Y Brazza descansó para siempre en Brazzaville

“Uno no está muy seguro de admirar a esos hombres, a Brazza o a Savimbi, a Stanley o a Guevara. Uno los envidia un poco, es cierto. Por haber creído que era posible forzar la Historia marchando siempre hacia delante en medio de la selva. Se siente menos respeto espontáneo ante los sedentarios. Seguramente estoy equivocado. Uno debe ser más sabio cuando se dedica a cultivar su jardín, a clasificar su biblioteca. A uno le gustaría poder detestar a todos esos promotores de convulsiones devorados por la inquietud. Ciertamente, no lo consigue”. Patrick Deville en Equatoria.

El señor de la foto recuerda a Lawrence de Arabia pero en realidad es Pierre Savorgnan de Brazza, explorador de origen italiano, asimilado francés que pasará a la historia como el fundador de Brazzaville, la capital de la República del Congo o Congo Francés (del Congo belga hablamos profusamente hace unas semanas en este post dedicado al rey Leopoldo). Hoy volvemos con la imaginación al corazón de África para adentrarnos en la selva y rememorar aquellas exploraciones financiadas por las grandes potencias europeas. Hazañas que contaban con gente de otra pasta como el propio Brazza o Henry M Stanley. Las correrías de estos exploradores y otros pioneros del continente negro son descritas en un libro que es novela y recorte de prensa a la vez, literatura y periodismo de investigación convergen en Ecuatoria, la última creación del escritor galo Patrick Deville publicada hace dos años.

La semana que viene cuenta con varias efemérides con Brazza como protagonista. Porque el 3 de octubre de 2005 se inauguró un mausoleo con los restos de Brazza y su familia que atrajo mucha polémica por honorar a un colono italiano asimilado francés. “En 2005, Jacques Chirac coloca la primera piedra del mausoleo de Brazza, que debería ser inaugurado el 14 de septiembre de 2005, en el centenario de su muerte. Estamos en septiembre de 2006. Resulta un poco tonto celebrar el aniversario 101. Así que se ha decidido que la inauguración del mausoleo tendrá lugar el 3 de octubre, para el 126 aniversario de la fundación de Brazzaville. Tampoco es que sea una fecha muy redonda”. Si, porque otro 3 de octubre, esta vez de 1880, Brazza y los representantes de Makoko de Mbé, el rey de los Téké, la población que vivía en esas tierras, firman la cesión del territorio a Francia en la localidad de Mfoa donde se levantará la nueva capital de la futura República del Congo. Brazzaville donde 126  de su fundación acogería el polvo de Brazza. Muchos años después de esa fundación llegaría la independencia en agosto de 1960, lleva 57 años de independencia, treinta de cuales los ha disfrutado “bajo la férula del régimen marxista-leninista del presidente ultraliberal Sassou Nguesso” que lleva en el poder desde el año 1979, aunque en 1992 dejó el puesto hasta 1997 después de perder unas elecciones).

La ciudad vivirá varios momentos cumbre en la historia del siglo XX. En plena ocupación nazi, De Gaulle convertirá Brazzaville en la capital de la Francia libre con un guyanés descendiente de esclavos al frente. A principios de 1944 en Brazzaville se celebrará una conferencia importante para el proceso de descolonización del antes conocido la África Ecuatorial Francesa. En Brazzaville se refugió el Che en enero del 65 en sus correrías revolucionarias por África que no acabaron del todo bien (a los poderes fácticos congoleños tampoco les salió bien la jugada de aliarse con la URSS años después de su independencia). Brazzaville es también la ciudad a la que planea escapar Bogart en Casablanca (“El guión de Brazzaville de esa continuación estaba escrito, pero nunca se filmó”).

Y claro, no faltan las alusiones a uno de las novelas clave a la hora de arrojar luz sobre el estado de las cosas en ese rincón de África, El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad: “Uno se puede convertir en Kurtz o en Schweitzer, a veces es muy poco lo que separa el horror de la santidad. Conrad lo sabe bien, lo ha visto, le pide a su narrador Marlow que no olvide que Kurtz, cuando llega a África, redacta el informe filantrópico que le ha encomendado la Sociedad Internacional para la supresión de las Costumbres Salvajes”.

“Para preservarse sin duda de la ligera absurdidad de la existencia humana, que se siente más en la ciudades – o a partir del momento en el que uno se vuelve sedentario-, sean cuales sean sus ideas o ideales, su siglo o su región del mundo, estos dos han sido hombres de largas marchas, de una búsqueda en la floresta que está en el origen de la humanidad, de la horda. Uno avanza hasta el infinito, siempre adelante, porque quizá esta vez, más allá de esa colina sobre el horizonte, se podrá por fin descubrir si todo esto tiene un sentido”.

Brazza es un colono humanista, que también los había entonces, pertenece a “la última generación de seres humanos para la cual el conjunto de la red hidrográfica del planeta todavía no está cartografiado”. Nos referimos a un tiempo en el que los Atlas del centro del continente africano, los cartografiados por occidentales, aún tenían espacios en blanco. Para rellenarlos, aquí tenemos a este hijo de aristócratas con nobles empeños que pretende llevar la civilización remontando durante tres años el inhóspito río Ogooué, que producirán los peores estragos (“Sus enormes esfuerzos abrirán el camino a los exploradores que sojuzgarán y diezmarán a los lugareños”). Es Brazza una especie de mesías del tipo que gustaba representar Buñuel en sus películas: portador de buenas intenciones que acaban en el desastre más absoluto pese a sus iniciales pretensiones. “Los ingleses creen que están descubriendo todo eso y que son los primeros en explorar el corazón de África. Pero hace siglos que fueron trazados los mapas árabes, sólo les haría falta consultarlos”. El libro nos muestra las peripecias de Stanley navegando por el Congo y a Brazza haciendo lo propio por el río Ogooué.

“Cada campo va a su negocio en el conflicto angoleño. La URSS, un poco al azar, ha elegido al primero, al campo de los mestizos, porque estos son los más numerosos en las universidades portuguesas infiltradas por los comunistas. Desde ese momento , los Estados Unidos y Sudáfrica no tienen ñas remedio que apoyar a los campesinos negros”.

“En 1859, en las colonias portuguesas, la situación está congelada. Portugal es una dictadura. Al contrario que en Francia o Inglaterra, es imposible contar con una opinión pública que está amordazada. Además, su presencia es muy antigua. Si el fronterizo Congo-Brazzaville es una colonia francesa desde hace una decena de años, entregado a las Compañías pero sin una verdadera población europea, los portugueses están instalados en Angola desde el siglo XVI. Muchos civilizados, al igual que sus padres y abuelos, nunca han puesto los pies en Lisboa.

Nos enteramos por el libro que a Stanley le llega en Madrid, en la calle de la Cruz, cuando le llega el telegrama del New York Herald que le pondrá tras la pista de Livingstone. Que Brazza prepara su última exploración “con la meticulosidad de un Phileas Fogg” y que para ello contacta con su amigo Louis Vuitton para que le diseñe “un baúl de viaje con cama incorporada y un escritorio plegable sobre el que colocar cada noche, en el campamento, una de las primeras máquinas de escribir mecánicas”. Cuando vuelve después de unos años a Brazzaville, la ciudad que lleva su nombre en pos de la civilización, tarda dos semanas en llegar en vez de los dos años que tardó en su primera incursión, pero descubre en esa ciudad de nueva creación un infierno en el que los trabajos forzados siguen a la orden del día, trabajadores que pasan a campos de concentración para dormir por la noche. Brazza se convierte pues en un problema para las empresas que han conseguido jugosas concesiones. Después de su muerte, su viuda baraja la posibilidad de un envenenamiento.

“Porque ésa es la debilidad del materialismo histórico, en comparación con las iglesias evangélicas, cuando se intenta imponerlo en el Tercer Mundo. No hay otra vida que ésta, que es insoportable, ni se espera resucitar joven y hermoso en los verdes campos del paraíso, rodeado de difuntos queridos. Entonces, hay por lo menos que vencer la degradación y detener el tiempo, salvar la apariencia el héroe antiimperialista. Se acomete la construcción de un mausoleo al sur de la capital. Los trabajos permanecerán inacabados durante años”.

Por ultimo, para hacernos una idea de la arquitectura del mausoleo de marras, que según la prensa crítica con la decisión ha costado once mil millones de francos CFA, tenemos el testigo de este blog llamado Diego en el Congo en el que se nos describe el mamotreto en los siguientes términos: “A mí personalmente me parece un horror. Es un pegote de mármol de Carrara y cúpula de cristal. Dentro están los restos del explorador, de su esposa y sus cuatro hijos. También hay paneles explicativos, fotos y un par de frescos que explican cronológicamente la relación del explorador con el territorio y las gentes del Congo. Una chica que trabaja de guía me estuvo explicando durante por lo menos una hora y media todos los pormenores de la vida de Brazza y del proceso del envío de las cenizas”.

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El Barón Ashler de cuando el pistolerismo en Barcelona

Nos volvemos a meter en faena respecto a la Barcelona en el inicio del siglo pasado que ya sabéis que es un tema que hemos tocado en otros posts. Abrimos el plano a los años que van de 1917, final de la primera guerra mundial, al año 1932 que es cuando llega al poder Miguel Primo de Rivera. En ese periodo conflictivo,  prólogo de la Guerra Civil, nuestra ciudad sigue sumergida en un momento de conspiraciones empresariales para cazar a los anarquistas que en ese momento amenazan más que nunca los intereses de la patronal con un número de afiliados que hoy nos parece ciencia ficción. Justo en ese momento, en plena guerra mundial, se concentra en la ciudad diferentes espías de los países que habían entrado en liza. La burguesía de aquellos años, por su parte,  vivía tiempos de bonanza con esa primera guerra mundial dando réditos a sus negocios de exportación.

Estamos en la Barcelona que describe Eduardo Mendoza en La verdad sobre el caso Savolta en el que el barón es encarnado por un personaje medio inventado llamado Le Prince. Barcelona es el puerto clave del trapicheo internacional y de las diplomacias subterráneas de la Casablanca de Bogart. La ciudad neutral más importante de las cercanas a las capitales en conflicto. Coyuntura ideal para los adinerados de entonces que pasaban su tiempo de ocio en locales, que esperamos tratar en próximas entregas, como el music hall de Nou de la Rambla Edén Concert, Maison Doreé, American Lake de Gavà, el café cervecería Lyon D’Or  o la Rabassada (escribimos sobre este complejo de ocio hace un tiempo en este post). Los trabajadores, en cambio, sufren las consecuencias del fin de la guerra y su exagerada inflación, así como la caída del consumo que provoca que muchos se queden sin trabajo. Un trabajo que abundaba durante el primer gran conflicto internacional, aunque mal pagado, claro, la plusvalía para los de siempre.

“Al iniciarse el conflicto, alemanes y franceses iniciaron una intensa actividad en nuestro país para neutralizar el esfuerzo bélico del adversario. Para lograrlo, invirtieron grandes sumas en conocer movimientos y suministros del enemigo mediante confidentes en zonas portuarias y costeras. A la vez, quisieron crear un clima de opinión favorable gratificando a figuras influyentes, altos cargos y hasta financiando campañas electorales”. Manel Aisa Pàmpols.

En estos momentos en los que el soplo vale dinero y cuesta vidas, destaca la presencia de un personaje más sospechoso que un calvo en una peluquería china. El Barón de Köening. De nombre real Friedrich-Rudolf Stallmann, aunque vete tú a saber con este hombre porque su biografía oficial no deja del todo claro dónde nació ni en qué año (“Segons Ventura Subirats va néixer el 1867 a Hannover, però Manuel Casal Gómez situa el naixement el 1874 a Potsdam”). Una especie de Francisco Paesa de los primeros años del siglo pasado que juega a tantas bandas como beneficios le reporten. Ahora consigo chivatos para la patronal, ahora les contrato a unos matones de los de la banda del comisario Bravo Portillo (a sueldo de la patronal por unas 3000 pesetas de la época) para que se carguen a alguno de los miembros destacados del anarcosindicalismo. Sus habilidades negociadoras le consiguieron la protección policial, con lo que podía hacer y deshacer a sus anchas. Lo tenéis más abajo fumando un puro que es muy de empresario al que le sobran los billetes.

“Los sucios negocios del falso Barón, prosperaron tanto que montó una nueva oficina en el número 6 de las Ramblas de las Flores, a la vez que ampliaba la banda hasta unos 70 miembros, casi todos extraídos de los bajos fondos, timadores y delincuentes  habituales. Uno de los servicios más prósperos que prestaba el Barón de Köening era el de guardaespaldas de los empresarios, después de presentarles un falso informe, en el que se decía que los obreros de su fábrica estaban tramando un atentado contra su persona”. Manel Aisa Pàmpols.

De hecho, según este texto en el que se siguen los pasos del Barón hasta Hondarríbia, donde también la lió parda a cuenta de su dirección en un casino con el que saciar su pasión por el juego -sobre todo al bacarrá, su especialidad- y su sed de contactos con los que se podían jugar sus buenos cuartos en la ruleta, “desde 1902 estaba a sueldo del Deuxième Bureau francés y, desde 1910 en nómina también de los servicios secretos alemanes. Estaba bien protegido”. Se sabía mover perfectamente en estos ambientes en un tiempo en el que como decimos la confabulación estaba a la orden del día.  Manejaba dinero y sobre todo mucha información que aprovechaba para sus intereses.

El barón de pega preparaba emboscadas a los sindicalistas en lugares cercanos al Poble Sec y Sant Antoni, por lo general en los aledaños del Raval, que por entonces era más ratonera que ahora, como el bar Café Gran Imperio, situado en la esquina de Ronda Sant Pau con la calle Aldana, en el mismo emplazamiento donde hoy se encuentran las galerías Olimpia que también tratamos en este post en el que hablamos del ocio nocturno en Barcelona a lo largo de este mismo periodo.

El sospechoso noble se reunía en Barcelona con sus esbirros y asesinos a sueldo en una casa, ni más ni menos, que del Paseo de Gràcia, concretamente en el número 80. También recibía las visitas de representantes de empresarios, como un tal Juan Miró i Trepat, que cobraba por delatar a los activistas anarquistas de las fábricas para que el capo los tuviera controlados. Tan hábil era moviéndose entre sombras que la CNT no empezó a conocer de su existencia hasta 1920, cuando el barón lleva ya unos años en Barcelona -unos dicen que llegó en 1915 otros en 1918- conspirando y reprimiendo obreros concienciados.

Después del escándalo Dreyfus, militar judío al que se le acusó de traición al estado francés, el contraespionaje galo de la época pasó a depender de la policía -más habituada a tratar con confidentes- y no al ejército galo, mucho más rígido, con el que el Barón no hubiera llegado tan lejos en sus tratos. Se dice que el Barón llegó a la ciudad como agente doble, como no podía ser de otra manera, para los servicios de inteligencia alemanes y aliados, pero cuando se cansó de jugar a los espías, entre otras cosas porque se acabó la guerra, acabó ocupando el puesto del citado Portillo en cuanto los anarquistas se lo cargan en septiembre de 1919 en plena calle Santa Tecla. Los de la CNT descubrieron en la abril de ese año 1920 a un confidente del Barón, un tal Bernat Armengol que les explicó quien era ese tal Barón y qué pretendía a cambio de que le perdonaran la vida. Un mes mas tarde, la banda del Barón, capitaneada en esta ocasión por Soler El Mallorquín, atentan contra los cenetistas que se encontraban en un bar de la plaza del Pes de la Palla, en pleno Raval. El encargo se complica y acaba llegando a oídos de la policía con lo que se arma tal marimorena que los medios de comunicación ya no pueden ocultar por más tiempo lo que está ocurriendo con los pistoleros de la patronal. El Barón, que es extranjero y tiene un pasado complicado de rastrear, se convierte en el chivo expiatorio perfecto de los enfrentamientos en la ciudad. La noticia queda recogida en la hemeroteca digital del ABC que puedes consultar desde aquí y en la que se habla de “un tal Barón” que participó en el tiroteo. El caso llega hasta el ministro de Gobernación de por entonces, Eduardo Dato, decidiera echar del país al indeseable Barón para ver si así se calmaban algo las cosas en Barcelona.

“A finales de aquel verano de 1918 la CNT contaba con medio millón de afiliados en Catalunya y 250.000 en el resto de España, casi todos ellos en Andalucía”.

El periodo entre guerras conforma un momento histórico clave durante el siglo pasado en el que el anarquismo y el movimiento obrero han conseguido, gracias a la  huelga de la Canadiense de febrero de 1919, derechos y anhelos largamente luchados como las ocho horas de trabajo por jornada. Momentos clave de la lucha obrera que se recogen en el libro que alumbra este post, La efervescencia social de los años veinte – Barcelona 1917-1923 de Manuel Aisa, documento escrito que se repartió inicialmente durante la expo del mismo nombre que tuvo lugar en el recién estrenado Centro Cívico de Fort Pienc, el 10 de noviembre del 98.

Si te interesa el tema, aquí tienes una reciente edición del programa EN GUÀRDIA! de Catalunya Rádio dedicado a nuestro protagonista de hoy, con la participación de mi profesor de historia en mis tiempos universitarios, el catedrático Solé y Sabaté y de Román Ceano, autor del libro Las tres vidas del barón Von Koënig.

Torribera, un ecosistema que va más allá de la clínica mental

Es mediodía del miércoles 2 de agosto y cae el sol a plomo. Aún así, Maria Pilar, del servicio de atención al usuario me propone que demos una vuelta por los terrenos de Torribera partiendo de la entrada de urgencias del complejo hospitalario. Estamos con pie y medio dentro del parque de la sierra de la Marina, en la cordillera litoral catalana, lo que viene a ser uno de los pulmones verdes de la comarca barcelonesa. La cima del Puig Castellar que se ve al fondo, a unos 300 metros sobre el nivel del mar, cuenta con los restos del poblado íbero más importante de la región. “La duda histórica no resuelta es si Torribera viene de Torre íbera o de la Torre de un tal Ribera”, comenta mi guía (parece ser que más bien lo segundo, según algunas fuentes como la Universitat de Barcelona, Joan Ribera era el nombre del propietario de la masía que tiene sus orígenes en la Edad Media y que fue reconstruída en el  siglo XVIII).

Pero los vecinos de Santa Coloma siguen conociendo el espacio simplemente como la clínica mental. “El estigma del psiquiátrico todavía existe entre los colomenses y eso que desde que tenemos el campus de la alimentación recibimos muchos estudiantes y el público que se mueve por aquí ha ido cambiando”, comenta mi cicerone en el complejo mientras bajamos por entre una hilera de pinos que nos cobijan del sol. El silencio sólo se rompe con el bullicio lejano de los coches que pasan por la autopista del Maresme. Los servicios sanitarios del Centro Dr. Emili Mira i López, así se llama el hospital desde el año 2003 -en honor a un médico que se hizo cargo de los servicios psiquiátricos del ejército republicano en la guerra civil-, dependen del Parc de Salut Mar (el centro de salud mental fue traspasado al consorcio público de la Generalitat en 2010, coincidiendo desde entonces en el mismo conglomerado médico con el Hospital del Mar, el de l’Esperança, el centre Fòrum y el Pere Camps). Pero las 33 hectáreas que pisamos dan para muchos servicios, como el ya mencionado Campus de Alimentación de la Universitat de Barcelona. Me explica Maria Pilar que no es casualidad que los estudios universitarios en torno a la alimentación estén tan cerca del hospital, “somos lo que comemos y muchas veces comemos para sentirnos mejor psíquica y emocionalmente”.

“Hemos pasado de ser una clínica mental a contar con unos terrenos por donde desfilan varios servicios públicos atendidos por diferentes administraciones. Nos llevamos bien entre nosotros, lo compartimos todo, aquí tenemos la masía medieval reconstruida en el siglo XVIII que es el núcleo de todo este pequeño pueblo, cuenta ahora con la sede del campus de la Universitat de Barcelona… Luce balcón gótico y un reloj de sol en la fachada. Todo atractivo suma para que la gente se anime a subir hasta aquí y haga suyo el espacio que es el gran reto que queda por culminar en Torribera. Mira y ahí mismo tienes la iglesia que es de la archidiócesis de Barcelona, tenemos un padre y varias religiosas que vienen a dar la misa, otro de los atractivos es el puente que une la iglesia con el convento que también cuenta con dependencias de la Universidad”. Toda una biodiversidad institucional que parece combinar bien con la variedad de fauna y flora que por aquí se despliega.

Andamos pues por un espacio urbanístico concebido inicialmente como ciudad jardín planeada hace justo cien años. Los arquitectos Rafael Masó y Josep M. Pericàs presentaron un proyecto con el que ganaron en 1917 el concurso propuesto por la Mancomunitat de Catalunya para levantar un centro de acogida de enfermos mentales. María Pilar me enseña la antigua carpintería, el pozo de agua que daba de beber al núcleo que se formó alrededor de la masía Torribera que recibió los primeros enfermos en 1930, un total de 90 que venían del centro de Sant Boi, aquellos que no presentaban reacciones peligrosas. El espacio cuenta con tierras fértiles, tradicionalmente dedicadas a una vid que se intenta recuperar en la actualidad como cultivo propio. Se da el caso que el espacio se mantuvo autosuficiente en tiempos de la guerra civil, una placa en el suelo recuerda que por aquí cayeron bombas, el paso de un conflicto bélico que pilló al centro a medio construir, de hecho, no se acabaron de levantar los últimos edificios hasta 1972. Estos nuevos bloques ya desprenden otro ánimo estético, en este caso más bien funcional, racional, algo feos, que sin duda rompen con la belleza visual casi alpina del recinto, pero cuentan con un lavabo para cada habitación de dos pacientes. Es el caso del edificio Llevant, dedicado a servicios socio-sanitarios, donde se encuentran los usuarios del centro con más de 65 años de edad, algunos llevan más de medio siglo ingresados: “Algunos familiares que los fines de semana se llevan a casa a sus allegados, nos comentan que en cuanto han comido lo que no pueden comer en el centro, ya quieren volver para acá. Esta es su verdadera casa”. Otros logros que se han ido consiguiendo con el tiempo. Un par de televisores irrumpieron en la vida de los enfermos en los 60 y debido a las quejas de los que no gozaban de este lujo la dirección decidió  recoger fondos para que todos los pabellones tuvieran el suyo propio.

Tenemos que aclarar que estamos en un terreno de 33 hectáreas, sin vallas. La sensación general es de espacio abierto, con una entrada principal (se puede advertir en la foto que preside este post), y como todo el terreno también depende de la Diputación, que se puede sortear sin excesiva dificultad, a pie, en coche o bicicleta… Algunos enfermos salen del recinto a comprar tabaco a un badulaque que se encuentra en las inmediaciones, ya en el barrio de Singuerlín, para volver a entrar con toda normalidad. Otros aprovechan para pedir unas monedas a los coches que se paran en un semáforo del núcleo urbano más cercano.

“Hace falta ocupación, y hacen falta distracciones. Hay que hacer penetrar la vida, y el interés por la vida, a todos los rincones, hasta los más oscuros; hay que estimular a los enfermos a leer, a jugar, a cantar. Hay que animar siempre a los enfermos, y estimularlos. Los trabajos y las distracciones en comunidad son mucho más eficientes terapéuticamente hablando. Los ejercicios gimnásticos en comunidad son mucho mes útiles de lo que la gente se piensa”, explicaba en aquellos comienzos del centro uno de sus fundadores, el doctor Tomàs Busquet, baluarte de aquella psiquiatría catalana de principios del siglo pasado que se fijaba en el modelo de aquellos sanatorios de los Alpes suizos que todos tenemos en mente porque los hemos visto en el cine.

El complejo también cuenta con un polideportivo con piscina descubierta ideal para el verano, propiedad del ayuntamiento colomense que lo tiene alquilado a una empresa que lo explota comercialmente.

Muchos enfermos sufren de tabaquismo y deambulan hasta el bar del centro donde volverán a pedirte un cigarro por enésima vez. Tienen restringido un consumo de diez cigarros al día que van dosificando desde la mañana. A muchos se les queda corto el racionamiento. Una chica me pide fuego para la  chusta de un puro que no logra encender ante mi impaciencia típica de los que viven  fuera. Durante una de mis visitas un paciente de 50 años al que identificamos como J me pide un cigarro y aprovecha para sentarse a mi lado. Se nota que tiene ganas de hablar. Me explica, sin que yo le pregunte, que nació en Bon Pastor, que sus padres fueron Testigos de Jehová. Me cuenta que se le ha diagnosticado T.O.C. (es decir, un trastorno obsesivo-compulsivo). Siempre ha convivido con pensamientos asesinos, como cortarle el cuello a su madre con un cuchillo o a su propio hijo. Ha convivido con estos pensamientos toda su vida. Le conmutaron una pena de cárcel de ocho años por dos de estancia en Torribera. Los cargos que penden sobre él tienen que ver con amenazas de muerte a su mujer a través del móvil, cuando el consumo de cocaína, a la que es adicto, acabó por desbocar su enfermedad. Tiene una orden de alejamiento de su mujer de 1000 metros. Le duele la vida y que ahora mismo ocupe el escalón más bajo de la sociedad como acosador. “A los enfermos de esquizofrenia les pregunto de vez en cuando qué es exactamente lo que escuchan, de donde vienen las voces, de donde proviene lo suyo…”, me comenta J y se nos escapa la risa porque no  me sabe explicar de donde vienen esos pensamientos que lo martirizan desde pequeño.

Nuestro camino por el complejo nos lleva delante de la casa del que era director del centro y de toda su familia, conocida como La Torre, muy bien conservada, actualmente acoge a la UNED, la Universidad Nacional de Educación a Distancia. “Los primeros estudiantes que venían a la universidad no sabían lo que era un enfermo mental. El primer año de convivencia fue un poco duro y tuvimos algún que otro encontronazo. Ahora mismo, nosotros andamos tan tranquilos y vemos una persona que viene hacia nosotros por su camino, el mismo que recorre todos los días invariablemente, estate seguro que si nosotros no nos apartamos el otro seguro que no lo hará. Entonces claro, a veces se daban encontronazos que no pasaron a mayores, pero la convivencia se ha normalizado con el tiempo”, comenta Maria Pilar sin muchos aspavientos.

El ayuntamiento de Santa Coloma ha ubicado en estos terrenos una especie de circuito de karts que forma parte del Parc de Mobilitat Sostenible i Educació Viària y que acostumbran a utilizar algunos guardias urbanos que suben hasta aquí para impartir seguridad vial entre los más jóvenes. Del ayuntamiento también depende una oficina de concienciación medioambiental conocida como Ecometropoli que cuenta con una exposición permanente y gratuita en la que se muestran diferentes tipos de flora y fauna que conviven en la sierra en la que nos encontramos. Una tarde descubrí a una abubilla posándose en el suelo, un pájaro que sólo había visto en fotos de libros de naturales cuando la EGB. Mi guía me comenta que los jabalíes han arrasado con la cosecha de vid con la que se está experimentando de cara a este cultivo en un futuro. De todos modos parece que en este rincón del cinturón de Barcelona la convivencia es un bien casi natural, de obligado cumplimiento en un recinto con mucho espacio por delante y en el que coinciden tantas vidas dispares. Ahora sólo queda que Santa Coloma haga un poco más suyo este recinto. Espero os animéis a subir algún día, la parada de la línea 9 del metro de Singuerlín queda a menos de diez minutos. Otoño podría ser un buen momento.

Fotos: Anna Caellas.

1. Puerta principal de Torribera. 2. Panel informativo. 3. Iglesia. 4. Masia original Torribera. 5. Detalle de las escaleras hacia los pabellones. 6.Detalle arquitectónico.

La edad de oro de la conexión corsa

“A diferencia de los sicilianos, la mafia corsa no sostenía una organización monolítica subordinada a un padrino, sino que asociaba redes pequeñas o medianas, cuyos integrantes mantenían relaciones de solidaridad entre sí y conservaban a la vez su independencia”.

La heroína es uno de los temas de moda en el barrio del Raval donde me encuentro. Y de heroína va a ir esta primera entrada del blog. De heroína y de corsos que fueron los primeros en introducirla en grandes cantidades en ese mercado de la droga que es EE.UU. De entre el lote de libros que hace un tiempo nos regaló el escritor Jorge Carrión , necesitado de espacio en su casa con la llegada de un nuevo vástago, se encontraba uno titulado Conexión Latina – De la mafia corsa a la ruta argentina de la heroína. Un libro cargado de datos, tan bien documentado como farragoso de leer por la cantidad de personajes que aparecen, la mayoría mafiosos corsos que cambian de identidad por razones obvias que no paran de coger aviones de aquí para allá.

El libro se centra en la década de los 60 y 70, momento de gloria de la trama conocida como french connection, pero en sus primeras páginas su autor  Osvaldo Aguirre nos cita a François Spirito y Antoine Guérin como pioneros en el tráfico de esta droga en los años 20 y que unas pocas décadas antes llegó a comercializarse de manera legal a través de la Bayer. Los primeros laboratorios se ubicaron en la ciudad de Marsella donde se descubrió el primero en 1951. La ciudad portuaria se convirtió en el gran productor de esta droga (“el laboratorio de la droga en América”). Los corsos se erigirían en sus principales tratantes. Tenemos entonces a la diáspora corsa y a Marsella como yunque y martillo de la droga que entraba en Europa y en América a través de Argentina, aprovechándose del desconocimiento de este tipo de comercio por parte de las autoridades que a mitad del siglo pasado no sabían aún lo que se les venía encima. “El Hospital de las Mercedes, en Buenos Aires, registró el ingreso del primer morfinómano en 1908; y en los diez años siguientes, hubo apenas otros cinco casos”. Los primeros corsos detenidos en 1957 por tráfico de drogas en Argentina se convirtieron en la punta de un iceberg que se haría más y más grande durante dos décadas más.

El número de consumidores de heroína en EE.UU. no llegaba a los 60.000 en 1969 pero en 1971 la cifra sobrepasaba los 550.000. Fue precisamente a principios de 1971 que Nixon se vio obligado a dirigirse a la nación para poner coto a los puntos calientes de los productores de droga, con Turquía como despensa de la materia prima y Marsella con sus laboratorios en el punto de mira. Había que salvaguardar los principios morales de los estadounidenses. El tema de los laboratorios indignó a la CIA que se quejó formalmente al gobierno de Francia al que acusaba de ser benevolente con este tipo de talleres ilegales. En 1971 se estrenó también la película French Connection, su título que dio nombre a las conexiones del hampa de origen corso. El tráfico internacional de heroína saltaba a los medios de comunicación de masas. Las autoridades se pusieron las pilas. El 13 de septiembre del 72 Argentina y EE.UU. aprobaban un nuevo tratado de extradición que actualizaba el firmado en 1896 “cuando el narcotráfico no existía como delito”. Ahí empezó el principio del fin para los corsos que cada vez estresados por el cerco policial que se estrechaba empezaron a desconfiar entre ellos, precisamente la fuerza que los hacia fuertes en todo este entramado, incluso cuando sufrían, sobre todo en Brasil, esas terribles torturas para arrancarles confesiones y chivatazos. La mafia corsa pasó de ser invisible a que medios contrastados como la BBC implicara a algunos de ellos en el asesinato de JFK.

La mafia corsa contaba con experiencia en el narcotráfico desde los años 30 cuando se fundaron las primeras redes que abarcaban todo el proceso del negocio, “la adquisición de la materia prima, la fabricación de la droga en un laboratorio propio y su transporte y distribución en el mercado”. Como había corsos repartidos por todo el mundo, la mafia contó con puntos en todo el mundo. Vivían exiliados, se dice de los corsos que no pueden vivir en un mismo sitio, muy inquietos después de partir de su tierra natal, pero además contaban con un fuerte sentido de pertinencia a su comunidad. Parece ser que este código de valores tan arraigado les viene de las múltiples invasiones que el pueblo corso ha sufrido a lo largo de los siglos. “Los corsos son más inteligentes, reflexivos y mejor organizados que os sicilianos. Son absolutamente impiadosos. Y ocultan mejor sus peleas internas”, según el parecer de Lucien Conein, agente de la CIA que los investigó en Asia.

Los eslabones de la cadena corsa funcionaban de manera autónoma. Sobre todo para frenar filtraciones entre los que se iban de la lengua al ser torturados. Los capos se cuidaban mucho de no tener contacto directo con la droga, ni con el dinero. El correo que transportaba la droga y que acostumbraba a viajar en aviones comerciales, la clave del trafico fue el avance en este tipo de comunicaciones aéreas, sólo conocía a quién debía entregar la droga. Estos alfiles se aprovechaban de la laxitud de las autoridades aeroportuarias de según qué aeropuertos. Han cambiado mucho las cosas en temas de seguridad, por eso ha cambiado también la manera de transportar la droga. Si se descubría una vía de tráfico de drogas se discurrían nuevas fórmulas para pasar desapercibidos. En el libro se describen algunos sistemas de transporte de la droga, como enviar la misma en latas de paella marinera, un idea que los mafiosos copiaron de la aventura de Tintín, El cangrejo de las pinzas de oro. También se inventaron empresas de conservas y de aceite de oliva, como la Panamenian Chemist and Food Porducts con oficinas en Nueva York y en Málaga.

 

“En Córcega los corsos compiten y pelean. En Francia, tienen que cerrar filas y sostenerse moralmente, es nuestra regla”. Paul Carbone, capo de la mafia marsellesa fallecido en 1943 (lo tienes en la foto anterior junto a otro gángster notable como François Spirito).

 

“El traficante de heroína tenía algo del jugador compulsivo. No podía salir del juego, hasta que el juego se acababa. Perder significaba la necesidad de reivindicarse. Y ganar, un motivo todavía más estimulante para mantenerse en el ambiente”. Un amigo argentino de uno de los mafiosos corsos decía que los miembros del hampa corsa no sabían retirarse a tiempo, que acabaron gastándose los dineros en abogados y fianzas, lógicamente muy altas para dificultarles la salida de prisión. “Los narcotraficantes se entendían con alusiones indirectas, apelaban al doble sentido, a los juegos de palabras; importaba más lo sugerido que lo propiamente dicho, y si hubieran podido comunicarse con palabras, con una mirada o alzando las cejas, lo hubieran hecho”.

En todo este trasiego de trasiego de narcotraficantes por el mundo destaca una escala vital para sus intereses. Paraguay con el corrupto de su presidente Alfredo Stroessner. Dictador del país durante 35 años que instauró varios ardides para que la mercancía ilegal pudiera pisar suelo paraguayo. Un impuesto simbólico para las mercaderías en tránsito. “Se suponía que ese cigarrillo y ese whisky estaban de paso. Era un recurso para que el contrabandista pagara el derecho a usar el territorio paraguayo para hacer su negocio. Después iba al destino señalado: Salta, Formosa, Resistencia, Rosario… Llegó un momento en el que Paraguay fue el país en que en proporción al número de habitantes tenía el mayor consumo de whisky y de cigarrillos en el mundo”.

Uno de los cerebros de la trama, protagoniza la portada del libro y es el de la foto de más arriba, fue François Chiappe, personaje oscuro que ganó dinero colaborando con la Gestapo en la Francia ocupada por los nazis, así como pistolero a sueldo de la patronal que combatía a las izquierdas. Se le acusaba de dos asesinatos en Francia y decidió emigrar a Argentina a mediados de los 60. “La Segunda Guerra Mundial dividió a los gángsters corsos entre la colaboración con el régimen de Vichy y la colaboración con la Resistencia, y también hubo muchos que se pasaron de una bando a otro. En esas adhesiones lo que primaba, por lo general, era el propio interés”. En mayo del 73, mientras esperaba la temida extradición a EE.UU, el avispado Chiappe logró huir de la cárcel, Villa Devoto en Buenos Aires, aprovechando la salida de los presos políticos que se amnistiaban después de la caída del dictador Alejandro Lanusse. Murió a los 88 años de edad en febrero de 2009, en un hogar de ancianos de la localidad de Santa María de Punilla, en la provincia argentina de Córdoba, pero la noticia llegó a los medios argentinos unos meses después tal y como puedes comprobar desde aqui. Finalmente fue entregado a la justicia estadounidense de manera turbia. Se le propuso colaborar delatando a sus antiguos contactos en ese país pero no aceptó el trato y fue condenado por narcotraficante a 20 años de prisión. Salió en libertad después de 13 años, por buena conducta y luego fue deportado a Francia. Allí las causas penales habían prescrito, tramitó su pasaporte y regresó a Argentina para vivir con su esposa e hija. Pero la mafia corsa sigue su camino y desde hace unos años vuelve a copar las noticias, como en este artículo de El País de 2012 en el que se describe la pujanza de este hampa al que hoy le hemos dedicado la primera entrada del mes de septiembre.

Las momias del Passeig de Sant Joan

Ha llegado a la xarxa de biblioteques el segundo tomo de las memorias de Aurora Bertrana. Yo andaba buscando la lectura de  sus experiencias en la Polinesia, donde residió en la década de los 20 -convivió tres años con los tahitianos y se convirtió en erudita occidental d las costumbres malayas con ponencias por toda Catalunya-, pero esta segunda parte de su autobiografía comienza justo con la irrupción de la guerra civil. Y no da puntada sin hilo la escritora que nos ofrece una lección de cómo explicar la guerra civil sin resultar una “cuñada”. De apariencia, Bertrana es tirando a sospechosamente burguesa, pero a la hora de narrar lo acontecido en esa primera guerra civil que fue la revolución en Barcelona no le tiembla el pulso cuando denuncia la liquidación de una de las fuerzas de izquierda más radicales, el POUM, que parece molestar a socialistas y comunistas que han tomado el control de la España republicana.

“Si tots aquests grups polítics extremistes feien, cadascú pel seu cantó, el que podien en qüestió de delictes, per què havien de pagar ells sols la culpa de tots? És aquesta sensació d’injustícia  el que m’empeny a   fer-ho resssaltar tot i que, com a “política”, jo no tingui cap dret a opinar,ja que vaig passar la “petita guerra civil” tancada a casa passant  gana i evitant les bales perdudes. Per a mi, la liquidació  del POUM és un misteri i una vergonya. I perdoneu que parli de “vergonya” en evocar aquella época. És evident que els altres comunistes -vull dir els de la Tercera Internacional o estalinistes- el POUM els feia nosa”. También dedica un capítulo a dilucidar las rencillas propias de la facción de derechas con carlistas, empresarios, falangistas y monárquicos. “Perque l’esquerre de les dretes s’assembla molt a la dreta de les esquerres fins el punt que fàcilment es podrien donar la má”.

 

Nos explica Aurora Bertrana que la guerra le pilla en Ampúries, cuando estalla la insurrección militar se queda atrapada en la Costa Brava, hasta que consigue los permisos “revolucionarios” pertinentes para poder bajar en coche hasta Barcelona. En el camino hacia la capital catalana se encuentra con infinidad de controles que convierten el periplo en una odisea. Una vez consigue llegar a la ciudad, la hija de Prudenci Bertrana -hace unos días se organizó una ruta por Berga siguiendo algunos escenarios que compartieron hija y padre durante algunos veranos- será testigo directo de la profanación del convento de les Saleses que describe con pelos y señales.  Como las hordas revolucionarias se encuentran con la iglesia vacía se dedican a profanar tumbas de monjas que exhibirán en el mismo Passeig de Sant Joan. La escritora asegura al final del capítulo que llegó a desfilar un millón de personas por esta macabra exhibición.

“Milers de ciutadans encuriosits anaven a contemplar aquest macabre espectacle batejat amb el nom de “Les mòmies de les saleses”. De mòmia només n’hi havia una, i encara dubtosa. Era un cadàver que, Déu sap per quins motius, no havia arribat a l’estat de descomposició natural. Semblava talment una estàtua. Representava una monja jove, esvelta, vestida i cofada de blanc, amb el rostre i les mans com de marbre. Per la seva netedat i la seva formosor feia goig de contemplar. Les altres eren pobres i horribles cossos de dona en estat més o menys avançat de putrefacció: hi havia totes les gradacions del cadàver, des del més recent al més antic,ja convertit en simple esquelet. Aquests darrers aviat es desintegraven, i aixó afegia lletgesa a l’espectacle”.

“Uns deien que els anarquistes volien tornar a ser els amos del país, com ho havien estat als primers mesos de la guerra civil. D’altres deien que els comunistes, d’acord amb la Generalitat, estaven ben decidits a acabar amb tots els partits que s’oposaven al domini del Partit Comunista, que era el més fort i més ben organitzat de tota l’Espanya republicana, l’únic capaç d’aconseguir,  amb els seus mètodes i la seva disciplina, la victòria final sobre els nacionals”.

El convento en cuestión, refugio de las monjas salesas de la Orden de la Visitación, se encuentra en el Passeig de Sant Joan, 90-92, entre las calles de Valencia y de Aragón, en pleno Eixample derecho (como quien dice, a cuatro pasos de la Sagrada Familia). El antiguo convento fue convertido en 1943 en un colegio de los Hermanos Maristas. La iglesia ya recibió lo suyo durante la Semana Trágica en 1909.

“Valia la pena d’escoltar els comentaris de la gent. La formosa mòmia de la monja era molt admirada. Hom tractava de comprendre per què aquella feia tant de goig i les altres tant de fàstic, fins el punt que, després d’haver-les contemplat, alguns espectadors havien de córrer a vomitar al peu d’un arbre”.

Por lo demás, el libro es más que recomendable, el primer tramo del mismo está lleno de datos de interés sobre el desarrollo de la guerra civil, explicados de manera muy clara, con un intento de plasmarlos de manera bastante objetiva,  pese a lo embrollado de la situación, sobre todo en el bando digamos “rojo”. Aparece mencionado el teatro circo Olimpia, del que hablamos ya en esta entrada, en el que el 9 de agosto del 37 se reúnen los anarquistas para discutir algunos detalles sobre las quintas que debían ir al frente. Los anarquistas aceptan ir a defender a la República pero sin uniformes, con sus propias leyes, lo que propiciará desencuentros con las autoridades oficiales que en esos momentos ya no saben qué hacer para parar el avance de los nacionales. El resto es historia y está toda muy bien pormenorizada en este excelente libro.

El apagón que iluminó el corto verano de la anarquía en Nueva York

Hace unos años se programó en el festival In Edit de Barcelona un docu que me llamó mucho la atención y pasó al Top 5 de mi particular lista de documentales favoritos. Se titulaba NY77: The Coolest Year In Hell y en él se explicaban los acontecimientos que, casi de manera telúrica, se conjugaron para que 1977 fuera uno de los años más importantes para la música popular y urbana de la segunda mitad del siglo pasado en los EE.UU. El 13 de julio de ese mismo año es recordado por los más viejos del lugar por un apagón que alentó una serie de saqueos de todo tipo de productos, entre los que destacaron infinidad de tocadiscos extraídos impunemente de tiendas de electrodomésticos, que propulsaron la cultura hip hop en plazas y parques de los barrios más deprimidos de la capital del mundo. Si querías ser Dj en los años 70 debías disponer de tu propio soundsystem cargando con tus parlantes y todo. Así que eso fue lo que hicieron muchos jóvenes. Cargar con ellos hasta su casa. Los medios convencionales no le vieron la gracia al asunto y dieron la brasa durante meses con el tema que, por las imágenes que quedaron para la posteridad se tuvo que desmadrar bastante, con las fuerzas de seguridad empleándose a fondo.

El apagón iluminó un punk de negros que le sacó las chapas al guitarreo para blanquitos que por entonces se estaba popularizando con la apertura de sus primeros antros. El verano de la anarquía en Nueva York sucedió tal día como hoy de hace cuarenta años y fue tan corto que sólo duró 25 horas. KRS-One recuerda a cámara que su madre le dijo: “Cuando no hay luz las personas quedan reducidos a animales. Empecé a ver a la gente de manera más profunda que esa superfície que mostraban normalmente por la calle. Fue entonces cuando me convertí en un hombre”.

El documental nos describe Nueva York como una ciudad vibrante, sucia, bestial y desmadrada, y se destaca nada más empezar que las putas campaban por Times Square (“The 1970s were a bad time for Times Square, which was marked with an excess of Xs and was suffering from a soaring crime rate”). Así al bulto nos referiríamos a Una ciudad deprimida en lo social, pero que se rebeló en colores en lo cultural con el reflejo de una amplia gamma de creativos estilos musicales.

“Photos between 1973 and 1982 show prostitutes, pimps and homeless people around Port Authority bus terminal”

Una vez se hizo la luz, literalmente, aparecieron en multitud de parques chicos cargando con un par de giradiscos y un soundsystem con los que tomar las calles de una ciudad que llevaba tiempo deprimida en lo financiero. Ese mismo verano, la ciudad sufrió una ola de calor en paralelo a una ola de asesinatos facturados por un asesino en serie llamado David Berkowitz (y conocido popularmente como El hijo de Sam). Es que lo tuvo todo ese año. De hecho Talking Heads sacan a la venta en diciembre de ese año Psycho Killer, tema que habían aireado un par de años antes en el CBGB. Pero la relación con el hijo de Sam no es tal según defiende la banda: “Although the band always insisted that the song had no inspiration from the notorious events, the single’s release date was “eerily timely” and marked by a “macabre synchronicity”.  No olvidemos tampoco que la década de los 70 se caracteriza por el cine de catástrofes con títulos como El Coloso en Llamas o Aeropuerto 77 que se estrenará sólo semanas después del apagón. 1977 parece pues una gran confabulación de géneros y subgéneros, textos y subtextos de toda la cultura popular surgida después de la segunda guerra mundial.

Estamos pues ante un verano infernal de calor que tuvo su guinda en el apagón más importante sufrido por Nueva York en toda su historia. Aquel año 77 fue un año crucial para el desarrollo de otras corrientes como la música disco con la apertura de la discoteca Studio 54 en abril de ese mismo año, el sacrosanto Paradise Garage que acogerá a gentes de diversos pelajes y razas, sin dejarnos el punk con el ya citado CBGB carburando al máximo después de haber abierto sus puertas cuatro años antes. Para acabar de tensionar el contexto de aquel verano, Nueva York se prepara para unas elecciones que van a ser capitales en el futuro de una ciudad que prepara el terreno para la gentrificación de hoy (el desamparo general del apagón se volvió tormenta de adrenalina y festín para marginados en general que, por lo demás, pasaban sus horas en ese centro social que era el parque).

La noticia del apagón en Nueva York llegó a los diarios españoles dos días después del suceso. La Vanguardia titulaba en su página 3 en la que resume las noticias más destacadas: “Caos en Nueva York a causa de un apagón general. Se han producido actos de saqueo y pillaje”.

“Centenares de personas fueron sorprendidas por el apagón dentro de los ascensores, aunque debido a que la avería se produjo bien entrada la noche la situación no fue tan angustiosa como en 1965, cuando la electricidad faltó a la hora del cierre de oficinas. Numerosos actos de saqueo y pillaje así como incendios han convertido a esta ciudad en un caos. Los bomberos se ven desbordados por la cantidad de llamadas de urgencia que reciben. Según la policía desde el momento del apagón se habían producido dos mil detenciones y 78 policías han resultado heridos en los accidentes e incidentes producidos a lo largo de esta increíble jornada”. La Vanguardia. 15 de junio de 1977.

 

Para contextualizar cómo estaba el mundo por entonces, en plena guerra fría por cierto. Ese mismo día los gobernantes de Estados Unidos y Alemania Occidental iniciaron en Washington dos días de conversaciones sobre los problemas que afligían a Europa Occidental, región que, según los analistas internacionales del momento, era causa de honda preocupación en las esferas oficiales norteamericanas donde se considera el proceso democrático que vive España como uno de los escasos acontecimientos alentadores del momento (la últimamente tan cacareada cultura de la Transición se estaba gestando en ese momento, el secretario general de Alianza Popular, Manuel Fraga y el hasta entonces proscrito Santiago Carrillo, adalid del comunismo en nuestro país, se daban la mano por entonces en los pasillos de las Cortes). En Grecia también atraviesan como en NY por una ola de calor infernal que tres días antes del suceso neoyorquino ha elevado el mercurio a los 48 grados, récord de una capital europea. El Magreb anda revuelto con la nueva ofensivo de Marruecos y Mauritania para neutralizar los escarceos argelinos en el Sahara. El foco de tensión en el África negra se dirigía hacia el conflicto entre Eritrea y Etiopía azuzado con la irrupción de guerrillas armadas y financiadas por cubanos y rusos.

“La incidencia del rayo provocó una reacción en cadena a lo largo de, todas las líneas de alimentación, causando el apagón de todo el sector”. La Vanguardia. 15 de julio de 1977.

El apagón produjo tal consternación en la costa este estadounidense que derivó en toda una serie de memorabilia sin parangón en este tipo de sucesos, como una revista impresa que aprovechó el tirón titulada Blackout ’77 – A Night To Remember: The Official U.S. Collector’s Edition de la que puedes ver fotos desde aquí. “…basically just photos of the looting and chaos that occurred during the blackout in New York City. In style and content it’s very “New York Post” with shock headlines, and blame and condemnation of liberal politicians in their response to the crisis”.

“En el estadio Shea, en Queens, 25 mil aficionados al deporte de pelota base han permanecido sentados en sus localidades al producirse el apagón, cantando canciones bajo una temperatura de 33 grados centígrados”. La Vanguardia. 15 de julio de 1977.

Aquí tenéis otro documental más reciente, What Happened When The Lights Went Out de 2015, de la serie American Experiences, en el que también se desvelan las razones y consecuencias de este apagón y se aportan testimonios de ciudadanos y propietarios de tiendas saqueadas. Un tono algo más tremendista y sensacionalista que el anterior.

Y entonces Agassi subió a la red


Andre Agassi es noticia hoy porque en esta edición de Wimbledon entrena a uno de los favoritos, Novak Djokovic. Hace justo 25 años lo era por ganar el torneo individual masculino. Después de perder dos finales en Roland Garros y una en la pista central de Wimbledon, el excéntrico tenista lograría su primer ‘grande’ sobre la hierba del All England Club. Además de la gloria, superaba con un passing shot a todos aquellos que pensaban en él como un “producto del marketing deportivo” sin mucha chicha competitiva real. De paso demostró que se puede ganar el torneo siendo mejor restador que sacador, tal y como le inculcó de pequeño su padre (“Más aún, dado que la mayoría de tenistas se enorgullecen de su saque, mi padre me convierte en un experto en contragolpes, en un experto en restar el saque”, explica Agassi en sus memorias con el título Open y con las que nos muestra al monstruo que era su progenitor).

“Está bien, dice mi hermano. Ya lo tengo. Si tienes que tomar esas pastillas, si te obliga a tomarlas, juega mal. Pierde estrepitosamente. Y entonces, cuando salgas de la pista, le dices a papá que temblabas tanto que no podías concentrarte.
Está bien, pero ¿qué son esas pastillas?
Speed.
¿Y eso qué es?
Una droga. Te da mucha energía. Sé que va a administrarte speed.
¿Cómo lo sabes?
Porque lo hizo conmigo.”

El tenista más famoso de los nacidos en Las Vegas debutó en el torneo con más tradición del circuito en 1987, el año que ganó la esperanza australiana de aquel momento, Pat Cash, después de dejar en la cuneta a partir de cuartos a Mats Wilander, Jimmy Connors e Ivan Lendl. El encargado de derrotar al estadounidense en su último partido en la Catedral londinense fue precisamente Rafa Nadal, 16 años más joven, en 2006, eliminándolo en tercera ronda por 7-6 (5), 6-2 y 6-4.

Un año antes de ganarlo, el estadounidense Andre Agassi, quinto cabeza de serie por entonces, animó la edición de aquel año pasada por agua. El tenista de Las Vegas pisó la pista central en un retorno muy esperado por prensa y público. Y lo hizo vestido de riguroso blanco de la cabeza a los pies en su enfrentamiento con el canadiense Grant Connell. Ian Hamilton, director de marketing de la sección de tenis de Nike, sabiendo del tirón del de Las Vegas en todo lo que concerniente a su look, que siempre era noticia, lo llegó a anunciar en las fechas previas al torneo en el que participaba Agassi después de tres años de ausencia por no querer respetar el blanco que impone las reglas del torneo y porque se traumó en su primera participación en el torneo, la bola no botaba como él estaba acostumbrado en pista dura con lo que durante unos años decidió saltarse la cita inglesa: “Lo único que puedo decir es que todos se llevarán una sorpresa con la ropa de AndrE”, comentó el mandamás del marketing de Nike aquel año. Cierto. Cuando todos esperaban un diseño original, con algún apunte de los colores oscuros y chillones que tanto gustan el tenista norteamericano, éste optó por el blanco absoluto e inmaculado.

“Detesto el tenis, lo odio con toda mi alma, y sin embargo sigo jugando, sigo dándole a la pelota todas la mañana y toda la tarde, porque no tengo alternativa. Por más ganas que tenga de parar, no lo hago. Sigo suplicándome a mí mismo parar y en cambio sigo. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, me parece la esencia de mi vida”.

Agassi pasó por deportista excéntrico, pero en realidad sus decisiones responden a una serie de opciones estrambóticas del que vive una libertad limitada, partiendo de la base que siempre odió el tenis pero tuvo que dedicarse a él forzado por su padre, armenio nacido en Irán: “Le confieso a Perry que no tener alternativa, que no tener ni voz ni voto en lo que hago y en quién soy, es algo que me saca de quicio. Por eso pienso más, de manera obsesiva, en las pocas decisiones que sí puedo tomar: la ropa que me pongo, lo que como, quiénes son mis amigos”. Pendientes, estética cercana al glam-rock, mechas descoloridas, cinta de aeróbic… Tal vez Agassi haya sido el tenista hetero que más ha hecho por introducir la estética trans en el circuito ATP.

Mi amigo Frankie Pentangeli, seguidor del torneo de tenis desde hace décadas, nos comenta en torno al propio Agassi: “Lo que más me llamo la atención de Agassi fue su particular entrada en el circuito profesional, su perfil se tornaba para algunos aficionados una dosis de aire fresco que, para otros más conservadores y periodistas quisquillosos no podían o no supieron entender. El tiempo le dio la razón, era en realidad un tenista super completo que no daba un punto por perdido y que logro ser gracias a su temperamento único todo un numero 1 de ATP. Y eso a pesar de toda la negatividad que le rodeaba en su entorno, esa dosis de aire fresco acabó derivando en lo que hoy entendemos como tenis moderno”.

“Mi madre me cuenta que cuando yo era un bebé, un día entró en la cocina y encontró a mi abuela paterna dándome el pecho. Desde entonces, las cosas entre las dos mujeres no ha sido fácil”.

Pues si, las memorias de Agassi, escritas en colaboración con el periodista y escritor “puleritzado”J. R. Moehringer, están repletas de perlacas sobre su vida familiar. Nada más abrir el libro encontramos como prólogo unas palabras escritas por Vincent Van Gogh en una carta a su hermano que nos dan muchas pistas de cómo siente el tenista que ha sido su vida, como un supermercado Open 24h que aún así mantiene puertas y cerraduras:

“No siempre podemos decir qué es lo que nos mantiene encerrados, lo que nos confina, lo que parece enterrarnos, y sin embargo sentimos ciertas barreras, ciertas rejas, ciertos muros. ¿Es todo ello imaginación, fantasía? Yo no lo creo. Y entonces nos preguntamos: Dios mío, ¿va a durar mucho, va a durar siempre, va a durar toda la eternidad? ¿Y sabes qué es lo que nos libera de esa cautividad? Un afecto muy profundo y muy serio. Ser hermanos, ser amigos, el amor, eso es lo que abre las puertas de la cárcel gracias a un poder supremo, a una fuerza mágica”.