose Luis El Asesino, Juan Carlos El Colorao, El Cayohueso… Una vez le llaman para decirle que habían trincado unos doscientos tejanos o pitusas como los llaman allí. Y acto seguido él llama a otro tipo que sabía que los iba a comprar y los pone de acuerdo. Lo tenía bien montado el tío.

CD: Yo cuando ya estaba Gonzalo por aquí lo pongo a trabajar en el Bohío y en un mes ya se habían “perdido” 150.000 pesetas. Era un bandido que no veas. Increible. Qué lindo que tu y yo estemos vivos para contar estas historias.

Anoche un Dj me salvó la vida

La traducción al castellano de “Last Night a Dj Save my Life” que salió a principios de verano a través de la colección de ensayos Temas de Hoy de la editorial Planeta me ha animado a enfrentarme a las más de 800 páginas del libro definitivo sobre el storytelling del Dj. Si para ser un  clubber con galones tienes que haber pasado alguna vez en la vida por festivales como Monegros, para presumir de ser un entendido de la música hay que leer este libro en algún momento (esto me lo acabo de inventar). Ya sabes a qué libro me refiero, a la evolución del Dj desde mediados del siglo pasado hasta nuestros tiempos del Soundcloud, repasada a cuatro manos por Frank Broughton y Bill Brewster. Esta traducción pertenece a la última revisión, la de 2014 (de las varias revisiones por las que ha pasado el libro desde su publicación original en 1999). Un libro que hay que seguir con el Youtube abierto al lado para disfrutar de las aventuras de Dj pioneros en el arte de mezclar discos, que ni siquiera hoy tienen entrada en la Wikipedia, como por ejemplo Terry Noel (“el primero al que se le ocurrió que dos discos podían fundirse en uno de alguna forma”). Por su parte, Francis Grasso fue el primero en dotar de armonía a esa selección concatenada de temas mezclados “como si fueran movimientos de una sinfonía”.

“Para llegar a ser un buen Dj uno tiene que desarrollar el apetito. Uno tiene que buscar discos nuevos con el celo desquiciado de un cazafortunas en plena fiebre del oro, excavando durante una temporada de nieve. Uno tiene que desarrollar un entusiasmo  por el vinilo que raye en lo fetichista. (…) La gente pensará que eres aburrido, tu piel se resentirá, pero uno encontrará sosiego en las conversaciones largas e impenetrables con colegas enganchados a los números de catálogo de Metroplex o a los etiqueta blanca de Prelude“.

El libro está escrito desde la perspectiva de la Pérfida Albión. No por nada, los ingleses siempre ha  estado a la cabeza del discotequeo, un mundo el de los Djs y las discotecas que desde finales de los 60 “había madurado más rápido en el Reino Unido que en Estados Unidos; quizá fuera porque los británicos suelen invertir mucha más energía en su cultura juvenil, más permeables a las novedades foráneas y con una estructura social que suele apelar a sus estratos más bajos. (…) Quizá sea así porque Gran Bretaña es una nación forjada en el deber, un país de súbditos y no de ciudadanos, cuya juventud emplea mucho esfuerzo en intentar evadirse”. Los ingleses históricamente han contado con las discotecas, pero los americanos con los discos (y además bien prensados). En este aspecto destaca el capítulo del northern soul que trajo al Dj del norte de UK la obsesión por la rareza en vinilo.  Empezó a escarbar en el pasado del soul hasta que se encontró en un callejón sin salida. Pero para entonces, los Dj de northern soul ya se habían convertido en  los primeros en coger aviones para ir a por discos al otro lado del Atlántico. El concepto del Dj entendido y enciclopédico, en materia de música de baile, se la debemos precisamente al northern soul. De repente, el Dj connoisseur se convirtió en un trainspotter,  es decir, “un vigilante de lo que nadie tiene”. Una escena la del northern soul, no muy conocida en nuestro país, pero que puso en el mapa a ciudades británicas de segunda, en materia musical, como Stoke o Blackpool. En Barcelona disfrutamos durante años de uno de los Djs más destacados de esta sensibilidad por el soul añejo, Keb Darge habitual del Powder Room de los jueves en en el Apolo de mediados de la década pasada.

“Un Dj es un consumidor de música grabada: compra un disco y lo escucha, como lo haría cualquier otra persona. Sin embargo, como su público también escucha ese disco, el Dj también está, en ese mismo momento, creando un producto: la interpretación de la música que contiene ese disco. Y las selecciones  que decide como consumidor (qué discos compra y escuchar) son una parte definitoria  de su valor como productor (de cuán creativo y distintivo es). La práctica del consumo como creatividad es un acto muy posmoderno, como podríamos demostrar si nos prestaras tu tarjeta de crédito”.

Algunos momentos cumbre de la historia del Dj. Por ejemplo, la importancia de la música facturada en Jamaica que se convirtió en la primera en no concebirse como un producto acabado, la pieza entera es “una herramienta más en la paleta instrumental”. Por tanto, la rúbrica final en este caso correspondía al Dj y sus habilidades para pinchar el extracto adecuado ante el público. La trascendencia de la música disco en la aparición del doce pulgadas y responsable última de que el Dj entrara en el estudio de grabación como experto en hacer bailar. El disco tuvo en los sellos pequeños su particular correa de transmisión, algo que lo sellos grandes no fueron capaces de aprovechar con álbumes ruinosos en ventas. La prensa, para variar, también se enteró tarde del fenómeno: “John Rockwell todavía escribía análisis hegelianos sobre los Sex Pistols en el Sunday Times mientras dos tercios de la ciudad escuchaba a Donna Summer“. Y llegados a este punto de la fiebre por el disco, me detengo en Studio 54 para recordar la figura de Richie Kaczor, uno de sus djs residentes y que se montó en un avión en el año 1980 para ayudar en el montaje de la futurista cabina de sonido del Studio 54 del Paralelo barcelonés, convirtiéndose en el primer Dj de la discoteca barcelonesa antes incluso que Raúl Orellana (este aporte barcelonés es de mi cosecha, no del libro). Hablando de plumillas musicales. Cuando periodistas de los medios ingleses NME y The Face volaron hasta Detroit para investigar sobre el techno y entrevistaron por primera vez a los popes Kevin Saunderson, Derrick May y Juan Atkins, tratándolos como si fueran una especie de nuevos poetas, provocó sin querer que las mentes brillantes del techno reflexionaran aún más sobre lo que estaban haciendo.  Esa atención mediática llegada del otro lado del charco  empujó al techno de raíz a que se volviera más intelectual e introspectivo.  “A la larga, sin embargo, analizaron esta música tan exhaustivamente  que las aspiraciones y primeros métodos de trabajo del tecno empezaron a malinterpretarse como principios inmutables (…) Se coló una actitud purista que sirvió de alguna forma para fosilizar el sonido: esas cuerdas orquestales, ese hit hat gélido. A veces, la visión del futuro nacida en Detroit parece haberse estancado en 1987”.

“Mientras que al house le encantaba recalentar canciones viejas,  el tecno rechazaba esa tradición. Mientras que el house se regodeaba  en el disco con funk y soul, el tecno se quedaba transfigurado con la versión computerizada y veloz de Giorgio Moroder. Cuando el house robaba melodías y líneas de bajo al por mayor, el tecno componía nuevas, nota por nota. El tecno tenía que ver con regresar a los principios básicos, a los sonidos y a la composición, al arte musical”.

Nombres de aquí que aparecen en el libro, por ejemplo, la banda de rock funk latino Barrabás, una de las preferidas de David Mancuso que se hartó de pincharlos en su mítico The Loft. Pero imagina por un momento que apareces en el libro más importante de tu sector…. pero tu apellido figura mal escrito. Pues eso es lo que le ha pasado al Dj de acid house César de Melero, uno de los primeros en introducir este sonido en Barcelona, que aparece citado una vez pero como César de Molero (como ejemplo de Dj de Ibiza que se desplazaba a NY a por discos). Veo que el fallo en su apellido se lleva arrastrando desde la edición de 1999. Ya he llamado a Planeta para ver si se puede corregir este entuerto en futuras ediciones. De nada, César.

“Chicago es famoso por su inventario de vocalistas curtidos en las iglesias. Estas voces angelicales trabajan constantemente porque la ciudad es la capital mundial de las canciones publicitarias. Una feliz mezcla parecida de lo sagrado y lo profano es exactamente  lo que potenció el house.  Era un género inspirado tanto en los clásicos espirituales bailables de los setenta como en la tecnología básica de los ordenadores comerciales. Gracias a esta combinación,  en un proceso que no debe prácticamente nada a los músicos y casi todo a los Dj, Chicago era el ejemplo más claro de cómo el disco continúo felizmente con un nombre distinto”.

La verdad es que la traducción es un tanto sui generis ya que contínuamente se habla de discyoquear, de tocar en vez de pinchar y de sellos blancos en lugar de white labels. Parece ser que la razón de este léxico se debe a que el libro también tiene como target al público latinoamericano. De todos modos habría que repasar el libro entero porque también se refiere a Ofra Haza como si fuera un tipo y en realidad era una mujer que por cierto murió prematuramente en 2010. De mujeres Dj se habla en la página 688, en el capítulo dedicado a los delincuentes, y aquí se entiende por delincuentes a los que subvierten las leyes establecidas, no a los que empezaron vendiendo pastillas en los aledaños de la pista de baile, y en ella se cita a una ristra de Dj féminas que destacan en el panorama actual como Maya Jane Coles, Annie Mac, Magda, Cassy, Miss Kittin, Steffy y Tama Sumo (“la favorita del Panorama Bar“). “La más polémica sin duda es Nina Kraviz, la Dj siberiana cuya aparición en una tina hablando sobre la necesidad de tener encuentros sexuales de una noche  en el perfil de Resident Advisor produjo discusiones acaloradas en los foros de música de todo el mundo”. Sharon White (la tienes abajo) y Susan Morabito como pioneras en cabinas de música disco como las del sofisticado circuito de Fire Island de Nueva York.

El libro me ha servido para aclarar, por fin, una duda que llevo arrastrando desde hace muchos años. Resulta que en muchos recopilatorios de new beat, como el último que salió acompañando el documental The sound of Belgium estrenado en 2015 en el festival In Edit, aparece siempre una canción titulada Elle Et Moi de Max Berlin que remite más al pop de Serge Gainsbourg o al soul aterciopelado de Barry White, que al ritmo marcial y robotizado creado por los belgas (de hecho, Gonzalo Castillo y un servidor nos hemos hinchado a pinchar en hoteles). Parece ser que el responsable de que este tema se relacione siempre con el new beat fue el olvidado Ronny Harmsen aka Fat Ronny, residente del Ancienne Belgique de Amberes y amigo de vaciar la pista con “temas extraños” para volver a llenarla de bailarines nuevamente desde cero. Lo que allí pinchaba era una mezcla de temas raros, “una especie de atmósfera fílmica oscura”, que inspiró el reptar del new beat. Tal es la devoción de los seguidores del estilo por este Dj, que en realidad no era tan gordo, que sus temas siempre se incluyen en estas compilaciones. “Como la música de Ancienne Belgique era la escena de donde salió el new beat, ahora se consideran todas esas canciones como clásicos del new beat, aunque no lo sean originalmente, de la misma forma que una canción de Eddie Grant podría ser un “clásico del garage” (es decir, que se tocaba en el Paradise Garage) aunque no tenga ni una gota de ese género”. Más abajo tenéis una grabación del propio Fat Ronny que se inicia precisamente con Elle et Moi.

Playing Changes: el Jazz escapa del anticuario

“Durante el final del siglo pasado, el jazz fue consagrado dentro de la imaginación popular como una práctica histórica, una serie de códigos a ser reproducidos interminablemente. Las fuerzas del mercado -estimuladas por una campaña incansable de reediciones, compilaciones, tributos y emulaciones- alimentaron una percepción extendida de que el género había alcanzado su cúspide en una ya remota edad de oro”.

El libro que nos ocupa sale a la venta en plena celebración del festival de jazz de Barcelona y del JAZZMADRID, que acaba de inaugurar Herbie Hancock, y con el documental de Miles Davis a punto de caer en el In -Edit. Esta semana llega a las librerías la traducción al castellano de Playing Change, por obra del ínclito Javier Calvo y cortesía de Alpha Decay, libro guía del crítico estadounidense Nate Chinen que nos conducirá por los vericuetos de la nueva camada de artistas de jazz. Así que quedamos en que el libro llega coyuntural y estructuralmente en un buen momento. Hay un interés renovado por el jazz. Y además entre los más jóvenes.  Chinen te pinta que es lo que se mueve por esta nueva corriente de jazz, más aperturista y en sintonía con los tiempo que vivimos.

“El jazz siempre ha sido una frontera de exploración y de experimentación en registros múltiples. Eso es tan cierto ahora como lo ha sido siempre. Hoy en día, sin embargo, las prácticas de la vanguardia y las invenciones formales se han infiltrado en una medida asombrosa en la corriente central del género, desplazando el centro estético de la música. Ni siquiera una corriente renaciente del hot jazz de anticuario”.

El libro, así en general, desmonta esa idea generalizada de que el jazz sigue siendo una música minoritaria y producida por virtuosos. Si señoras y señores, el jazz ya no es aburrido. Ha roto su protección de ámbar y ya no tiene nada que ver con aquel que se facturaba, pongamos por caso, a principios de los ochenta. “En aquella década el jazz se había vuelto sinónimo de respetabilidad, encajando con la idea de que era “la música clásica de América (…) Era histórica a ultranza, eternamente empeñada en recuperar la atmósfera de 1959, o de 1963. La idea de que el jazz era elegante pero inerte”, comenta Chinen que nunca abandona el tono pedagógico para enganchar a todos aquellos que se esperan a la madurez para probar las mieles del jazz. El jazz ha dejado de ser el fósil en el que se convirtió a finales del siglo pasado. Camina. Anda. Vuela. Está más vivo que nunca. Sólo hay que escucharlo. No muerde. “Siempre digo que el problema de la “accesibilidad” del jazz no es el contenido de la música, sino la capacidad de la gente para acceder a ella. O sea, si empiezas por no escuchar los discos ni ir a conciertos, ¿cómo vas a oír jazz? ¿Cómo?”, se pregunta Chinen.

“Da igual cómo decidas llamar a la música, el jazz es igual de volátil y fecundo ahora que en cualquier otro momento desde sus inicios. En vez de rigurosas oposiciones binarias y de facciones enfrentadas, lo que tenemos delante ahora es un embrollo de alineamientos contingentes. En vez de una presión para definir y de un estilo predominante, tenemos permutaciones sin límites y carentes de parámetros fijos”.

Cada capítulo del libro está dedicado a un aspecto concreto que da forma a este nuevo jazz, en realidad un continuum con menos de 100 años de vida, y acompañado de una lista final de álbumes ilustrativos de eso que nos está explicando el autor. Por ejemplo, en un capítulo nos habla del aperturista repertorio de músicos como el pianista Brad Mehldau, sin miedo a incorporar versiones de temas originales de Radiohead. De tal modo que en 2004, la revista Jazz Times llegó a publicar un artículo mordaz ya desde el título:  “Radiohead: ¿los nuevos autores de estándares?”. En el contexto neoclásico de los 90 se empieza a admitir en el repertorio de jazz la música folk de raíz americana. Una década después se daba por sentado que cualquier cantante contemporáneo de jazz podía hacer incursiones en el folk rústico, en la world music o en el pop y soul adultos. Y en esas que el grunge de bandas como Alice in Chains, Soundgarden o Stone Temple Pilots también pasa por la paleta de arreglos del citado Mehldau. En el museo de arte moderno de Nueva York, Met Breuer interpretó junto a sus compañeros Stephan Crump y David Gilmore, un tema llamado “Hood” dedicado al maestro del techno minimalista Robert Hood (“adoptó la forma de un largo y acechante crescendo compuesto de detalles acentuales volátiles”). Vamos que el jazz incursiona en el pop y aquí no ha pasado nada.

“Los riesgos para los rebeldes de hoy son distintos. Quizás sean artistas dispuestos a afrontar los bostezos, los ojos en blanco, las sonrisas desapegadas, el codazo en las costillas, la parodia de los ironistas hábiles, del “oh, qué banalidad”. A hacer frente a las acusaciones de sentimentalismo y melodrama. De exceso de credulidad. De blandura”. David Foster Wallace en un ensayo de 1993.

El saxofonista Steve Coleman  también cuenta con su propio capítulo en el que se detallan las particularidades de su concepto artístico M-Base, siglas de “Macro-Basic Array of Structured Extemporizations”. Un enfoque panafricano de lo que viene a ser la música improvisada y que sirve de sistema de expresión creativa con raíces en la improvisación y “orientado en transmutar experiencia humana en sonido”. Un mensaje de la vanguardia negra y joven: “formalmente inventivo, estéticamente progresista y culturalmente avanzado”. El propio Steve Coleman se interesó por culturas como el hip hop, concretamente por esa práctica llamada cypher, que consiste en una reunión en forma circular en el que raperos, beatboxers y break-dancers se enzarzaban en una batalla de ingenio. “El hip hop era una lengua franca para el pianista Jason Moran y sus compañeros de banda, sobre todo Mateen, que tenía una relación estrecha con miembros de la realeza del rap de Atlanta como Outkast y Goodie Mob. De forma que para su proyecto The Bandwagon tenía tanto sentido samplear un tema como “Planet Rock” (que a su vez estaba construido sobre un sampleado de “Trans-Europe Express” de Kraftwerk) como reformular una melodía de Ellington de la década de 1930″.  El propio Moran fue el responsable de que Q Tip acabara de director artístico de cultura hip hop en el Centro John F. Kennedy para las artes escénicas de Washington DC en la que Moran ejercía de director artístico.

Efectivamente, el libro pone el acento en formas callejeras como el hip hop que tanto han hecho para que el jazz se sacuda de encima el moho del anticuario. Coleman entendió que el futuro de la música en general pasaba por una globalización bien entendida y se pasaba temporadas de un mes en países como India, Senegal o Brasil, con el único objetivo de investigar los lenguajes musicales de esos países y adoptarlos en sus experimentaciones: “Cuando se produce un bajón de actividad simplemente aumentas la parte de los estudios. Aprovechas la oportunidad para estudiar”. Hay que formarse siempre. Y más cuando tocas jazz en el siglo XXI. “A lo largo de todo el espectro de estilos, la tendencia en alza es un mayor énfasis en las ideas. Para ser un jazzista de éxito hoy en día hay que ser, en cierto nivel, un artista conceptual”, nos recuerda Chinen, que continua unas páginas más adelante diseccionando el modus operandi de la industria del jazz de hoy: “Mientras que los músicos de jazz de épocas pasadas se podían ganar la vida con las ventas de sus discos y los ingresos de sus giras, el modelo dominante actual implica tener un cargo institucional y un trabajo en la enseñanza. El modelo del mentor y el aprendiz se gesta en las instituciones, como es el caso de la School of Jazz and Contemporary Music, que promueve una dinámica de mentores entre su profesorado, algo que no pasa desapercibido entre los que se plantean ingresar en la escuela”.

Y si no llegan las ideas por si solas, ahí están tus amigos del neo soul para ayudarte. Como el colectivo Soulsquarian que usaron los Electric Lady Studios, bautizados por Jimi Hendrix en 1970, incubadora de álbumes clásicos de Stevie Wonder y de los Rolling Stones, como si fuera un club social donde además de grabar discazos de Mos Def, D’Angelo y Common, entre otros, se iba a escuchar y a analizar música: “Questlove y el propio D’Angelo se apoltronaban para estudiar cintas de vídeos piratas de Prince“. El libro también profundiza en la importancia de J Dilla en el uso del sampler y de como extraía lo que nadie más escuchaba de temas de Bill Evans o Herbie Hancock. Entre algunos miembros de la comunidad del jazz avanzado era un signo de distinción nombrar a Dilla. Karriem Riggins, batería de jazz y amigo de Dilla que había trabajado con Common, se encargó de retocar el disco póstumo de Dilla, “The Shining”. Y como influenció a estrellas del jazz que se contaminaron de estos dos mundos, como, por ejemplo, Robert Glasper: “Cada vez que toco algo quiero hacerlo de forma auténtica. No quiero que suene como si estuviera tocando en plan jazz, ni tocando en plan hip hop”. El mismo Glasper comenta que el problema central del jazz es que “se habían acostumbrado a tocar más los unos para los otros que para el oyente profano”. También tenemos a  Mark Guiliana, que está programado para la edición de este año del festival de Jazz de Barcelona con su proyecto Beat Music, al que le gusta citar entre sus influencias a creadores británicos de beats alucinógenos como Squarepusher y Aphex Twin. Flying Lotus también tiene su espacio en el libro y además su You’re Dead en Warp aparece en la lista del final de los mejores LP de jazz de lo que llevamos de siglo (“Reverenciaba la atrevida fusión que habían practicado a mediados de los años setenta George Duke y Miles Davis“). Quién nos iba a decir hace 15 años que el sello Warp aparecería citado en un libro sobre jazz.

“El jazz siempre se ha basado, más que muchas otras formas de música, en la sabiduría de sus patriarcas. Para ser más precisos, el género funciona mejor cuando existe un canal saludable de comunicación entre las generaciones ya establecidas y las nuevas que llegan. Las razones son muchas, pero para empezar se trata de una tradición con poco más de un siglo de precedentes, plasmados de forma imperfecta en las grabaciones y mal servidos por la notación escrita. Su verdadera savia es la transmisión directa de un corpus enorme e intangible de conocimiento, y por eso siempre ha sido crucial la influencia de los mentores y líderes de bandas”.

La bajista Esperanza Spalding también tiene su sitio en el libro y nos habla de la presión que supone ser mujer en un mundo hasta ahora de hombres: “No te das cuenta de que estás tensa. No te das cuenta de que estás mandando el mensaje, con tus palabras, tu conducta y muchas otras cosas, de que “no soy accesible para ti, de ninguna manera, salvo por medio de la música. No me puedes tocar. No me puedes besar. No me gustas. No te me acerques con energía porque no estamos en ese juego”. Y eso es algo que creo los músicos hombres no se encuentran tan a menudo”.

Y luego está ese disfrutable capítulo once titulado “Cruce de caminos”, se citan varios ejemplos de escenas burbujeantes por el mundo, en el que Chinen se va hasta Pekín para radiografiar la emergente escena del dragón asiático, desde hace poco cuenta con una delegación de la sacrosanta Blue Note. Esa idea que subyace en todo el libro que la diáspora del jazz está más en forma que nunca. Busca sus referentes en cualquier rincón del mundo, Danilo Pérez, por ejemplo, pone unos dibujos de Tom y Jerry en el estudio sin sonido para iluminarse en lo creativo. Por su parte, el saxofonista Wayne Shorter nos explica la manera de trabajar con gente a la que nunca le faltaban ideas como Miles: “Nunca hablaba de la mecánica de la música, de sus notas, claves ni acordes. Era más probable que te hablara de un color o una forma que quería crear. Una vez vio a una mujer que se tropezó al caminar por la calle, la señaló y nos dijo: “Tocad eso”. Herbie Hancock también tiene algo que decir sobre Miles: “Cuando Miles oía a alguien hablar de algo filosófico, le decía: “Vale, ¿por qué no sales ahí fuera y lo tocas”. Y una cosa de la que hablábamos era que para “tocar”aquello, quizás íbamos a tener que tocar música que no sonara a música”. Tuvo que ser muy creativo y a la vez estresante trabajar con Miles.

“¿Qué es eso que estamos llamando la tradición del jazz? ¿Acaso es más que una serie de exclusiones?”, Vijay Iyer, pianista estadounidense hijo de emigrantes hindúes”. 

 

 

 

 

 

 

Muridíes en el Raval

Es miércoles 16 de octubre por la noche y media Barcelona está concentrada en algunas de las manifestaciones convocadas para esta noche. La ciudad se prepara para otra noche de alta tensión. A eso de las ocho de la tarde, por la concurrida calle de Joaquim Costa del Raval, me cruzo con una delegación de una media docena de senegaleses que tocan el tambor y bailan de manera algo desacompasada. Así de primeras imagino van de camino a la manifestación de Plaza Catalunya para dar color a una muchedumbre algo crispada tras la sentencia. Me ha parecido ver que uno de ellos porta una pancarta con una gran foto de lo que parece un ¿profeta?. Al salir de la panadería aprieto el paso para ver si los pillo porque me he quedado con la duda. Su ritmo es alegremente errático, así que a la altura de la calle del Carmen los alcanzo a tiempo de preguntarle al portador del estandarte qué es exactamente lo que celebran. El ruido de la percusión me impide escuchar con claridad y entiendo algo así como que se están preparando para una fiesta. La rúa atrae la atención de los vecinos que ahora ya saben que mañana hay una fiesta. Quedo con mi interlocutor para mañana jueves 17 a las once horas en este mismo lugar.

Puntual a la cita, Mouhamadou Dia Sylla trae consigo unos papeles en los que se explican las particularidades del movimiento que hoy celebra su gran día. Sheik Ibrahima Fall, fundador de la Hermandad Mouride en África Occidental, es el iniciador del movimiento que nos ocupa, conocido como Baye Fall. Se trata del principal discípulo de Aamadú Bamba, el gran líder espiritual de este movimiento, del que se dice que tiene como fieles a una sexta parte de la población del país africano. Sus seguidores se llaman muridíes. Así que ya empiezo a tener algo claro: el muridisimo global tiene su fiesta este 17 de octubre. La cofradía muridí fue fundada en 1883 en Senegal por el propio Shaikh Aamadu Bàmba Mbàkke, que está enterrado en Touba desde su muerte en 1927, y reposa cerca de la gran mezquita de esta ciudad levantada a principios de los 60. Touba hoy es el epicentro de la gran fiesta muridíe del Gran Magal. La ciudad santa de Senegal recibe hoy a miles de peregrinos que conforman la máxima expresión de esta escisión de la doctrina musulmana que reniega del Corán. Sus acólitos barceloneses se han reunido en el espacio vecinal autogestionado conocido como La Bartola, en la calle de Sant Bartomeu, a pocos metros de la Rambla del Raval (“Abrimos cuando llegamos y cerramos cuando nos vamos”). Después de cinco años viviendo en este barrio tengo claro que el mundo entero cabe en el Raval. Suena de fondo el tequetequeteeé del helicóptero que vigila a los manifestantes por la sentencia de los presos independentistas. Un grupo de apenas diez personas, ajeno a todo aquello que pueda ocurrir fuera de este solar, reparte café y las tareas con los últimos detalles para esta fiesta que acabará a las ocho de la tarde. A esta hora de la mañana miles de seguidores de todo el mundo están inundando Touba, ciudad de poco más de 800.000 habitantes. Bàmba Mbàkke está enterrado cerca de la mayor mezquita del país. Tras su muerte tomaron su testigo una serie de autoridades religiosas a las se les denomina jeques o Grand Marabout, descendientes de sangre del propio Aamadú Bàmba. Uno de ellos vive en Barcelona. Es el propio Mouhamadou Dia Sylla que tengo a mi lado.

Sylla tiene unos 30 años y muestra maneras suaves y muy amable. Me invita a un café y se da una vuelta por el solar para comprobar que todo está perfecto antes de sentarse a charlar conmigo. “Ayer por la tarde salimos a la calle con tambores para avisar a la gente que puede acercarse hasta nuestra fiesta de hoy. La nuestra es una orden islámica sufí que sigue los preceptos del Baye Fall, un movimiento en honor de Sheikh Ibrahima Fall que es el nombre de uno de los primeros discípulos de Aamadu Bàmba. La gran manifestación se conoce como el Gran Magal de Touba que se celebra justo en estos momentos. Hasta allí se desplaza gente de todo el mundo y sin distinción de razas. Me gusta explicar que venimos de un país musulmán en el 90 por ciento, pero los orígenes de nuestra espiritualidad son animistas. Aunque en cierto modo también creemos en un Dios. Porque entendemos que todo está en la naturaleza que respeta a todos los seres vivos. Uno de los poemas de Aamadu Bàmba dice que Dios perdona a todo lo que respira. Por supuesto nos desmarcamos del islam violento que se ha impuesto en muchas partes del mundo y que mata a mucha gente. Defendemos el islam moderno. Para toda la humanidad y todos los seres que respiran. Sin olvidar de guardar la tradición que nos enseñó el propio Aamadu Bàmba”. Un chico que no se ha separado de nosotros en toda la mañana me comenta por lo bajini que Sylla viene de familia de rey. Es familiar directo del mismo Aamadu Bàmba. “La madre de mi padre y la madre de mi madre vienen de esa gran familia. Pero en Barcelona viven más primos que también tienen vínculos de sangre de la misma familia”. Me comenta que no me puede decir cuánta gente viene regularmente a sus actividades. “Porque somos un todo, sería difícil decirlo, en este mismo momento muchos de nosotros celebramos la misma fiesta en diferentes partes del mundo. Francia, Italia, EE.UU… Yo el año pasado, por ejemplo, estaba celebrándola en Italia. El nuestro es un país laico en el que el 90 por ciento simpatiza con la religión musulmana. Lo que queremos es vivir en paz y compartir el mismo Dios. Eso es. Si algún día te interesa ir a Touba y vivir todo aquello me lo dices”.

Ese chico grande como una montaña que sigue a a Sylla por todos lados dice llamarse Abraham. A primera vista no lo reconozco, pero parece ser que hace no muchos años saltó de las calles del barrio para transitar por entre los medios generalistas de este país. Protagonizó una de esas noticias fugaces, Ana Rosa Quintana en 2016 se interesó por su caso. Al principio, muestra reticencias sobre la entrevista que le propongo para que me hable de sus simpatías con la comunidad muridíe que asegura conocer. Supongo que su silencio tiene que ver con el respeto. Pero las suspicacias se acaban rápidamente y sin mucho esfuerzo por mi parte empieza a hablar: “Soy el mayor de siete hermanos gemelos. Mi madre murió después del parto. Nos separaron a todos al nacer”. A media charla me pide el móvil para enseñarme su historial en Google. Es cuando me entero que tengo a mi lado al fenómeno mediáticamente conocido como el “Freddy Krueger del Raval”, famoso en el barrio por sus contínuas trifulcas con la policía, en una de las primeras llegó a blandir unas cuchillas que le valieron todo un mote. “Sólo” diez policías hicieron falta para reducirle. Hoy porta en el cuello una alhaja que pertenece al propio Sylla. Es un regalo del padre del senegalés, que a su vez tendrá que regalar a su progenitor, pero que Abraham ha pedido prestado con respeto porque sabe lo que significa. “A mí de esta comunidad lo que me atrae es la energía de esta gente que ves aquí y que considero mi familia. Antes me llamaban Big Simón porque soy rapero. Pero ahora los cabrones me han puesto de nombre Big Boa. Cuando está muerto eso me mide 18 centímetros y cuando está vivo son 27 centímetros de carne. También he sido Big Lion. Es el rey de la selva que se enfada por razones justas. Cuando se cabrean y no atacan es porque saben en el fondo de su corazón que no tienen razón, aunque les de vergüenza admitirlo. Los leones son como los gitanos y los negros. Pelean cuando su corazón les dicta que tienen razón. Son justos con su poder. Por eso me llevo bien con algunos policías. Con los que no abusan de su poder. Esos son los que me han ayudado en mis peores momentos”, me explica Abraham. Mientras, a mi lado, se acaba de sentar una señora que se presenta a todos como Alejandra Benet que reparte tarjetas entre los congregados: “Siempre que alguno de vosotros o de vuestros familiares vengáis a España decís que venís a casa de Alejandra, y entonces seguro que no tendréis problemas. Incluso os puedo ir a buscar al aeropuerto”.

Abraham sigue explicándome que muchos de estos fieles senegaleses se dejan caer cada noche de miércoles en el Club Caníbal de la sala Apolo. Algunos de ellos han salido esta madrugada un poquito antes del cierre del club del Paralelo para poder vivir en plenitud de condiciones la fiesta de hoy. “Me gusta el ambiente cosmopolita que se respira por aquí. Viajo mucho para conocer otras culturas y aprender de otras vidas. Tengo 27 entradas de pasaporte. Y de salida 47”. Mi entrevistado tiene dos carreras y un coeficiente intelectual de 195, muy por encima de la media. A mis seis hermanos gemelos los he ido conociendo por ahí. Cuando conocí al primero yo ya tenía 14 años. Soy el más calmado de los seis. De hecho, como todos somos iguales alguna vez he tenido que dar la cara por alguno que se ha metido en líos. También han recibido por mi culpa”. Entre sus aficiones se encuentra jugar al ajedrez como metáfora de la vida. “La torre es aquello que has ido construyendo en la vida, tu propia familia, tus relaciones, por ejemplo. Pero a mí la ficha que más me gusta es el peón. Porque el peón es la gente corriente, la que te enseña de qué va la vida. Me refiero a los pobres que se van manejando en la vida a partir de altibajos. En realidad, el peón es el verdadero rey sin corona. Gana en cabeza porque tiene corazón. Esa es la historia de mi vida”. La biografía de Abraham está marcada por un cromosoma de más: “Sufro el síndrome XYY, también conocido como síndrome de Jakob. Genéticamente soy lo que se conoce como un súper hombre. Para resumir y no comerte la cabeza, tengo un cromosoma Y extra. Pero no sólo me ha pasado a mí. En mayor o menor grado, también le sucede a mis hermanos. Como te puedes imaginar, las probabilidades de que esto ocurra son mínimas. Por eso pienso que mis hermanos y yo hemos venido a este mundo a hacer algo grande”. De momento dice tener una productora de rap y techno (y de tekno). “Si me pasas el móvil te enseño lo que hacemos”.

En febrero de este año El Periódico de Catalunya publicaba un controvertido artículo en el que se comparaba a la cofradía con una secta que se aprovechaba de los manteros para financiar la gran dahira de Touba. Ababacar Thiakh, historiador y presidente de la Federación Bidayatul Xitma, tuvo que salir al paso para corregir aquel artículo que aparecía en plena crisis de los manteros. Las dahiras en Catalunya cuentan con más de treinta años de vida y con más de 500 personas implicadas en toda España. “Un espacio de asesoría espiritual y moral”, según el historiador. “Sólo el 5% de muridíes de Barcelona son manteros. La migración senegalesa empezó en los años 80. Contamos con una segunda generación de senegaleses en Barcelona que tienen infinidad de trabajos, mientras que dedicarse a la manta es circunstancial”, defendía el propio Thiakh ante los medios. Volveré a la fiesta ya de noche. El ambiente es tranquilo. Muchos de los presentes charlan en este recinto poco iluminado. Muchos de ellos visten chilabas para la ocasión. Algún blanco angloparlante se deja caer también por el local. Yo vuelvo a casa pensando que el mundo entero cabe en el Raval. El que se aburra en este barrio es que está muerto.

Moscú- Ulán Bator- Pekin: Trans Asia Express

Para viajar por el transiberiano y transmongoliano para completar el trayecto de Moscú hasta Pekín hace falta recorrer más de 9000 kilómetros y… conseguir tres visados. Tres salvoconductos de tres países como tres continentes de grandes, que además han estado cerrados al mundo la mayor parte del siglo XX. Pero tranquilos, como de la droga mala, de la burocracia de estos tres países también se sale. La dinámica burócrata del viaje te obliga a conseguir los papeles por el orden de países del itinerario eurásico. El primero es el de Rusia, que siendo sinceros ya de entrada me daba un poco de reparo, quién sabe si por los ecos de la administración del antiguo aparato de la URSS que nunca viví. Toca visita a la oficina de visados rusos que se encuentra en el 67 de la Avenida Roma. Me reciben cuatro oficinistas rusas de mediana edad. “Primero los pasaportes, después el formulario. (…) He dicho que primero me entrega los pasaportes y después los papeles del formulario”. Está bien como primer contacto con lo ruso. Algo áridas en el trato pero, al fin y al cabo, muy eficientes si has seguido las instrucciones del formulario web correspondiente. Pero una vez en la ventanilla no se olviden de entregar primero el pasaporte y después los papeles del formulario, no vaya a ser que estresen a las administrativas a las que, no sé muy bien cómo, acabo arrancando una sonrisa el día que voy a buscar el pasaporte a la semana de haberlo tramitado. La intuición me dice que al actual buró ruso se le puede combatir con una sonrisa. Espero.

La segunda etapa en este papeleo interminable es el consulado de Mongolia, del número 114 del Paseo de Sant Joan. Allí me encuentro con el típico piso del Eixample de techos altos. Abre la puerta una señora que dice que estos días tiene mucho trabajo porque se encarga de tramitar la petición de visados de toda España (al parecer en Madrid no se tramitan, así que todas las peticiones pasan por este piso refrigerado con un modesto ventilador, que desde el recibidor ya intuyo que no alcanza). También se encarga de diligenciar las peticiones de Latinoamérica (de algunos países, porque según nos enteramos por un vídeo de Youtube los argentinos, por ejemplo, no necesitan visado para entrar en el país de Gengis Kan). Una de las paradas del viaje que más curiosidad me causa es sin duda Ulán Bator. Una ciudad sinónimo de lo que entendemos por remoto. Siempre que me refiero a un lugar lejano digo eso de “tal sitio estaba en Ulán Bator”. Y tal y como recuerda el periodista también argentino Javier Sinay en su libro de viajes Camino al Este: Crónicas de amor y desamor (Tusquets Editores), al que recurriremos más adelante para que nos de algunos consejitos para el viaje, la última banda con caché internacional del tipo occidental que pasó por Ulan Baatar fue Scorpions en verano de 2006.

Pero antes de meternos en faena con Sinay, toca pasar la tercera fase de nuestro recorrido burocrático. Y este nos lleva hasta la oficina de tramitación de visados chinos en Barcelona. Ármese de paciencia y mentalícese de que va a tener que volver porque seguro le falta algo. En la ventanilla me atiende una chica, que no sé muy bien si me está vacilando o intenta quitarle trascendencia a mi visita. Sus ojos rasgados no ayudan. Mira con meticulosidad, no exenta de rapidez, todos mis papeles, hasta que se para en seco para preguntarme por la copia del pasaporte y por el billete de salida de Barcelona. No tengo nada de eso porque no me lo pedían en el formulario web (en el que sí me han preguntado por mis padres, por mis estudios universitarios y por si tengo algún familiar viviendo en China, entre muchos otros detalles). Cuando llevo diez minutos de visita me sugiere que probablemente para tres días que estoy en Pekín no me va a hacer falta visado, pero que dependerá de la estación de tren en la que aterrice. No me sabe decir a qué estación llego, yo tampoco porque todo en ese formulario me suena a chino, ni cuales son esas estaciones que no exigen visado si estás menos de seis días en Pekín. Nos toca investigarlo en casa a Anna y a mí y llegamos a la conclusión que lo tendremos que gestionar porque la única estación que no lo pide es la del oeste de la ciudad, precisamente una a la que, al parecer, no se puede acceder desde el extranjero. En el mostrador, ya en mi segunda visita, coincido con el fisioterapeuta español de la selección de Túnez participante en el próximo Mundial de baloncesto de China, que dará comienzo el último día de agosto. Le piden una carta de invitación y ahora el fisio, bastante confuso ante el abismo del papeleo que se le presenta, no sabe si pedir a la federación tunecina o a la propia organización del mundial. El segurata de la famosa empresa privada que le atiende tampoco le sabe decir. China me da miedo antes de salir de la oficina del número 119 de la calle Diputación, es decir, comparte edificio con el diari Ara. Pero esta coincidencia no me tranquiliza. Eso sí, cuando vuelva de aquí una semana a por los pasaportes, que espero traigan estampados los visados, pienso dejar mi currículum.

Mi conseguidor oficial, Marc Caellas, que conoce a gente de todo el mundo, y que además recorre todo el mundo, me planta el anteriormente citado libro de Javier Sinay, con el que me pongo en contacto vía Skype para que me explique sus andanzas en tren por Eurasia. Camino al Este es un diario de viajes en el que el relator recorre el trayecto Madrid-Tokyo (recogido en el mapa que encabeza este post), con un tramo intermedio entre Moscú y Pekín que es casi idéntico al que recorreremos Anna y yo. Javier va en busca de su amor nipón y para ello no duda en viajar siempre mirando al este. Por el camino se encontrará a los múltiples chamanes que moran la interminable orilla del lago Baikal; a la momia del monje de Ulán-Udé que hace 80 años entró en el nirvana y desde entonces, oye, sin síntomas de descomposición; y al músico de violín mongol que rememora con sus melodías los tiempos bárbaros de Gengis Kan.

Lo primero que llama la atención de este trayecto es que el Transiberiano, en su ruta transmongoliana, no es un tren que te montas y te lleva de Moscú a Pekín (bueno, en realidad sí se puede, pero tendrías que aguantar seis días sin bajar de un tren, para un total de 145 horas. Antes de empezar a investigar sobre el viaje fuímos hasta la agencia de viajes Altaïr y allí nos dijeron, literal, que gestionar el Transiberiano era una lata. Montar este viaje por tu cuenta es tan complicado como jugar al Tetris.
Tiene que quedar claro que no es un tren turístico. Nos estamos refiriendo a una red de trenes que toman diariamente rusos, mongoles y chinos para recorrer largas distancias. Lo complicado entonces del Transiberiano es que siempre cuentas con varias opciones y desde casa es difícil decantarse por alguna: puedes elegir entre varios trenes, hasta tres clases, diferentes categorías en cada una de ellas, y varias paradas que deberás tener en cuenta a la hora de enlazar con otro tren… La web de los trenes rusos está en ruso, obvio, así que hay que tirar del traductor de Google. Hasta hace poco, en el momento decisivo de comprar los billetes sólo te aparecía en ruso. Después te llega el comprobante de compra y, de primeras lo tienes que rescatar de la bandeja spam porque el asunto está en ruso. El traductor del Google tiene sus limitaciones con los caracteres cirílicos, así que debes asegurarte bien de que no hayas comprado el billete de otro tren. No está de más aprender algo de cirílico para tu viaje. Yo recomiendo que le dediquen un tiempo a descifrar el cirílico antes de emprender el viaje. Tienen tutoriales en internet para asimilar algunas nociones. Hay que ser un poco vivo con el cirílico para manejarte bien en este viaje.

Tus opciones dependen de lo que tengas pensado y del tiempo de que dispongas. Si quieres y tienes muchas ganas de empezar con una buena paliza de tren puedes ir de Moscú a Irkutsk en cuatro días y sin bajar del tren. En el libro hablo del caso de una sevillana que hizo el trayecto sin escalas. Pero yo recomiendo bajar ya en algunas ciudades interesantes como Ekaterimburgo, localidad que para muchos viajeros marca el final de la primera etapa, en la parte oriental de la cordillera de los Urales, uno de los primeros paisajes impactantes del viaje. Después viene el tramo que te llevará a la zona del lago Baikal, ya sabes, la reserva de agua dulce más extensa, profunda y antigua de la tierra. En Irkutsk (foto de más abajo) podrás departir con un montón de chamanes, una de las zonas más pobladas de toda Siberia. Es una de las paradas más populares de aquella zona del lago Baikal. Pero esta ciudad no tiene contacto real con el lago. La mayor concentración de chamanes se da en la isla de Olkhon, una visita muy recomendable si tienes días de margen. El lago tiene muchos parajes a los que van los rusos en vacaciones de verano, o sea que tiene emplazamientos que están bien preparados para recibir a turistas.

Al otro lado del lago tienes la ciudad de Ulán-Udé que cuenta con un templo budista en el que se encuentra la momia de Dashi-Dorzho Itiguílov, líder de los budistas rusos que lleva más de 80 años muerto y desde entonces su cuerpo en posición del loto sigue sin descomponerse. El monasterio de Ivolginsky Datsan (en la foto de más arriba) se podría considerar la capital espiritual del budismo de toda Rusia. Si van a Irkutsk, les recomiendo que pasen también por Ulán-Udé, ya que están separadas por unas siete horas en tren. Un paseo teniendo en cuenta las distancias en las que se mueve el viaje que nos ocupa. Yo por ejemplo estuve seis días en Irkutsk y dos días en Ulán-Udé. Pero porque aproveché mi estancia en Irkutsk para preparar dos reportajes que publiqué después.

Lo complejo de todo esto es que, por ejemplo, la frecuencia de los trenes baja al llegar a Mongolia y eso dificulta aún más poder conectar con el tren que te interesa y llegar a tiempo a tu destino. Yo compré los pasajes a través de una web de Inglaterra, https://realrussia.co.uk/, seguro es buena idea porque te pueden asesorar bien en inglés, claro. En el sitio web tienen un simulador del viaje para ir armando tu itinerario. Me ayudaron mucho en un momento en el que tuve que cambiar el tren por un omnibús para pasar de Ulán-Udé, la última parada rusa antes de entrar en Mongolia, a Ulán Bator, la capital mongola. Incluso me devolvieron plata con el cambio. De hecho, cuando llegué a Ulan-Udé ya me estaba esperando el ticket, no sé cómo habían logrado dar con mi hostel. Pero fue una bendición, como te puedes imaginar. Tienes a gente que se la juega comprando los billetes de algunos tramos in situ. Yo como quería que todo saliera bien, porque tenía poco margen para el error preferí comprarlos por adelantado. No podía permitirme el lujo de quedarme varado. Si hubiera ido un poco más libre quizás me hubiera aventurado a comprar los billetes en alguna estación porque me hubiera salido más barato.

Un detalle a tener en cuenta cuando compren los billetes. Los trenes que cuentan con la numeración más baja siempre estarán mejor preparados. Por norma general, todos esos trenes tienen primera, segunda y tercera clase. Pero la tercera clase del tren 001 siempre será mejor que la del 009, por decir algo. Pero es que además, el mejor tren siempre tardará menos en recorrer el mismo recorrido. Elijan si pueden el tren con el número más bajo entre los disponibles. Ganarán en comodidad. Y en tiempo, dependiendo del tren que elijan puede haber una diferencia de tiempo de siete u ocho horas para llegar al mismo sitio. Tal y como ya hemos comentado, es un viaje que requiere de una cierta organización previa. Pero les digo, si tuviera que volver a completar el viaje lo haría de nuevo en tercera clase. Sin duda. Lo que si os digo es que comer en el restaurante del tren es un poco caro. Tampoco es muy rico. Hay trayectos que es inevitable acabar en el restaurante porque, con tantas horas por delante, bueno, es difícil llegar a completarlo con tus propios víveres. Aprovechen también las paradas para comprar comida en los puestos de picoteo que abundan en las estaciones. En cada vagón tienen un samovar que es un recipiente metálico con forma de cafetera que puedes utilizar para preparar el té. Todo un símbolo de la cultura del té en Rusia. Otra cosa que deben tener en cuenta es que no hay un enchufe para cada cama. Vayan con una regleta si pueden.

Pregunta clave y que puede ayudar a montar el viaje. ¿Existen muchas diferencias entre las tres clases que puedes reservar en los trenes?
Depende de los trenes. Todo depende en este viaje. De todos modos, yo en Rusia y Mongolia sólo viajé en tercera clase. No tenía más dinero y, además, me habían comentado dos amigos argentinos que ya habían hecho el viaje, hasta dos veces, que es la mejor opción si lo que quieres es socializarte con los locales. No es peligroso. No te van a robar, aunque no olviden llevar un candado porque es un viaje en el que si te acaban robando, la vida se te complica sobremanera. Los camarotes de la tercera clase son abiertos, con lo que se favorece la interconexión entre personas. Es un micro hábitat dentro del hábitat general que es el propio tren. La tercera clase es muy limpia y las camas son muy cómodas. El guardia del vagón te da sábanas nuevas en un paquete sellado y cada catre tiene un colchón que se enrosca para ganar espacio durante el día. A las diez de la noche se apagan las luces y puedes abrir tu colchón y utilizar la frazada que tienes a tu disposición. Del lado de una de las ventanas duermen dos personas, una abajo y otra arriba, y del otro lado son cuatro en total, dos y dos. Es decir, cada unidad cuenta con seis camas plegables. La segunda clase ya cuenta con camarotes con puerta y, claro, el intercambio de experiencias para el turista inquieto se reduce mucho. Y es que hay que aprovechar que los rusos, curiosamente, sean tan hospitalarios dentro del tren. Fuera, su actitud ya es otra cosa. En la parte rusa que todavía es europea son un poco antipáticos, pero a medida que te vas adentrando en en el lejano oriente ruso la cosa cambia. Pero ya digo, en el tren se crea una especie de comunidad viajera que es digna de mención.

De hecho, uno de los consejos que he podido leer por ahí es que no aceptes los tragos de vodka que los rusos te van a ofrecer, ya sea porque la graduación es muy alta, porque no sabes si te van a drogar y no sé qué más. Pero no cumplí con la advertencia y aquí estoy. Les diré más, acabé comprando mi propio vodka en cuanto vi que era una especie de tradición entre los viajeros rusos. Y es que los rusos saben divertirse en el tren. Para ellos estar ocho horas o más metidos en un tren no es motivo para no disfrutar de la vida. Ellos toman el tren por necesidad, por trabajo o para ir a ver a la familia. Es muy normal para ellos pasarse cuatro días en el tren, así que cuando suben ya lo hacen bien pertrechados para pasar el rato de la mejor manera posible. Tienen mucha cultura del tren y no he logrado descubrir por qué. Aún así, no acaban de entender del todo cómo es que hay extranjeros que lo toman como atracción turística. Resumiendo, el trayecto Moscú-Pekín, que completé en siete tramos, me costó unos 700 euros.

Y llegamos al último tramo del trayecto que nos encara hacia Pekín. Y tengo entendido que aquí sí que no hay tercera clase que valga…

Exacto. La tercera clase no existe en el trayecto de Ulán Bator a Pekín, y ahí ya sí viajé en segunda. Un viaje mucho más aburrido. Ya era una cosa menos salvaje y emocionante. El espectáculo se abre desde la ventana porque en ese tramo, entre Mongolia y China, atraviesas el desierto del Gobi que es uno de los más grandes del mundo. Son horas y horas de desierto. Cada tanto, pasas por pueblos donde puedes ver a los policías con la camisa abierta pasando mucho calor. Y así vas pasando las horas mirando por la ventana. Los chinos se quedaron con la tierra fértil y fueron arrinconando a los mongoles en el desierto. Así que los mongoles han tenido que sobrevivir en un territorio árido y seco que parece irreal. Los mongoles suman tres millones para un país que está entre los 20 más extensos del mundo. Mientras que los chinos son mil trescientos setenta millones. Así que, al traspasar la frontera mongola ves un cambio radical en cuanto a distribución de la población. También tienes una experiencia interesante en la misma frontera porque los raíles chinos son más estrechos que los de la red ferroviaria mongola. Tienen que cambiar la tracción de todo el tren en una peripecia ingeniera que supone levantar el tren, y con todos los pasajeros dentro. A mi me tocó a las dos de la madrugada y me partieron el sueño. El tren se sacude varias veces cuando le cambian las ruedas. Toda esta parafernalia de ingeniería es como si fuera una atracción turística más. Si te toca de día debe estar bueno.

En uno de los capítulos del libro explicas cómo en Moscú te paró la policía para pedirte la documentación y que tuviste suerte de que no te pidieran dinero. ¿Es muy normal que las fuerzas del orden en Rusia te pidan plata?
Si, claro. Rusia es más áspera en esos términos. Incluso en lo burocrático, Rusia puede ser un país correoso. Todo extranjero que entra en Rusia tiene que registrarse en una oficina pública para dar cuenta que llegó al país. Si van a un hostel será éste el encargado de notificar que ya se encuentra en el país. Se dio la circunstancia que en el momento en el que me topé con el guardia, estaba parando en casa de unos amigos y sin haberme registrado de manera oficial, porque el dueño de la casa donde nos alojamos estaba fuera de Moscú y mis amigos no estaban autorizados para realizar ese trámite. Lo intenté en la embajada argentina pero me dijeron que se iba a demorar mucho más el trámite que mi estancia en Moscú. Así que, casi sin querer, me encontré en medio de una de esas pesadillas burocráticas de las que no sabes cómo salir. Se puede decir que aún tuve suerte de que el guardia no se diera cuenta de este hecho. Al final pude completar el trámite gracias a una amiga rusa de una chica que apenas conocía. Bueno, la chica aceptó acompañarme a la oficina y declaró que me estaba alojando en su casa. Salimos de la oficina y ahí se acabó nuestra relación. Aún no sé por qué lo hizo, las dos veces que quedamos para preparar el asunto tenía como cara de pocos amigos, pero la verdad es que su decisión me ahorró un montón de problemas.

Hemos dejado para el final la etapa de Ulan Bator, una ciudad que he imaginado muchas veces pero de la que tengo pocas referencias reales. Si acaso que cuenta con una de las tiendas de discos más remota del mundo, Dun Gol Records.
Ulán Bator es como te imaginas de caótica. Lo que hacen la mayoría de turistas es parar poco por la capital y rápidamente irse de excursión al desierto del Gobi o a cualquiera de los grandes parajes del parque nacional de Bogd Khan Uul. Toman la ciudad como si fuera su campo base. Por lo que pude comprobar en el hostel donde me alojé que además les recomiendo, https://www.wonder-mongolia.com, la gente por lo general se queda como mucho dos días en la capital. Yo me quedé seis porque es una ciudad que aporta material interesante para reportajes y demás. Lo que más me interesó de la ciudad son las diferentes capas arquitectónicas que se han ido sedimentando por Ulán Bator, hasta coronar en la estética soviética más reciente que contrasta con la elevada altura de sus actuales y modernos rascacielos. Es una combinación interesante. A mi en general Mongolia me gustó muchísimo. Y eso que los mongoles tiene fama de ser violentos y salvajes, pero en realidad son silenciosos, tímidos, como muy metidos en su folclore. La música tradicional mongola es increíble. Esas melodías tan típicas de esa zona del mundo te transportan a otra dimensión. En realidad te retrotraen a los tiempos de Gengis Kan, es música con la que desde hace 700 años se rememoran las hazañas de ese mítico guerrero. En Ulán Bator conocí a un músico increíble como Erdenebaatar, experto en tocar el moorin khuur, en realidad un instrumento de dos cuerdas que se frota sobre una caja con forma de trapecio. Está bueno ir a ver este tipo de espectáculo fuera de la capital. Busquen en Ulán Bator un restaurante de comida típica de Corea del Norte que se llama, como no, Pionyang, y es el restaurante oficial del país más cerrado del mundo en la capital mongola. Una cosa como muy exótica y que vale la pena visitar. La guinda de un viaje que pasa por tres enormes países con pasado comunista durante la mayor parte del siglo XX. Los tres países además se mantuvieron muy cerrados al mundo, con lo que este viaje es ideal para entrar en una nueva dimensión.

Dj Griffi: “Los ritmos sincopados son el pecado en estado puro”

Aquí tenéis la entrevista que mantuvimos con Javier Plaza  -más conocido como Dj Griffi por sus trabajos como productor en Solo los Solo y Chacho Brodas– a finales de mayo en el Curtis Audiophile de la calle Mallorca de Barcelona. La charla estuvo jalonada por cortes musicales cortesía de Oriol Martínez que es también responsable de esta entrevista con público, que sirvió de antesala para su sesión y la del propio Dj Griffi en una noche que bautizamos como Trans Mandanga Express. Una velada en la que mezclamos divulgación y música y que ojalá poder repetir en el futuro.

¿Cómo entras en contacto con el scratch? Técnica que dominas a la perfección y por la que se te ha reconocido.
Cuando escuché mi primer scratch me dije: “¿Qué instrumento es capaz de emitir ese sonido?”. Y ya me obsesioné cuando apenas tenía ocho o nueve años. Entonces me tiré un montón de años practicando en el sofá que es la única manera de aprender la técnica. Así que cuando me compré mis primeros Technics ya sabía scratchear porque ya había aprendido en el sofá de casa. Me sentía música de pequeño. Yo escuchaba una canción y visualizaba el bajo y la batería. Aunque no me identificaba con ninguno de los instrumentos clásicos. Mi instrumento eran los Technics. Y a partir de ahí descubrí los samplers. Ese era mi camino. Aunque la batería no se me da del todo mal, con el resto de instrumentos me va horrible, en realidad mi camino iba por ahí. Por el camino que me marcaban los Technics. Porque yo no quería tocar la batería. Lo que quería era componer yo mismo canciones enteras. Y así es como encontré mi camino como productor de aquella nueva ola. Si me gustaba una batería me la quedaba y le subía o le bajaba la velocidad. Una actividad que combinaba el laboratorio con el estudio de grabación. Todo pasaba por mis manos sin necesidad de tener una banda. Lo atrevido era coger la voz de alguien que ya hubiera grabado su tema original hace 20 años y volver a hacer algo nuevo con eso. Esa es la gran revolución de los últimos 30 años. Por ahí es por donde me pillaron.

En el año 93 participas en la World DMC después de ganar el campeonato nacional con la crew Djs Attack. Aquella ocasión fue la primera en la que participaba un grupo estatal en ese campeonato que ese año ganaron, ni más ni menos, que Dj Qbert y Mixmaster Mike. Recuérdanos aquella experiencia que supongo te daría un espaldarazo importante.
Yo era muy joven. Tenía 18 o 19 años. Esto lo movía Plastic en España. Plastic era un sello discográfico que había traído a España el DMC pero que en realidad estaba más enfocado al techno y después te movían bolos por locales de piruleo como Nau B3 que no era mi estilo. El techno nunca me ha interesado demasiado. La experiencia estuvo muy bien en lo personal pero como yo no estaba mucho en ese rollo del techno pues me quedé en tierra de nadie. Yo fui a todo aquello por vivir la experiencia, pero entiendo que la música no está sujeta a concurso alguno.

En el año 1996 en el programa Siglo XXI de RNE radia la maqueta de la crew de Funkomuna. Un trabajo que grabas con el ya desaparecido Xavier Pérez, teclista de jazz, productor de Antonio Orozco entre otros muchos. Comentaste una vez que tenías ganas de grabar un disco instrumental con él.
Lo dejamos medio grabado. Y había un tema que se llamaba Tarantos que era muy bonito. No sé dónde está ese material. Estuvo muy interesante. Justo empezábamos con Solo los Solo y aquello rápidamente se aceleró y tuve que dejar de lado otros trabajos paralelos. Este en concreto no lo pude retomar porque como comentas Xavier nos dejó en 2016.

La mezcla de estilos nunca te ha producido miedo alguno. ¿Cómo se te ocurre mezclar lo caribeño con trazos flamencos, por ejemplo?
Yo empecé escuchando a Bob Marley. Y esa fue mi escuela. En mi casa se escuchaba flamenco. Me gusta Camarón, pero no todo el flamenco me interesaba. Los Chichos también. En realidad lo que me sigue gustando a día de hoy. El flamenco que escuchaban mis padres cuando yo era pequeño era material de Los Botines y todo ese rollo. La mezcla ya estaba hecha en mi casa. Además mis primos mayores eran hippies y me demostraron que se podía seguir a Bob Marley y además escuchar a Leño. Y se quedaban tan tranquilos. Pero yo seguí mi camino porque yo con seis o siete años ya sabía que a mí lo hippie no me gustaba. Ya me esperé a tener la edad para empezar a fumar mis porros y decidir por dónde seguir con mi camino. Me dejé llevar por la música que sale verdaderamente de la gente. Por la música que brota de la raíz. Puedes mezcla flamenco con rap y si está bien hecho me sonará guay seguro. Porque ambas naturalezas musicales tienen un poso.

Pero es que yo ya antes de probar la mezcla no entendía cómo a ningún rapero se le había pasado por la cabeza antes. La librería de música española de raíz buena estaba delante de nosotros. Sólo hacía falta probar. Supongo que ese salto le dio vértigo a más de uno. Si que es verdad que luego cuando sacamos el primer LP de Solo los Solo, mi primer intento serio por mezclar sampes de flamenco a la manera del hip hop, nos íbamos a convertir en el primer grupo de flamenco rap. Y esa no era la idea. Teníamos muchas más cosas en la cabeza que desarrollar y no estábamos para abanderar un género nuevo. El flamenco como excusa para experimentar con el funky y con el soul. Los Solo tenían que sonar a otras cosas más allá de una etiqueta que vete tú a saber a dónde nos hubiera llevado. Pero sigo dándole vueltas a la cabeza para ver la manera de sacar todo ese trabajo, que creo que falta por hacer a la hora de experimentar con estas músicas de las que hablamos. Creo que es una mezcla que tiene aún mucho margen para sorprender al público.

Qué sabes de Tremendo con el que colaboras en su álbum Vidalogía, en el que te inspiras en sonidos más cercanos a la bossa.
A Tremendo con esa voz melosa que tiene, le pegaba el ritmo caribeño, la bossa y el reggae. Su mensaje era más tranquilo, más reposado. No es un revolucionario. Más bien un tío tranquilo que además ahora tiene dos hijos y se ha separado un poco de todo el rollo musical. No sé si lo recuperaremos para la causa.

¿Y cómo te has llevado entonces con los puristas?
Pues mal. Esto de tomar prestado aquello y añadirle esto otro, bueno, para los puristas es una patada en las pelotas. En el rap también hay puristas que es una cosa como contra natura. Pero bueno, tiene que haber puristas en todos lados. El rap apareció hace 40 años y a día de hoy sigue pareciendo la música más novedosa. Supongo que no será gracias a los puristas. Se reinventa cada mes. Cada puto mes. Porque no hay barreras. Si tu avanzas con una lógoca, el público acabará aceptando esa lógica. El movimiento es el campo base del hip hop. Y ese movimiento sólo se puede realizar si no tienes límites estilisticos. Es decir, barreras. Por eso digo que el hip hop es una música progresiva. Con mucho espacio para la experimentación. Un sonido que va mutando y adaptándose a los tiempos. Ahora al hip hop lo llaman trap que es la nueva mutación pero no deja de ser rap.

Qué mal lo llevan con el trap algunos que han pasado de cierta edad…
Pues es que no sé qué decirte en esto porque a mí me flipa esa mierda. Yo soy un drogadicto de la música. Y eso supone probar cosas nuevas para que baje la tolerancia a una misma substancia. Estoy pendiente de lo que va saliendo. Yo no puedo seguir escuchando a gente que sigue haciendo lo que se escuchaba hace un montón de años. Los jóvenes tienen muchas cosas que decir y hay que escucharlos si quieres estar al día. Aunque en España no haya habido mucha conexión entre la nueva y la vieja escuela, en EE.UU. eso no ha sido así. Todo sigue evolucionando como una gran bola.

Si aquí costó lo suyo entender la diferencia entre rap y hip hop… Qué malentendidos no se pueden dar hoy entre el hip hop y el trap, por ejemplo.

Si, con Solo los Solo estuvimos mucho tiempo respondiendo a esa pregunta.

Los ritmos sincopados siempre han estado mal vistos. Como una especie de perversión del baile. Leía hace poco un tuit de alguien que decía que el reggaeton era el último reducto de libertad en relación a nuestro cuerpo que nos queda en la pista de baile.

Eso siempre va a estar ahí y va a volver una y otra vez. Los ritmos sincopados son el rollo, el pecado en estado puro. La música visceral que viene de África va a estar siempre presente y siempre habrá algún blanco que no lo entienda.

¿Echas de menos el formato maxi single?
Tengo contradicciones con esto. Porque como te he dicho me obsesioné con el scratch que requiere de discos que de pequeño compraba a mil pesetas (seis euros al cambio). Tenía que venir a Barcelona a comprarlos en la sección de import del Corte Inglés. Pero a la vez adoro la inmediatez de los tiempos que corren. Puedes hacer un tema hoy en tu casa y si te ha quedado chulo lo subes en Soundcloud y alguien lo puede descargar al otro lado del mundo y pincharlo esa noche en el club. La forma redonda del plato y esa  manera tan especial que exige a la hora de trabajarlo es lo que nos quedará para siempre del vinilo.

Como vivís esos años con Solo los Solo en los que empezáis a girar con la gente del Sónar por ciudades como Tokyo, por ejemplo.
Con los porros uno va haciendo y las cosas se presentan delate de uno. Y si la cosa se complica te haces otro. En ese momento te pones a pensar en plan hiperrealista y a plantearte el estado de las cosas. Te centras en preparar un buen bolo y en ejecutar un buen show. Como mucho sientes la responsabilidad por hacer un buen trabajo.

En el álbum Retorno al Principio del 98 ya desde el título planteáis una especie de declaración de principios. Antes me comentabas que te tomaste un break de dos años hace poco porque necesitabas saber dónde estabas. No sé si el principio es ese lugar en el que te refugias cuando necesitas saber dónde estás.
Sacamos nuestro primer disco oficial cuando teníamos 25 años. Yo llevaba experimentando con la música desde los 13. Esperando mi momento desde muy joven. Así que cuando llegó nuestro reconocimiento pensé en la cantidad de años que hacen falta para que te hagan caso. Lo del título venía un poco por eso. El álbum como un escaparate donde recoger todos los frutos creativos que veníamos arrastrando desde el principio. En ese disco mostramos todos los estilos que queríamos tocar. Los posteriores Quimera y Todo el mundo lo sabe ya fueron discos muy diferentes. Quimera tenía un punto experimental bastante notorio con algún tema comercial, pero por lo general era bastante introspectivo. Nuestra quimera personal era precisamente la grabación de ese disco. Pasó como con Todo el mundo lo sabe, que sabíamos por donde estaría guay ir pero primaba más que lo que realmente queríamos sacar al mercado. A la hora de reproducir en directo Quimera teníamos unos parones a lo Sonic Youth con ruidos y movidas que los raperos de la época se quedaban a cuadros. Era como una energía que el público se quedaba pero no te la devolvía. Te faltaba un poco la reacción del público. En Quimera estuvimos más cerca de la psicodelia que nunca. De Sonic Youth, y de los momentos más experimentales del jazz. Reina el caos y todo al final te lleva a un punto. Tenía un punto barroco pero porque buscaba experimentar. Ya con Todo el mundo lo sabe pensamos en la estructura de los temas para que la gente lo diera todo en directo y nos devolviera toda esa energía.

Qué cuerpo se te queda cuando escuchas la etiqueta “urban music”…
La Urban Music es una patraña. Porque se refiere a música de negros. Le podemos poner el nombre que necesites para venderla en Los 40 Principales pero es música hecha por negros. La mitad de los que hacemos música urbana vivimos en pueblos. WTF. No es música urbana. Llámala moderna si quieres. Pero es música que tiene una clara raíz afroamericana. Pero el marketing necesitaba una etiqueta para meter en el mismo saco a los latinos, a los negros… Parece hasta una falta de respeto para con los artistas de según qué etnias. La propia Mala Rodríguez ha hecho toda su vida música que podía ser radiada por Los 40 Principales y siempre han pasado de ella. Pero como no existía la etiqueta de turno, los grandes medios no sabían cómo presentarla al público. Por eso vamos detrás de otros países. Los medios han boicoteado al rap hasta que no han tenido más remedio que claudicar porque ya no sabían por dónde le venían las hostias. Con otra gente en la radio igual las distancias entre la nueva y la vieja escuela no serían insalvables. El rap, la música negra, el latineo… Todo eso ahora te lo empaquetan con una etiqueta que sirve para vender. No para reivindicar el trabajo de según qué artistas. La radio española aún es un agujero negro. La crisis también fue bastante heavy y se cayeron un montón de festivales. Muchas bandas de rap vieron truncadas sus expectativas. Durante esos años se gestó esa generación que ahora tiene 20 y poco y no le ha quedado otra que hacer las cosas a su manera y al margen de los canales convencionales que tampoco les ayudaron en su momento. No ha habido comunicación entre el trap y el rap. Yo estoy seguro que ha sido eso. El sonido del sur de EE.UU. tan importante en el sonido de ahora no llegó a cuajar del todo en España, excepto algunos reductos en Barcelona y en Madrid. Con lo que la correa de transmisión cultural se rompe y las nuevas generaciones crean a partir de otros patrones nuevos.

En los últimos tiempos te hemos escuchado tal vez más metido en los sintes…
Es un mix entre el sampler y el sinte. Cuando intento alejarme de los samplers, el sinte no me da lo que necesito. Cuando sampleas una porción de música te estás quedando con el micro que graba la guitarra hasta la mezcla y todo lo que hay detrás. Esas atmósferas son imposibles de reproducir con ningún otro instrumento. Me gusta ese sonido orgánico en la música.

En qué estás trabajando ahora.
Con mucha gente joven. Como Duddi Wallace de Madrid, por ejemplo. He montado un nuevo estudio en casa y he estado trabajando en encontrarme otra vez después de estar esos dos años parado. Toda la música que saco ahora es para otros. Para que se vaya moviendo por ahí. Ahora empiezan a salir temas que me dan ideas para seguir avanzando que es lo complicado después de un parón.